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Precursores

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Dr. Gregorio del Rey de la Cruz (1750-1798)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Hijo de Carlos del Rey y de Rosa de la Cruz Villafranca, ambos cubanos, nació Gregorio del Rey en La Habana el 24 de mayo de 1750. Se graduó de Bachiller en Artes en 1769 y de Bachiller en Medicina en 1772. Dos años después se presentó a examen ante el Real Tribunal del Protomedicato y resultó aprobado.
Cuando en 1775 el doctor José Melquíades Aparicio (1702-1781) renunció a la cátedra de Methous Medendi (Terapéutica), hizo oposición a ella y la obtuvo el 12 de abril de ese año, aunque luego hizo también renuncia de ella por motivo de un viaje que realizó a Guatemala en compañía de su cuñado Félix del Rey y Boza, Auditor de Guerra de esta plaza, quien iba por ascenso a la Audiencia de aquella capital. Por su condición de catedrático, había recibido los grados de Licenciado y de Doctor en Medicina el 27 de junio y el 30 de agosto de 1775, respectivamente.
Luego de su regreso, se le concedió en 1780 la plaza de Protomédico Tercero y en 1796 se le inició un expediente por haberse negado a revelar el secreto del procedimiento que utilizaba contra “las carnosidades de la uretra”. El hecho no tuvo mayor trascendencia pues, de acuerdo con las declaraciones de los testigos, se reconocieron las virtudes del tratamiento de del Rey, el cual superaba a los tratamientos tradicionales con mercurio y otras sustancias, con las cuales no se lograban resultados favorables. El propio Tribunal del Protomedicato admitió la eficacia de esta estrategia terapéutica que, además de curar, “era indolora y no daba lugar a perjuicio a las partes donde pasaba”. Ésta consistía en un emplasto en la punta de la candelilla que preparaba su hermano Tomás, quien se complacía en regalarlo a personas pobres y ricas. Tomás murió sin revelar en secreto.
El doctor Gregorio del Rey falleció en La Habana el 17 de enero de 1798. Había testado ante el E.P. Gabriel Ramírez el7 de noviembre de 1797.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo de la Catedral de La Habana. Libro 11 de bautismos, folio 56, número 279.
Archivo Central de la Universidad de La Habana. Libro 1ro. de Doctores. Folio 88.
Archivo General de Indias. Expediente Estado 16, 1796.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego, 1876. p. 325.
López Sánchez J. La Medicina en La Habana (17311800). Cuad Hist Salud Pub 1970;(48):254-256.
----. Biografía de médicos y cirujanos. En: Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 302-303.

 

Dr. José Julián de Ayala González (1750-1818)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Nacido en La Habana el 17 de febrero de 1750, José Julián de Ayala González siguió las huellas de su padre, el doctor Carlos de Ayala Álvarez (1709-1775) y figuró también en el claustro universitario. Su nombre ha llegado a la época actual con gran prestigio, si bien no comprobado don testimonios irrecusables, sí sostenido por la tradición, que lo coloca junto a su predecesor, el doctor José Melquiades Aparicio (1702-1781) como uno de los médicos más entendidos de su tiempo.
Luego de graduarse de Bachiller en Artes el 9 de diciembre de 1768, se dedicó el estudio de la Medicina con entusiasmo, asiduidad y aprovechamiento. En 1772, el mismo año que obtuvo el grado de Bachiller en Medicina, fue merecedor de la honrosa distinción de que se nombrara catedrático interino de Vísperas (Fisiología).
Al quedar en 1774 vacante la cátedra de Anatomía por renuncia de su padre, se presentó a oposición como único aspirante a ocuparla. Tras cumplir los requisitos reglamentarios al efecto, se le otorgó la regencia de esa cátedra, de la cual tomó posesión el 12 de abril de 1775. El 3 de julio y el 29 de septiembre del mismo año recibió los grados de Licenciado y de Doctor en Medicina, respectivamente.
Cuando concluyó su primer sexenio en la regencia de la cátedra, optó de nuevo por ella, la cual le fue otra vez adjudicada, esta vez a partir del 21 de mayo de 1781.
Aun cuando no se puede afirmar que durante su período como catedrático hizo aportes de consideración al adelanto de la cátedra, justo es reconocer que, en virtud de sus relaciones con cirujanos españoles y médicos extranjeros que arribaban a la isla, se sentía estimulado a brindar sus lecciones con mayor novedad y a divulgar los conocimientos que adquiría sobre Anatomía producto de sus intercambios con esas personas. El doctor Ayala ocupó la plaza de médico principal del Real Hospital de Nuestra Señora del Pilar, hasta su fusión con el Hospital San Ambrosio. Fue también Decano de la Facultad de Medicina, cargo en el que sustituyó al doctor Blas Machado Sausedo (1739-1809).
Al igual que otros médicos de su época, lo atrajo la preeminencia que significaba formar parte del Protomedicato, por que en principio aceptó integrarlo sin nombramiento oficial en calidad de Fiscal. Esto le dio oportunidad de ser designado en 1794 Protomédico Segundo y, a partir de 1797, Protomédico Regente, cargo en el que se mantuvo hasta su fallecimiento ocurrido el 3 de agosto de 1818 cuando contaba 68 años de edad.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo General de la Universidad de La Habana. Libro Primero de Doctores, folio 80.
Archivo de la Parroquia del Espíritu Santo. Libro 7 de bautismos, folio 60.
----. Libro 15 de defunciones, folio 90v, número 529.
Arce LA de. El Real Hospital Nuestra Señora del Pilar en el siglo XVIII (un hospital para los esclavos del Rey). Cuad Hist Salud Pub 1969; (41):63-65.
López Sánchez J. Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 299-300.
 

 

Dr. Blas José Machado Sausedo (1739-1809)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Blas José Machado Sausedo nació en la villa de Puerto Príncipe el 7 de mayo de 1739, de la unión del Capitán Juan Pérez Machado y Bernarda Sausedo, naturales de La Habana y de Puerto Príncipe, respectivamente. Se graduó de Bachiller en Artes en marzo de 1761 y en Medicina aproximadamente en 1765.
En 1770 sustituyó en la cátedra de Prima al doctor Domingo Arango Barrios (1740-1780) en una de sus frecuentes ausencias. Meses después se presentó como opositor a esa cátedra, la que ganó y ocupo en febrero de 1771. El 21 del mismo mes recibió los grados mayores de Licenciado y de Doctor en Medicina.
En su período como catedrático se produjo un incidente con el alumno Vicente Herrera, a causa de la corrección de una palabra, lo cual trajo consigo que se retaran a duelo. Éste no se llegó a efectuar por la intervención de los condiscípulos de Herrera José Dionisio Piedra y José de Jesús Menéndez.
Contrajo matrimonio con María de Jesús Borrego el 3 de octubre de 1765. De esa unión nació en 1774 el también médico Antonio Machado Borrego, quien en 1816 se hizo cargo de la cátedra de Anatomía.
El doctor Machado Sausedo falleció en La Habana en 1809.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo General de la Universidad de La Habana. Libro Primero de Doctores, folio 824.
Archivo de la Parroquia de Puerto Príncipe. Libro 4c de bautismos, folio 343, número 509.
Archivo de la Parroquia del Espíritu Santo. Libro 4 de defunciones, folio 92, número 977.
López Sánchez J. Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 295.
 

 

Dr. Carlos de Ayala Álvarez (1709-1775)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Hijo de Miguel de Ayala y de Rosa Álvarez, el doctor Carlos de Ayala Álvarez nació en La Habana, probablemente en 1709 y, si bien en los archivos de la Universidad Pontificia no aparece su expediente como estudiante, en el Libro de Grados consta que le fue otorgado el de Bachiller en Artes el 6 de agosto de 1740 y el de Medicina el 7 de abril de 1744. Al quedar vacante la cátedra de Anatomía cuando a finales de 1765 el doctor Antonio Miranda había terminado el segundo sexenio en su regencia, Ayala se presentó como único opositor para ocuparla y, tras aprobar los ejercicios, la ganó y tomó posesión de ella el 14 de mayo de 1766. Al momento de ocupar la cátedra, llevaba 20 años en el ejercicio de la profesión con notable éxito y había logrado reunir una clientela muy numerosa.
A título de catedrático, le fueron adjudicados los grados mayores de Licenciado y de Doctor en Medicina el 23 de mayo y el 20 de julio del mismo año.
Luego de cumplir los seis años reglamentarios en dicha regencia y declarada vacante la cátedra, volvió a hacer oposición a ella y fue de nuevo aprobado para asumirla por otro sexenio a partir de 1772. Lamentablemente no pudo terminar este segundo período a causa de la enfermedad que minó su existencia y le obligó a renunciarla a mediados de 1774.
En honor a la verdad, la regencia de Ayala no ejerció influencia alguna ni en el cultivo de la Anatomía ni en el progreso de su enseñanza. A pesar de que en su época habían ocurrido grandes progresos en esa materia, no se esforzó por ampliar sus conocimientos, puesto que la mayor parte del tiempo la dedicaba a la atención de su clientela dentro de la cual, justo es decirlo, sí gozaba de gran prestigio como médico asistencial. Por otra parte, esta cátedra era la menos ambicionada y muchos médicos aspiraban a ella con el único fin lograr los grados mayores de Licenciado y Doctor en Medicina y de disfrutar de las prebendas que implicaba ser miembro del claustro de profesores de la Universidad Pontificia.
Uno de los hijos frutos de su unión con Silvestre González fue José Julián, quien también se hizo médico y lo sustituyó en la regencia de la cátedra.
El doctor Carlos de Ayala Álvarez falleció el 1ro. de junio de 1775.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo General de la Universidad de La Habana. Libro Primero de Doctores, folio 77.
Archivo de la Parroquia del Espíritu Santo. Libro 7 de defunciones, folio 18, número 116.
Cowley R. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. La Habana: Imprenta y Librería de A. Pego, 1876. p. 165, 250-251.
López Sánchez J. Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 287-288.

 

Dr. Domingo Arango y Prado Marocho (1740-1780)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Hijo del doctor José Arango Barrios Siscara y de doña Petrona Prado Marocho, nació en La Habana el 15 de noviembre de 1740. Se graduó de Bachiller en Artes el 18 de enero de 1759 y de Maestro en Artes el 9 de agosto del mismo año. Respondió sus quodlibetos el 18 de junio de 1760.
De inmediato comenzó a estudiar la carrera de Medicina, motivado quizás por continuar la tradición de su padre, quien fue uno de los médicos más destacados de su tiempo. Luego de graduarse de Bachiller en Medicina en 1762, fue examinado y aprobado por el Tribunal del Protomedicato el 26 de marzo de 1764 y recibido por el Cabildo el 14 de marzo del año siguiente.
El fallecimiento del doctor Juan José Álvarez Franco Rodríguez, ocurrido el 9 de enero de 1765, dejó vacante la cátedra de Prima (Fisiología), por lo que, tras aprobar los exámenes de oposición, entró a desempeñarla el 26 de febrero siguiente. Su condición de catedrático le otorgó de oficio el derecho a los grados mayores de Licenciado y de Doctor en Medicina, los cuales recibió respectivamente el 22 de febrero y el 14 de agosto del propio año.
En realidad, el período durante el cual ejerció Arango la regencia de esa cátedra no fue el más fecundo para la enseñanza de la Fisiología en Cuba. Existe constancia de que, durante un claustro celebrado el 10 de septiembre de 1770, hubo necesidad de amonestarlo debido a sus frecuentes faltas y que, incluso, se acordó su separación definitiva de la cátedra caso de mantener tan negativa actitud. Esto demuestra, por una parte, que abusaba de la influencia y del prestigio de su padre y, por otra, que no sentía vocación alguna por la carrera escogida, de la que no dejó traza alguna de su actividad.
Del doctor Arango Prado Marocho se sabe además que falleció el 11 de marzo de 1780 y que testó ante Francisco Xavier Rodríguez.

BIBLIOGRAFÍA

Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Habana. Libro 35 de actas trasuntadas. p. 96-96v, 98v-99.
Archivo de la Catedral de La Habana. Libro 9 de bautismos, folio 388v, número 41.
----. Libro 10 de defunciones, folio 43, número 161.

Cowley R. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. La Habana: Imprenta y Librería de A. Pego, 1876. p. 136, 250.
López Sánchez J. La Medicina en La Habana (1731-1800). Cuad Hist Salud Pub 1970;(48):213-215.
----. Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 294.

 

Dr. Antonio Miranda (172?-¿?)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Los pocos datos disponibles acerca de este precursor de la docencia médica en Cuba, dan cuenta de que debió nacer en La Habana por los años 1725 o 1726; que se hizo Bachiller en Artes el 16 de marzo de 1747 y en Medicina el 24 de mayo de 1750 y que fue titulado por el Real Tribunal del Protomedicato el 27 de marzo de 1753 y aceptado por el Cabildo el 5 de abril siguiente.
Por vacante de la cátedra de Anatomía, al renunciarla el doctor Agustín Sanabria (1717-1793), aspiró a ocuparla como único oponente; fue aprobado en los ejercicios de oposición por el jurado calificador y tomó posesión de ella en septiembre de 1753. Por su condición de catedrático, recibió la Licenciatura en Medicina ese mismo mes y la borla de Doctor el 14 de mayo del año siguiente.
Cumplido el primer sexenio en 1759, se volvió a presentar a oposición y obtuvo todos los sufragios, lo que le posibilitó continuar como regente de la cátedra hasta 1765. Fue tesorero de la Universidad en 1756 y 1757.
La escasa información encontrada sobre este médico y profesor cubano del siglo XVIII, ha impedido establecer si ejerció alguna influencia positiva como catedrático de Anatomía. La misma razón ha imposibilitado tener siquiera una idea aproximada acerca de su desempeño en el área asistencial y de la fecha y lugar de su fallecimiento.

BIBLIOGRAFÍA

Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Habana. Libro 28 de actas trasuntadas. p. 94-95v.
Cowley R. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. La Habana: Imprenta y Librería de A. Pego, 1876. p. 164-165, 318.
 

Dr. Juan José Álvarez Franco Rodríguez (1712-1765)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Entre los jóvenes cubanos que estudiaron la carrera de Medicina en los primeros tiempos de la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor San Jerónimo de La Habana y se convirtieron tras su graduación en miembros de su claustro de profesores, aparece Juan José Álvarez Franco y Rodríguez quien, en una época de oscurantismo y atraso, resentida por la escasa preparación y la notoria insuficiencia de la enseñanza, figuró entre los médicos más destacados por sus aspiraciones de progreso y de amor a la ciencia en general y al trabajo docente en particular.
Hijo de Domingo Manuel Álvarez Franco y de Tomasa Rodríguez Machado, nació en La Habana en fecha no precisada del año 1712. Luego de graduarse de Bachiller en Artes el 13 de julio de 1729, empezó de inmediato a estudiar Medicina en la aún naciente Universidad, donde terminó los dos primeros cursos. A fines de 1730 se trasladó a México con el fin de culminar sus estudios y allí logró hacerse Bachiller en Medicina el 27 de junio de 1733. Las prácticas la realizó con el catedrático de la asignatura de Vísperas doctor Nicolás Flores y, al dispensársele por el Virrey el tiempo que le faltaba para cumplir los dos años de trabajo práctico, fue admitido a examen por el Tribunal del Protomedicato de aquella ciudad, en el que resultó aprobado nemine discrepante el 29 de marzo de 1934. Después de examinado regreso a su país y presentó su título al Cabildo habanero, previo el reconocimiento de éste por el Protomédico Louis Fontaine Cullembourg (1689-1736). El 14 de enero de 1735 fue admitido legalmente al ejercicio de la profesión. Ese mismo año realizó los ejercicios de los grados mayores; el 9 de noviembre obtuvo la muceta de Licenciado en Medicina y, ocho días después, la borla de Doctor. Sus argumentales fueron los doctores Fontaine, Ambrosio Medrano Herrera (1674-1753), José Melquiades Aparicio y de la Cruz (1702-1781) y José Arango Barrios Siscara (1701-1771).
Mucho antes de haber terminado su carrera universitaria, Álvarez Franco había reparado en la insuficiencia de los estudios previos que se exigían para matricular Medicina. Cuando concentró su atención en la materia médica, notó la falta absoluta de algunas asignaturas indispensables. La ausencia del estudio de las plantas medicinales desde el punto de vista botánico, a pesar de que en los campos de Cuba, cubiertos de exuberante vegetación crecían frondosos árboles, le hizo concebir la idea de iniciar en la Universidad la enseñanza de la Botánica, cuyo conocimiento debía abrir el camino para el estudio de la importante flora cubana, tanto desde el ángulo de la ciencia pura, como en sus aplicaciones a la industria, las artes, la agricultura y la terapéutica.
En el claustro que había tenido lugar el 15 de octubre anterior solicitó se le permitiera dar explicaciones de Botánica. Lamentablemente el acuerdo tomado respecto a esa petición fue que “no se erigiese ni crease la cátedra”. Así la decisión del claustro, integrado en su mayor parte por frailes, desconoció la importancia de la Botánica que experimentaba entonces una evolución favorable en los centros científicos de Europa y, además, chocó con la iniciativa de un joven dotado de amplia inteligencia y de nobles propósitos de abrir nuevos horizontes a la ciencia. Por otro lado, esto demuestra el atraso en que se encontraba en aquel tiempo la Facultad de Medicina y la oposición que se le hacía a cualquier iniciativa con tendencia al progreso del conocimiento y al desarrollo de las ciencias naturales, una característica muy propia del papel que desempeñaba la Orden de los Padres Dominicos en la Universidad.
En 1740 Álvarez Franco fue nombrado Ordenador de Marina de La Habana. Establecido como tal en el barrio de San Isidro, se dedicó al tratamiento de los enfermos que venían de las escuadras que tocaban el puerto.
A la muerte del doctor Francisco Teneza Rubira (1666-1742), fundador del Real Tribunal del Protomedicato de La Habana y primer Protomédico Regente, el Capitán General pidió la plaza de Protomédico Segundo para Álvarez Franco, ya que el doctor Medrano ascendía al cargo de Primero. A ello se opuso el doctor Arango Barrios en razón de tener más años de graduado y haber servido inclusive a ese Tribunal, a lo que accedió el Rey. En junio de 1943, el Gobernador y el Ayuntamiento acordaron conceder a su favor el nombramiento de Protomédico Tercero, lo que fue aprobado por Real Cédula de 11 de diciembre de ese año. El 24 de junio de 1744 asumió el referido cargo.
El 28 de octubre de 1951 hizo oposición a la cátedra de Prima (Fisiología) y la obtuvo. En su condición de Doctor en Medicina optó también por la borla de Maestro en Artes, la cual recibió el 28 de octubre de 1755. Un año después fue elegido Maestro de Ceremonias de la Universidad.
Durante el primer sexenio de su regencia en la cátedra de Prima logró algunos cambios en ella novedosos para la época, demostrativos de su sólida instrucción y de su decidido amor a la ciencia y a la enseñanza. Terminado ese primer sexenio hizo de nuevo oposición a la cátedra y la obtuvo de nuevo. Esa vez tomó posesión de ella en enero de 1758.
Tras la muerte del doctor Medrano, había ascendido al cargo de Protomédico Segundo el 18 de mayo de 1753, plaza que ocupó hasta su muerte ocurrida el 9 de enero de 1765. Un año antes de su deceso se le había concedido la jubilación, pues a los achaques de la vejez unía un gran deterioro mental que le impedía continuar trabajando.
Fue casado con Gertrudis Sánchez de Castro y gozaba de una posición muy sólida y de gran influencia entre las autoridades de la colonia. Figuró entre los médicos prácticos de más prestigio de su época por el vigor de su juicio y la rectitud de su criterio refinado por el estudio y la observación. Dejó pues en su paso por la vida el bello ejemplo de sus virtudes y talento.

BIBLIOGRAFÍA

Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Habana. Libro 25 de actas trasuntadas. p. 114v, 116v-119v, 350v.
----. Libro 26 de actas trasuntadas. p. 522v.
----. Libro 27 de actas trasuntadas. p. 139-142v.
----. Libro 28 de actas trasuntadas. p. 119-120.
Archivo de la Parroquia del Santo Cristo Libro 5 de defunciones, folio 118, número 471.
Cowley R. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. La Habana: Imprenta y Librería de A. Pego, 1876. p. 136, 163, 247-249. López Sánchez J. La Medicina en La Habana (1731-1800). Cuad Hist Salud Pub 1970;(48):21-25, 40, 73, 81-85, 161-163.
----. Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 282.
 

 

Dr. Agustín Palomino Sanabria (1717-1793)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Durante casi 80 años la cátedra de Anatomía de la Real y Pontificia Universidad de La Habana funcionó con un carácter netamente teórico, pues los alumnos que asistieron a ella durante ese tiempo no recibieron una sola demostración práctica; ni siquiera la que podría haberles proporcionado los modelos de órganos hechos de cera de que se disponía entonces. Esta situación era incluso desventajosa para los mismos catedráticos que la desempeñaron, según acredita la renuncia que hizo a la cátedra el doctor Julián Recio de Oquendo mucho antes de cumplir el tiempo establecido de su regencia. Entre los catedráticos que en los primeros tiempos hicieron algún esfuerzo para mejorar las condiciones de la enseñanza de esa asignatura, aun sin medios eficaces para lograrlo, procede mencionar al doctor Agustín Palomino Sanabria, quien asumió su regencia en 1746, tras la renuncia del doctor Recio de Oquendo.
Sanabria nació en La Habana el 18 de agosto de 1717. Estudió en el Convento de San Juan de Letrán, donde obtuvo el título de Bachiller en Artes el 18 de agosto de 1735. Siguió los cursos de Medicina en la Universidad y se graduó de Bachiller en esa Facultad el 17 de marzo de 1739. Luego de cumplir los dos años reglamentarios de práctica, fue admitido a examen y aprobado por el Real Tribunal del Protomedicato de La Habana, que le expidió su título el 23 de marzo de 1741, firmado por el protomédico Francisco Teneza y Rubira, el cual presentó ante el Cabildo el 14 de abril siguiente. El 17 de julio de 1743 logró el grado de Licenciado en Medicina, en cuyos ejercicios presentó una tesis sobre los purgantes, y el 28 del mismo mes recibió la borla de Doctor.
Como antes se apuntó, por renuncia que hiciera a la cátedra de Anatomía el doctor Recio de Oquendo, quien la había obtenido por oposición a la muerte del también doctor Esteban de los Ángeles Vázquez, hizo oposición a ella el ya doctor Agustín Sanabria y la obtuvo en 1746.
La enseñanza que impartió en su cátedra, significó un verdadero progreso de la asignatura para la época, toda vez que sus explicaciones se basaban en el Tratado de Anatomía de J. B. Winslow, quien era entonces un verdadero astro en la materia. Si bien la obra de este autor era notable por su claridad y orden, lo era mucho más porque en cada una de sus partes se manifestaba con mayor fuerza el estudio de la naturaleza que la consulta a los autores que le habían precedido. Como prueba de su indiscutible mérito vale apuntar que su Exposition anatomique de la structure du corps humaine fue objeto de numerosas reproducciones y traducciones al inglés, alemán e italiano pues, además de sistematizar los conocimientos de su tiempo, descartó por primera vez detalles fisiológicos y explicaciones especulativas en relación con la función de los órganos. De ahí el papel tan importante que desempeñara el doctor Sanabria al impartir la enseñanza de la Anatomía, encerrada hasta entonces en el estrecho límite de la teoría, con la aplicación de los postulados de Winslow. Ello implicó a todas luces un hito en el conocimiento de la anatomía del cuerpo humano en Cuba. Después de cumplir en 1751su primer sexenio en la regencia de la cátedra, hizo de nuevo oposición a ella y la volvió a obtener por un nuevo período. Dos años después renunció a su regencia, sin que consten los motivos.
El propósito de dar a conocer los médicos precursores de la docencia médica en Cuba, ha sido la motivación para sacar a relucir los pocos datos biográficos disponibles del doctor Sanabria legados por los anales del siglo XVIII. Por ellos se puede poner al descubierto que éste se distinguió por su cultura y amor a las ciencias; que desde muy joven ocupó un lugar preferente en el claustro universitario; que fue Maestro de Ceremonias en la Universidad en 1745 y Comisario de año en 1746, médico del Hospital San Juan de Dios y Promotor Fiscal del Protomedicato. En 1741 se casó con Clara Antonia Burgielos de quien enviudó y, en 1747, contrajo segundas nupcias con María Morales de Calvo. Falleció en La Habana, a los 76 años de edad, el 8 de diciembre de 1793.

BIBLIOGRAFÍA

Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Habana. Libro 26 de actas trasuntadas. p. 277v-278, 281-282v.
----. Libro 28 de actas trasuntadas. p. 26-28.
Archivo de la Catedral de La Habana. Libro 9 de bautismos, folio 432, número 78.
----. Libro 5 de defunciones, folio 133, número 310.

Cowley R. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. La Habana: Imprenta y Librería de A. Pego, 1876. p. 163-164.
López Sánchez J. La Medicina en La Habana (1731-1800). Cuad Hist Salud Pub 1970;(48):53-55, 111-.114.
----. Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 286.
 

 

Dr. Julián Recio de Oquendo y de la Coba (1718-1794)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Hijo del matrimonio constituido por Matías Recio de Oquendo y Josefa de la Coba, nació en Santiago de Cuba en 1718. Se graduó de Bachiller en Artes el 29 de marzo de 1731 y en Medicina el 24 de abril de 1737. En las Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Habana consta que presentó su título el 30 de abril de 1739, firmado por el Protomédico Francisco Teneza el 25 de ese mes y año.
En 1742 hizo oposición a la cátedra de Anatomía, vacante por el fallecimiento del doctor Esteban de los Ángeles Vázquez, de la cual tomó posesión en noviembre del propio año. A título de catedrático recibió el grado de Licenciado en Medicina el 28 de septiembre y el de Doctor el 5 de octubre del mismo 1742. Según Cowley, por los buenos antecedentes que él mismo sabía tener, comprendió que no debía enseñar Anatomía teórica, por lo que renunció a la cátedra en 1746. En 1748 fue elegido Tesorero de la Universidad y en 1756 Fiscal del Protomedicato. Asimismo fue complacida su solicitud de que se le dispensase la gracia de Protomédico Honorario con opción y derecho a ocupar la primera vacante que se produjera en el Tribunal, lo que le fue concedido por Real Despacho.
El 3 de julio de 1757 fue confirmado en su cargo de Fiscal, que desempeñaba desde que fue nombrado por el doctor Ambrosio Medrano. El 18 de febrero de 1758 tomó posesión ante el Protomedicato, constituido entonces por los doctores José Arango Barrios, Juan J. Álvarez Franco y José M. Aparicio.
En 1764 solicitó y obtuvo la plaza de Protomédico Tercero, cuando se produjo el ascenso a Segundo del doctor Aparicio, motivado por incapacidad física del doctor Álvarez Franco. A la muerte del doctor Arango Barrios, pasó a ocupar el cargo de Protomédico Segundo el 4 de octubre de 1771, por decreto dictado por el Capitán General Interino Pascual Ximénez de Cisneros. El 16 de mayo de 1781, por fallecimiento del doctor Aparicio, ocupó la plaza de Protomédico Regente. Para completar el Tribunal y dar cumplimiento a lo dispuesto por la Real Cédula que designó a Recio de Oquendo Protomédico Primero, el Gobernador de la Isla Diego José Navarro designó con carácter interino a los doctores Matías Cantos y Juan Bautista Bobadilla Protomédicos Segundo y Tercero, respectivamente.
El 2 de noviembre de ese año, el Gobernador que sucedió a Navarro, Juan Manuel Cajigal reiteró a Recio de Oquendo que le diera posesión a los otros miembros del Protomedicato designados. Éste se negó, pues entendía que ellos debían prestar juramento ante él y que el Gobernador debía haber hecho los nombramientos interinos previa su recomendación. Por otra parte, Joaquín Muñoz Delgado había recurrido al Gobernador porque el doctor Recio de Oquendo le había retirado la licencia y la aprobación concedidas por el doctor Aparicio para que ejerciera su profesión de médico. Estos incidentes motivaron un ruidoso proceso por su negativa a cumplir ambas disposiciones y el Gobernador lo hizo conducir preso al Castillo de San Carlos de la Cabaña. A los siete días de su encarcelamiento, el Gobernador envió un emisario para comunicarle que lo liberaba y consideraba compurgada su rebeldía, si le daba posesión a los Protomédicos. En el escrito que elevó al Gobernador para tratar de dar una solución al conflicto surgido, propuso se nombrara un Protomédico sin la calidad de conjuez, para suplir las ausencias e impedimentos suyos y sometía su aprobación al Rey, a quien a la vez suplicaba se le diera la libertad. El Gobernador interpretó esa actitud como una desobediencia.
En relación con estos hechos, al Protomédico le asistía la razón en la actitud que asumió en defensa de los fueros del Tribunal, pues si bien el Gobernador tenía la facultad de hacer nombramientos interinos, era costumbre hacerlos de acuerdo con el Protomédico Regente. Además, la designación de Bobadilla era improcedente, porque no era Doctor y había sido reprobado por la Universidad en unas oposiciones a la cátedra de Vísperas. En lo relativo a la invalidación de la autorización de Muñoz tenía también razón, pues no reunía los méritos para ejercer la profesión de médico alguien a quien se había sancionado por haber apaleado a un boticario porque, según él, había despachado mal cierta receta suya.
Luego de varios meses de litigio, el Rey dictó la Real Cédula del 16 de octubre de 1782, en la que ordenó se le diera la libertad a Recio de Oquendo, a lo que dio cumplimiento el 20 de mayo de 1783 Luis de Unzaga, el Gobernador sucesor de Cajigal. En ese documento el Rey dijo además que el Gobernador Diego José Navarro había procedido de forma correcta al hacer los nombramientos de los Protomédicos; aunque no se refirió a la reclamación de Muñoz. Culpó a Cajigal de haberse excedido al citar al Protomédico en audiencia pública y haberlo mandado a prisión a un castillo con custodia de dos soldados, cuando en esos casos, dada la jerarquía y la posición del detenido, lo que debía haberse hecho era arrestarlo en su casa o en otro sitio decente.
Cuando estaba en prisión, el 24 de mayo de 1782, el Cabildo le pidió a Recio de Oquendo su opinión acerca de los méritos que aducían los doctores Nicolás del Valle y Gregorio del Rey para solicitar la plaza de Protomédico Tercero. Él se pronunció a favor del doctor del Valle, en franca oposición al dictamen del Protomédico Matías Cantos, quien favorecía al doctor José Caro.
En 1791 se presentó al Cabildo una memoria, en nombre de los Protomédicos doctores Recio de Oquendo, Cantos y del Valle, favorable al consumo de casabe, en la que se hace mención por primera vez a la obra de Buffon y a la Enciclopedia de Diderot, lo cual revela que tenían información acerca de estas obras y evidencia su erudición y buen nivel desde el punto de vista científico.
El doctor Recio de Oquendo, quien en 1784 fue Decano de la Facultad de Medicina en la Universidad, falleció en La Habana el 19 de julio de 1794.

BIBLIOGRAFÍA

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----. Real Cédula nombrando Protomédico Honorario al Dr. Julián Recio de Oquendo. Libro 31 de Actas trasuntadas, 1758 (febrero 16). p. 14-19.
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Dr. José Melquiades Aparicio de la Cruz (1702-1781)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Primer estudiante cubano que obtuvo el título de Bachiller en Medicina en la Universidad de La Habana, de la que más tarde fue también su primer catedrático de Methodus Medendi (Terapéutica), y uno de los médicos que mejor reputación logró en su época en el ejercicio de su profesión, José Melquiades Aparicio de la Cruz, nació en La Habana en 1702. Hijo de Miguel Aparicio, natural de Valencia, España, y de Beatriz de la Cruz, de La Habana, ingresó en 1718 en el Convento de San Juan de Letrán para estudiar la carrera eclesiástica, donde fue en principio alumno de Artes y años más tarde, en 1722, matriculó Teología.
Cuando en enero de 1726 el bachiller Francisco González del Álamo comenzó a impartir sus cursos de Medicina, se decidió a abandonar la carrera sacerdotal y se inscribió en ellos. Graduado de Bachiller en Artes el 22 de junio de 1728, su nombre es el segundo en el libro de asientos de grados menores universitarios. Asimismo consta en ese mismo libro que su título de Bachiller en Medicina, que recibió el 30 de julio de 1729, fue el primero conferido por esa Facultad. Su disertación para ese objeto se tituló Facultatibus medicamentorum. El 3 de noviembre de 1730 fue admitido por el Cabildo al ejercicio de la medicina.
En reunión del claustro, celebrada el 16 de junio de ese año, se había acordado entregarle el título de catedrático interino de Methodus Medendi, que regenteó en esa condición hasta el 30 de julio de 1735, en que tomó posesión de la cátedra en calidad de propietario, luego de haber hecho oposición y habérsele adjudicado ésta por unanimidad. Por su condición de catedrático, se le proporcionó el grado de Licenciado en Medicina el 2 de septiembre de ese año y el día siguiente el de Doctor. Cuando en 1741 terminó su sexenio, hizo una nueva oposición a la misma cátedra y otra vez la obtuvo por unanimidad. En 1748 fue declarado catedrático vitalicio. Se le hizo ese reconocimiento, a pesar de la resistencia opuesta en tal sentido por el claustro, que no lo estimaba digno de ese honor, no por falta de méritos para ello, sino porque, a su entender, él no era fundador de la cátedra, la cual había obtenido en principio por oposición.
En 1751 ocupó la plaza de tercer Protomédico por ascenso de José Arango Barrios y Juan José Álvarez Franco. En ella fue ratificado por real Orden en 1753 y, aunque sin la facultad de ser conjuez, recibió su título el 14 de junio de 1755 con la prerrogativa de suplir en sus funciones a otros Protomédicos. Fue admitido como tal por el Ayuntamiento el 11 de marzo de 1756. En 1765 fue nombrado segundo Protomédico por fallecimiento de Álvarez Franco y, en 1771 ascendió al cargo de primero. Por otra parte, continuó regentando su cátedra de Terapéutica hasta 1775, año en el que renunció a ella para poder darle mejor atención a sus cada vez más numerosas obligaciones como Protomédico.
El doctor Aparicio fue médico del convento hospital para convalecientes Nuestra Señora de Belén. Cuando en 1757 el Prefecto de esa institución solicitó se le autorizara ampliarla, él elevó un dictamen a su favor donde argumentó los beneficios que podía traer consigo la medida para los enfermos, por cuanto su aplicación les daría la posibilidad de recibir el aire puro.
Quizás el acto más importante que enfrentó como Protomédico fue la solicitud hecha por el Cabildo de que se llevara a cabo una revisión de la tarifa de precios de los medicamentos, vigente desde 1723. Tanto esta petición, como la de regular los honorarios de los cirujanos, recibió de su parte una respuesta negativa. No obstante los argumentos que esgrimió en su extenso informe, no tenía justificación alguna para negarse a realizar esa revisión. Si bien, de acuerdo con su razonamiento, la tarifa contaba con el apoyo de los médicos y boticarios, ésta no redundaba en el beneficio público, pues era muy evidente el abuso que unos y otros cometían con los pacientes, por los altos precios que les cobraban por las medicinas.
Con independencia de esa circunstancia un tanto incierta en cuanto a su quehacer como Protomédico, hay que reconocer en primer lugar que Aparicio combinó su clara inteligencia con una sólida instrucción y un gran amor al estudio, que puso a la disposición del logro de nobles aspiraciones. En tal sentido se distinguió por su preferente dedicación a la enseñanza una buena parte de su vida y, gracias a ello, la cátedra de Terapéutica por él estrenada fue ganando cada vez mayor prestigio. A ésta trasladó siempre la experiencia que adquirió en el ejercicio privado de su profesión, donde fue merecedor de envidiable reputación, como en los servicios que prestaba en el convento hospital Nuestra Señora de Belén primero y en la dirección de una de las salas del Hospital Militar después.
Había contraído matrimonio el 27 de abril de 1733 con Ana Teresa de Ayala Escobar y su muerte se produjo en La Habana el 18 de abril de 1781. Su vida larga y laboriosa y su amor a la enseñanza, deben agregarse a su condición de primer catedrático de Methodus Medendi a la hora de justificar por qué su nombre debe aparecer entre los primeros en la relación de precursores de la docencia médica en Cuba.

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