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El Mensaje de Esculapio. 2 da Parte

Dr. Miguel González-Carbajal Pascual Especialista de 2do grado en Gastroenterología Profesor Auxiliar de Gastroenterología Investigador Auxiliar Jefe del Departamento de Endoscopia del Instituto Cubano de Gastroenterología email:carbajal@infomed.sld.cu

Del Código de falsos valores y sus aforismos

En donde Esculapio desvela ante su hijo el deleznable código de falsos valores contentivo de 35 Aforismos que son el más depurado producto del cerebro de un villano redomado que conducirían a cualquiera una atronadora catástrofe y que son una guía infalible para inmortalizarle como el más estupendo fracasado que recuerda la historia de la medicina.

1. Aforismo
Cuando vayas a referirte a una obra, propósito, tarea, trabajo, logro, etc., nunca digas "nosotros lo hicimos". Di siempre, "yo lo hice". Lo primero eres tú, lo segundo también y lo tercero lo mismo. Después, vienen tu comunidad, tus compañeros, tus enfermos y todo lo demás. Por tanto, cultiva incansablemente tu verdadero "yo": el narcisista, el orgulloso, que se irrita, que siente envidia, rencor, rehúsa reconocer sus errores, es duro para con los demás y está siempre desbordantemente satisfecho de sí mismo.
2. Aforismo
Eres tan grande, que estás mucho más allá de las opiniones vulgares; mucho más allá del juicio del populacho; mucho más allá del tiempo y del espacio; mucho más allá del bien y del mal. ¡Eres el espíritu de Dios redivivo! ¡Qué feliz eres! ¿De qué ego singular te dotó la naturaleza, que te permite disfrutar a plenitud del bienestar y la placidez que deben producir estas convicciones? Así, rotundamente, sin siquiera… ¡La sombra de una duda!
3. Aforismo
Talante de experto, cínico, desafiante. Actitud como de "Cuando tú ibas, yo volvía", aunque no sepas un ápice de lo que se está hablando. Nunca harás el ridículo, recuerda que los demás son más tontos que tú.
4. Aforismo
Tus principales ayudantes deben ser unos mediocres de pocas luces, aunque su moralidad sea controvertida. Te estarán siempre agradecidos porque saben que sin ti no son nadie y, si los apartas de tu lado les será casi imposible abrirse paso. Por tanto, te corresponderán con una servidumbre incondicional. ¡Se atreverán, incluso, a intentar tapar el sol con un dedo con tal de no rozarte con la pluma de un cisne o contrariarte! En dos palabras ¡No se detendrán ante nada! Reacios a toda crítica, ascenderán con estrépito por las ríspidas laderas de lo inaudito y del descrédito ¡Ellos saben, mejor que nadie, que no tienen méritos propios!
5. Aforismo
Confía solo en dos o tres elegidos de tu confianza, que sean, si es posible, los que acumulen menos méritos —lo ideal es que sean, además, un poco tontos— y haz que todos sepan quiénes son. Así, tendrás siempre irritados a todos tus posibles colaboradores, sobre todo a aquellos con cualidades valiosas — ¡Oh, imperdonable estigma!— a quienes deberías apreciar y enaltecer —pero que son al mismo tiempo tus rivales porque el brillo de su competencia podría deslucirte algún día. Por otra parte, con este modo de comportarte añadirás desasosiego a estos virtuales enemigos tuyos, lo que contribuirá a que anden siempre escasos de tiempo que ofrecer a su intelecto para producir ideas elevadas y sanas; ello favorecerá la difusión ante el mundo de la imagen —fabricada por ti— de su ineptitud e incapacidad de generar algo encomiable.
6. Aforismo
Cualquiera de tus preferidos podrá, en el momento oportuno, ser llamado al campo de batalla y de ser necesario sacrificado también. El holocausto siempre está justificado si es en tu propio beneficio. En estos casos debes convocar todo tu poder, porque de seguro tu lacayo se mostrará muy reacio si es que consigue olfatear el peligro; sin embargo, de salir bien el asunto, esa marioneta tuya irá cobrando intrepidez y volviéndose poco a poco más incómoda a tus enemigos hasta hacerse —como una piedra en el zapato—, insoportable.
7. Aforismo
No es necesario que compruebes nada por ti mismo. Guíate siempre por lo que te dicen tus dos o tres cercanos colaboradores. De ese modo, si te equivocas, nunca será contra ninguno de los protegidos que conforman tu propia elite. Recuerda que ante los elegidos de la fortuna los demás son basura, detritus, parias, escoria, subhomínidos.
8. Aforismo
Engolando la voz, como aquella de barítono de vodevil, puedes llenar cualquier laguna del conocimiento. Recuerda que todos los que te rodean son unos imbéciles y tus dotes histriónicas, sencillamente irresistibles.
9. Aforismo
Tu boca nunca debe estar cerrada, parecerías estúpido. Es mejor abrirla, aunque digas sandeces. Así, por lo menos, esparces dudas.
10. Aforismo
La virtud, el desinterés y el sacrificio deben cultivarse con paciencia y dedicación, descártalos; el amor es muy complicado, aléjalo. Por el contrario, el odio, el miedo y el egoísmo solo deben despertarse; por añadidura, son apremiantes y simples ¡Pon en ello todo tu empeño!... pronto verás los resultados.
11. Aforismo
El pedo, si es extranjero, aunque hieda, huele a incienso de los templos. Si es norteamericano ¡Ah, en ese caso, se convierte en la más fina de las fragancias! Recuerda con nostalgia las fascinantes películas norteamericanas ¡Tan taquilleras! que llenan tus ratos de ocio con su eterno canto a la frivolidad; su desenfrenado culto a la violencia; sus monumentales disparates históricos; sus majestuosas mansiones; los potentes motores made in USA de sus automóviles, que se deslizan raudos mientras tragan cuantiosas cantidades de gasolina sin plomo; las llamativas mujeres de belleza blonda infrecuentes en tu país, pero que deben convertirse en tu arquetipo; su altura cinematográfica, en la abrumadora mayoría de los casos, tan penosa y rasante como un artilugio volador de principios de siglo; y a Superman, el héroe colosal e individualista que resume la escala de los valores marchitos que se quiere imponer a todas las sociedades y que dispone de las mejores recetas para dar solución a los problemas del mundo. ¿El Dólar? ¡Oh, talismán todopoderoso ante el que nadie osa resistirse y te abrirá todas las puertas! Ante él te prosternarás, tremolante de lascivia, en posición de plegaria mahometana y tu saliva encrespada en espuma se derramará sobre tu rostro, que quedará manchado en tu deshonra por el lodo de los caminos.
12. Aforismo
Salomón es considerado sabio porque escuchaba ambas partes en litigio y dictaminaba con equidad en sus juicios. Tú no lo necesitas, tus semejantes —sin saber lo que hacían— te han elevado a la categoría de Gurú. Tus decisiones pueden ser Faraónicas, no requieren precedentes, sobre todo si alguien ha tenido la osadía de inculpar a alguno de tus allegados. Esta facultad debe ser aprovechada para vengarte de cualquier acción de alguno de tus rivales que puedas interpretar como un oprobio ¡No tengas miramientos con nadie! A esos imprudentes que se atreven a desafiar tú poder: ¡Pásales la cuenta! Desata las más atroces vendettas para que tu castigo caiga sobre ellos como una maldición infernal. Prívalos brutalmente de todo lo que anhelan, aunque se lo merezcan. El ostracismo decretado contra esos infames deberá revestir todas los aspectos morales y materiales —aplica todas las medidas y aún otras que puedan brotar de tu imaginación, siempre feraz en estas lides— por incomprensible que sea a los ojos de todos, e injustificado. Ése es el momento de ser inclemente, despiadado, inflexible y cruel. Desfogar tus inconfesables instintos te transportará hasta un delicioso éxtasis, inolvidable y orgásmico. Será, por añadidura, productivo por partida doble: habrá más oportunidades para tus incondicionales a quienes patrocinas y el miedo que impondrá tu nombre será sobrecogedor. ¡Por estas acciones te recordarán y te abrirás paso a la posteridad —que tanto has anhelado!
13. Aforismo
Los prejuicios te colocan más lejos de la verdad que la ignorancia; pero has demostrado ser incapaz de renunciar a ellos, y a tus querencias. Odia el comunismo con todas tus fuerzas. Que tu odio sea irracional, visceral, malsano. El único comunista bueno es el que se ha convertido en cadáver. Que aquellos que no comparten recalcitrantemente tus ideas reaccionarias y rancias sepan que mientras tú estés ahí, no levantarán cabeza; ¡Desprestígialos! ¡Denígralos! ¡Utiliza sin reparos la difamación y la calumnia! ¡Mancilla su reputación! No discrimines, durante la sucia faena de enlodar su prestigio, entre su comportamiento en el trabajo y los aspectos más íntimos de su vida privada. No tengas reparos de ante quién profieres tus invectivas, ya que cuanto más alta sea la personalidad que te presta oídos, mayor puede ser el daño que ocasionas; en casos así, nunca se peca de exuberancia. ¡No desmayes hasta quebrantarlos! Hazles comprender, finalmente… ¡Que deben abandonar toda esperanza! ¡Qué sobre sus almas quede estampado para siempre —como la marca del hierro candente sobre la piel del rebaño— el fuego de tus obsesiones! Esos actos son los que perpetuarán tu memoria; esas maneras te harán inmortal.
14. Aforismo
Si alguno de estos incómodos personajes con sinceras ideas progresistas y revolucionarias hace algo bueno, se desempeña con éxito y, sobre todo si concibe y realiza algo que tú mismo no estás capacitado para consumar —aunque con ello ponga en alto el nombre de tu congregación—, tienes un solo camino: minimizarlo, asumir el asunto sin que se note tu reticencia, aparentar que no lo tomas en cuenta y tratar que todos lo olviden. En esos casos lo mejor es el silencio, echarle tierra al asunto. ¡No olvides que tu misión en la vida es acaparar todos los lauros! En algún momento se cansará de no ser reconocido; perderá el ánimo —con lo que habrá perdido todo— y quedará anulado. ¡Qué aprenda sobre su propio pellejo —no solo por lo que oyó contar a familiares y amigos que vivieron en la primera mitad del siglo pasado— lo que es el anticomunismo! Por actuar así —más que por tu ciencia—, no te olvidarán y encontrarás tu añorado lugar en la eternidad.
15. Aforismo
Es más fácil pecar, que sacrificarse y hacer bien las cosas. Defiende todo lo mal hecho. Frente a cualquier reconvención —sea justificada o no— se levanta una fuerza inexplicable y oscura que proviene de lo más profundo del alma, es reluctante al raciocinio y está dotada de un intenso ímpetu, solo comparable a la gratitud que despierta el manto protector de un alegato defensor hecho a tiempo y con astucia. Ante esas situaciones, es casi infalible asumir un papel de encubrimiento paternal —después de todo ¡Maldita sea si te importa el destino de tu comunidad y la educación de sus miembros en los principios de la honradez y la dedicación!—; los que cometan un error te estarán agradecidos y tú serás su "líder", recibirás aplausos y te bendecirán; ganarás prosélitos y popularidad lo que equivale a acrecentar tu poder. Mientras tanto, aquellos que claman por la cordura y el orden parecerán ogros furiosos ¡Discípulos aventajados de Polifemo! ante el resto de sus camaradas, que indefectiblemente los repelerán.
16. Aforismo
Para enfrentar a unos contra otros y fomentar el fraccionamiento dentro de una comunidad, cualquier pretexto es válido, la raza, el sexo, la edad, ¡Lo primero que te venga a la mente puede servir! Descubre la gran utilidad de crear una facción de jóvenes. Ellos demorarán un tiempo prolongado antes de, en algún momento, intentar eclipsarte. Mientras tanto, azúzalos contra los que ya han alcanzado su madurez y sí representan un riesgo real de hacerte sombra. Los jóvenes suelen ser ambiciosos, violentos, irreverentes y están dispuestos a todo. Es elegante y muy apreciado en la sociedad ayudar a los jóvenes, lo que te servirá de coartada ¡Utilízalos en tu provecho!; sólo tú sabes que se trata de una patraña. Siempre encontrarás la manera de deshacerte de ellos oportunamente.
17. Aforismo
Algún día los gusanos se alimentarán con fruición de tus despojos, como gozarán en hacer, cuando llegue la hora, los jóvenes a quienes enseñas lo que tanto trabajo te ha costado aprender a realizar con maestría. Ellos serán tu relevo; ocuparán tus cargos; sus púberes traseros horadarán tu silla reclinable y tutelar; sus botas —o sus zapatos deportivos de goma con el letrero de la marca en un lugar visible— te pisotearán, y tus cenizas les servirán de podio. Ofréceles sangre, sudor y lágrimas; que se desgasten; que contraigan sus músculos, una vez tras otra, hasta el agotamiento tensando sus arcos, pero que ninguna de sus flechas dé en el blanco. Es demasiado evidente que su falta de éxito afectará a la congregación que se verá privada de lo que ellos serían capaces de aportar si los apoyaras llanamente, y que pudiera ser mucho; ¡Pero aquí de lo que se trata es de defender tu puesto aunque sea mediante zarpazos y mordiscos!. Odia a los jóvenes ¡Son tus peores enemigos!
18. Aforismo
Añora todos los cargos; son posiciones de poder aunque representen mayores responsabilidades y preocupaciones. Difunde en sordina que aquellos que apeteces ya te han sido otorgados —o lo serán pronto—, los tontos lo creerán; otros, abrigarán dudas al respecto y no faltará quién, al menos, se vaya acostumbrando a la idea. Actúa con suavidad irritante; así tal vez consigas que alguno cuya colocación envidias pierda la paciencia, con lo que el desmerecimiento caerá sobre él. Una vez que se te dé; que tu deseo se convierta en realidad, recuerda: gavilán que suelta la presa está perdido; mastín que afloja sus mandíbulas pierde la pelea. ¡Agarra, pero nunca sueltes! Piensa en grande, de manera vitalicia, sobre todo si de cargos se trata y el que obtuviste es el que ambicionabas.
19. Aforismo
Es muy provechoso mirar el lado negativo de todos tus semejantes y concentrarse exclusivamente en sus defectos; debes conocer sus imperfecciones al dedillo —pues constituyen el punto débil de toda persona—, y taparte los ojos como el avestruz ante cualquier virtud que puedas descubrirles. ¡El único impoluto eres tú!. No cometas el error de poner a alguien a prueba; equivale a darle una oportunidad. Es mejor pensar, a priori, que no sirve, que no da la talla —¡Infeliz, qué lejos se encuentra de tu altura sacrosanta!. Guiarte por la opinión que tienen sobre algún sujeto tus más inmediatos allegados —los únicos de tu confianza—, es muy útil; casi siempre tendrán el peor de los criterios —desestima el hecho de que representan el poder detrás del trono y jamás tolerarán que alguien se aproxime.
20. Aforismo
¿Para qué sirve la cultura? ¿Los libros? ¿El arte? ¿De veras crees que alguna vez puedan serte útiles? Todo el talento y la parte de tu tiempo que dediques a estas materias y al conocimiento de la historia de tu patria, de la humanidad y del mundo que te circunda son irreparablemente derrochados. Resulta imperdonable ir por ese camino ¡Te convertirías en una inteligencia perdida! Estudia sólo medicina.
21. Aforismo
No dudes en sembrar cualquier cizaña. No cuesta nada y siempre puede traer algún dividendo. Por eso, nunca hagas una crítica de frente, pudiera ser constructivo: espera a que el otro no esté. La discordia y la desavenencia son un buen caldo de cultivo para que florezca el resentimiento, cuyo fruto son las rivalidades y, finalmente la división, que te brindará hegemonía y altura, desde la que podrás contemplar ufano cómo la comunidad que encabezas yace y se debate agonizante, mortalmente herida por tu espada de doble filo: un lado es el risueño, que da palmaditas en el hombro y ofrece confianza y abrigo; el otro, es el que sueles emplear a fondo, el que corta limpiamente y con sin igual destreza en tajos menudos el último aliento de la virtud; es el costado de la devastación; el único del que te puedes servir para sentirte realizado y que te dará grandeza, triste, pero no por ello menos prominente.
22. Aforismo
Si hay una gran faena, que requiera crecidos esfuerzos, en la que no se pueda descansar ni de día ni de noche, nunca se te ocurra hacer algo por mitigar las fatigas de tus tropas, ni reclamar nada que contribuya a un descanso reparador o sirva para compensar aunque sea en parte sus sacrificios, a pesar de que —por esas arbitrariedades del destino— esa tarea te depare gloria y reconocimiento personal; ¡Que trabajen como asnos y vivan como perros! Mientras tanto, tú solo te dignarás a vigilar desde un confortable promontorio y cuando se te antoje, simplemente les das la espalda. Eso en el mejor de los casos; ya que también puedes arremeter contra ellos, iracundo, con amargas recriminaciones originadas a punto de partida de cualquier pretexto —pero siempre cuidándote de guardar la precaución de elegir con acierto la persona a costa de la cuál quieres lucirte; porque cuando los pueblos se han emancipado de veras, como resultado de un proceso revolucionario profundo: ¡El que te parezca más anodino puede sacarte un susto!. Al decidirte por esta opción, una vez efectuada la elección de tu víctima entre los iniciados más tímidos, bien educados y, de ser posible incluso, alguno que en cierto momento te haya dado muestras de sincera devoción —recuerda que en el fondo no eres más que un cobarde—, es conveniente buscar un numeroso público que pueda atestiguar tu hazaña. Así la afrenta inflingida a tu presa será mayor, lo que prolongará su martirio lo suficiente para asegurarte de que su orgullo quede pisoteado, que el ultraje a que lo sometiste sea imperecedero, y se sienta vilipendiado y abatido. Una vez ultimados todos los detalles de la escena —en la que desempeñarás un papel solamente reservado a los grandes conductores de hombres— es aconsejable comportarte lo más soez y prepotentemente que te sea posible, a fin de que a esos míseros colaboradores tuyos no les quepa ninguna duda de tu apabullante supremacía. Esas actuaciones harán que nunca seas relegado al olvido y te proyectarán, bizarro, hacia la inmortalidad.
23. Aforismo
Cuando te sientas abandonado, y tu espíritu esté inseguro, entumecido y carente de entusiasmo, recuerda que siempre hay alguien a quien esquilmar, denostar, desprestigiar y pisotear. Una costumbre muy recomendable es hablar constantemente mal de todo el mundo y echar fango sobre la ejecutoria de tus congéneres; por supuesto, vigila que la persona en cuestión no esté presente; hazlo en lo oscuro, el puñal debe ser clavado por la espalda. Recuerda que las palabras no caen en el vacío. ¡Anímate! ¡Nadie podrá escribir la historia de la medicina dejando tales trances en el tintero!
24. Aforismo
Hay algo en el hombre que supera al hombre, que tiene algo de misterio, y se proyecta como un reflejo omnipotente: la envidia. El envidioso es impenitente y no conoce el reposo. Si tienes la suerte de que alguno de tus capitanes pecara de ese defecto —más aún si es lenguaz y arrogante, en lo que se parecería un poco a ti—, déjalo en su puesto aunque llegue a exasperarte por momentos, tanto por sus plañideros lamentos y constantes gemidos como por sus irrefrenables accesos de cólera paroxística. Si por añadidura la suerte te ha premiado —aunque sea por esta vez— proporcionándole dotes de mitómano muy poco comunes al sujeto, y tiene el cinismo suficiente para exigir con encono a sus subordinados sin pedirse nada a sí mismo ¡Estás hecho! Es una inversión que vale la pena, por la carga de malestar y decepción que deja a su alrededor, ya que todo el mundo perderá su tiempo divagando en la ilusión de que algún día, harás algo para remediarlo. No obstante, no desaproveches oportunidad de escupir sobre su rostro lo que para él, puede ser el peor de los agravios: ¡Qué es un inepto! Hazlo sufrir; pero déjalo ahí como divisa de los escarnios y prueba irrefutable del abismo que lo separa de tu estirpe celestial.
25. Aforismo
Exhibe tu grandeza con ostentación indómita y empedernidamente ¡Qué pidan audiencia para recibirte aunque tu comunidad sea de dimensiones liliputienses! Siempre adusto y con el ceño fruncido. Ello te ayudará a vapulear a tus subordinados y demolerlos sin que se den cuenta. Si alguno enfermara aunque sea gravemente; que sea tratado como cualquier paciente ¡O es que, acaso, no se pasan la vida diciendo que todos somos iguales!; puedes visitarlo fugazmente rodeado de varios de tus súbditos, siempre y cuando lo mires por encima del hombro como si fuera un insecto; ¡No se te vaya a ocurrir mostrarte realmente preocupado por su salud y su pronóstico! Si el enfermo fuera un familiar allegado de alguno de ellos y pudieras hacer algo por atenuar su agonía, no muevas un dedo ¡Vírales la espalda! Lo mismo te digo ante la eventualidad de la pérdida de un familiar de alguno de tus súbditos, por cercano que sea. Tu participación en las pompas fúnebres a pesar de que se trate de un nexo filial de alguno de tus colaboradores —aunque haya trabajado a tu sombra por muchos años— debe ser muy breve, con mucha tibieza y, sobre todo, sin emoción alguna, para que no pueda abrigar duda alguna de que lo haces porque no tienes otro remedio. Eso, si es que decides prodigar el regalo de asistir, en persona, a los funerales. ¡Tienen que aprender a sangre y fuego que para ti valen tanto como ruinosos mendigos! No te inquietes, si alguien llegara a percibir a tiempo el enigma que encierran tus intenciones, no podrá ponerse de acuerdo con los demás para organizar una conspiración seria, porque en el fondo, son todos unos oportunistas a quienes causarás espanto mientras detentes el poder.
26. Aforismo
No te molestes en amonestar o reemplazar a ninguno de los cabecillas de tu comunidad sobre los que deberías ejercer un poder absoluto… ¡No tienes agallas para eso! Además, podría traerte complicaciones y disgustos. Haz mejor esto: cuando un advenedizo se te presente o sea llamado a filas por ti, lanza los peores denuestos sobre todos los jefes que tú mismo has nombrado; si a esto añades que todo peregrino de reciente incorporación únicamente debe recibir órdenes directas tuyas y desconocer la autoridad de todos los demás preceptores ya que son unos incapaces, habrás hecho una jugada perfecta. No caben dudas de que se trata de una conducta mezquina; pero así irás socavando el poder de tus regentes y, de esa manera, no podrán jamás levantar cabeza y proyectar sombras sobre tu figura. El caos reinará en la comunidad como resultado de todo esto y habrás abonado los surcos con la mejor de las boñigas para que florezcan rijosas la indisciplina y sus inseparables arpías: la corrupción y el latrocinio. Mas ello no debe preocuparte... ¡Porque lo único importante eres tú!
27. Aforismo
Erosiona sistemáticamente la autoridad de tus regentes. Cuestiónalos delante de sus subordinados siempre que se te presente una oportunidad; que aquellos que les deben obediencia sirvan de testigos para defenderlos ante ti por cualquier acusación por absurda que sea; así los equiparas a los soldados de fila, colocas su prestigio por debajo del de ellos, y demuestras que aquellos que has nombrado para dirigir no te merecen confianza alguna. La consecuencia lógica de esta conducta es que nadie los respetará y se mofarán de ellos. Es nefasto para la comunidad, pero te proporcionará el indescriptible placer de creerte que ello acrecienta tus potestades. La hecatombe resultante será grandiosa; tanto, que empañará las más tremendas, reportadas por las sagradas escrituras y dejará para ti definitivamente expeditas las puertas de la Historia, ante las que tantos aldabonazos has hecho resonar inútilmente subyugado por angustiosas pretensiones.
28. Aforismo
Tus discípulos — ¿Quién sabe por qué?— te han obsequiado con una veneración casi mesiánica. La mala impresión que puede dejar el que tus bajezas no sean dignas de ti —y, por tanto, nadie las espere— es paradójicamente, estimable. Ten en cuenta, que nadie estará preparado para hacerles frente ni podrá sospechar que tú, que sobrevuelas con holgura las cumbres más escarpadas y altas, te prestes a maniobras tan viles y pierdas tu divino tiempo en confabulaciones encaminadas a vejar a peones de fila y cabecillas que no te rozan siquiera los talones. Mientras más miserablemente te comportes, más desconcierto sembrarás a tu alrededor e imperceptiblemente habrás sido el arquitecto de un entorno en nada propicio para que actividad creativa alguna tenga frutos. Recuerda: hombres estupefactos y confundidos no suelen ofrecer una resistencia seria.
29. Aforismo
La colectividad que diriges solo importa en la medida en que sirva como instrumento para satisfacer tus ambiciones de gloria personal —que incluyen, por supuesto, la diáspora a parajes remotos fuera de tu país. Viajar es un atributo preciado; te coloca por encima de los mediocres que te cubren —sin saberlo ni poderlo evitar— las espaldas, a quienes destinas las tareas de mayor responsabilidad y extenuantes, pero imprescindibles. Cada desplazamiento, como el rascado de una zona con prurito —comer y rascar todo es empezar—, espoleará más tu afición trashumante; gracias a estas migraciones tus ansias de fruslerías serán mitigadas; tu fetichismo por las bagatelas te transportará a una sensación rayana en el delirio y tu alma insaciable de quincalla se henchirá en el arrobamiento de la adquisición de los oropeles de moda. Por añadidura te sentirás como un turista, disfrutarás los paisajes, asistirás a algún que otro agasajo o convite y, si tienes suerte, a lo mejor te premian con un homenaje. Todo, con los gastos pagados por tu pueblo. Eso, sin contar con “lo que se pega” —quién sabe si algún que otro billete de color de perico— ¡Todo es posible! ¡Es sencillamente alucinante! ¿Cómo renunciar a ello aunque parezcas un nómada? Para viajar cualquier pretexto es válido, porque buscarás amparo en la divulgación de tu ciencia y en el necesario intercambio con el exterior. Nada, que este asunto no merece otras disquisiciones: los viajes serán reservados exclusivamente para ti y tu camarilla. Excelente castigo para los que han tenido el atrevimiento de disentir de tus designios ¡Levanta los cascos cada vez que se te presente una oportunidad! Gracias a ello te recordarán.
30. Aforismo
Si en la ciencia consigues un logro que te puedas atribuir, sácale el mayor provecho y exprímelo hasta la última gota. Cuándo el propio desarrollo tecnológico lo rebase y no sea sino meramente un aporte ya obsoleto ¡Aférrate a él! ¡Es lo tuyo! Puede que incluso se convierta en contraproducente seguir adoptando esa estrategia por el costo de vidas, molestias y recursos que conlleva, y existan alternativas mejores que el mundo entero ha adoptado ¡Sigue en lo tuyo cueste lo que cueste! ¡Eso lo inventaste tú y una vez te dio fama! ¿A quién se le ocurre renunciar a ello, así como así? Ese es el momento de demostrar que el desarrollo no es en espiral ascendente sino que sigue el trayecto mil veces repetido de las fieras enjauladas. No importa, que como resultado de tu caótica gestión, la comunidad que encabezas haya devenido en una horda de individuos que se odian y se combaten fanáticamente unos a otros, sin poder avanzar. Si te quedas casi solo y aislado de todos tus colaboradores, ello dañará de manera irreparable el futuro de esa congregación que se puso bajo tu mando, que supiste conducir —como nadie hubiera podido hacer igual— con mano férrea a un portentoso desastre ¡Más, no te alarmes! La imagen exterior de la misma —para quien juzgue superficialmente como generalmente ocurre—, será la de que tú y tus protegidos son los únicos que valen y sirven.
31. Aforismo
El Apóstol Pedro negó tres veces al Señor y sin embargo recibió de sus manos las llaves del cielo. Tú ya las recibiste cuando fuiste nombrado para encabezar la comunidad. ¡Niégalo mil veces!; tres o cuatro veces al día, es poco; cada vez que sientas la necesidad de hacer aguas menores, sería mucho mejor; no importa lo irrespetuoso que seas; ni ante quién o en que contexto te encuentres; ¡No te arredres! Las “vacas sagradas” son —va implícito en el vocablo—, intocables. Tampoco debes tomar en consideración que de él, te separará, siempre, un insalvable abismo político, moral y humano —aunque el envanecimiento enfermizo de que padeces te haga revolverte ante esa sola idea y la rechaces frenéticamente.
32. Aforismo
Pero no te excedas —recomendación que hago extensiva a todos tus sirvientes— ¡Sosiégate! Tu máscara y la de tus pajes debe ser la de esmerados trabajadores que no tienen, hora, momento, ni lugar para atender a un paciente, dispuestos siempre a redoblar sus esfuerzos. Todos deben sentirse orgullosos y alborozados de la gestión que realizan; la ausencia de alguno de ellos, causar pena y pesar. Esa imagen debe montarse muy cuidadosamente para luego ser defendida a capa y espada. Si no queda otra alternativa, se puede conminar a cualquier amistad —sobre todo si se siente comprometida por algún favor recibido— a escribir cartas de reconocimiento público con lenguaje revolucionario, cuajado de inflamados epítetos, donde se haga con desvergüenza la apología de alguno de tus servidores —el papel lo aguanta todo y lo que importa es el fin y no los medios. Por el contrario, tus rivales pueden ser víctimas de esquelas anónimas en donde serán apostrofados despiadadamente —esto de escribir anónimos parece una costumbre un tanto indigna para encajar en tu regia persona, pero ¡Al fin y al cabo, en otras oportunidades has tenido que hacer cosas peores para ser tomado en cuenta! Por otra parte, sería muy injusto no convenir en reconocer el amargo cáliz que has debido apurar —aunque sea obligado por circunstancias muy obvias— al prestarte, de buen grado, a ser ignorado en tu protagonismo, renunciando después de entregarte con empeño a la homérica faena de escribir las más bajas imputaciones, a suscribirlas. ¡Qué rudas pruebas has debido atravesar!
33. Aforismo
No pidas nada para la mejora y el progreso de tu comunidad; esos cuantiosos recursos y costosos equipos serían empleados por tus regentes o quedarían bajo la dirección de ellos que acapararían toda la gloria ¡Pide solo para ti! En tu colectividad, como resultado de esta política, los aperos de labranza empleados tendrán siglos de atraso y la tecnología de que disponen tus capitanes será anacrónica y de poca utilidad. Por supuesto, quedarán a la zaga de todo el mundo; pero esto tiene escasa trascendencia si lo comparas con tu éxito individual, ya que paralelamente debes continuar acaparando, sin concederte un minuto de descanso, logros personales y lauros. Mientras tu reino se hunde, tu ya henchida hoja de servicios se inflará y crecerá como la levadura dejando boquiabiertos a tus contendientes. ¡Qué miren todos y que nadie toque! ¡Mi reino por un galardón!
34. Aforismo
En el duro oficio de rectorar una manada de hombres te será permitido seleccionar —al menos esa será tu ilusión, ya que nunca sabrás que fue él, quién te escogió a ti— entre tus más fieles sirvientes, uno, que ocupará el codiciado lugar de El Preferido —una especie de “Eminencia Gris”. Será tu sombra; compartirá tus secretos más arcanos y pronto, las transacciones que la vida te obligará a hacer te comprometerán más con él; irá tejiendo redes cada vez más espesas a tu alrededor, sembrando en tu ánimo —sin que puedas advertirlo— suspicacias sobre todos los que te rodean; tendrá la habilidad de hacer que te enroles en guerras que no son las tuyas y te encontrará enemigos donde en realidad había ilusos que todavía te reverenciaban; por último, quedarás tan aislado como un alma errante y sumido en el más portentoso aislamiento. Conocedor de la fácil excitabilidad de tu ego y de su singular vigor, medrará aprovechándose de esas cualidades. Recurrir a ademanes de mando y feroces bramidos, no será suficiente para encubrir tu condición apocada de sumisión absorbente. Con sigilo llegará a convertirte en un mastodonte retozando en una tienda de porcelana fina, sin que puedas percibir el daño irreparable que ocasionas a todos los que te rodean y al futuro de tu reino. Más no te atrevas a enarbolar esta circunstancia como atenuante de las calamidades que has desparramado por el mundo, porque al fin y al cabo ¡Ésa fue tu voluntad!
35. Aforismo
Altruismo, entrega, bondad, honradez, nobleza, modestia ¡Bah! Cualidades pasadas de moda que sólo sirven como edulcorantes de los cuentos de hadas. Lo que hagas por una causa noble hazlo porque es, al mismo tiempo lo que a ti te conviene; después de todo, no te queda más remedio que reconocer que tú también has sido redimido por ella. Pero eso no basta para que dejes de ser quién eres y de conducirte como un chacal en las praderas. Ya ves, el hombre no vale nada, la riqueza está en lo que le rodea y los valores humanos tienen poca utilidad ¡Lo único importante es consumir los bienes materiales que la vida te ofrece! Persevera, se paciente, que en unos años ¡Todos los que te han acompañado en la magna empresa terminarán siendo como tú!... —o casi todos.

Del mensaje que Esculapio valientemente espetó al autor de esos aforismos y sus lamentables consecuencias.

Capítulo que versa sobre el buen juicio de un vástago de Esculapio cuya previsión nos proveyó de un sabio comentario de su padre inmortal, recogido en un legajo que mantuvo oculto en un cofre, y de las sagas transferidas de una generación a otra por acreditados rapsodas que permitieron descubrir la identidad del enigmático personaje que reclamó la autoría de los Aforismos contenidos en el Código a que hice referencia y titularon definitivamente para la historia el comentario de referencia, contenido en el pliego, como “El Mensaje de Esculapio”.

De muy buena tinta y acreditados rapsodas, cuya saga fue transferida de una generación a otra, pude conocer que cuando Esculapio trabó conocimiento de estos Aforismos, emprendió una afanosa búsqueda hasta ponerse al habla con quién los escribió. Como el venerable Dios de la Medicina no tenía pelos en la lengua, valientemente y con ademán sencillo vertió al oído de su interlocutor su opinión. Ellos me aseguraron que gracias a que uno de sus hijos tuvo la perspicaz iniciativa de tomar nota mientras su inmortal padre ensayaba su discurso, y tuvo la precaución de esconder el legajo con sus acotaciones en un cofre que sepultó en un lugar secreto a buen resguardo de los agentes enemigos —casi todos reclutados entre los más patéticos y contrahechos sátiros y faunos de los pantanos de Ever Glades—, la valiosa información fue salvada. Luego de encarecidas súplicas que me tomé el trabajo de hacer a uno de sus descendientes y que lograron conmover su misericordioso corazón, consintió en desenterrar el preciado baúl y darme a conocer el contenido del pergamino, celosamente guardado durante centenares de años.
Cuentan los juglares que el autor de los Aforismos, de mala gana se detuvo a escuchar a Esculapio que había recorrido un largo trayecto —con caduceo y serpiente a cuestas, como era su costumbre— hasta que pálido y sudoroso pudo al fin, darle alcance. El desconocido, sorprendido por la presencia del reptil le lanzó una mirada —que más parecía un puñal— que el emblemático ofidio no pudo sostener, por lo que agachó la cabeza y entornó los ojos en señal de sumisión con un gesto que dejaba entrever una mal encubierta picardía, que harto contrastaba con los duros rasgos de su fisonomía viperina. El enigmático personaje después de prestar atención con displicencia durante unos instantes al insigne Dios de los facultativos, sonrió con indescriptible sarcasmo, respiró profundo y lanzó un suspiro de contrariedad. Sin embargo, sin que todavía se sepa por qué, aguardó con los brazos en jarras hasta haber escuchado la ferviente arenga hasta el final; momento en que no pudo contenerse más, y dejó escapar de lo más hondo de su pecho una acompasada carcajada que retumbó en los oídos de sus interlocutores con la gravedad de un bajo profundo; aquella risa no era sana y contagiosa, era vengativa, mordaz y maligna como un himno de los Avernos; premonitoria con seguridad de una debacle inminente que puso de punta los pelos de Esculapio, al tiempo que la pobre sierpe era sacudida por un irrefrenable escalofrío que hizo que tratara —en gesto defensivo— de enseñar sus puntiagudos colmillos; mueca que no tuvo tiempo de rematar porque, sin poder evitarlo, sintió un vahído, los anillos de su cuerpo perdieron fuerza y resbaló un buen tramo por el báculo heráldico a cuyo abrazo eterno había sido destinada —sin siquiera el consuelo de la compañía de otra sierpe, que sí le ha sido concedido al dueto de víboras acreditado para representar a los mercaderes ya sea por el grácil talante del Dios Hermes-Mercurio o debido a un acto de amabilidad poco común de quienes suelen preferir el ábaco que esclarece la aritmética de las ganancias al más emotivo acto de solidaridad—, hasta adoptar una ridícula e incómoda posición que la obligó a contentarse con relamerse los labios, que habían adquirido repentinamente una temperatura más fría aún que la que les era habitual —en su caso, esto de relamerse no se hace tan fácil como se dice, si se tiene en cuenta la amplia hendidura de una lengua bífida. Acto seguido el atrabiliario personaje; sin tomarse la molestia de despedirse, montó ágilmente de un salto en su cabalgadura, un fogoso corcel color de azabache, bellamente enjaezado con arreos negros muy lustrosos y silla de igual color, de la que pendía un horrible tridente; picó espuelas como un endemoniado —no sin antes acomodar en la montura su afelpada cola terminada en punta de saeta, que se retorcía con rabia revelando la impaciencia del dueño—, a lo que siguió el estruendo de los cascos acerados del noble bruto que sacaron destellos del sendero pedregoso. Mientras, Esculapio presa de un repentino acceso de tos y con gran dilatación de las venas que se dibujaban azuladas en su frente, haciendo un esfuerzo sobrehumano —como cabe esperar de un Dios— trataba de disimular una asfixiante disnea envuelto en una nube de polvo apoyándose vacilante en su cayado, al que a duras penas, se mantenía aferrada la fiel culebra que en silencio se lamentaba de la vida que su sino le había deparado, a la vez que soñaba con añoranza en el inefable placer de arrastrarse alegremente, sin otras obligaciones, por las arenas del desierto o las breñas de la floresta.
A continuación, reproduzco con exactitud los ingenuos comentarios que, con la mejor intención y donosura, el buen Esculapio hubo de comunicar, haciendo gala de su ancestral bonhomía, al misterioso jinete que reclamó los fueros sobre los Aforismos que acabo de exponer a la luz pública; y que —no es de dudar— motivaron un comportamiento tan innoble como inesperado de su parte, que al mismo tiempo, puso al descubierto palmariamente su naturaleza intolerante e ingrata. Con el paso del tiempo estos comentarios adquirieron por obra del consenso universal el nombre de “El Mensaje de Esculapio”, que es el título que da nombre a este trabajo —que no puedo clasificar como novela o noveleta, ni tampoco como cuento, y mucho menos como ensayo— que los duchos críticos literarios —con los que, al menos en esta ocasión, estaré completamente de acuerdo— bien pudieran considerar una sopa de letras, mal condimentada e insulsa, que emplea abusivamente y con mal gusto los adjetivos, por lo que pudiera conceptuarse también como un mal ajiaco de calificadores del nombre; en fin, discurso balbuciente y sobre todo aburrido, obra de un principiante con pueriles ínfulas literarias —muy equilibrado criterio que no basta para arredrarme, y a que renuncie a hacer pininos con un Cuarto Capítulo y un Epílogo. Pero volvamos al tema con la reproducción de esta versión, la única fehacientemente registrada en la literatura, del tantas veces mencionado Mensaje de Esculapio. Hela aquí:

“Como todo en la vida, un día —cuya alborada será, para ti, más prematura que tardía— la prodigiosa epopeya llegará a su fin. Cuándo las manecillas de todos los relojes tomen la misma inclinación para indicar implacables esa hora infausta, no profieras queja alguna ni levantes falsas acusaciones al sentirte arteramente lacerado en tus carnes —ya para entonces ajadas y enjutas a causa del paso del tiempo, que es el peor de los verdugos porque cumple su misión con lentitud pero sin conceder escapatoria— por los filosos colmillos de la serpiente condenada a permanecer siempre ceñida en torno al caduceo, como tampoco, inicuamente abandonado en húmeda y sofocante ergástula sin verjas ni cerrojos; puesto que estarás recogiendo los frutos de tu propia cosecha, cuyas semillas durante largos años te empeñaste en derramar sobre los ávidos surcos de esperanza de tus discípulos que te admiraron de todo corazón y de quienes fuiste, acaso una vez, genuino paladín. Ellos emprenderán un camino distinto al que aprendieron a fuerza de aciagas frustraciones y acerbas decepciones, cuando estaban a tu zaga. Las aguas del torrente tomarán su nivel, desechando incontenibles los remansos inmóviles que estancan las lluvias pestilentes del pasado, para irrumpir con ímpetu por los vertiginosos y transparentes cauces que las proyectarán al porvenir. Ése, es el momento en que cualquier esfuerzo tuyo por trastocar las cosas, solo conseguirá acelerar los eventos que marcarán un destino que no podrás torcer.”