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Precursores

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Dr. José Pérez Bohorques (1767-1839)

Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Su verdadero nombre fue José Juan de la Cruz Becerra Pineda. Hijo de Juan y de Josefa Gertrudis, nació en La Habana el 24 de noviembre de 1767. Aunque no  consta el lugar donde hizo sus estudios de Filosofía, se sabe que las conclusiones  públicas las sostuvo el 14 de agosto de 1785, fecha en la que recibió el título de Bachiller en Artes, y que el de Bachiller en Medicina le fue conferido el 3 de marzo de 1790, luego de haber hecho las prácticas reglamentarias con los doctores Juan Pérez Delgado y José de Jesús Méndez. El 27 de febrero de 1786 había contraído matrimonio con María de la Luz Borrego. 
Hizo oposición a la cátedra de Methodus medendi (Terapéutica) el 21 de julio de 1792 y, a título de haberla alcanzado, le fue otorgada la licenciatura en Medicina el 6 de diciembre y el doctorado el 21 del mismo mes y año. Se recibió como médico ante el Real Tribunal del Protomedicato el 29 de julio de 1795. 
Su paso por la cátedra de Terapéutica no trajo progreso alguno a esa asignatura pues, si bien poseía, como luego demostró, talento claro, buen sentido práctico y espíritu observador, no disponía de las aptitudes y de la vocación necesaria para la enseñanza y no podía por tanto adaptarse a las exigencias que ella imponía. De ahí que al terminar su sexenio se retirara del magisterio y se dedicara al ejercicio práctico de la profesión médica y al desempeño de algunos cargos profesionales con él relacionados. Fue Médico Segundo del Hospital de San Felipe y Santiago desde 1797 y ascendió a  Primero en 1821 por el fallecimiento de Nicolás del Valle  y de la Vega. 
Cuando se creó en extramuros un hospital militar provisional, auxiliar de los barracones, fue designado su Médico Segundo el 8 de octubre de 1819 y, por sus méritos, promovido a Primero por Alejandro Ramírez. Se mantuvo en dicho cargo hasta el 11 de octubre de 1820 por cierre del hospital y traslado de sus enfermos al hospital de San Ambrosio. También fue desde 1807 médico del Hospital de Convalecientes de Belén, así como del Convento de Santa Clara y del Seminario de San Carlos. En 1822 se le nombró Vice Rector de la Universidad Pontificia, al producirse la exclusión de ésta de los religiosos regulares dominicos por carecer del carácter de ciudadanos. Al año siguiente fue designado Segundo Alcalde constitucional. 
Cuando en 1833 se creó la Junta Superior Gubernativa de Medicina y Cirugía, fue postergado con la designación del doctor Pérez Delgado, quien a su vez fuera luego sustituido por el doctor Tomás Romay Chacón como justo reconocimiento a sus méritos. Por la muerte de Pérez Delgado y el ascenso de Romay, asumió el cargo de Primer Suplente. 
Aunque su paso por la cátedra de Terapéutica fue poco o nada fecundo, gozó de buen prestigio como médico, tanto en la práctica hospitalaria como civil donde tuvo una numerosa clientela. En general fue un ciudadano bueno, culto y laborioso, con buen talento para la observación y la práctica. Falleció en el año 1839.

 

BIBLIOGRAFÍA 

Archivo Central de la Universidad de La Habana. Libro Primero de Doctores, folio 107v. Archivo de la Catedral de La Habana. Libro 12 de bautismos, folio 253, número  4.
Archivo de la Catedral de La Habana. Libro 7 de defunciones, folio 167v, número 183.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego; 1876. p. 223, 322.
Dr. José Pérez Bohorques. La Clase Médica 1910;4(8):5-6.

 

 

 

Dr. Tomás Romay Chacón (1764-1849)

Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Si hay un cubano que vive y debe vivir eternamente en el recuerdo de todos sus compatriotas de una a otra generación, ese es Tomás Romay y Chacón, filántropo laborioso y figura brillantísima de la cultura científica y social de la segunda mitad del siglo XVIII y primera del XIX, de quien se exponen a continuación, en apretada síntesis, algunos de los rasgos más sobresalientes de su fecunda vida, sobre todo de aquellos vinculados a su actividad docente.
El 21 de diciembre de 1764 nació el primogénito del matrimonio de la clase media constituida por Lorenzo Romay y María de los Ángeles Chacón, a quien le pusieron por nombre Tomás José Domingo Rafael del Rosario. De su educación primaria se encargó su tío paterno Fray Pedro de Santa María Romay, quien lo instruyó en las primeras letras y bajo cuya tutela estudió en el Convento de los Reverendos Predicadores. Luego de cursar Latinidad y Filosofía en el Convento de los Predicadores con el lector de Elocuencia Fray Francisco Pérez, el de Artes Fray José María de Rivas y los catedráticos de Texto Aristotélico Don Nicolás Calvo y Don Ignacio O’Farril, se graduó de Bachiller en Artes el 24 de marzo de 1783. Tras obtener este título, comenzó los estudios de Jurisprudencia en el Seminario de San Carlos, los cuales pronto abandonó convencido de que, como le había dicho su tío Fray Pedro “el abogado estaba expuesto a mayor responsabilidad de conciencia”. 
A pesar de que en su época la profesión de médico era considerada propia de la “gente baja” y no era entonces estimada en la colonia, donde la cultura de los médicos se hacía notar por su extraordinaria deficiencia, fue Tomás uno de los pocos jóvenes que se dejó llevar más por los impulsos de su vocación que por los convencionalismos sociales y escogió por su propia cuenta la carrera de Medicina, de la que obtuvo el título de Bachiller en 1789.
Tras su graduación, hizo los dos años de práctica reglamentarios junto al doctor Manuel Sacramento, para luego presentarse a examen ante el Real Tribunal del Protomedicato. En dicho acto, que tuvo lugar el 12 de septiembre de 1791, resultó aprobado para el ejercicio de la profesión. Ese mismo año aspiró a la cátedra de Patología en la Real y Pontificia Universidad de La Habana, la cual logró por oposición el 6 de diciembre. A título de catedrático obtuvo los títulos de Licenciado y de Doctor en Medicina el 24 de diciembre de 1791 y el 24 de junio de 1792, respectivamente. 
En relación con su desempeño como catedrático, su biógrafo, el doctor José López Sánchez, escribió que Romay “se limitó en su cátedra a tratar acerca de las lesiones, a indagar los síntomas y a enseñar a inquirirlos, con lo que le imprimió a su asignatura una importancia extraordinariamente superior a lo que correspondía en el pausado movimiento de aquellas horas”. También en alusión a su actuación en la cátedra de Patología, expresó Villaverde que “comenzó sus lecciones con un gesto de valentía, pues se alejó de Avicena y de Galeno. Romay abrió una época, que con justicia se podría llamar la del inicio de la Medicina cubana”.
Cuando se presentó como aspirante a la cátedra de Patología, venía precedido del prestigio adquirido en el desempeño de la cátedra de Texto Aristotélico, la cual había obtenido por oposición en 1785. Hombre de profunda ilustración, de talento extraordinario y de juicio severo y exacto, dio Romay tal impulso a las lecciones de su asignatura, que era objeto de admiración por los colegas de su época. Aunque ante sus ojos Galeno era una gran figura, para él estaba muy lejos la veneración que aún se le rendía en la Universidad Pontificia y así, en alas de su genio, fijó en los alumnos la verdadera tendencia de la ciencia a su cargo. Por ello su regencia de la cátedra de Patología se puede estimar como una de las causales que dieron lugar a la regeneración médica por él iniciada. 
Lamentablemente no se presentó de nuevo como aspirante al terminar su primer sexenio como catedrático. De haber continuado al frente de la cátedra, hubieran sido indiscutibles sus éxitos posteriores.
Mientras cumplía los dos años de práctica médica con el doctor Sacramento, fundó en 1790 con el Gobernador Don Luis de Las Casas el Papel Periódico de la Havana, primera publicación periódica cubana de la que fue su primer redactor y director y cuya larga vida se extendió hasta 1848. El 17 de enero de 1793 ingresó como socio numerario en la Sociedad Patriótica de La Habana, organización de la que también fue cofundador con Las Casas. Por espacio de 50 años desempeñó su humanitaria profesión en la Real Casa de Beneficencia, que también fundaran ambos por entonces.
El 4 de enero de 1796 contrajo matrimonio con Mariana González, la que le dio sus hijos Pedro María, Juan José, José de Jesús, María de los Ángeles, Micaela y Mariana. 
Con motivo de llegar al puerto habanero la escuadra al mando del General Aristizábal, con una tripulación que venía infectada de fiebre amarilla, e impulsado sólo por su amor a la ciencia y a la humanidad, dedicó todas sus fuerzas a luchar contra la epidemia. Como resultado de sus observaciones al respecto, confeccionó y presentó en la Sociedad Patriótica en abril de 1797 la memoria Disertación sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente vómito negro, enfermedad epidémica en las Indias Occidentales, monografía que inauguró la bibliografía científica cubana e hizo a su ilustre autor merecedor de ser nombrado Socio Corresponsal de la Real Academia Matritense.
La hazaña que lo inmortalizó fue la introducción y propagación de la vacuna en Cuba en febrero de 1804, luego de estudiar la información que obtenía acerca del descubrimiento de Edward Jenner en Europa, de abandonar las comodidades del hogar para marchar al interior de la isla en busca de ansiado virus y de arriesgar la vida de sus hijos, a quienes usó como sujetos de prueba para vencer los temores, dudas y vacilaciones respecto a su efectividad. La inspiración de este aporte fue la existencia de una epidemia de viruela, iniciada en diciembre de 1803, que causó serios daños en enero de 1804 y amenazaba extenderse a la llegada del verano; así como el conocimiento de que demoraría en arribar a La Habana la expedición enviada al Nuevo Mundo por el Rey Carlos IV al mando de Francisco Xavier de Balmis, la cual traía consigo el virus salvador. Cuando ésta llegó el 26 de mayo al puerto habanero, ya se había propagado la vacuna por toda la isla gracias a Romay, quien la estaba aplicando con éxito desde el 12 de febrero. Después de esto, se consagró durante más de tres décadas a la vacunación antivariólica.
En 1833 se produjo en Cuba la tan temida aparición del cólera, luego de causar terribles estragos en Asia y Europa. Esa epidemia, que produjo en un solo día 435 defunciones en La Habana y mató a una de sus hijas, fue también objeto de su dedicación. A pesar de sus entonces 69 años de edad, estuvo en primera línea en la lucha contra ella.
Romay, a quien se considera el primer higienista cubano por sus acciones de prevención de enfermedades y de promoción de la salud, fue hombre de carácter firme, estudioso, investigador, audaz, persistente, trabajador, honesto y valiente, cumplidor de su deber y eficiente servidor de la sociedad. Se le ha acreditado una contribución notable al progreso de la cultura cubana, especialmente en Medicina, Química, Botánica, Higiene y educación en general. Introdujo una visión científica de los problemas de la Medicina y combatió al escolasticismo que imperaba en su época. Sostuvo y defendió con creces el criterio filosófico de que las posibilidades cognoscitivas del hombre no nacen limitadas, pues está dotado de las facultades necesarias para desentrañar con éxito los secretos recónditos de la naturaleza. Esta es una tesis muy importante y contrastante con el criterio preconizado por la filosofía predominante en su tiempo, que subestimaba la capacidad cognoscitiva del ser humano.
Falleció víctima de cáncer, a las 2:30 de la madrugada del 30 de marzo de 1849. Al momento de su deceso, ostentaba entre sus muchos títulos y distinciones los de Miembro Corresponsal de la Real Academia de Medicina de Madrid, Médico de la Real Cámara, Catedrático de Clínica de la Real Universidad, Presidente e Individuo de Mérito de la Sociedad Económica de Amigos del País, Miembro de la Comisión de Vacuna de París y de las Sociedades Médicas de Burdeos y Nueva Orleans y Caballero Comendador de Isabel la Católica.
A pesar del tiempo transcurrido, su prestigio es cada vez más esplendoroso. En los anales de su laboriosa vida, podrán encontrar siempre los hombres de hoy y de mañana grandes ejemplos a imitar de virtud, amor, abnegación y patriotismo. Por ello se debe mantener vivo el recuerdo, que debe ser imperecedero, de este esclarecido sabio habanero, que fuera una gloria de la ciencia en general y uno de los más connotados precursores de la docencia médica en particular.
 

BIBLIOGRAFÍA

Archivo de la Catedral de La Habana. Libro 12 de bautismos, folio 840.
Archivo de la Catedral de La Habana. Libro 18 de entierros de españoles, folio 90, número 389.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego, 1876. p. 210-211.
Diez Cabrera M, Toledo Curbelo G. Dr. Tomás Romay Chacón (1764-1849). Apuntes para la reflexión. Rev Cubana Hig Epidemiol 1997;35(2):120-123.
García Pons C. Tomás Romay. Bohemia 1949;41(14):30-31, 112-114.
Le Riverend J. La época de Tomás Romay. En: Ensayos científicos escritos en homenaje a Tomás Romay. La Habana: Academia de Ciencias de Cuba; Museo Histórico de las Ciencias Médicas "Dr. Carlos J. Finlay", 1968. p.55-62.
López Sánchez J. Vida y obra del sabio médico habanero Tomás Romay Chacón. La Habana: Editorial y Librería Selecta; 1950.
López Sánchez J. Tomás Romay y el origen de la ciencia en Cuba. La Habana: Academia de Ciencias. Museo Histórico de las Ciencias Médicas “Carlos J. Finlay”; 1964.
Monal I. Tomás Romay y la lucha científica contra el escolasticismo en Cuba. Univ Hab 1967;(184-185):21-40.
Presno JA. Homenaje a la memoria del Dr. Tomás Romay. La Habana: La Propagandista; 1937.
Rodríguez Expósito C. Bicentenario de Tomás Romay. Cuad Hist Salud Pub 1964;(26):7-32.
Roig de Leuchsenring E. En el centenario de Tomás Romay. San Benef Munic 1949;9(1): 20-24.
Rosaín D. Biografía de Tomás Romay y Chacón. Cron Med Quir Hab 1876;2(3): 151-154.
Villaverde M. Tomás Romay. En: Figuras cubanas de la investigación científica. La Habana: Ateneo de La Habana; 1942. p. 29-61.

 

Dr. Agustín Florencio Rodríguez Bedía

Dr. José López Sánchez† y Lic. José Antonio López Espinosa 
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Nació en La Habana, fruto del matrimonio integrado por Antonio Rodríguez y Josefa Bedía.
No constan sus grados menores. Hizo oposición a la cátedra de Vísperas (Patología) y resultó aprobado el 1ro. de septiembre de 1784. Su condición de catedrático le otorgó de oficio el grado de Doctor en Medicina, el cual le fue conferido de manera oficial el 6 de enero de 1787.
Dedicó muy poca atención a la enseñanza, porque comenzó a estudiar Teología para ingresar en la carrera eclesiástica. Tras renunciar a la cátedra en 1790, se dedicó por entero al sacerdocio.
Entre sus escasas actividades médicas se cuenta haber sido uno de los miembros del Tribunal de oposición de Roque J. de Oyarvide San Martín (175?-1820) a la cátedra de Methodus medendi (Terapéutica) en 1803. Junto al doctor Francisco Ignacio de Soria Quiñones (1742-1815) ensayó sin resultados la píldora de Ugarte en el tratamiento de la disentería y de la fiebre amarilla.

BIBLIOGRAFÍA

López Sánchez J. Biografías de médicos y cirujanos. En: Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 311.

Dr. Luis Machado García del Castillo (1753-1792)

Dr. José López Sánchez† y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Hijo de Juan Machado y de Nicolasa García del Castillo, nació en La Habana el 21 de junio de 1753.
Se graduó de Bachiller en Artes el 18 de julio de 1769. No existen datos disponibles acerca de sus estudios de Medicina, aunque se dice que sostuvo conclusiones públicas el 22 de septiembre de 1772, lo que puede haber sido para graduarse de Bachiller, por cuanto ello se corresponde con la fecha de los años de estudios médicos. Sí consta que ya en 1782 ejercía la profesión.
En junio de 1786 ostentaba la condición de Licenciado en Artes, cuando se presentó como opositor a la cátedra de Methodus medendi (Terapéutica) ante los jueces Matías Cantos, Roque Oyarvide y José de Jesús Méndez, bajo la presidencia del Asistente Real doctor Agustín Sanabria. Sus oponentes fueron Agustín Florencio Rodríguez, Félix J. Gutiérrez e Ignacio V. Ayala. Ganó la cátedra el 3 de septiembre de 1786, por lo que recibió los grados de Licenciado y de Doctor en Medicina el 3 y el 25 de marzo del año siguiente.
Fue Segundo Médico del Ejército de Operaciones en 1789 y Fiscal del Protomedicato.
Según Cowley, falleció el 28 de septiembre de 1792 y fue enterrado en la Parroquia de Guadalupe, aunque su nombre no aparece en el libro de defunciones de ese templo religioso.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo de la Catedral de La Habana. Libro 10 de bautismos, folio 235, número 103.
Archivo Central de la Universidad de La Habana. Libro 1ro. de Doctores. Folio 102.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego, 1876. p. 222, 319.

 

Dr. Félix José Gutiérrez (¿-1793)

Dr. José López Sánchez† y Lic. José Antonio López Espinosa

Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Natural de San Fernando de Campeche. No se sabe en qué fecha vino a La Habana, pero sí que estudió en la Universidad Pontificia y se graduó de Bachiller en Medicina en 1780. Se recibió por el Protomedicato el 20 de noviembre de 1782 y fue autorizado por el Cabildo el 27 de abril de 1787.
Fue uno de los aspirantes a ocupar la cátedra de Methodus medendi (Terapéutica) en los ejercicios de junio 1786, en la que resultó ganador Luis Machado García del Castillo (1753-1792). Sostuvo como tesis Adequantum remedium cacochimia ex purgationen, una cuestión muy simple que revela la insuficiencia de sus conocimientos terapeúticos.
En 1787 se presentó como opositor a la cátedra de Anatomía y se le concedió. Ésta era una cátedra que se otorgaba con facilidad pues, por regla general, los médicos que gozaban de cierto prestigio no aspiraban a ella. A él pareció interesarle, al punto de que propuso hacerle modificaciones que en definitiva no fueron aceptadas, lo cual hizo que presentara su renuncia el 19 de noviembre de 1791. Por su condición de catedrático, se le habían conferido los grados mayores, el de Licenciado en Medicina el 19 de junio de 1787 y el de Doctor el 8 de enero de 1788.
Falleció en julio de 1793.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo Central de la Universidad de La Habana. Libro 1ro. de Doctores. Folio 102v.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego, 1876. p.166, 222, 295. 
López Sánchez J. La Medicina en La Habana 1731-1800. Cuad Hist Salud Pub 1970;(48):266-267.
----. Biografías de médicos y cirujanos. En: Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 307.

 

Dr. Lorenzo Hernández Marrero (1754-1832)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa 
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Entre los nombres de médicos cubanos de notable relieve durante el último cuarto del siglo XVIII y primero del XIX, figura el del doctor Lorenzo Hernández Marrero, nacido en 1754 en el barrio habanero de Jesús del Monte, como fruto de la pareja constituida por Antonio Hernández y Manuela Marrero. Aunque no aparece su expediente universitario ni su inscripción en el Cabildo, por una certificación se puede presumir su ejercicio de la profesión médica desde 1780, luego de haber recibido el grado de Bachiller en Artes en 1774 y en Medicina en 1778, aproximadamente.
Declarada en 1783 vacante la cátedra de Prima (Fisiología), que desempeñaba desde hacía seis años en la Universidad pontifica el doctor José Caro Pereira (1745-1808), se presentó Hernández como aspirante a su regencia el 4 de agosto de ese año. Su único opositor fue el también bachiller Ambrosio de Aragón. Luego de desarrollar cada uno su correspondiente tesis, Hernández alcanzó una ventaja notable sobre su contrincante, lo que lo hizo merecedor de la adjudicación de la cátedra por unanimidad, la cual ocupó el día 9 del mismo mes. Tanto por la brillantez de su tesis, como por el entusiasmo con el que dio sus primeros pasos en la docencia, demostró que si bien en aquellos momentos no poseía un gran caudal de conocimientos científicos, su gran pasión por la enseñanza le permitiría llegar pronto a adquirirlo. Ello quedó bien demostrado, pues fue el formador de hombres que con su esfuerzo generoso, su clara inteligencia, su extraordinario amor a la ciencia, al progreso y a su patria, se convirtieron luego en personalidades gestantes de una verdadera revolución en el contexto intelectual cubano. Por sólo mencionar dos de sus discípulos, baste citar los nombres de Tomás Romay Chacón (1764-1849) y de José Pérez Bohorques (1767-1839).
Hernández recibió la muceta de Licenciado en Medicina el 19 de agosto de 1783 y la borla de Doctor el 30 del propio mes. Ejerció la docencia con un entusiasmo que con el transcurso del tiempo se hacía cada vez mayor y la enseñanza que impartía resultaba cada vez de más beneficio para quienes la recibían. Los conocimientos que logró como catedrático se demuestran por el hecho de que al terminar en 1789 su sexenio en ese puesto, volvió a aspirar como oponente a la regencia de la misma asignatura, sin que nadie se atreviera a disputarle la plaza, que se le volvió a otorgar por votación unánime del jurado el 16 de febrero de ese año. Al declararse de nuevo vacante la cátedra, tras cumplir con éxito su segundo sexenio en 1795, se presentó otra vez como aspirante y otra vez la obtuvo por unanimidad. El 27 de septiembre de ese año tomó posesión de su querida cátedra de Prima por tercera ocasión.
Los fundamentos de los progresos aportados por el doctor Hernández al estudio de la Fisiología, no se reducen a las tesis que sirvieron de tema a sus conclusiones y a las de sus discípulos, pues a ellas hay que agregar el haber dado a conocer los trabajos de Hermann Boerhaave (1668-1738), Giovanni Battista Morgagni (1682-1771) y Albrecht Haller (1708-1777), que desde entonces se utilizaron en sustitución de los viejos textos de Hipócrates, Avicena y Galeno. Esto constituyó, sin dudas, una nueva etapa respecto a los conocimientos médicos en Cuba, en tanto exponentes de la cultura médica de la primera mitad del siglo XVIII.
El 18 de abril de 1795 se le expidió título de primer Fiscal del Protomedicato. En aquel tiempo ocupaba también el cargo de Practicante Mayor de Medicina en el Hospital San Ambrosio. El 21 de septiembre de 1798 se le otorgó el título de Protomédico Tercero; en 1713 actuó como Protomédico Segundo en sustitución del doctor Roque J. Oyarvide (175?-1820), incapacitado físicamente. En ese entonces era además Médico Consultor de los Reales Ejércitos. El 28 de agosto de 1821 fue nombrado Protomédico Regente.
Estuvo casado con Juana de Torres y residió durante casi toda su vida en la villa de Regla. Se trasladó a La Habana tras recibir su nombramiento de Protomédico Regente. Falleció en esta ciudad, a los 78 años, el 16 de diciembre de 1832.

BIBLIOGRAFÍA

Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Habana. Libro 48 de actas trasuntadas. La Habana: Ayuntamiento de La Habana; 1787. f. 26.
----. Libro 48 de actas trasuntadas. La Habana: Ayuntamiento de La Habana; 1787. f. 32.
Archivo Central de la Universidad de La Habana. Libro 1ro. de Doctores. Folio 97v.
Archivo de la Parroquia del Espíritu Santo. Libro 17 de defunciones, folio 154, número 1091.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego, 1876. p.137-140.
Doctor Lorenzo Hernández. La Clase Médica 1908;2(9):8-9.
López Sánchez J. La Medicina en La Habana 1731-1800. Cuad Hist Salud Pub 1970;(48):265-266.
----. Biografías de médicos y cirujanos. En: Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 305-307.

 

Dr. José de Jesús Méndez (1750-1819)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Entre los 11 profesores que regentearon la cátedra de Patología en Universidad de La Habana en su etapa pontificia, donde figuraron nombres tan pleclaros como los de José Arango Barrios (1701-1771), su fundador, Tomás Romay Chacón (1764-1849), Agustín Encinoso de Abreu (1798-1854) y Nicolás J.Gutiérrez Hernández (1800-1890), ocupó también un puesto, aunque no con tanto relieve como los antes citados, un modesto médico habanero que, aun cuando no contaba con esa especial facultad de dedicarse voluntariamente a transmitir los conocimientos adquiridos, por cuanto no demostró tener verdadera vocación por la enseñanza, es innegable que fue un médico ilustrado y con buen sentido práctico, que supo conquistar reputación y dejar un nombre limpio y bien conceptuado.
José de Jesús Méndez nació en La Habana en 1750. Estudió la carrera de Medicina en la Universidad pontificia, donde se graduó de Bachiller el 10 de marzo de 1777. Fue aprobado al ejercicio de la profesión por los protomédicos José Melquiades Aparicio (1702-1781) y Julián Recio de Oquendo (1718-1794) el 4 de diciembre de 1779 y el día 17 del propio mes presentó su título al Cabildo. Por la vacante ocurrida al cumplir su sexenio el doctor Nicolás del Valle, hizo oposición a la cátedra de Vísperas (Patología), la que obtuvo como único aspirante y de cuya regencia tomó posesión el 4 de julio de 1781. A título de catedrático, recibió la Licenciatura en Medicina el 12 de septiembre siguiente y el 30 del mismo mes el grado de Doctor.
Según sus colegas de la época que le tocó vivir, al doctor Méndez no le faltaba buena inteligencia y magnífica ilustración pero, en honor a la verdad, el amor a la enseñanza no germinaba en él, circunstancia demostrada por su renuncia a la cátedra antes de cumplir el sexenio reglamentario en su regencia. Fue médico del Real Hospital de la Marina. Falleció el 2 de octubre de 1819.

BIBLIOGRAFÍA

Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Habana. Libro 43 de actas trasuntadas. La Habana: Ayuntamiento de La Habana; 1779. folios 311-312.
Archivo Central de la Universidad de La Habana. Libro Primero de Doctores, expediente 8439/777, folio 93.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego, 1876. p. 209.
Dr. José de Jesús Méndez. La Clase Médica 1910;4(11):6-7.
López Sánchez J. La Medicina en La Habana (1731-1800). Cuad Hist Salud Pub 1970;(48):245.
----. Biografías de médicos y cirujanos. En: Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 307.
 

 

Dr. Roque J. de Oyarvide San Martín (175?-1818)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Entre los médicos que integraron el claustro de la Real y Pontificia Universidad de La Habana durante el último tercio del siglo XVIII, aparece el nombre del doctor Roque J. de Oyarvide San Martín; de quien si bien no se sabe la fecha exacta de su nacimiento, se presume que ello ocurrió en La Habana entre 1752 y 1754. Hijo del habanero Roque Gil de Oyarvide y de Ana Teresa San Martín, oriunda de la Laguna en la Isla de Tenerife, cursó sus primeros estudios con el maestro Vicente Valdés y luego pasó al Seminario de San Carlos, donde se le confirió el grado de Bachiller en Artes en febrero de 1771. Ese mismo año matriculó la carrera médica en la Universidad, donde se graduó de Bachiller en Medicina en abril de 1774. La práctica de postgrado las realizó entre abril de 1774 y mayo de 1775 y durante ese período sustituyó al doctor Blas Machado en la cátedra de Prima (Fisiología). Por renuncia del catedrático Gregorio del Rey, quedó vacante en abril de 1780 la cátedra de Terapéutica. Oyarvide concurrió como opositor; el jurado calificador lo aprobó y le dio posesión de la cátedra el 30 de mayo de 1780. Por su condición de catedrático, recibió los grados mayores de Licenciado y de Doctor en Medicina el 15 de junio y el 24 de julio del mismo año, respectivamente. Por Real Cédula del 5 de diciembre de 1786, se le concedió la plaza de Fiscal del Protomedicato. Tras la muerte en 1794 del doctor Julián Recio de Oquendo, quien entonces ocupaba el cargo de Protomédico primero, pasó Oyarvide a desempeñar el de Protomédico tercero, al correrse el escalafón del Protomedicato. Tres años después comenzó a desempeñar la de Protomédico segundo, luego del fallecimiento del doctor Matías Cantos.
En 1803 se presentó de nuevo como opositor a la cátedra de Terapéutica, a la que también aspiraba el bachiller Joaquín Navarro. Al declinar éste su intención, se le otorgó de nuevo a Oyarvide, quien el 27 de octubre del mismo año tomó posesión de ella. Ya para esa fecha era un hombre viejo y enfermo, casi ciego y sordo; por lo que esa vez no pudo atender la cátedra con la exactitud que lo había hecho durante el anterior sexenio en que la regenteó. Ello conllevó su renuncia el 28 de febrero de 1807.
En cuanto a su desempeño como catedrático se puede decir que, aun cuando no brilló como astro de primera magnitud, justo es reconocer que supo mantener el prestigio y el entusiasmo científico entre sus alumnos y compañeros para bien de la ciencia y de la clase profesional de la que formaba parte.
La muerte del doctor Oyarvide se produjo en abril de 1818.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo Central de la Universidad de La Habana. Libro 1ro. de Doctores. Folio 92.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego, 1876. p. 222, 224-225, 322.
Dr. Roque Oyarvide. La Clase Médica 1910;4(1):6-7.
López Sánchez J. La Medicina en La Habana (1731-1800). Cuad Hist Salud Pub 1970;(48):259, 265, 280-281, 283, 292.
----. Biografías de médicos y cirujanos. En: Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 303-305.
 

 

Dr. José de la Cruz Caro Pereira (1745-1808)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

 

Uno de los médicos cubanos más brillantes del último cuarto del siglo XVIII fue el doctor José de la Cruz Caro Pereira, quien logró un gran prestigio como hombre de ciencia, como catedrático entusiasta, como médico práctico y como excelente ciudadano. Sus padres, los descendientes dominicanos José Caro y María Josefa Pereira, lo trajeron al mundo en La Habana el 2 de mayo de 1745. Aunque no se han podido obtener datos acerca de sus primeros pasos en la vida, en el Libro 1ro. de Doctores del Archivo Central de la Universidad de La Habana aparece que se graduó de Bachiller en Artes el 5 de marzo de 1761. Lamentablemente en dicho documento no hay constancia de la fecha en que obtuvo el título de Bachiller en Medicina, ni tampoco de la de su aprobación por el Tribunal del Protomedicato.
Vacante en 1777 la cátedra de Prima (Fisiología), por haber terminado el doctor Blas J. Machado Saucedo (1739-1809) su sexenio al frente de ella, la obtuvo por oposición el 15 de mayo de ese año. Como era entonces de ritual, la regencia de la cátedra le otorgó el derecho a los grados mayores de Licenciado y de Doctor en Medicina sin el pago de propinas, por lo que recibió la muceta, el birrete y la borla el 8 de julio y el 17 de agosto, respectivamente.
El progreso que impregnó el doctor Caro a la enseñanza de la Fisiología quedó demostrada con los ilustrados jóvenes que salieron de sus aulas, muchos de los cuales fueron en poco tiempo también profesores de la Universidad Pontificia, en la época en que se iniciaba su mayor esplendor. Su alta reputación como médico instruido influyó de manera notable en el adelanto de la asignatura considerada entonces como la más importante y la que, obligado su estudio durante los cuatro cursos de la carrera, exigía de quien la impartía vastos conocimientos médicos y generales.
Al cesar en la regencia de la cátedra en 1783, continuó dedicado por un tiempo al ejercicio profesional, hasta que en 1805 fue invitado por el entonces Intendente de Ejército y de Hacienda José Pablo Valiente, de quien era su médico personal, a viajar a España. Ambos llegaron a Cádiz en ocasión en que aparecía en la ciudad una epidemia de fiebre amarilla. Los comerciantes de Cádiz, movidos por su odio a Valiente a causa de la oposición de éste a reconocer privilegios de exportación a su favor, lo acusaron a él y a su acompañante como portadores de la peste, por lo que ambos fueron arrestados. Pronto se demostró lo absurdo de dicho cargo y los dos se trasladaron a Madrid.
El doctor Caro permaneció por algún tiempo en esa ciudad y a su regreso a La Habana, ya viejo y achacoso, abandonó el ejercicio de la Medicina. Estuvo casado con Nicolasa Josefa de Aragón y falleció intestado el 4 de marzo de 1808.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo de la Catedral de La Habana. Libro 9 de bautismos, folio 454.
Archivo Central de la Universidad de La Habana. Libro 1ro. de Doctores. Folio 89v-90.
Archivo General de Indias. Audiencia de Santo Domingo. Sevilla. Legajo 1475. f. 41.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego, 1876. p. 136-137.
Dr. José Caro. La Clase Médica 1909;3(12):2-5.
López Sánchez J. La Medicina en La Habana (1731-1800). Cuad Hist Salud Pub 1970;(48):258-259.
----. Biografía de médicos y cirujanos. En: Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 296-297.
Pezuela J de la. Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la isla de Cuba. T4. Madrid: Imprenta del Banco Industrial y Mercantil, 1866. p. 640.
 

 

Dr. Nicolás M. José del Valle de la Vega (1751-1821)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Entre los médicos cubanos que vivieron durante la segunda mitad del siglo XVIII y parte del XIX, hay varios cuyos nombres pasaron a la posteridad con el recuerdo de su talento, ilustración, amor a la ciencia y el buen sentido práctico demostrado, ya fuera en sus aficiones por tales o cuales estudios, o bien por la forma en que ejercieron su profesión. Uno de estos médicos fue el doctor Nicolás M. José del Valle y de la Vega, quien fuera segundo catedrático de Vísperas (Patología) de la primera Universidad cubana, tras sustituir al fundador de dicha cátedra, el doctor José Arango Barrios Siscara (1701-1771).
Hijo de Pedro del Valle Galindo, natural de Cádiz, y de la habanera Beatriz de la Vega y Muñoz, nació Nicolás del Valle en La Habana el 21 de mayo de 1751. En 1769 se graduó de Bachiller en Artes y en 1773 de Bachiller en Medicina. Hizo sus prácticas de dos años en el Hospital Militar del Pilar, bajo la dirección de su amigo, el doctor José Melquíades Aparicio (1702.1781), quien desempeñaba la cátedra de Methudos Medendi (Terapéutica).
Tras el fallecimiento del doctor Arango Barrios en 1771, fue regente interino de la cátedra de Vísperas, hasta que en 1775 tomó posesión de ella en propiedad, al obtenerla por oposición. Entre 1773 y 1778 aprendió cirugía con José Coimbra en el Hospital San Juan de Dios. En esa época había ya obtenido como catedrático el grado de Licenciado en Medicina el 27 de junio de 1775 y el de Doctor el 17 de septiembre siguiente.
El doctor del Valle llegó a ser un médico integral, que dominaba la totalidad de los conocimientos de su época relativos a las enfermedades y su tratamiento. Se le consideraba un profesional muy estudioso y laborioso. Actuó como conjuez en exámenes de grados menores y mayores y presidió cuatro actos públicos con gran beneplácito de los asistentes. Asistía con regularidad y con carácter honorífico al Hospital de San Lázaro, a la Casa de San Juan de Nepomuceno, al hospital para convalecientes Nuestra Señora de Belén y al Convento de San Francisco. Además fue médico de la compañía de morenos del Cuerpo de Artillería, a cuyas familias atendía. Junto con el doctor Aparicio prestó servicios en el Hospital de San Juan de Dios y en el Hospital Militar de San Ambrosio.
El 21 de marzo de 1780 fue nombrado Fiscal del Protomedicato por Aparicio y Julián Recio de Oquendo (1718-1794), para suplir la ausencia de Gregorio del Rey (1750-1798), quien se había marchado para Guatemala.
Como a su clara inteligencia y amor a la ciencia unió una asidua constancia en la práctica hospitalaria, estaba bien preparado para dar a sus lecciones todo ese bagaje de ciencia práctica fruto de la observación. No podía sin embargo realizar, ni era de esperarse que lo hiciera, grandes progresos en una asignatura que como la Patología necesitaba conocimientos de Anatomía y Fisiología muy superiores a los que se adquirían en su época en la Universidad, en virtud de su carácter muy elemental y su enseñanza puramente teórica. No obstante, su esfuerzo no quedó estéril, pues logró algún avance durante los seis años que regenteó la cátedra. Si bien una vez cumplido su sexenio como catedrático no volvió a presentar nueva oposición, en diversas ocasiones desempeño la misma cátedra por sustitución. En 1794 fue nombrado Protomédico Segundo y en 1798 fue designado Protomédico Regente.
Del Valle presidió el Tribunal del Protomedicato cuando el doctor Tomás Romay Chacón (1764-1849) introdujo la vacuna antivariólica en la isla de Cuba e hizo la comprobación pública de su inocuidad al vacunar a sus propios hijos y a otra niña. Fue él quien comunicó al Marqués de Someruelos los resultados de la experiencia y afirmó que los resultados obtenidos por Romay eran idénticos a los logrados en Europa.
Contrajo matrimonio en tres ocasiones; la primera con Teresa O’Naghten, luego con Concepción Rojas y por último con Dolores Ramírez y Fernández Trevejo, con la que tuvo entre sus hijos a Nicolás Vicente, quien años más tarde fuera también catedrático de Patología.
Falleció el 30 de septiembre de 1821. Había hecho testamento ante el escribano Juan Mesa el 13 de septiembre de 1809 y, con posterioridad hizo un codicilo el 17 de agosto anterior al día de su muerte.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo de la Catedral de La Habana. Libro 10 de bautismos, folio 155, número 1.
Archivo Central de la Universidad de La Habana. Libro 1ro. de Doctores. Folio 88.
Archivo de la Parroquia del Espíritu Santo. Libro 16 de defunciones, folio 40.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego, 1876. p. 208, 337-338.
Dr. Nicolás del Valle. La Clase Médica 1909;3(9):5-6.
López Sánchez J. La Medicina en La Habana (1731-1800). Cuad Hist Salud Pub 1970;(48):253-258.
----. Biografías de médicos y cirujanos. En: Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 300-301

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