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Bioética Norte y Sur

 

Dr. Daniel Piedra Herrera Doctor en Ciencias Biológicas. Secretario de Política Científica de la Academia de Ciencias de Cuba. Secretario Ejecutivo del Comité Cubano de Bioética.

Introducción
En aras de la continuidad, pido que se me permita reanudar mi exposición de hace dos años, en el primer Congreso Mundial de Bioética que nos acogió en este mismo espacio de hospitalidad habilitado por la SIBI en Gijón. Una vez más el carácter universal de la cita obliga a partir de consideraciones sobre el contexto mundial. Ya no está entre nosotros físicamente Van Rensselaer Potter. La comunidad bioeticista cubana se honró el 3 de octubre de 2001al unir en La Habana su figura a la del también recientemente fallecido pionero de la bioética en España e Ibero América, Javier Gafo, para rendirles un mismo homenaje póstumo.(1) Hace dos años reconocía en este escenario de Gijón y reivindicaba definitivamente la paternidad de la bioética, para el humilde investigador de Wisconsin. Potter le dio a la bioética no sólo un nombre, sino además una orientación unificadora en la que radica su carácter emancipador, amplificado por Gafo.
El momento histórico en que la bioética nació no pudo ser más oportuno. Recordemos a este respecto las palabras de Potter en uno de sus últimos trabajos:
"...en nuestra loca carrera por mantener la civilización capitalista que intenta acelerar el consumo excesivo en todo el mundo, pensamos poco en quién se sienta a la mesa y quién sigue hambriento. En el "Puente hacia el Siglo XXI" podemos estar perdiendo la oportunidad de llegar al Siglo XXV o al año 3000. ¿Habremos de salir del tercer milenio sin salud, paz, un ecosistema estable y justicia social?"(2)
La bioética nació en un mundo bipolar en términos de poder – Este y Oeste. Curiosamente, en la década que precedió a la de la aparición de la bioética, se hablaba cada vez con mayor insistencia de un Tercer Mundo al que ni Potter ni Gafo jamás ignoraron. Por debajo y en el fondo de aquel mundo, con un poder distribuido “a diestra y siniestra”, subsistía el mundo bipolar en términos de distribución de las riquezas “de arriba hacia abajo” – Norte y Sur.
El mundo llega al borde entre dos milenios, aquejado por problemas que amenazan con borrar a la especie humana de la faz de la Tierra. Concluimos el segundo milenio, con fuertes y fundadas dudas de que nuestra especie llegue a ver la conclusión del tercero. El fin del pasado milenio vio desaparecer la frontera –de carácter aparentemente político-ideológico– simbolizada por el muro de Berlín, que dividió al mundo entre el Este y el Oeste. Con ella se esfumó la bipolaridad del poder. En la actualidad vivimos en un mundo manifiestamente unipolar en términos de poder. En este mundo, sin embargo, la bipolaridad de la distribución de las riquezas no sólo no se ha desvanecido, sino que se acentúa cada vez con mayor dramatismo. Pueden existir en otras latitudes símbolos de la persistente división de la humanidad, pero para mí el más ilustrativo de todos es el otro muro, el que se refuerza y se hace cada día más sofisticado tecnológicamente, el que siempre fue más letal que el que se alzó en Berlín: el muro que separa los territorios sustraídos a México por los Estados Unidos de América, del extremo norte de los que aún permanecen bajo la soberanía mexicana.
Nuestro modesto aporte de hoy propone el uso de la bioética en su carácter de puente(3) hacia el futuro, entre disciplinas, entre ciencias y humanidades y entre culturas, pero además, como ariete para derribar los muros que dividen a los seres humanos entre sí. En no último lugar, tratamos de demostrar la utilidad de la bioética contra el muro cartesiano interior que ha pretendido aislar dentro de compartimientos estancos a la materia y al espíritu, en el que vemos la raíz de todo conflicto humano.
Hacia una fundamentación científica
Parecería que estamos en presencia de un bloqueo, o de un sesgo epistémico, que consiste en partir de dos posiciones recíprocamente excluyentes, que se niegan una a otra la aptitud para elaborar juicios científicos y juicios de valor. Hay evidencias suficientes para afirmar que ésta es una clara manifestación del viejo problema de las dos culturas, (4) que se resolverá en la medida en que se imponga el enfoque unificado potteriano. De esta segregación entre la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo y la de conocer la verdad, hay testimonios bastante antiguos:
“...Dios el Señor (...) le dio [a Adán] esta orden: ‘Puedes comer del fruto de todos los árboles del jardín [del Edén], menos del árbol del bien y del mal. No comas del fruto de ese árbol, porque si lo comes, ciertamente morirás.” (5)
Luego de consumado el pecado original por Adán y Eva, “Dios el Señor (...) dijo: ‘Ahora el hombre se ha vuelto como uno de nosotros, pues sabe lo que es bueno y lo que es malo.’”(6) No nos ocuparemos ahora de la tan socorrida interpretación erótico-sexual de las anteriores citas evangélicas. La otra interpretación, por lo menos igualmente plausible y mucho más cercana a la letra del evangelio, ve en las anteriores citas una clara alusión al acceso del hombre al conocimiento: el hombre [ahora] sabe. Y es mediante este conocimiento, que alcanza contraviniendo una orden divina y poniendo en riesgo su vida, que a partir de entonces el hombre formula juicios de valor (lo que es bueno y lo que es malo).
De si es o no legítimo que el hombre (y la mujer) formulemos estos juicios de valor sobre la base del conocimiento que hemos logrado alcanzar, de cuán correctos son o pueden llegar a ser estos juicios, del sentido que tiene hacerlos y de si al hacerlos el hombre y la mujer no nos hundimos cada vez más en el pecado de arrogancia o si simplemente asumimos una responsabilidad humana, es de lo que se trata. “No puedo sobreestimar el grado en que el sesgo epistémico ha infectado la práctica de la filosofía durante casi cuatrocientos años (...) En ninguna parte” – hay que repetir con el filósofo John R. Searle (7) – “ha sido esto más obvio que en el caso de la ética y la filosofía política.” Esto nos remite inevitablemente al análisis de la legitimidad del conocimiento científico, que a su vez pasa por la solución del problema de la causalidad. Pero es que “La mayoría de los filósofos, como la mayoría de las personas educadas en la actualidad, tienen una concepción de la causalidad que es una mezcla de sentido común con mecánica newtoniana.” (8)
En fecha tan reciente como el 3 de setiembre próximo pasado, un numeroso grupo de célebres científicos anunciaba, con motivo de la celebración de la llamada II Cubre de la Tierra en Johannesburgo, la fundación del Instituto Mundial de la Ciencia, cuyos estudios, "para poder trascender todas las ideologías, todas las fronteras, todas las políticas nacionales y todas las disciplinas, deben ser realizados por todos con la misma objetividad que exige la ciencia en sí misma." (9) En este trascendental y oportuno documento, los científicos que lo suscribieron (10) (entre ellos el Profesor Jean Dausset, presente en este II Congreso Mundial de Bioética) proclamaron basar su contribución al debate público sobre los aspectos fundamentales de nuestra época, en consideraciones como (entre otras):
"La ciencia es una parte integral de la cultura humana, y es en la actualidad una parte que está a la vanguardia del cambio y del crecimiento, y que puede ser ejemplar. Como tal, los científicos deben tratar de mostrar claramente, y a todos, lo que es científico y lo que no lo es, lo que sabemos, lo que sospechamos, y lo que no sabemos y lo que podemos y debemos hacer o dejar de hacer... La ciencia suministra a la humanidad un conocimiento de los procesos esenciales del Universo, de la materia y de la vida. Y el dominio de las aplicaciones de esos procesos (la biotecnología, los procesos nucleares, los cambios climáticos, etc.) forma parte de la responsabilidad de los científicos." (11)
Algunas de las recomendaciones de los científicos firmantes del Llamado de Johannesburgo son de corte tan rigurosamente bioético, que sería inexcusable no traerlas aquí:
"Preservación de la diversidad genética entre y dentro de las especies, comenzando con los seres humanos. Esto no implica un intento de introducir la eugenesia o, en el actual estado de los conocimientos, de la manipulación genética de la especie humana... Desarrollos tecnológicos directos hacia la mejora general de la calidad de la vida humana; no se debe aceptar la destrucción o la explotación de individuos o de grupos humanos. Esto implica la no-venta de partes del cuerpo humano viviente. No se puede poner un precio a ninguno de los elementos, tejidos, y órganos del cuerpo humano, ni pueden ser una fuente de ganancias... Alentar el control del crecimiento demográfico, tanto global como regional, impulsando una planificación familiar efectiva que muestre respeto por la dignidad humana." (12)
La intervención bioética
El uso de narrativas apocalípticas para describir la actual situación del mundo se ha ido convirtiendo en lugar común cada vez más desde finales del siglo pasado. Si no fuera por las evidencias que nos convencen todos los días de la realidad de las amenazas a las que estamos sometidos, se diría que la repetición de los mismos datos –con leves variaciones– implica el riesgo de insensibilizar la opinión pública a estos temas, que llegan a resultar molestos. Es obligatorio, sin embargo, remitirse a algunos datos para contextualizar cualquier análisis del mundo en que vivimos y de la posibilidad de escapar a la destrucción que parece amenazar a la especie humana.
“...este siglo [XX] nuestro puede muy bien haber sido el más cruel y el más violento de la historia, con sus guerras mundiales y civiles, sus torturas en masa, limpiezas étnicas, genocidios y holocaustos”. (13)
“[El siglo XX] fue una era oscura y salvaje de guerras mundiales, genocidio e ideologías totalitarias, que llegaron peligrosamente a acercarse a la dominación global... [Mientras tanto], la humanidad se las arregló colateralmente para diezmar el medio ambiente natural y agotar los recursos no renovables del planeta, con un abandono displicente.” (14)
Según Peter Drucker, de todas las conmociones que ha vivido el siglo pasado, “son las transformaciones sociales, en la profundidad y por debajo de la superficie del mar atormentado por el huracán, las que han tenido el efecto perdurable, en verdad permanente.” (15)
A las nuevas transformaciones de que esta requerida ahora la humanidad, se oponen viejas y nuevas barreras, brechas insalvables entre persistentes dualidades. La brecha entre la palabra y la acción, entre la teoría y la práctica, es el recurso que ofrece la fundamentación moral (inmoral) para la perpetuación de la otra brecha, que separa a la humanidad en dos bandos: el minoritario que dispone de medios materiales que le garantizan su salud y su bienestar, al lado de las grandes mayorías que en el mundo carecen de lo más elemental. En términos de atención médica y de salud, se hace habitual referirse a la "brecha 10/90", que refleja la realidad de que "menos del 10 % del gasto global en investigación de salud se dedica a enfermedades o trastornos de salud que responden por el 90 % de la carga global de enfermedades". (16)
La bioética quiso ser, por diseño y voluntad de su fundador, medularmente ajena y opuesta al retoricismo vano. A uno de sus principales promotores en España y en el mundo, el Dr. Marcelo Palacios, se le ha escuchado decir:
"Hablo de la Bioética de la conducta asentada en la verdad, la autocrítica, la heterocrítica, la autonomía, la responsabilidad y la dirimencia, la Bioética a pie de obra, faceta diferenciable de la ética de las palabras y discursos que no salen muy allá del solar teórico. Es así, porque el ciudadano entiende la ética pragmática y no tanto la del versado, a veces tan profunda que se torna inaccesible para él." (17)
Los principios éticos enunciados desde la época de la Ilustración francesa, de libertad, igualdad y fraternidad, no han perdido ni su vigencia ni su universalidad, solo que se han quedado –en buena parte– en simples enunciados. Hay que estar de acuerdo con autores que, como Darryl Macer, demuestran que “la bioética existe en todas las sociedades, y en ese sentido es universal” (18) mediante estudios rigurosos que evidencian las coincidencias en las aspiraciones básicas de gentes procedentes de contextos culturales muy diferentes.
La necesaria tolerancia hacia las prácticas consagradas por la tradición, en sociedades que sufren enormes penurias económicas y que se encuentran retenidas en fases primitivas del desarrollo social, no puede conducir a la consagración de diferencias que ofenden a la dignidad humana. El folklore y las tradiciones culturales de grupos étnicos que viven en el mundo no industrializado, han de conservarse cuidadosamente como patrimonio hereditario de quienes acuden a la cita del futuro de la humanidad llevando ese valioso aporte. Al mismo tiempo debe dárseles a esos grupos humanos la oportunidad, cuyo disfrute es aún privilegio de una minoría que monopoliza la cultura científica, de someter sus modos de interrelación humana al escrutinio de la ciencia unificada y holística de la Nueva Ilustración.
La globalización de la bioética, en un mundo que avanza inexorablemente hacia la globalización, es una necesidad muy poco discutible. Los intentos de fundar bioéticas particulares (nacionales, regionales, étnicas) deberán ir a parar, como el postmodernismo, en el baúl de curiosidades de la historia. (19) Ni siquiera vemos en el auge de una bioética para el Sur diferente a la del Norte, una iniciativa feliz que pueda tener perspectivas de viabilidad. De lo que se trata es de aprovechar el momento de una conciencia acrecentada del destino común de toda la humanidad, para fortalecer una bioética global solidaria y humana, respetuosa del medio ambiente y de las diversidades tolerables. Pero una bioética global que siguiera la orientación neoliberal (teóricamente derrotada, pero con la vitalidad que le prestan sus interesados y poderosos promotores), avanzaría hacia una bochornosa anexión de la bioética del Sur por la Bioética del Norte.
La inclusión mecánica de la agenda bioética del Sur en la del Norte implica la relegación de las prioridades del Sur y la hegemonización de las del Norte. Una bioética global parece que se está entendiendo por algunos como una sola de estas dos bioéticas, con lo que el Sur se quedaría sin bioética. Hay una contradicción flagrante y antagónica entre una ética que dimana del poder político y militar hegemónico y otra que se remite a la verdad científica. La bioética debe cumplir su rol movilizador político; se debe hacer énfasis en los rasgos potterianos de la bioética, en su sentido de la priorización de los problemas globales. De este modo podremos avanzar juntos hacia una globalización solidaria de la bioética, que es lo mismo que una “Bioética para Todos”. (20)
La bioética tiene ante sí la tarea de ponerse al día, junto con las ciencias particulares y la filosofía del siglo XXI, con la nueva racionalidad (21) que va surgiendo de los estudios de complejidad – que abarcan desde el reino de lo inorgánico hasta las sociedades humanas actuales – y nos permite orientarnos certeramente dentro de un mundo que avanza inexorablemente hacia la globalización. (22) Cuenta con la ventaja de haberse institucionalizado como disciplina en el momento histórico en que adquiría ímpetu el nuevo paradigma de las ciencias, válido igualmente para la filosofía, que permite al hombre asomarse al universo desde la frontera del conocimiento y apreciar su propio papel creativo y su responsabilidad en el diseño de la sociedad futura. Esta visión esclarecida del universo hace posible ahora caracterizar la pareja dialéctica causa – efecto de un modo muy análogo al que permite la conceptualización cibernética (23) y constituye una aplastante derrota para los “rebeldes sin causa (ni efecto)” del postmodernismo finisecular.
El ser humano, desprovisto del aparato conceptual y las herramientas de acción que le brinda la ciencia en perpetuo desarrollo, se convierte en objeto inerme del azar y de fuerzas que le resultan ajenas y contrarias a su supervivencia y evolución cultural y social.
En particular la parte mayoritaria de la humanidad que vive en condiciones de desventaja económica y social requiere apoderarse de las conquistas científicas para salir de su situación. Los países del llamado Sur, a solas con sus conocimientos tradicionales –y su tradicional ignorancia, no será capaz de salir de su atraso. Hacer que los pueblos teman a la ciencia es alejarlos de su posible salvación.
El condicionamiento político para el logro progresivo de esta meta, nos confirma en el necesario carácter intervencionista, transformador y revolucionador del que se debe dotar a la bioética. De no ser por esto, casi podría tomarse por una curiosidad la inclusión en este trabajo de un fragmento de un discurso político, por su relevancia en cuanto al papel de la educación en la formación de valores éticos y en la socialización solidaria del hombre. El pasado 2 de setiembre, en una graduación de maestros, Fidel Castro dijo lo siguiente:
"...Educar es la palabra clave. José de la Luz y Caballero, gran filósofo cubano de la pedagogía, inscribió ese concepto con letras de oro hace más de siglo y medio cuando señaló que no era lo mismo instruir que educar y que educar podía sólo quien fuera un evangelio vivo. Para mí educar es sembrar valores, inculcar y desarrollar sentimientos, transformar a las criaturas que vienen al mundo con imperativos de la naturaleza, muchas veces contradictorios con las virtudes que más apreciamos, como solidaridad, desprendimiento, valentía, fraternidad y otras. Educar es hacer prevalecer en la especie humana la conciencia por encima de los instintos. A veces lo expreso con frase muy cruda: convertir el animalito en ser humano..." (24)
La hipótesis de la coevolución genético-cultural está encontrando sustentación experimental en estudios de simulación computacional, como el de Herbert Gintis, (25) que define una norma interna como “el patrón de comportamiento impuesto en parte por sanciones internas, tales como la vergüenza, el sentimiento de culpa y la pérdida de autoestima, en oposición a las sanciones puramente externas, tales como la retribución material y el castigo.” (26)
Inesperadamente, el modelo de “elección racional” (rational choice) (27) que sirvió para fundamentar el comportamiento egoísta del hombre, basado en el binomio motivacional de premio y castigo, se está viendo sacudido en sus cimientos por evidencias experimentales procedentes nada menos que de la más moderna ciencia económica. Parecería como si el imperativo seguido por Carlos Marx al dejar a un lado la filosofía de sus años de juventud y dedicarse a su monumental obra de creación de economía política (“El Capital”), fuera la manifestación de una regularidad; como si la búsqueda de los resortes que explican el comportamiento de los seres humanos en sociedad y los modos de transformar esa sociedad, hubiera que buscarlos obligatoriamente en el sustrato económico de la formación social.
El grupo de investigadores liderado por Samuel Bowles en el Instituto de Santa Fe, entre otros, ha explorado desde la última década del siglo pasado, con los instrumentos de la teoría de juegos, temas tan álgidos como la explicación del comportamiento cooperativo del ser humano (28) (al que el autor del presente trabajo prefiere llamar solidaridad), muy emparentado con lo que se ha llamado comportamiento altruista (29) (que se define como “el comportamiento que resulta personalmente costoso y que beneficia a otros” (30) lo cual implica, por ejemplo, el sacrificio propio a favor de la propia descendencia), y las emociones llamadas prosociales (“La vergüenza, el sentimiento de culpa, el orgullo, el pesar, la alegría y otras reacciones viscerales, juegan un papel central para sustentar las relaciones de cooperación, incluyendo las transacciones exitosas en ausencia de contratos completos”). (31)
Cuba, que se encuentra a la misma distancia –tan lejos o tan cerca– como los demás países del mundo de la creación de una teoría bioética global, holística y unificada, es uno de los países periféricos que cubre el área geográfica de Ibero América. La bioética en Ibero América es uno de los bloques temáticos cubiertos por el II Congreso Mundial de Bioética. América Latina y el Caribe son la región del mundo donde la distribución de riquezas alcanza los mayores extremos de desigualdad. Sin embargo, Cuba está haciendo –a pesar de estar sometida al más prolongado y férreo bloqueo– una esforzada contribución a la práctica bioética. Cuba aparece entre los países del mundo con más alto índice de equidad (32) y es aquí donde está el secreto de que, en medio de la pobreza ocasionada por el subdesarrollo económico y agravada por el bloqueo, este país puede exhibir indicadores de salud superiores a los de todos los países del Tercer Mundo, como es una expectativa de vida de 76 años y una tasa de mortalidad infantil inferior a 7.
Otro de los temas cubiertos en este congreso es el del VIH-SIDA, enfermedad de la que no está libre ningún país. Pero, mientras unos pocos –privilegiados y ricos– han logrado reducir la mortalidad con medicamentos de alto e irracional precio, otros muchos –desafortunados y pobres– asisten a una pavorosa reducción de la expectativa de vida de sus pueblos y a un decrecimiento demográfico que los puede llevar a la extinción. La contribución práctica de Cuba a la bioética en este caso, consiste en tener en funcionamiento un Programa de lucha contra esta enfermedad, que garantiza una atención integral a portadores y enfermos, tratamiento gratuito con antirretrovirales a todos los enfermos, centros de atención médica especializada para los casos que lo requieren, y lucha sin descanso por la más plena integración social con todos los derechos y sin discriminaciones. Gracias a eso, existe en Cuba la prevalencia más baja de las Américas y una de las más bajas del mundo, con el 0.03 % de la población entre 15 y 49 años de edad.
Gracias a la enérgica y resuelta intervención bioética que ha hecho de la justicia y la solidaridad valores supremos en la sociedad cubana, no ha sido necesario esperar por donaciones ni apelar a la filantropía para alcanzar estos resultados. La impaciencia de los más de 36 millones de enfermos de SIDA en el mundo, unida con el millón de seres humanos que mueren anualmente de malaria, 3 millones de muertos por la tuberculosis y 35,000 niños que mueren cada día por enfermedades evitables, fueron el motor de la propuesta de Cuba en la Sesión Extraordinaria de la Asamblea General de la ONU del mes de junio del año pasado, dedicada a tratar este tema:
“Que los medicamentos contra el SIDA y otros también vitales y masivamente necesarios, no estén protegidos por patentes... Que la deuda externa de los países más pobres sea cancelada, sin perder un minuto, sin condicionamientos ni imposiciones.” (33)
Pero además, Cuba ha ofrecido a los países más pobres y con mayor presencia de esta enfermedad, médicos y personal de salud, profesores para crear 20 facultades de Medicina, pedagogos, sicólogos y demás personal especializado para colaborar en campañas de prevención de la enfermedad, equipos y kits diagnósticos para el trabajo de prevención y tratamiento antirretroviral para 30,000 pacientes. Esto es, en una palabra, una demostración práctica de intervención bioética en el plano internacional, que no requiere esperar por la necesaria teorización en la que estamos obligados a trabajar a marcha forzada.
Mientras tanto, a los bioeticistas nos queda seguir el consejo de Diego Gracia, de “hacer como Sócrates, salir a la plaza del pueblo...” (34) a razonar con la gente sobre temas de bioética. Y con Umberto Eco pensar que:
“Dios está donde no hay barullo. Esta máxima también es válida para quien no cree en Dios, pero cree que en alguna parte hay una Verdad que descubrir... En el trasiego del mundo de hoy, los lugares del silencio siguen siendo las universidades... Nosotros, la gente de universidad, estamos llamados a librar sin armas letales una infinita batalla por el progreso del saber y de la compasión humana.” (35)

Bibliografía
(Las citas bibliográficas de los originales en inglés fueron traducidas por el autor)
1. Homenaje póstumo a Javier Gafo, en sesión especial del Comité Cubano de Bioética y la Academia de Ciencias de Cuba, con la participación del Prof. José Ramón Amor Pan. La Habana, Cuba. Octubre 3, 20001.
2. Potter V.R. Deep and Global Bioethics For a Livable Third Millennium. The Scientist, Vol: 12, #1, p. 9, January 5, 1998 (cursivas añadidas - DPH).
3. Van Rensselaer Potter. "Bioethics: Bridge to the Future". Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall (1971).
4. Snow, C. P. 1965 [1962]. The Two Cultures and A Second Look. New York: Cambridge University Press.
5. 2.16-17 Gn.
6. 3.21-22 Gn. Énfasis mío – DPH.
7. J. R. Searle. The Future of Philosophy. Artículo para los “Millenium Proceedings” de la Royal Society. Abril de 2001.
8. Ibidem.
9. "El Llamado de Johannesburgo. Llamado global de los científicos a los que dirigen el mundo." Instituto Mundial de la Ciencia. Setiembre 3, 2002.
10. Ochenta y ocho miembros del Instituto Mundial de la Ciencia (WIS), 27 de los cuales son laureados con el Premio Nobel.
11. Ver 9.
12. Ibidem.
13. Peter F. Drucker. “The Age of Social Transformation”. The Atlantic Monthly, Vol. 274, No. 5, p. 53-80. Nov. 1994.
14. Edward O. Wilson. “The Bottleneck”. Scientific American. February 24, 2002.
15. Peter F. Drucker. Op. cit.
16. "The 10/90 Report on Health Research 2001-2002", p. IX. Global Forum for Health Research 2000. Geneva. Switzerland.
17. Marcelo Palacios. "La Bioética en el Siglo XXI". Conferencia en el I Congreso Iberoamericano de Bioética. Febrero 6-9, 2001. Caracas. Venezuela. (Cursivas del autor, subrayado mío - D.P.H.)
18. Darryl Macer. “Bioethics”. Biotechnology and Development Monitor, No. 32, p. 2-5. 1997.
19. E. O. Wilson. The Atlantic Monthly; March 1998; Back From Chaos; Volume 281, No. 3; pages 41 - 62.
20. Daniel Piedra Herrera. "Bioética para todos en el Siglo XXI". Ponencia en el I Congreso Mundial de Bioética. Gijón. 2001.
21. “La humanidad está en un punto de viraje, en el comienzo de una nueva racionalidad en la cual ya la ciencia no se identifica más con la certidumbre y la probabilidad con la ignorancia.” Ilya Prigogine, en: “The End of Certainty. Time, Chaos, and the New Laws of Nature”, p. 7. The Free Press. New York, 1997. Énfasis mío – D.P.H.
22. Christopher Chase-Dunn. “Global Formation. Structures of the World-Economy”. Rowman & Littlefield Publishers, 1998.
23. Gary Cziko en: “The Things We Do Using the Lessons of Bernard and Darwin to Understand the What, How, and Why of Our Behavior”. Gary Cziko © 2000 MIT Press & Gary Cziko.
24. Fidel Castro Ruz. “¡Sean, como educadores, el evangelio vivo con que soñó José de la Luz y Caballero!”. Discurso pronunciado en el acto de graduación de las Escuelas Emergentes de Maestros de la Enseñanza Primaria. Teatro "Karl Marx", Ciudad de La Habana, 2 de septiembre del 2002.
25. H. Gintis. “The Hitchhiker’s Guide to Altruism: Gene-Culture Coevolution, and the Internalization of Norms”. Journal of Theoretical Biology, forthcoming.
26. Ibidem.
27. “Todas la filosofías que han perdurado, han reconocido que la naturaleza humana es una mezcla compleja de la persecución del auto-interés, con la capacidad de adquirir normas internas de comportamiento y de seguir reglas forzosas, cuando éstas se comprenden y perciben como legítimas. Nuestra herencia evolutiva nos ha provisto de los circuitos para que procuremos limitadamente el beneficio propio, al mismo tiempo que somos capaces de aprender la heurística y normas tales como la reciprocidad, que nos ayudan a ejercer con éxito la acción colectiva.” Elinor Ostrom en: “A Behavioral Approach to the Rational Choice Theory of Collective Action: Presidential Address, American Political Science Association, 1997”. American Political Science Review, 92(1):1-22, 1998.
28. Samuel Bowles et al. “Homo reciprocans: A Research Initiative on the Origins, Dimensions, and Policy Implications of Reciprocal Fairness”. June 7, 1997. Working Papers. Santa Fe Institute.
29. H. Gintis et al. “Explaining Altruistic Behavior in Humans”. July 14, 2002. Working Papers. Santa Fe Institute.
30. Ibidem.
31. S. Bowles y H. Gintis. “Prosocial Emotions”. Presentación en el taller La Economía como un Sistema Complejo en Evolución III. Instituto de Santa Fe. Noviembre 16-18, 2001.
32. Revista Daedalus. Winter 2202
33. Carlos Lage. Discurso en la Sesión Extraordinaria de la Asamblea General de la ONU destinada a deliberar sobre el problema del SIDA. Diario Granma, junio 26 de 2001.
34. Diego Gracia. Entrevista en El Diario Médico, Madrid, 21 de octubre de 1999.
35. Umberto Eco. “La fuerza de la cultura podrá evitar el choque de civilizaciones.” El País, 12 de junio de 2002.