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Dr. Vicente Antonio de Castro Bermúdez (1809-1869)

Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Hijo de José Fernando de Castro y María de la Concepción Bermúdez, nació  en Sancti Spíritus el 24 de marzo de 1809. Tras estudiar las primeras letras en la escuelita de las hermanas Ana, Catalina y Candelaria de Trinidad, pasó al Real Colegio Seminario de San Carlos, donde se graduó de Bachiller en Artes el 23 de abril de 1824. Ese mismo año matriculó la carrera médica en la Universidad Pontificia y el 2 de abril de 1827 obtuvo el grado de Bachiller en Medicina. El 26 de noviembre de 1829, el Real Tribunal del Protomedicato le confirió el título de Cirujano latino. Alcanzó el grado de Licenciado en Medicina el 23 de febrero de 1837 y el de Doctor el 5 de marzo siguiente. Un año antes  había sido nombrado catedrático sustituto de Patología.
Castro abrió cursos públicos y gratuitos de Anatomía descriptiva en el Hospital San Juan de Dios, donde luego explicó también Anatomía topográfica, Anatomía comparada y Frenología. En 1837, luego de realizar notables ejercicios, le fue otorgada la cátedra de Anatomía en la Universidad, en la que se mantuvo como titular hasta el 24 de octubre de 1842. En agosto del ese año había puesto en circulación una revista médica titulada Boletín Científico, la segunda editada en Cuba después del Repertorio Médico Habanero, con la cual se fundió en octubre de 1843. Con la fundación de esa revista perseguía fomentar y popularizar los conocimientos teóricos y prácticos sobre la Medicina y las ciencias naturales.   
Hábil cirujano, practicó algunas operaciones de gran importancia en su época, como la talla hipogástrica, la corrección quirúrgica del estrabismo y la ligadura de arterias, entre otras. Pero, donde más brilló su talento como docente y brindó sus servicios más importantes a la enseñanza de la Medicina fue en la cátedra de Clínica médica. Fue él quien primero enseñó la práctica de la auscultación y la de la percusión como medios de diagnóstico, además de la Anatomía patológica. Raro era el día que no realizaba una autopsia para evidenciar su diagnóstico, con lo cual inspiraba la confianza a sus alumnos de que se podía diagnosticar con exactitud matemática.
Dominaba en propiedad el latín y aprendió por su cuenta el inglés y el francés, para mantenerse al día de los avances de las ciencias médicas y poder verterlos al castellano. En la enseñanza no conoció egoísmo alguno y para él significaba un placer dar a conocer a los demás lo que sabía. Ello quedó demostrado en las clases que impartía gratis en su hogar a alumnos que deseaban avanzar en los estudios médicos, a cuyo efecto distribuía los días de la semana para impartir clases de Obstetricia, Anatomía, Fisiología y Patología.
A esto hay que agregar su protagonismo en un acontecimiento que lo convirtió en gloria de América Latina, al haber hecho de Cuba el primer país de la región donde se practicó la anestesia quirúrgica el 11 de marzo de 1847, a sólo 80 días de haberse introducido en Europa.
El 25 de mayo de 1853 renunció a su cátedra, por el grave estado de salud de su esposa, que lo obligó a trasladarla a México, cuyo clima era favorable para su recuperación. Por otra parte, no estaba de acuerdo con la reconvención que el Gobernador y Capitán General Valentín Cañedo hizo del claustro de profesores, con motivo de un incidente producido por los estudiantes. Su renuncia fue aceptada por el referido Capitán General el 3 de junio siguiente.
Durante su estancia en México se inició contra Ramón Pintó una causa en la que se le acusaba de conspiración y en la cual salió a relucir su ideal separatista. Ello dio lugar a que el 17 de junio de 1855 se le impusiera condena de ocho años de presidio ultramarino. A su regreso a Cuba en 1863, la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana hizo justicia a los servicios por él prestados y lo nombró Socio de Mérito. Desde entonces se dedicó mayormente a la organización y propaganda de la masonería. 
Seis años después, el 12 de mayo de 1869, falleció a la edad de 60 años.

 

BIBLIOGRAFÍA 

Archivo Central de la Universidad de La Habana. Expediente administrativo 835. “Cátedra de Clínica médica. De 1842 a 1863”, folios 10-11, 13-14.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego; 1876. p. 204-205, 290-293.
López Sánchez J. Historia y evolución del uso de la anestesia quirúrgica en Cuba. Bol Col Med Camagüey 1947;10(1):16-54.
Rosaín D. Necrópolis de la Habana. Historia de los cementerios de esta ciudad. Habana: Imprenta “El Trabajo”; 1875. p. 443-449.
Trelles CM. Contribución de los médicos cubanos a los progresos de la Medicina. Habana: A. Dorrecker; 1926. p. 11, 102, 104, 153.

 

 

Dr. Nicolás José Gutiérrez Hernández (1800-1890)

Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Entre los nombres de galenos cubanos que contribuyeron de modo relevante al desarrollo de la medicina nacional durante el siglo XIX, aparece en primera fila el de Nicolás José Gutiérrez Hernández, un hombre merecedor de todo el respeto y la consideración de sus congéneres y compatriotas de todas las épocas por sus abundantes virtudes y sus numerosas hazañas, entre las cuales se cuentan haber sido el primero en Cuba en practicar la litotricia; extirpar pólipos uterinos; aplicar tintura de yodo en las hidroceles de la túnica vaginal; emplear el método de Ricord para la curación de la sífilis; efectuar la tenotomía del pie equino; hacer la ligadura de las arterias radial e iliaca interna y externa en los casos de aneurismas; aplicar la percusión y la auscultación para diagnosticar las enfermedades de los órganos respiratorios y circulatorios; embalsamar por el método de Gannal; administrar el  cloroformo para la anestesia quirúrgica; operar abscesos del hígado; llevar a cabo  rinoplastias; curar radicalmente la hernia inguinal y emplear el vendaje inamovible de fracturas.
A estos ejemplos, entre muchos otros que se pudieran enumerar en relación con sus aportes dentro la práctica asistencial, se añaden sus grandes contribuciones a la ciencia y la cultura nacional, entre las que sobresalen la creación de la primera revista médica cubana, la fundación de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y su magnífica ejecutoria en la esfera docente, en la que también dejó trascendentales huellas.
Esta connotada personalidad nació en La Habana el 10 de septiembre de 1800. Fue el primer hijo de un total de 11 que tuvo la pareja formada por José de Jesús Gutiérrez y Josefa Feliciana Hernández, naturales ambos de la misma ciudad. La instrucción primaria la recibió en principio en una escuela privada, localizada en el barrio de la Merced y luego en un colegio abierto por Antonio Coello, maestro de gran reputación, en el cual se distinguió entre sus condiscípulos y donde siempre alcanzó  los primeros premios en los exámenes. En 1817 comenzó los estudios de Filosofía en el convento de San Juan de Letrán, donde en febrero de 1820 obtuvo el grado de Bachiller en Artes.
Su vocación por la Medicina se manifestó desde su niñez y se hizo patente el 8 de enero de 1819, fecha en que se abrió en el Hospital Militar de San Ambrosio el primer curso práctico de Anatomía, Fisiología y Química, impartido por el profesor italiano José Antonio Tasso, en el cual matriculó cuando estudiaba bachillerato. El  examen público que venció finalizar este curso tan novedoso para su época fue de tanta brillantez, que le valió la promesa de costear sus estudios médicos en París o España a cuenta de la Sociedad Económica de Amigos del País. La promesa no se cumplió y, en compensación, le regalaron algunas obras médicas elementales.
En junio de 1818 había también iniciado las prácticas con miras a lograr el título de Cirujano latino con el doctor Manuel Antonio Díaz, médico y cirujano del Batallón de Ligeros de Tarragona, quien era además facultativo en propiedad del Hospital de San Francisco de Paula. Tres años después, en junio de 1821, fue aprobado al ejercicio como tal por votación unánime en el Real Tribunal del Protomedicato de La Habana.
En marzo de 1820 comenzó la carrera de Medicina en la Universidad Pontificia. Aunque, como él mismo manifestara en sus apuntes autobiográficos, empezó su educación médica bajo el influjo de añejas doctrinas, quiso su buena suerte que en su época de estudiante entraran a cubrir las principales cátedras los ilustrados doctores Agustín Encinoso de Abreu y Ángel J. Cowley, quienes fueron capaces de transmitir a sus discípulos los conocimientos derivados de los progresos de las ciencias médicas en Europa, con el mismo entusiasmo que ellos los asimilaron. El 18 de marzo de 1823 se le otorgó el título de Bachiller en Medicina, tras aprobar las asignaturas de Prima, Vísperas, Anatomía y Terapéutica y sostener el acto de conclusiones públicas. Con la aspiración de lograr los grados mayores de Licenciado y Doctor en Medicina, comenzó el período de prácticas junto al doctor Andrés Terriles, médico y cirujano de la Real Armada y socio corresponsal de la Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz. En 1825 recibió del Protomedicato el diploma que lo acreditó como médico y la autorización para ejercer esa profesión. Durante su época de estudiante de Medicina alcanzó también el título de socio numerario de la Sociedad Económica en 1822 y había comenzado un curso de Botánica profesado por Ramón de la Sagra en 1824, año en el que la Sociedad Médico Quirúrgica de Cádiz lo nombró socio corresponsal. Por otra parte, desde abril de 1822 laboraba como médico cirujano en clase de meritorio en el Hospital de San Ambrosio. En la misma institución  fue designado como disector anatómico sustituto en 1825 sin recibir emolumento alguno. Con la documentación que daba cuenta de esta labor, se presentó a examen en la Universidad y obtuvo los grados de Licenciado y de Doctor en Medicina el 13 de enero y el 4 de febrero de 1827, respectivamente.
El doctor Gutiérrez, quien sintió desde muy joven vocación por la labor docente, vio coronados de manera oficial sus sueños en tal sentido cuando el 3 de junio de 1829 fue nombrado catedrático interino de Anatomía general en la Universidad y el 30 de abril de 1830 obtuvo esa cátedra en propiedad por oposición. Durante 1831 sustituyó por enfermedad al doctor Francisco Alonso Fernández en la enseñanza de Anatomía descriptiva en el Real Hospital de San Ambrosio. El 30 de abril de 1835 logró, también por oposición en la Universidad, la regencia de la cátedra de Patología.
Al año siguiente de su nombramiento como catedrático de Patología, interrumpió  este magisterio para viajar a París, donde permaneció por espacio de dos años y adquirió los vastos conocimientos que lo condujeron luego a ser el protagonista de las primicias médicas cubanas, enumeradas en los dos primeros párrafos de esta minibiografía, y que le sirvieron para brindar a sus discípulos información profunda y actualizada de las materias que enseñaba.
Armado con estos conocimientos, profesó en 1839 en el Hospital San Ambrosio tres cursos de suma importancia para el desarrollo de la medicina en la isla: uno de Partos, que ofrecía dos veces por semana en horas de la noche; otro de Clínica quirúrgica y otro acerca de grandes operaciones de Cirugía con demostraciones en los cadáveres, los dos últimos impartidos por primera vez en Cuba. Del curso de cirugía se editaron sus lecciones en un volumen de 270 páginas con el título de Breve manual de Medicina operatoria, usado como libro de texto durante muchos años en el hospital y en la Universidad.
Prueba de su interés por mejorar las condiciones de la enseñanza médica fue su gran número de donaciones al museo anatómico del Hospital de San Ambrosio de preparaciones anatómicas en cera por él elaboradas, así como la organización por su conducto de una biblioteca médica en la institución, que atesoraba las últimas obras publicadas y traídas desde París.
Tras la secularización de la Universidad Pontificia en 1842, que la transformó en Universidad Real y Literaria, se le nombró catedrático de Anatomía descriptiva y Patología general, por Real Orden de enero de 1843.
En 1845 le llegó el difícil momento de decidir si debía dedicarse con preferencia a la labor asistencial, o bien consagrarse por entero al trabajo docente. En ambas ocupaciones gozaba de gran prestigio, pero el tiempo en realidad no le alcanzaba para prestarle la debida atención a cada una. Por eso, el 11 de mayo de 1845  optó por renunciar a la enseñanza universitaria de manera sistemática. A pesar de ello, en 1846 impartió en el Liceo Artístico y Literario de La Habana un curso de Anatomía dispuesto en 21 lecciones en un volumen de 94 páginas titulado Curso de Anatomía al alcance de todos. Por otra parte, hacía frecuentes donaciones de importantes obras a la biblioteca del alto centro de estudios y siempre se mantenía atento a sus necesidades.
Tal era su reputación y la huella que había dejado en su faceta como formador de médicos que en 1879, cuando contaba ya 79 años, se le nombró Rector de la Universidad. Con motivo de ello, todo el alumnado universitario hizo un desfile en su honor con antorchas a lo largo de la Calle Oficios, donde radicaba su domicilio, en que la alegría juvenil, la fanfarria de la música y el baile se extendieron hasta altas horas de la noche como reconocimiento público de la bondad de su carácter y de su elevada condición humana.
Otros cargos importantes que asumió fueron los de Teniente Alcalde y Regidor del Ayuntamiento, Vocal de la Junta de Sanidad, Socio de Mérito de la Academia Quirúrgica Matritense y de la Real Sociedad Económica de la Habana y Santiago de Cuba, miembro correspondiente de la Academia de Ciencias Médicas de New Orleans y Presidente de la Junta Superior de Instrucción Pública. También recibió entre otros honores el de la Gran Cruz de Carlos III y de Isabel la Católica, así como el  de  Médico de Cámara de Su Majestad el Rey de España.
El doctor Nicolás José Gutiérrez Hernández fue un ejemplo vivo de espíritu de  progreso y sus ideas y anhelos juveniles se conservaron a lo largo de toda su vida. Trabajador infatigable, se mantuvo en permanente contacto con los avances de la ciencia médica y fue capaz de evolucionar de modo positivo en sus concepciones filosóficas. Su muerte, acaecida el 31 de diciembre de 1890, produjo prolongado luto, pero también dejó un bello y valioso legado a la ciencia y a la cultura nacional que será imperedero.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo Central de la Universidad de La Habana. Expediente 6221/820.
Archivo de la Parroquia del Espíritu Santo. Libro 2 de bautismos, folio 130, número 348.
----. Libro 3 de defunciones, folio 441, número 866.
Calcagno F. Diccionario Biográfico Cubano. New York: Imprenta y Librería de Ponce de León; 1878. p. 328.
Centro de Estudios de Historia y Organización de la Ciencia. Nicolás J. Gutiérrez. Apuntes autobiográficos. La Habana: Editorial Academia;1991.
Delgado García G. Nicolás José Gutiérrez. Precursor y fundador científico en Cuba. La Habana: Academia de Ciencias de Cuba; 1978. (Conferencias y Estudios de Historia y Organización de la Ciencia; 5).
Ferrer Gutiérrez V. Nicolás Gutiérrez, ciudadano y hombre de ciencia. Cuad Hist Hab 1941;(21):21-61.
Gutiérrez Hernández NJ. Breve manual de Medicina operatoria. La Habana: Imp. Literaria; 1839.
----. Curso de Anatomía al alcance de todos. La Habana: Imprenta del Diario de la Marina; 1846.
Pla EF. Biografía del Dr. D. Nicolás J. Gutiérrez. Cron Med Quir Habana 1875;1(1):21-23.
Presno Bastiony JA. Homenaje a la memoria de Nicolás J. Gutiérrez. An Acad Cien Med Fis Nat Habana 1926;62:466-479.
Torralbas Manresa JI. Elogio al ilmo. D. Nicolás José Gutiérrez. An Acad Cien Med Fis Nat Habana 1892;28:459-513.

 

 

 

Dr. Ángel José Cowley Albirde (1797-1859)

Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Hijo del mexicano José María Cowley y de la cubana Patrocinia Albirde, nació en La Habana el 2 de octubre de 1797. De cuna modesta y sencilla, los halagos de la fortuna le comenzaron a dar la espalda a la edad de siete años, cuando falleció su padre y quedar sin otro amparo que el que le podía dar una madre sin recursos. En su caso, la miseria en que se vio sumido desde entonces contribuyó de manera directa al desarrollo de su precoz talento al verse obligado a buscar desde niño su sustento y el de su madre en el trabajo como cajista en una imprenta.
Dos años después, cuando él contaba nueve, murió su madre, con lo que perdió el amor inextinguible y los consejos bienhechores de la autora de sus días. Sin embargo, en medio de su tristeza y sin un lejano rayo de esperanza, apareció la mano compasiva del Reverendo Padre fray  Mariano Jiménez de Montemayor, un tío que, testigo de su buena conducta y laboriosidad, le llevó a su lado, le enjugó las lágrimas y le ofreció, en recompensa de sus tempranas virtudes, la protección que necesitaba.
Bajo la ilustrada conducción de ese tío, a quien se puede decir debió todo lo que fue, cursó la instrucción primaria en la Escuela de Belén y, en 1812, comenzó los estudios de Filosofía en el Real Colegio Seminario de San Carlos. Se distinguió en esa institución tanto por su aplicación y aprovechamiento, que su director, el padre Félix Varela Morales, lo escogió en julio de 1815 para que defendiera conclusiones de Física. Terminados sus estudios filosóficos, comenzó a estudiar Medicina en la Universidad Pontificia, a la vez que dedicaba parte de su tiempo al trabajo material para sostener con su producto a sus hermanos más pequeños.
El doctor Pablo J. Marín Pegudo, quien había notado las aventajadas virtudes de Cowley, lo llevó a vivir a su casa, donde residió durante el tiempo que duraron sus estudios universitarios. Ese rasgo de bondad del doctor Marín tuvo una influencia notable en la suerte futura del estudioso alumno, quien además de disponer de la excelente biblioteca de su ilustrado protector, podía pedirle explicaciones y hacerle  consultas, lo que sin duda contribuyó a aumentar sus conocimientos médicos.
El 21 de marzo de 1818 se graduó de Bachiller en Medicina y en 1819 obtuvo el título de Cirujano latino y con él, por decreto de la Intendencia de fecha 15 de septiembre, ingresó de Meritorio en el Hospital Militar de San Ambrosio, donde prestó valiosos servicios. En enero de 1820 se le encomendó la tarea de ejercer como catedrático sustituto de Anatomía, materia que impartió hasta que se le confirió la cátedra a Bernardo José del Riesgo. Ese mismo año obtuvo los títulos de Bachiller en Medicina y de Licenciado en Artes; este último en reconocimiento al premio que contrajo en los actos de oposición a la cátedra de Texto aristotélico.
El 10 de diciembre de 1824 fue admitido como socio numerario de la Sociedad Patriótica donde, además de agregado a la Sección de Educación y de trabajar en diferentes comisiones, sirvió los cargos de Contador, Secretario de la Sección de Agricultura, Médico titular de los empleados y esclavos de Jardín Botánico y llegó a alcanzar el título de Socio de Mérito en diciembre de 1842.
El 16 de junio de 1825 se le confirió la regencia de la cátedra de Terapéutica, la que consiguió por rigurosa oposición. Por su condición de catedrático, coronó sus empeños académicos al recibir la misma fecha el título de Licenciado en Medicina  y  lucir el día 31 del propio mes la borla de Doctor. Terminado su sexenio en 1831, se presentó de nuevo a concurso y otra vez ganó el derecho a la propiedad la misma cátedra, que volvió a regir hasta 1838. Luego de este segundo período, se le confirió nuevamente la regencia de la cátedra, la cual desempeñó hasta el 24 de octubre de 1843, año a partir del cual mantuvo su condición en la misma asignatura, aunque por otro título tras la secularización de la Universidad. Por una Real Orden del 6 de marzo de 1840 se le había declarado catedrático vitalicio en Terapéutica, materia médica y arte de recetar, lo que habla a las claras de la profundidad de sus conocimientos en esta materia y la confianza que se tenía en la brillantez de sus explicaciones.
Dotado de una marcada afición al estudio de la Botánica y la Química, consagró también muchas horas al estudio de estas ciencias. La Sociedad Patriótica declaró a Cowley alumno sobresaliente en Botánica y, en lo que respecta a su dedicación  a la Química, basta sólo mencionar que fue el primero que explicó Toxicología en La Habana. De estas observaciones se puede razonar la trascendencia de sus explicaciones respecto a las propiedades físicas y químicas de los medicamentos, sin descuidar la apreciación de su acción fisiológica y terapéutica. Lecciones tan completas no podían menos que satisfacer a sus alumnos, que se complacían en divulgar la vasta instrucción del maestro.
Su mérito como profesor no se limitó a su capacidad de transmitir con acierto los vastos conocimientos que atesoraba. Él sabía que para garantizar que la palabra del maestro sonara siempre grata al oído de sus discípulos, era indispensable que éstos se sintieran amados por aquél. Sabía que no era posible la enseñanza sin  disciplina y por eso mostró solícito cuidado en conservarla. Sabía también que el entusiasmo es la palanca poderosa de las ciencias y por eso se esmeraba mucho en despertarlo en sus alumnos. No monopolizó sus conocimientos y siempre quiso que todos supiesen lo que él sabía a fuerza de un trabajo continuo.
Dentro del mundo de la docencia médica, Cowley no sólo desempeñó su cátedra con eficiencia, pues a los brillantes servicios prestados en ese sentido se agrega su designación en dos ocasiones como Decano interino de la Facultad, la primera en 1843 y la segunda, que ejerció hasta su muerte, en 1856. En Real Orden del 6 de noviembre de 1857, se dignó el Rey nombrarlo Vicerrector de la Universidad y en otra del 30 de agosto de 1859 le declaró catedrático de término. Es lamentable que no hubiese podido disfrutar los beneficios de la última declaratoria, pues para la fecha de su llegada sufría los crueles dolores de la penosa enfermedad que lo condujo a la muerte el 5 de octubre siguiente.
La historia de su vida es el bello ejemplo de gratitud y honradez de un hombre que puso sus facultades al servicio de la ciencia que profesaba y a la sociedad a la que pertenecía, por lo que es merecedor de vivir eternamente respetado por sus compatriotas.

 

BIBLIOGRAFÍA

Calcagno F. Diccionario Biográfico Cubano New York: Imprenta y librería de Ponce de León, 1878. p. 215-216.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y librería de A. Pego, 1876. p. 275-290.
Dihigo JM. Bibliografía de la Universidad de La Habana. Habana: La Propagandista; 1936. p. 286.
López G. Elogio del Dr. Ángel J. Cowley. Arch Soc Est Clin Habana 1904;12:528-536.
Oliva Pinillos A de. Elogio póstumo del Sr. Dr. Dn. Ángel José Cowley. Sevilla: Imprenta y librería de hijos de Fe; 1872. p. 3-42.
Pichardo G. Biografía del Dr. Ángel J. Cowley. Cron Med Quir Habana 1876;2(2):101-106.
Rodríguez Ecay A. Ángel J. Cowley. La Clase Médica 1907;1(6):1-3.
Trelles CM. Biblioteca Científica Cubana. T2. Matanzas: Imprenta de Juan F. Oliver; 1919. p. 168.

 

 

Dr. Agustín Encinoso de Abreu y Reyes Gavilán (1798-1854)

Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

El doctor Agustín Encinoso de Abreu fue uno de los médicos más eminentes de su tiempo por su vasta erudición y espíritu científico. Catedrático de Patología y Fisiología en la Universidad Pontificia, fue un verdadero innovador de la docencia médica, pues fue el primero que propuso sustituir al latín como lengua para la enseñanza por el idioma vernáculo, el español. De su actuación como profesor, el último de Prima (Fisiología) en la Universidad, ninguna calificación mejor que la del doctor Ramón Zambrana Valdés, quien afirmó que en sus materias, Patología y Fisiología, nunca poseyó La Habana "ni voz más persuasiva ni inteligencia más clara y fecunda". Fue el profesor más elocuente de cuantos tuvo la Universidad  y el más audaz en la incorporación de nuevas doctrinas médicas. Lamentablemente, sus múltiples ocupaciones y la atención de sus negocios particulares no le permitieron dedicarse más a la función de forjador de médicos. Ello se revela en los certificados de estudios expedidos a los alumnos, en los que aparece una y otra vez la firma de su sustituto. 
Nació en San Agustín de la Florida el 10 de marzo de 1798. El lugar de su nacimiento fue casual, pues sus padres Francisco Encinoso de Abreu, Abogado de las Reales Audiencias y Cancillerías de México y Santo Domingo, y María Josefa de la Luz Reyes Gavilán, ambos cubanos, estaban esa fecha de paso en dicha ciudad, donde le pusieron por nombres José  Agustín Víctor Meliton. Muy pequeño se trasladó con sus padres a La Habana y en 1813 comenzó a estudiar Filosofía en el Colegio Seminario de San Carlos con los profesores Félix Varela y Nicolás M. de Escovedo. Se graduó de Bachiller en Artes el 25 de mayo de 1816 ante los jueces Luis Hidalgo Gato, Antonio de Guzmán y Simón Vicente de Hevia. En 1815 había empezado a estudiar Medicina con los catedráticos Antonio Viera y Bernardo J. Riesgo en Prima; Pablo Marín en Vísperas; Antonio J. Machado en Anatomía y Simón V. de Hevia en Methodus Medendi. Se graduó de Bachiller en Medicina el 1ro. de agosto de 1818. Sus sinodales fueron José de J. Méndez, Tomás Romay, José A. Bernal, Marcos Sánchez Rubio, Pedro Andreu, Simón Vicente de Hevia, Pablo Marín y Ángel J. Cowley. Cumplió sus intersticios con el doctor Simón V. de Hevia entre el 1ro. de mayo de 1818 y el 2 de junio  de 1820 y fue admitido por el Tribunal del Protomedicato al ejercicio de la Medicina el 27 de enero de 1821.
Con motivo de haber renunciado en 1820 a su cátedra de Vísperas el doctor Pablo Marín, se fijaron los edictos para cubrirla de nuevo. Abreu se presentó como aspirante junto a otros cuatro opositores como el licenciado Antonio del Noval y los bachilleres Gaspar Z. de los Reyes, Ildefonso Sánchez, Domingo Rosaín y Ángel Pilar Manzano. Estas oposiciones quedaron registradas entre las más sonadas de la Universidad y entre las de mayor significación en la historia de la docencia médica. Fue en esa ocasión que Abreu planteó por primera vez que las lecciones se debían leer y defender en español y no en latín como hasta entonces. Para ello se apoyó en el dictamen que la Comisión de Instrucción Pública propuso al Rey el 9 de octubre de ese año. Los ejercicios comenzaron, no sin que antes del Noval exigiera que se hicieran en latín. Manzano, de los Reyes y Sánchez se separaron antes del inicio de los ejercicios, por lo que sólo quedaron como opositores del Noval, Rosaín y Abreu. El primero defendió en latín la tesis «Morbis epidemici peculiarem habet genium ei morbis ejusdem generis diversum»; el segundo leyó la suya en español que tituló «Las causas de las enfermedades se deben inquirir tanto en los sólidos como en los fluidos» y la del tercero titulada «La alteración que experimenta la sensibilidad orgánica es la que constituye la esencia y el principio de las inflamaciones», fue también defendida en español. Aunque el Fiscal se manifestó contrario a que no se hubieran debatido dos tesis en latín, como se tenía dispuesto desde 1422, el Tribunal eligió por mayoría de votos como ganador a Abreu y, por consiguiente, como merecedor de la cátedra, de la cual tomó posesión el 21 de junio de 1822.
Al no poder ir contra una disposición legal que autorizaba el uso del español en las oposiciones, del Noval recurrió a la argucia de impugnarlas, con el pretexto de que el ganador no había cumplido los dos años de intersticios. Ello originó un pleito en el que actuó como representante legal del afectado su hermano, el abogado Francisco Encinoso de Abreu. En su escrito réplica éste manifestó que el litigio era una "fatal provisión a que por siempre parece ha de verse reducida la Universidad de La Habana" y acto seguido denunció las irregularidades del doctor Manuel Ramírez Gallo, Fiscal de la Universidad y cuñado de del Noval. El fallo fue favorable a Abreu, quien continuó en el desempeño de su cátedra. Con el veredicto quedó además a salvo lo que fue el verdadero motivo de la impugnación: que se pudiera enseñar en español. Aunque durante el proceso no apareció la pugna entre el latín y el español, lo cierto es que más que juzgar una cuestión tan fútil como la falta de unos meses a un opositor, que inclusive se había recibido ya como médico ante el Protomedicato, el problema radicaba en la lengua oficial de la Universidad. El latín era un arma poderosa para mantener los privilegios de la institución e impedir la fácil difusión de los conocimientos modernos. Sustituir al latín significaba pues posibilitar la circulación por los sombríos pasillos claustrales de las corrientes renovadoras de las adquisiciones recientes de la ciencia y de las  ideas filosóficas antiescolásticas. Tan pronto se reinstituyó el absolutismo en la metrópoli y se derogaron las reformistas leyes constitucionales, la Universidad Pontificia desterró los incipientes asomos del español y restableció el latín. Por otra parte, si se analiza el contenido de las tesis expuestas por los opositores, no hay duda que la de Abreu fue la que más se acercaba a la concepción más actualizada de la medicina, en tanto del Noval permanecía adscrito a las viejas doctrinas que admitían la existencia del “genio epidémico” y Rosaín revelaba confusión en la naturaleza del tema que escogió. Mientras se ventilaba este pleito, Abreu concurría a sus clases y asistía en el Hospital Militar de San Ambrosio a las de Anatomía práctica que impartía el doctor Francisco Alonso Fernández, auxiliado por el también doctor Antonio Eduardo Castro.
A título de catedrático obtuvo Abreu la Licenciatura y el Doctorado en Medicina el 4 de julio y el 1ro. de septiembre de 1822, respectivamente. Desde que asumió la cátedra de Patología, la asignatura tuvo grandes progresos científicos, pues él dominaba los más modernos textos de esa materia en su época. Fue el primero en propagar la doctrina de Broussais, de la cual era partidario acérrimo.  Al cumplir el primer sexenio como catedrático se volovió a  presentar a oposición. Esa vez, en la que tuvo como oponente a José de la Luz Hernández, leyó en latín su lección titulada «Omnez tuberculi struma net no ám etiat cuiuscumque partis hepatizationis ad super irritatione cronica germinare videntur», donde trató una cuestión de medicina práctica. El tribunal, integrado por los doctores Tomás Romay, Lorenzo Hernández, Pablo Marín, Gabriel Morales, Nicolás J. Gutiérrez y Vicente Pérez Infante, le otorgaron por unanimidad la  cátedra, de la que tomó posesión el 29 de enero de 1829. 
Cuando se produjo en 1833 la epidemia de cólera morbo, Abreu fue uno de los que asistió al primer caso de la enfermedad, descubierto y diagnosticado por el licenciado Manuel J. Piedra. Trabajó infatigablemente durante ese período, en el que fue inclusive nombrado vocal de la Junta de Sanidad. Sin embargo, fue objeto de una acusación pública, en la que se afirmaba que el número de fallecidos en el depósito de negros cimarrones, en el cual él ejercía, era excesivo, lo que se traducía en que no les había prestado a éstos la asistencia médica adecuada. Con este motivo se inició un expediente por la Real Junta de Fomento. En un artículo que publicó en el Diario de la Habana, Abreu dijo que esos ataques eran “producto de la malevolencia y la calumnia”. Expresó asimismo que la verdadera causa de esta situación radicaba en el hecho de que los enfermos eran esclavos, en los que incidía una serie de factores adversos. El Protomedicato le designó la misión con otros profesores de practicar la autopsia a los casos fallecidos y esto le permitió publicar, en unión del doctor Nicolás José Gutiérrez, una memoria sobre esta enfermedad, la mejor y más completa de las escritas sobre el tema pues, además de haberse redactado en un estilo propio de un trabajo científico moderno, es la que ha ofrecido hasta ahora la más exhaustiva información acerca del modo en que se puede presentar, sus síntomas, las lesiones que produce y el tratamiento adecuado para combatirla. 
En 1834 coincidió el termino de su segundo sexenio en la cátedra de Patología con la vacante de la de Fisiología por el fallecimiento del doctor Antonio Viera. En unión de los doctores Pedro Hobruitiner y Manuel R. Blanco Solano, así como de los bachilleres Francisco de Paula Serrano, José de la Luz Hernández y José González Morillas, concurrió como opositor a la sin dudas más importante de las cátedras y la que más prestigio confería a los médicos para su ejercicio privado. Aun cuando los ejercicios se efectuaron en latín, se puede asegurar que fueron las oposiciones más brillantes de las celebradas en la Universidad Pontifica, dada la calidad de las tesis allí expuestas y porque todos los concursantes mostraron los conocimientos más modernos sobre Fisiología. Abreu dedujo «Perstant equidem aquae in pericardio que certe cordi praestat actionem sicut aliae causae inter quas nervi simpathetici influxum numarandum». De la Luz Hernández trató de explicar una cuestión relativa al calórico animal a partir de fuentes distintas a la circulación sanguínea; Hobruitiner sostuvo que el corazón era la única fuerza impulsora de la sangre; en tanto González Morillas atribuyó a las arterias un papel, aunque no bien precisado, en este mismo fenómeno. Para Blanco Solano, la sangre sólo servía de vehículo a las sustancias provenientes de la nutrición y Serrano trató de  explicar por primera vez en una tesis médica los procesos metabólicos con una fundamentación química, anticipo remoto de lo que fue la Química fisiológica que hoy se conoce como Bioquímica. La tesis de Abreu se basó en un asunto médico más moderno y no en lo meramente relativo a lo digestivo y a lo circulatorio, al referirse a la influencia de la inervación en los procesos del corazón. 
El Tribunal de esas oposiciones, integrado por el doctor Tomás Romay como Asistente Real y por los doctores José Pérez Bohorques,  Nicolás José Gutiérrez, Fernando González del Valle y Ángel J. Cowley, concedieron por unanimidad al doctor Abreu la cátedra, de la cual tomó posesión el 15 de diciembre de 1834. Con referencia a su desempeño en ella, Cowley dijo que “produjo un notable adelanto al introducir los más modernos textos sobre Fisiología, entre ellos los de Bichat, Zimmermann, Richerand y Magendie, en sustitución del pequeño manual de Dumas”.  En 1835 la Junta Superior Gubernativa de Medicina y Cirugía le encomendó la tarea de revisar todas las obras de Medicina y Cirugía llegadas del extranjero para su aprobación, así como de organizar con ellas una biblioteca, con el propósito de impedir que se consultaran textos inútiles. En 1840 dirigió a la misma institución una comunicación donde solicitó su convalidación como médico cirujano. La Junta designó como examinador al doctor Nicolás J. Gutiérrez, quien le propuso tres casos: hidrocele, úlcera venérea del glande y fractura ósea del antebrazo. En este examen resultó aprobado, por lo que se revalidó como Licenciado en Cirugía el 1ro. de octubre de ese año.
Por jubilación del doctor Tomás Romay en la plaza de médico del Hospital Militar de San Ambrosio, Abreu fue nombrado primero Médico Mayor interino y luego en propiedad, con ratificación del Rey en 1844. En ese hospital tuvo siempre a su cargo la sala de enfermos de fiebre amarilla y, según opiniones autorizadas, fue durante el período en que él allí estuvo el que se registraron menos casos de defunción, como se puede comprobar en los reportes mensuales que se pasaban a las autoridades. Cuando en 1850 La Habana sufrió un nuevo azote de cólera morbo, permaneció internado e incomunicado en el hospital, a pesar de que tenía un hijo gravemente enfermo. En 1852 la Gaceta de la Habana dio la noticia de que se publicarían las obras del doctor Tomás Romay y que su biografía sería escrita por él, pero desafortunadamente esto no se llegó a cumplir.  
Abreu poseía una vasta inteligencia y una amplia cultura médica. Dotado de una palabra fácil y elegante, revestía sus discursos de una forma tan fascinadora que hacía sus lecciones modelos de dicción y buen gusto. Lástima que a tan buenas dotes no hubiese acompañado la constancia pues, transformado en hacendado en sus últimos años, descuidó el ejercicio de la medicina, al cual le dejó de prestar la debida atención por sus frecuentes ausencias.
Testó ante el escribano B. Del Junco el 31 de octubre de 1854 y falleció en La Habana el 23 de noviembre siguiente, víctima de una afección hepática. Su muerte fue profundamente sentida por las personalidades más representativas de la cultura nacional. El claustro de la Universidad acompañó su cuerpo sin vida hasta su última morada. Allí los doctores Nicolás J.Gutiérrez y Ramón Zambrana pronunciaron sendas oraciones fúnebres. El primero de ellos expresó: “... La muerte te ha herido como hombre; pero tu talento, tus virtudes y tus servicios vivirán por siempre en los fastos de la medicina”.

BIBLIOGRAFÍA

Agustín Encinoso de Abreu. La Clase Médica 1907;1(7):3-4.
Archivo Central de la Universidad de La Habana. Expediente 3,997/816.
Archivo de la Parroquia del Espíritu Santo. Libro 19 de defunciones, folio 65, número 279.
Calcagno F. Diccionario Biográfico Cubano New York: Imprenta y librería de Ponce de León; 1878. p. 8-10.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego; 1876. p. 149, 153-154, 214-218.
Encinoso de Abreu A, Gutiérrez NJ. Memoria histórica del cólera morbo en la Habana. Rep Med Hab 1843;4(supl.):i-v, 1-100.
Rosaín D. Necrópolis de la Habana. Historia de los cementerios de esta ciudad. Habana: Imprenta “El Trabajo”; 1875. p. 49.
Torriente Brau Z de la, López Sánchez J. Bibliografía Científica Cubana. La Habana: Editorial Academia; 1979. p. 100, 110.
Zambrana R. Oración fúnebre al darse sepultura al cadáver del sabio médico Dr. Dn. Agustín Encinoso de Abreu. En: Trabajos académicos. Habana: Imprenta “La Intrépida”; 1865. p. 117-119.
Zambrana R. Discurso leído en el cementerio ante el cadáver del doctor Agustín Abreu. Brisas de Cuba 1865;1:270-271.

 

Dr. Bernardo José del Riesgo Cepeda (1786-1839)

Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Nació en Sancti Spíritus el 23 de marzo de 1786. Se graduó de Bachiller en Artes el 20 de junio de 1812 ante los jueces Remigio Cernada, Félix Varela y Pedro Andreu. De inmediato comenzó los estudios médicos, en los que tuvo como catedráticos a los doctores Antonio Viera en Prima; Nicolás V. del Valle y Pablo Marín en Vísperas; Pedro Andreu en Anatomía y Simón V. de Hevia en Methodus Medendi. A partir de 1815, todavía estudiante de Medicina, se desempeñó como sustituto de la cátedra de Texto aristotélico. El 1ro. de febrero de 1816 se graduó de Bachiller en Medicina ante un Tribunal integrado por el Pro Decano José de J. Méndez y los doctores José A. Bernal, Marcos Sánchez Rubio, Pedro Andreu, Antonio Viera, Simón V. de Hevia y Pablo Marín. El 1ro. de mayo de 1817 obtuvo la categoría de cirujano latino, tras aprobar el examen que le hizo Sánchez Rubio. 
Cumplió los dos años de práctica reglamentarios con los doctores José A. Bernal y Simón V. de Hevia y fue admitido por el Protomedicato al ejercicio de la Medicina el 25 de septiembre de 1818. Ese mismo año se presentó con tres oponentes  más como aspirante a la cátedra de Prima. Uno de los oponentes era el doctor Antonio Viera, quien había desempeñado la cátedra en el sexenio anterior. Los otros eran el licenciado José Joaquín Navarro y el bachiller Francisco Sandoval. Riesgo desarrolló la lección titulada «Omnes corporis functiones affinitatitubus excrecentur». Aunque fue aprobado en sus ejercicios, la cátedra fue concedida al doctor Viera. 
En 1819 quedó vacante la cátedra de Terapéutica. Para ocuparla se presentaron como opositores el doctor Francisco Sandoval y los bachilleres Ildefonso Sánchez y Riesgo. Éste recusó a Antonio Viera como familiar de Sandoval, quien a su vez recusó al doctor Hevia por amistad íntima con Riesgo. Por fin se constituyó el Tribunal, que integraron el doctor Tomás Romay, como juez representante del Vice Real Patrono, y los también doctores Sánchez Rubio y Pérez Delgado. Como sinodales actuaron los doctores José Pérez Bohorques, Nicolás V. del Valle y Simón V. de Hevia, quien manifestó, en réplica a Sandoval, "que tenía la suficiente entereza para hacer todo lo que pudiera por amistad, menos injusticias". Riesgo sostuvo como tesis «Medicamento agunt agendo vel minuedo sensibiliteten et contra etilitatem». Según Cowley, Riesgo resolvió su tesis en armonía con las doctrinas más modernas de aquellos tiempos, en los que se aceptaba que los medicamentos podían bien aumentar o disminuir la sensibilidad y la contractilidad, cualidades que se consideraban fundamentos del organismo humano. La cátedra fue en definitiva adjudicada a Sandoval.
En 1820 se presentaron como aspirantes a la cátedra de Anatomía, además de Riesgo, el Maestro en Artes y Bachiller en Medicina Ignacio V. de Ayala y el también bachiller Ángel J. Cowley. En estas oposiciones Riesgo, luego de recusar a varios jueces, protestó por haberse admitido a Cowley, a quien le faltaban unos días para cumplir los dos años de graduado. El Rector accedió a su reclamación. La tesis que sustentó en esa ocasión fue «Nervorum musculorunque actiones a fluido galvánico, maxime adiuvantur quod fluidum non solum metallicus sed etiam animali arcu devolvitur, inde, ed Galvani et Voltai opiniones placido sunt foedere conniugenda».
Esta tesis, aunque no era de Anatomía, demostraba la experiencia que se le otorgaba a la experimentación y, además, que se conocían los puntos convertibles de ambos investigadores acerca de la naturaleza del fenómeno que daba lugar a la aplicación de la electricidad en el animal. Los jueces fueron los doctores del Valle, como Asistente Real, Romay, Bernal, Andreu, Hevia y Machado, quienes votaron de manera unánime por Riesgo. Éste tomo posesión de la cátedra el 29 de mayo de 1820 y recibió los grados de Licenciado y Doctor en Medicina el 3 de junio de ese año y el 21 de enero de 1821, respectivamente. Cumplido su sexenio, se presentó de nuevo en opción a la misma cátedra. Sus oponentes esa vez fueron los bachilleres Gabriel Morales y Nicolás J. Gutiérrez. Litigante contumaz, Riesgo recusó a los jueces aun antes de haberse nombrado. En el curso del largo período consumido por este pleito, Gutiérrez se graduó de Doctor y se dio por separado. Otro tanto hizo Morales, por lo que se quedó él como único aspirante. En esta oposición dedujo «Osseum fragibilitas a gelatinosa substantiae copia deperident, eorum duritis a phosphatis calcis predominium». El tema tenía más contenido histológico que anatómico y era admitido como cierto en aquella época.
Riesgo ocupó la cátedra esa vez el 22 de junio de 1827. Poco tiempo después, el Protomedicato lo designó inspector de las boticas en toda la isla. Ya cansado y rodeado de las enemistades que se creó en las oposiciones, renunció a su cátedra el 3 de junio de 1829 y se estableció en Sancti Spíritus, donde se dedicó a la labor asistencial. 
Era un hombre de pequeña estatura, barbilampiño, con cicatrices de viruelas en la cara y una grande en el bigote. Falleció en su ciudad natal el 9 de diciembre de 1839.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo Central de la Universidad de La Habana. Expediente 11,376/816.
Archivo Central de la Universidad de La Habana. Libro Primero de Doctores, folio 162.
Bernardo José Riesgo. La Clase Médica 1909;3(4):2-5.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego; 1876. p. 142-143, 196-198, 228-229, 328.
Rosaín D. Necrópolis de La Habana: Historia de los cementerios de esta ciudad. Habana: Imprenta "El Trabajo"; 1875. p.446.

 

Dr. Francisco Sandoval Infante (1787-1839)

Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Nació en La Habana el 24 de noviembre de 1787, de la pareja formada por José Sandoval y María Encarnación Infante. Empezó a estudiar Filosofía en 1802 en el Convento de San Juan de Letrán, donde tuvo como profesores a fray Vicente Lema y al doctor José R. de los Santos. Se graduó de Bachiller en Artes el 13 de noviembre de 1806 ante un tribunal compuesto por fray Dámaso de Inestrosa, Marcos Sánchez Rubio y Fernando Seydel. Enseguida empezó la carrera de Medicina, en la que cursó Prima con los catedráticos Felipe S. de Moya, Manuel Bustillos y Francisco I. de Soria; Vísperas con Marcos Sánchez Rubio, quien también le impartió Methodus Medendi, Bernabé Vargas y José María Leiba; y Anatomía con José A. Bernal. Mientras realizaba estos estudios, hizo también los de Cirugía entre 1804 y 1809 con el doctor José A. Bernal en el Hospital de San Francisco de Paula. El 4 de julio de 1809 se le expidió el título de Cirujano latino. El 18 de febrero de 1811 se graduó de Bachiller en Medicina ante los sinodales Manuel Quesada, Nicolás V. del Valle, Francisco I. de Soria, Marcos Sánchez Rubio, Pedro Andreu, Antonio Viera y Simón V. de Hevia. Realizó los intersticios con el doctor José A. Bernal desde septiembre de 1808 hasta abril de 1809 y con el doctor Diego V. Silveira en Alquízar desde el 12 de abril de 1809 hasta el 27 de noviembre de 1810. Se recibió como médico ante el Protomedicato el 9 de marzo de 1811.
En 1818 se presentó como opositor a la cátedra de Prima y, aunque no logró obtenerla, resultó aprobado en sus ejercicios al efecto. Esto le sirvió de aval para que se le otorgara el grado de Licenciado en Medicina el 18 de mayo del mismo año y el de Doctor el 22 de agosto siguiente.
En 1819, cuando se fijaron los edictos para la cátedra de Methodus Medendi, se presentó a concursar frente a otros dos opositores. Ésta sí le fue otorgada por mayoría de votos y tomó posesión el 12 de junio de 1819. Aunque al cumplirse su sexenio volvió a optar por la misma cátedra, se separó antes del acto de lectura e igual hizo en las siguientes oposiciones de 1831.
Sandoval fue uno de los más entusiastas propagadores de la vacunación contra la viruela y, durante la epidemia de cólera en 1833, dictaminó, en unión del doctor Antonio del Noval, en contra de un medicamento conocido por el "específico de Esponda", sobre el cual afirmó que su cualidad de contener las diarreas no tenía significación alguna, por cuanto su aparición podía deberse a otras causas. El Protomedicato suspendió la venta de ese medicamento, cuya aplicación se había excedido, a pesar de que en un principio sólo se había autorizado ensayar bajo estricto control en algunos enfermos.
Fue médico del Cuerpo de Dragones, Médico Primero del Hospital de San Juan de Dios, Fiscal del Protomedicato en Alquízar y Vocal de la Junta Subalterna de Vacuna. Falleció en La Habana en 1839.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo Central de la Universidad de La Habana. Expediente 12,635/806.
Archivo Central de la Universidad de La Habana. Libro Primero de Doctores, folio 154.
Archivo de la Parroquia del Santo Cristo. Libro 13 de bautismos, folio 50, número 151.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónino. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego; 1876. p. 142, 229-231, 336-337.
Dos amigos (seud). Necrología de D. Francisco Sandoval. Dr. en Medicina y Cirugía. Diario de La Habana 1839;(342):2.
Dos amigos (seud). Necrología de D. Francisco Sandoval. Dr. en Medicina y Cirugía. Diario de La Habana 1839;(355):2.
Torriente Brau Z. de la, López Sánchez J. Bibliografía Científica Cubana. La Habana: Editorial Academia, 1979. p. 73, 99, 103, 122.

 

 

Dr. Antonio Machado Borrego (1774-1844)

Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Nació en La Habana el 12 de diciembre de 1774. Comenzó sus estudios en 1788 en el Convento de San Juan de Letrán con el lector fray Fernando José de Arce. Allí fue alumno del doctor Tomás Romay en Texto aristotélico. Se graduó de Bachiller en Medicina en 1795. No se ha hallado información sobre sus intersticios y examen ante el Protomedicato. Hay una referencia de que en un lapso de "20 años permaneció en el monte", de lo que se infiere que ejerció en algún lugar del interior del país.
Al cumplir el doctor Pedro Andreu su sexenio como catedrático de Anatomía, se presentó como opositor con el  cirujano latino José Govín. Con tres votos a favor y dos en contra, se le concedió la cátedra, la cual asumió  el 30 de febrero de 1816. El 17 de mayo obtuvo el grado de Licenciado en Medicina y dos días después el de Doctor, en un acto en el que los doctores Tomás Romay y Lorenzo Hernández actuaron como argumentadores.
Cuando el profesor Eusebio Valli llegó a La Habana para realizar investigaciones sobre la fiebre amarilla, el Protomedicato designó a los doctores Tomás Romay y Antonio Machado para que le acompañaran. Este último fue médico de asistencia en la enfermedad que llevó a aquél a la muerte. Sus actos  posteriores hicieron presumir que estaba ya cansado de su practica, o bien que no tenía interés alguno por la profesión, pues tan pronto se le dio una oportunidad renunció a la cátedra. Dicha acción coincidió con la asunción del cargo de la enseñanza de la Anatomía práctica por el doctor José Tasso en el Hospital de San Ambrosio. Desde el año anterior a su renuncia, había comenzado a estudiar en la Facultad de Derecho Civil, donde se graduó de Bachiller en Leyes el 31 de marzo de 1821.
Había fungido como Fiscal del Protomedicato en varios pueblos limítrofes de La Habana como El Cano, Guatao, y El Wajay. Falleció en 1844.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo Central de la Universidad de La Habana. Expediente 7,760/793.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego; 1876. p. 172-173, 321.

 

Dr. Pablo José Marín Pegudo (1788-1846)

Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Hijo de Francisco Xavier Marín y María de Paula Pegudo, nació en La Habana el 13 de diciembre de 1788. Comenzó sus estudios en el Convento de San Juan de Letrán con fray José María Espinosa, Remigio Cernada y Fernando Seydel. Se graduó de Bachiller en Artes el 12 de septiembre de 1808. Luego matriculó la carrera de medicina en la Universidad Pontificia, donde estudió Prima con Francisco Ignacio de Soria; Patología con Nicolás V. del Valle; Anatomía con José A. Bernal y Methodus Medendi con Marcos Sánchez Rubio. El 10 de noviembre de 1812 obtuvo el grado de Bachiller en Medicina y el 2 de septiembre de 1813 recibió el título de Cirujano latino, después de acreditar una práctica de 1809 a 1812 -que simultaneaba con sus estudios médicos- en el Hospital de San Francisco de Paula con el doctor José A. Bernal. Recibido como médico ante el Protomedicato en 1814, se presentó ese mismo año como único opositor a la cátedra de Vísperas. El título de la lección que dedujo al afecto fue «Omnes morbi a replectione vel inactione proveniunt, id est   vigore vel   debilitate». 
Según Cowley, el doctor Marín fue educado en la época de mayor apogeo del origen dualista de las enfermedades y su proposición en los actos de prueba de la oposición tenía que ser en ese sentido. Aprobado por el Tribunal, integrado por los doctores Nicolás V. del Valle, Pedro Andreu, Tomás Romay, José de J. Méndez, Antonio Viera y Simón V. de Hevia, tomó posesión de la cátedra el 28 de febrero de 1815. A título de catedrático, alcanzó el grado de Licenciado en Medicina el 6 de marzo de 1815 y el de Doctor el 22 de agosto siguiente. Sus argumentales fueron los doctores José A. Bernal y Antonio Viera. 
El doctor Marín se dedicó con preferencia al ejercicio práctico de su profesión. Como tenía muy buena reputación, reunió una buena clientela y ello le llegó a causar dificultades para atender debidamente la cátedra. Eso hizo que renunciara a ella el 26 de marzo de 1820. Su prestigio como médico fue reconocido por el doctor Nicolás J. Gutiérrez, Presidente de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana quien, en el discurso que  pronunció en sesión solemne celebrada en esa corporación el 19 de marzo de 1873, dijo al hacer referencia a él: "...Fue uno de los que por su propio genio consiguió levantarse una reputación profesional en medio de las circunstancias tan desfavorables de su época". 
En su tiempo fue uno de los médicos que recibió más muestras de gratitud pública, las cuales aparecían con frecuencia en la prensa escrita, principalmente en el Diario de la Habana. A pesar de su gran fama de buen médico, no dejó nada escrito, ni siquiera una simple observación. Fue médico militar del Batallón Isabel II. Falleció soltero el 11 de abril de1846. Había testado ante el escribano Vicente Rodríguez.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo Central de la Universidad de La Habana. Expediente 7,910/807.
Archivo de la Parroquia del Espíritu Santo. Libro 15 de bautismos, folio 201v, número 3,018.
Archivo de la Parroquia del Espíritu Santo. Libro 18 de defunciones, folio 29v, número 129.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y librería de A. Pego; 1876. p. 212-214, 320.
G.M. (seud). Soneto al Dr. Pablo Marín. Diario de la Habana 1838;(247):2.
Llano F. Al Sr. Pablo Marín. Soneto. Diario de la Habana 1838;(180):2.
Pablo José Marín y Pegudo (1788-1846). La Clase Médica 1909;3(6):8-11.
Pérez I. Oda al Dr. Pablo Marín, por su feliz acierto en la asistencia de nueve enfermos de cólera. Diario de la Habana 1833;(278):2.
Rosaín D. Necrópolis de la Habana. Historia de los cementerios de esta ciudad. Habana: Imprenta "El Trabajo"; 1875. p. 369.

 

Dr. Simón J. Vicente de Hevia Rodríguez (1788-1849)

Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Nació en La Habana el 27 de octubre de 1788. Hijo de Francisco de Hevia, Primer Piloto de la Real Armada y natural de la villa de Graña, en Galicia, y de Bárbara Josefa Rodríguez, de La Habana. Empezó a estudiar Filosofía en 1803 en el Colegio Seminario de San Carlos, donde tuvo como profesores a José Agustín Caballero, José R. de los Santos, Remigio Cernada y José Bernardo O'Gavan. Obtuvo el grado de Bachiller en Artes ante un Tribunal integrado por fray José M. Espinosa, Dámaso Inestrosa y Francisco Ignacio de Soria. Continuó la carrera de Medicina con los catedráticos Francisco I. de Soria en Prima; Marcos Sánchez Rubio, José María Leyba y Nicolás Vicente del Valle en Vísperas; José Antonio Bernal en Anatomía y Marcos Sánchez Rubio en Methodus Medendi. Se graduó de Bachiller en Medicina el 1ro. de junio de 1809 con los examinadores Tomás Romay, José Pérez Bohorques, José Liberato García, fray Manuel Casaverde, Francisco I. de Soria, Nicolás V. del Valle y José A. Bernal.
Según Cowley realizó sus prácticas con el doctor Andrés Terriles y el licenciado Alonso F. Romero. Sin embargo, en su expediente consta solamente el certificado expedido por el doctor José A. Bernal, donde quedó registrado que de 1805 a 1810 practicó con él la Cirugía y desde 1809 hasta 1811 la Medicina. Alcanzó la categoría de cirujano latino el 19 de diciembre de 1810 y su título aparece firmado por los doctores Nicolás V. del Valle y Roque J. Oyarvide. Fue convalidado como tal por el Protomedicato el 20 de febrero de 1811. Con ese motivo presentó una certificación de Tomás Romay quien, como sinodal en su examen de Bachillerato, acreditó su capacidad médica, su buena educación y su honorable conducta.
En 1813 fue designado médico del Regimiento de Infantería de las Milicias Disciplinadas de la plaza de La Habana. Al declararse vacante la cátedra de Methodus Medendi en 1813, aspiró a ella y la obtuvo con una tesis derivada de los aforismos de Hipócrates, cuyo título se traduce así: «Desde el punto de vista médico no hay definición completa y exacta de lo que es y significa la fiebre». Aunque esa tesis trataba más de una cuestión de patología que de terapéutica, no se puede juzgar como una elección impropia, pues los opositores debían abordar los temas, según los puntos que le tocasen en suerte. En estas oposiciones actuó como Juez el doctor Tomás Romay y como miembros del Tribunal el Pro Decano José de J. Méndez y los también doctores Marcos Sánchez Rubio, Pedro Andreu, Antonio Viera y Nicolás V. del Valle. Tomó posesión de la cátedra el 14 de abril de 1813 y bajo su regencia la asignatura experimentó notables progresos. A título de catedrático, obtuvo el grado de Licenciado en Medicina el 16 de octubre de 1813 y, al día siguiente, el de Doctor. Este último lo recibió de manos del Pro Decano José de J. Méndez. Sus argumentales fueron los doctores Francisco I. de Soria y Marcos Sánchez Rubio.
En sesión del claustro celebrada el 9 de febrero de 1822, fecha enmarcada en el  breve período constitucional que disfrutó la isla, propuso que ese cuerpo docente se reuniera una vez por semana hasta tanto se reorganizara la Universidad "con la perfección de que era susceptible". Su moción, que fue aceptada, significó un ataque a los privilegios eclesiásticos y de la corona en la regencia de la institución. Sin embargo, el intento de promoverla quedó frustrado con la abrogación de la Constitución y el restablecimiento de la monarquía absoluta.
Su impugnación al doctor José A. Bernal sobre las propiedades de la píldora de Ugarte, dio lugar a una controversia importante en la historia médica. Produjo un documento revelador de una ética profesional y científica acorde con los progresos alcanzados en su época y, tras exponer y razonar críticamente las principales teorías en boga, se pronunció en contra del dogmatismo de los sistemas y se declaró empirista y ecléctico.
Acerca del doctor Hevia refirió Cowley que, además de buen médico, era de un carácter afable y jovial. Aunque son escasos los escritos que dejó representativos de sus conocimientos y dedicación a la Medicina, se debe considerar que junto a él se formaron médicos de tanta valía y reputación como los doctores Agustín Encinoso de Abreu y Fernando González del Valle.
Hasta 1833 fue Secretario de la Junta de Sanidad. También fue Fiscal y tercer Protomédico, Médico Honorario de la Real Familia y Tercer Vocal de la Junta Superior Gubernativa de Medicina y Cirugía.
El 1ro. de agosto de 1814 se había casado con María Josefa López Rubio, de la que enviudó. El 15 de mayo de 1819 contrajo segundas nupcias, esa vez con María Asunción, la hermana de su primera esposa. Falleció en La Habana el 10 de noviembre de 1849. Un año antes, el 30 de marzo de 1848, había testado ante Pedro Vidal Rodríguez.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo Central de la Universidad de La Habana. Expediente 6,624/810.
Archivo Central de la Universidad de La Habana. Libro Primero de Doctores, folio 142v.
Archivo de la Parroquia del Santo Ángel. Libro 6 de bautismos, folio 201, número 2.
Calcagno, F. Diccionario Biográfico Cubano. New York: Imprenta y librería de Ponce de León; 1878. p. 348.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y librería de A. Pego; 1876. p. 226-227, 295-315.
Rosaín D. Necrópolis de la Habana. Historia de los cementerios de esta ciudad. Habana: Imprenta "El Trabajo"; 1875. p. 305-312.
Simón Vicente de Hevia. La Clase Médica 1878;2(5):5-7.
Torriente Brau Z de la, López Sánchez J. Bibliografía Científica Cubana (1790-1848). La Habana: Editorial Academia; 1979. p. 88, 123, 126.
Trelles CM. Biblioteca Científica Cubana. Matanzas: Imprenta de Juan F. Oliver, 1919. p. 79, 171.

 

Dr. Antonio Viera Infante (1784-1834)

Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Nació en La Habana el 13 de noviembre de 1784; hijo de Manuel Vicente y de María Josefa. Comenzó a estudiar Filosofía en 1801 en el Colegio Seminario de San Carlos, donde tuvo como profesores al padre José Agustín Caballero y al doctor Rafael de los Santos. Finalizados estos estudios, empezó el Bachillerato en Sagrados Cánones, que abandonó, después de vencer los cursos de 1803 y 1804, para iniciar la carrera de Medicina. Se graduó de Bachiller en Artes el 16 de abril de 1806 y en Medicina el 21 de marzo de 1807. Sus jueces sinodales fueron los doctores Nicolás del Valle, José de Jesús Méndez, José Pérez Bohorques, José Antonio Bernal y Francisco Ignacio de Soria y los bachilleres Ambrosio de Aragón, Marcos Sánchez Rubio y José M. Leyba. Realizó su práctica con el Protomédico doctor José Caro y, al fallecimiento de éste, la continuó con el doctor José Pérez Bohorques. Fue examinado y aprobado por el Protomedicato el 13 de marzo de 1809. Se ocupó también de la Cirugía, cuya práctica llevó a cabo desde 1806 hasta 1811 en el Hospital San Francisco de Paula con el doctor José A. Bernal. Obtuvo el título de cirujano latino el 5 de marzo de 1811.
Según Cowley, Viera fue el caso de un médico sin vocación profesional, pues en todos los actos de su vida predominaba un afán desmedido de lucrar por medio de los negocios. Los títulos y honores que recibió eran medios de que se valía para satisfacer su extraordinaria ambición, lo que explica su aspiración al Rectorado en 1823 y su interés por graduarse de Doctor en Jurisprudencia. Fue catedrático vitalicio de Prima, asignatura que asumió por primera vez el 24 de marzo de 1812 como único opositor. Alcanzó los grados de Licenciado y de Doctor en Medicina el 30 de septiembre siguiente. En su segunda oposición tuvo como contendientes a los bachilleres José J. Navarro, Bernardo J. Riesgo y Francisco Sandoval. Esa vez tomó posesión de la cátedra el 27 de abril de 1818. En 1824 volvió a concursar, en esa ocasión sin opositores al igual que en la primera.
Los 22 años que se mantuvo como titular de la cátedra de Prima significaron una rémora para el avance de los conocimientos fisiológicos, pues realmente ignoraba los trabajos experimentales de esta ciencia básica de la Medicina y se mostraba renuente a aceptar o a introducir cualquier nueva teoría. Esto daba lugar a serias contradicciones con sus alumnos, sobre todo con los que procedían del Seminario de San Carlos, quienes habían recibido conocimientos de una Filosofía opuesta al escolasticismo, que entonces imperaba en la Universidad Pontificia. De otra parte, entraba también en contradicción con la enseñanza de las otras cátedras en la misma Facultad, como la de Agustín Encinoso de Abreu en Patología, Ángel J. Cowley en Terapéutica y Nicolás J. Gutiérrez en Anatomía, con independencia de la incongruencia que significaba el latín por él mantenido, lengua que chocaba con el español ya predominante en el alto centro de estudios.
Nunca desistió de su propósito de graduarse de Bachiller en Sagrados Cánones, cuyo título logró el 23 de junio de 1824. El de Doctor en Derecho Civil lo alcanzó el 27 de junio de 1825; recibió la borla por donación del licenciado Miguel Hernández Aguilar, catedrático de Prima en Leyes, quien a su vez la había hecho de ella en  herencia de su padre.
En más de 12 ocasiones fue tesorero de la Universidad; Fiscal en 1813; Rector en 1822; Conciliario en 1823; médico cirujano del Regimiento de Infantería de Milicias; tercer Protomédico en 1833 y miembro de la Junta Superior de Sanidad.
Falleció en La Habana, el 29 de septiembre de 1834, víctima de la epidemia de cólera morbo que desde el año anterior había azotado la ciudad.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo Central de la Universidad de La Habana. Expediente 1,498/803.
Archivo Central de la Universidad de La Habana. Libro Primero de Doctores, folio 138v.
Archivo de la Parroquia del Santo Cristo. Libro 12 de bautismos, folio 155, número 621.
Calcagno F. Diccionario Biográfico Cubano. New York: Imprenta y librería de Ponce de León; 1878. p. 683.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y librería de A. Pego, 1876. p. 141-149, 339.
Dr. Antonio Viera. La Clase Médica 1908;2(7):6-7.
Torriente Brau Z de la, López Sánchez J. Bibliografía Científica Cubana (1790-1848). La Habana: Editorial Academia; 1979. p. 103.

 

 

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