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El presbítero Félix Varela Morales en el aniversario 220 de su natalicio

 

Prof. María del Carmen Amaro Cano. Profesora Auxiliar y Consultante de Salud Pública. Presidenta de la Cátedra de Bioética. Facultad de Ciencias Médicas “General Calixto García”. Secretaria de la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina.

RESUMEN

Se propuso reconstruir el tiempo y el espacio en que se desarrolló el proceso de formación de la personalidad de Félix Varela Morales. La segunda mitad del siglo XVIII fue testigo de notables cambios en la base económica de la sociedad cubana, el desarrollo plantacionista. Este siglo se expresó dentro de una concepción pedagógica y gnoseológica que respondía a los paradigmas de la educación escolástica. En esos tiempos la Escolástica resultaba, no sólo una expresión ideológica que frenaba el desarrollo del pensamiento, sino que, además, impedía el desarrollo de las ciencias. La crítica a este sistema de educación se inició desde finales del siglo. El padre Agustín Caballero fue el primero en combatirlo. El Dr. Tomás Romay y Chacón, estrechamente vinculado a la institución universitaria, se identificó también como un crítico con argumentos irrebatibles. A principios del siglo XIX el Obispo Espada decide transformar radicalmente los estudios de filosofía en el Seminario San Carlos. La empresa requería de un hombre de inteligencia excepcional. El Obispo no dudó: ese hombre era, sin lugar a dudas, el joven presbítero Félix Varela. Los años de 1818 y 1819 fueron muy activos en la vida intelectual de Varela. Uno de sus trabajos más importantes, Máximas morales y sociales, que escribió junto con Justo Vélez, demuestra claramente su intención de influir de forma directa en la vida social del país. Esta obra puede considerarse como la primera formulación de una moral práctica en la sociedad cubana. Una de las obras más importantes de la producción vareliana, Cartas a Elpidio, escritas en su destierro en E. U. A., tuvo como objetivo fundamental el desarrollo moral y patriótico de la juventud cubana. 
Palabras clave: Varela; identidad nacional; patriotismo; ética; moral

TIEMPO Y ESPACIO DE LA FORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD DE FÉLIX VARELA

La segunda mitad del siglo XVIII es testigo de notables cambios en la base económica de la sociedad cubana, consecuencia directa del desarrollo interno que había ya alcanzado la Isla durante los siglos anteriores. Los sucesos bélicos ocurridos durante esta segunda mitad del siglo que nos ocupa (Guerra de los Siete Años, la Revolución Industrial Inglesa, la Revolución Francesa, la Guerra de Independencia de las Trece Colonias de Norteamérica y la Revolución de Haití, entre otras) favorecieron la vinculación creciente de la Isla al mercado mundial. Los precios del azúcar subieron vertiginosamente y el capital fluyó hacia la estimulación de la producción azucarera, la cual pasó de un 2,68% en 1760 a un 6,92% treinta años más tarde.

La posición geográfica de la Isla, sus condiciones climatológicas y las características de la fuerza de trabajo, así como la función de La Habana como puerto-escala entre dos mundos, fue extraordinariamente favorable para la Isla. Pero se hizo necesario remodelar la mentalidad económica, rompiendo los viejos parámetros de la sociedad criolla.

La sociedad esclavista cubana, basada en el desarrollo plantacionista, puede dividirse en dos grandes períodos: el primero, que cubre desde las dos últimas décadas del siglo XVIII hasta la década de los años 40 del siglo siguiente, se caracteriza por el desarrollo acelerado de los factores económico-sociales promovidos por la plantación y la esclavitud. La plantación constituye en esta etapa un medio para lograr una acumulación de capital que permita el salto al desarrollo industrial. Los plantadores criollos tomaban el ejemplo de los plantadores ingleses y franceses  quienes, junto a los comerciantes dedicados a la trata de esclavos, lograron la acumulación originaria del capital que les permitió convertirse en una burguesía industrial.

Es precisamente este período el que interesa para analizar las ideas y la personalidad de Varela, quien, como todos los de su época está comprometido de alguna forma con la esclavitud.

EL PENSAMIENTO FILOSÓFICO DE VARELA

El siglo XVIII cubano se expresó dentro de una concepción pedagógica y gnoseológica que respondía a los paradigmas de la educación escolástica de la Edad Media tardía. La escolástica fue la teorización dominante durante esa época histórica. La escolástica definía el objetivo del pensamiento abstracto como “la definición y el reconocimiento, más allá de la multiplicidad de lo sensible, de la totalidad universal concebida en la trascendencia”. Se trata por tanto del problema que la religión plantea como fundamental: la relación entre el ser primero, increado, inmóvil y eterno y el mundo creado.

La Escolástica no es sólo un cuerpo filosófico en sentido estricto, sino que abarca un amplio campo teológico-pedagógico-filosófico. Su centro no es una gnoseología, como sucede en la filosofía moderna, sino una integración de conocimientos basados en las “verdades reveladas” o en las “verdades racionales” sostenidas en la tradición.

Las “verdades racionales” son aquellas que resultan del proceso intelectual del hombre, mediante el cual el hombre llega a una verdad sometiendo la cuestión al análisis de su razón, utilizando el método silogístico (se parte de una premisa mayor que se da por cierta, de modo que si la premisa es falsa, toda la deducción resulta errónea). De esta forma, si ocurría que una verdad de fe era contradicha por otra razón, se explicaba por error en el método racional; pero nunca se podía poner en duda la fe. Esta es precisamente una de las conclusiones más importantes de Santo Tomás de Aquino en su Summa Theologica, conclusión expresada en su “teoría de la doble verdad”.

EL QUE NOS ENSEÑÓ EN PENSAR PRIMERO

La Escolástica tiene su origen y desarrollo vinculados a la enseñanza. Desde el siglo IX se inició la tradición de que la enseñanza se ejerciera en los conventos o en los locales adjuntos a una iglesia con el objetivo de formar clérigos que difundieran los principios de la religión cristiana. Este carácter pedagógico determinó la forma de escribir, el método expositivo, la indagación “científica” y los contenidos mismos en los cuales se encerró el pensamiento escolástico.

El mundo del criollo de la “siempre fiel Isla de Cuba” del siglo XVIII estaba marcado por los elementos de una sociedad que aun no se había definido intelectualmente en la búsqueda  de una expresión propia. En esos tiempos la Escolástica resultaba, no sólo una expresión ideológica que frenaba el desarrollo del pensamiento, sino que, además, impedía el desarrollo de las ciencias y no resultaba conforme a la nueva y agitada vida productivo- comercial, en la cual la plantación esclavista y las relaciones con el mercado capitalista mundial, colocaban a la Isla.

En La Habana, la estructura gótica de la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana albergaba al centro sostenedor y propagador del pensamiento medieval. En el período se intentaron tres reformas, el último intento lo llevó a efecto el padre Agustín Caballero, una noche de finales del siglo XVIII, cuando propuso en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, cambios sustanciales en el sistema de enseñanza: “El sistema actual de la enseñanza pública de esta ciudad retarda y embaraza los progresos de las artes y ciencias, resiste el establecimiento de otras nuevas, por consiguiente, en nada favorece las tentativas y ensayos de nuestra Clase (...) Que esta reforma debe comenzar por la Universidad (...) que la ilustre Universidad al cabo de 57 años, no ha querido reconocer la necesaria vicisitud de los conocimientos humanos, y ha carecido de energía para desembarazarse de antiguas preocupaciones, desterradas mucho tiempo ha de las academias más respetables de Europa, de quien es y debe ser émula la América”  (1)

La Facultad de Medicina distaba mucho de lo que eran los estudios que se realizaban en la Europa del XVIII, especialmente en lo que se refiere a la concepción misma de esta ciencia. La Universidad habanera se mantenía aun deudora de Hipócrates y Galeno. Como base de los estudios de Medicina estaban la Articela y los Aforismos, partes integrantes del Corpus Hipocraticum. La Anatomía se impartía por un Libro Anatómico, que no se ha podido precisar su autor, y partes integrantes del Corpus Hipocraticum. La Anatomía se impartía por un Libro Anatómico, que no se ha podido precisar su autor, y la Cirugía se enseñaba siguiendo rigurosamente a Galeno, mientras ya los médicos holandeses lo criticaban severamente al haber iniciado la práctica sobre cadáveres.

La Cátedra de Prima, la más importante de la Facultad de Medicina, se nutría de Avicena, quien tuvo entre sus más importantes méritos el rescate de Aristóteles. Su Canon de la Medicina fue tan utilizado como en la Europa medieval. La importancia que en la Real y Pontificia Universidad de La Habana se le daba a Avicena corrobora el carácter escolástico, aristotélico y tomista de la institución. Ello impidió la actividad científico-experimental y práctica, uno de los pilares de la Medicina moderna.

Las enseñanzas en la Facultad de Leyes tenían su centro en los libros que resumían el Derecho Romano. La Facultad de Cánones se regía, en lo esencial, por las Decretales, que están formadas por elementos de Derecho Romano beatizados. La Facultad mayor de Teología se regía de manera estricta por la teoría tomista.

La crítica a este sistema de educación - que justificaba la unidad hispana, paralizaba la búsqueda científica y sostenía el viejo orden feudal -, se inició desde finales del siglo XVIII. El padre Agustín Caballero fue el primero en combatirlo. El Dr. Tomás Romay y Chacón, estrechamente vinculado a la institución universitaria, de la cual fue Decano de dos de sus Facultades (Filosofía y Medicina) fue también un crítico con argumentos irrebatibles. En este sentido expresó: “Infructuosos serían estos auxilios [se refiere a los intentos de crear un periódico, una biblioteca, etc, en La Habana] extraviada la razón con los vanos delirios del Peripato. Su filosofía prevalece en nuestras aulas, venerando al Estagirita como único intérprete de la naturaleza. Galeno es todavía el corifeo de aquella ciencia, cuyo sistema ha sido trastornado muchas veces en el último siglo por los descubrimientos de la Química, de la Botánica y de la Anatomía. Casi se ignora cuánto contribuyen estas facultades para ejercer la Medicina con acierto y cuánto es preferible la clínica  a las teóricas hipótesis. Justiniano tiene más prosélitos que Alfonso décimo; y Euclides carece hasta de quien dicte sus Elementos”. (2)

VARELA EDUCADOR

Las circunstancias extraordinarias que rodean el primer curso de Filosofía que Varela impartió (1811-1812), están caracterizadas por el desarrollo de las ideas políticas modernas y el avance de la ideología burguesa en el mundo hispano. El grupo del Colegio-Seminario San Carlos, encabezado por el Obispo Espada, encontró el espacio, dentro del amplio proyecto de la clase dominante, para impulsar su propia variante.

Desde 1808 existía un vacío de poder en la Corte española. La etapa del Despotismo Ilustrado de Carlos III, con sus intentos de reformas “desde arriba”, había sufrido serios embates en los comienzos del reinado de su hijo Carlos IV. La concepción de los ilustrados de modernizar el mundo español sobre la base de un régimen monárquico absoluto había dado paso en Francia a la revolución burguesa.

En marzo de 1808 se produce el motín de Aranjuez por el cual un sector de la corte destrona al rey y proclama en su lugar a su hijo, Fernando VII. La presencia de las tropas francesas en España, a causa del tratado de Fontainbleau, firmado entre los representantes de Napoleón y los de Carlos IV, provocó la irritación popular. El 2 de mayo de 1808 se produce el levantamiento popular de Madrid contra el ocupante francés. La sublevación se extendió por toda España.

El 24 de septiembre de 1810 se reunieron en la Isla de León las Cortes extraordinarias que, el 20 de febrero de 1811, se trasladaron a Cádiz, las cuales estaban encargadas de crear la primera Constitución en la historia de España. Después de largas discusiones se aprobó la Carta Magna, el 19 de marzo de 1812.

Entre los principios fundamentales de la Constitución que explican la adhesión ideológica de los hombres del Seminario habanero, entre ellos el Obispo Espada y el novel profesor Félix Varela, se encuentran los siguientes:
1.    La nación española es libre e independiente y no puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.
2.    La soberanía española reside esencialmente en la nación y, por lo mismo, pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales.
3.    La nación está obligada a conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad y demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen.

Los artículos de la Carta Magna establecían también, por primera vez en España, la garantía de un conjunto de libertades, entre las cuales se pueden numerar el reconocimiento a los naturales de América de los mismos derechos políticos que los españoles de la Península y el sufragio amplio y directo. Se establecía, de igual forma, la libertad de asociación, de opinión y otras.

Al calor de este movimiento, las Cortes tomaron medidas que significaron una verdadera apertura hacia el mundo moderno: la libertad de imprenta, la abolición de las torturas, la supresión de la Santa Inquisición en febrero de 1813, la supresión de los señoríos jurisdiccionales, los decretos de desamortización y las leyes de enajenación de los bienes de las Órdenes religiosas.

En La Habana este período fue convulso y complejo. A los intentos de Arango y Parreño de crear una Junta al estilo de las españolas y de otros lugares de América, se opusieron violentamente, tanto una parte de la oficialidad española como una parte de la burguesía esclavista. La solución fue que el gobernador, Salvador del Muro y Salazar, Marqués de Someruelos, gobernara con una Junta asesora y con plenos poderes. El movimiento constitucional era asumido con cierta reserva por la burguesía esclavista cubana.

Es en este contexto político que Espada considera creadas las condiciones para efectuar cambios importantes a favor de la modernización de la sociedad cubana. En 1810 decide transformar radicalmente los estudios de filosofía en el Seminario. La empresa, consistente en la destrucción de la Escolástica y la apertura al pensamiento filosófico y científico modernos, requiere de un hombre de inteligencia excepcional. El Obispo no duda: ese hombre es Félix Varela.

Los años de 1818 y 1819 fueron muy activos en la vida intelectual de Varela. En su celda del Colegio-Seminario, Varela reunía el resultado de sus años de trabajo y preparaba sus obras mayores, resultantes de toda su obra anterior. Uno de sus trabajos más importantes, Máximas morales y sociales que, por encargo de la Sociedad Patriótica de Amigos del País, Varela escribió junto con Justo Vélez, demuestra claramente su intención de influir de forma directa en la vida social del país, a sabiendas de que es rectificando y dirigiendo en un buen sentido las acciones humanas que se perfecciona la sociedad. Esta obra puede considerarse como la primera formulación de una moral práctica en la sociedad cubana.

La obra pedagógica más importante de la producción filosófica de Varela, porque fundamentalmente sirvió de base para las enseñanzas de esa materia en Cuba y otros países de Hispanoamérica hasta 1842, es sus Lecciones de Filosofía. Varela inicia en 1818 sus publicaciones filosóficas con un suelto intitulado Lección preliminar, dirigido a los alumnos que ese año comenzaban su curso. La Lección preliminar de 1818 constituye el preámbulo de las Lecciones de Filosofía, conjuntamente con los Apuntes filosóficos, publicados también en ese año. Estos últimos constituyen el primer tratado de los que contienen las Lecciones de Filosofía. Aquí aparece la concepción de la Lógica del padre Varela, entendida ésta como teoría del conocimiento.

CARTAS A ELPIDIO

Una de las obras más importantes de la producción vareliana la comenzó a publicar en su destierro newyorkino, en 1835, con el nombre de Cartas a Elpidio. Según el plan original de la obra, constaría de tres tomos. El primero, publicado en el año citado, trataba sobre la impiedad; el segundo, publicado tres años más tarde, se refería a la superstición, y el tercero, que no llegó a publicarse, trataría del fanatismo.

Desde los tiempos en que apareció la obra muchos se interrogaron sobre quién sería el destinatario de las Cartas. Algunos pensaron que estaban dirigidas a Luz; pero el hecho de que se escribiera asiduamente con éste y que Luz hiciera un extenso comentario de la obra, desmiente esta idea. La tesis más aceptable es la de que se trata de un personaje creado por la imaginación de Varela, como un símbolo que reflejase a la juventud cubana. Etimológicamente, Elpidio significa esperanza y, en los comienzos de la obra, Varela escribe, refiriéndose a la juventud: “Diles que ellos son la dulce esperanza de la patria” (3)

Desde hacía tres años, Varela venía sosteniendo fuertes polémicas con los teólogos protestantes norteamericanos. En esas polémicas se hacían evidentes las diferencias entre la moral católica y la protestante. Paralelamente, recibía cartas de La Habana en que se expresaba la situación difícil existente en la Isla. De esta interacción surgió la idea de Cartas a Elpidio.

CONSIDERACIONES FINALES

Cartas a Elpidio es una obra que, tomando factores humanos y sociales por lo general desarrollados en la problemática religiosa, tiene también un sentido ideológico en la sociedad y la política. La obra tiene como objetivo fundamental el desarrollo moral y patriótico de la juventud cubana.

Algunos historiadores han escrito del éxito que tuvo la obra en La Habana. Pero los documentos demuestran el rechazo que la burguesía esclavista y hasta algunos de los antiguos alumnos que pertenecían a esa clase, experimentaron por una obra que, utilizando un lenguaje fundamentalmente religioso, pretendía influir por medio de la moral en la política y en la formación de un “espíritu público”, ponderando las virtudes autóctonas sobre los deslumbrantes resplandores foráneos.

La cuestión es que la obra tenía un claro trasfondo en cuanto al proyecto de la sociedad cubana futura. Varela estaba minando no sólo la mentalidad colonizada y esclavista, sino también la creciente corriente anexionista de los admiradores de lo norteamericano... y ello molestaba tanto a los anexionistas como a los colonizados que, sin respeto alguno por su antiguo maestro, se expresaron desdeñosamente de la obra y del autor. Sólo Luz y Caballero, quien sabía el sentido ideológico de las Cartas y su envergadura política, ideológica, patriótica y antianexionista, las promocionó, pues “se trata de formar hombres de conciencia en lugar de farsantes de sociedad”. (4)

En los trabajos filosóficos elaborados entre 1816 y 1820 está la concepción ideológica de Varela y en “Espíritu Público”, de sus Cartas a Elpidio, está la Ideología Aplicada: “El pueblo no es tan ignorante como le suponen sus acusadores. Verdad es, que carece de aquel sistema de conocimientos que forman las ciencias, pero no de las bases del saber social; esto es, de las ideas, y sentimientos que se pueden hallar en la gran masa y que propiamente forman la ilustración pública...”  (5)

Sobre esta obra ejemplar – según refiere Vázquez Pérez- ha dicho Monseñor Carlos Manuel de Céspedes: "Se trata de una obra mayor, de una gran densidad ética, destinada a formar hombres capaces de asumir sus responsabilidades sociales y políticas (….). Eligió como destinatario simbólico a ese Elpidio, nombre propio derivado del griego, elpis, que significa esperanza. Los jóvenes cubanos que, según su juicio, deberían leer el texto, eran su esperanza con relación a Cuba; eran ellos los portadores y los merecedores de dicha esperanza de la Iglesia y de la Patria."  (6)

Esa línea de pensamiento tan radical para su época, que tuvo en Varela tres ideas clave: la lucha por la independencia nacional, contra la anexión a cualquier país del mundo y por la emancipación del hombre, constituyen el legado histórico de sus enseñanzas.