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Dr. José Arango Barrios Siscara (1701-1771)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

 

Fundador de la cátedra de Vísperas (Patología) en la Facultad de Medicina de la Real y Pontificia Universidad habanera, donde adoptó posiciones progresistas que contribuyeron al perfeccionamiento de la enseñanza médica en su época. José Arango Barrios Siscara nació en La Habana el 28 de octubre de 1701 de la pareja formada por el teniente Mateo Arango Barrios y Luisa Siscara. En 1714 ingresó en el convento de San Juan de Letrán con el fin de estudiar la carrera eclesiástica e ingresar en la orden religiosa de los Dominicos. Allí cursó Artes bajo la dirección del maestro fray Tomás de Linares y Teología con el eminente fray Francisco Martínez. Al abrirse el 12 de enero de 1726 en el propio convento las lecturas de Medicina por Francisco González del Álamo, se desvió de los estudios religiosos que había emprendido y se inscribió en ellas. Según consta en los libros de grados menores y de actos académicos del expresado convento, obtuvo el grado de Bachiller en Artes el 28 de enero de 1728 y, el 5 de agosto de 1729, sostuvo las conclusiones de Medicina, para graduarse de Bachiller en esa Facultad el 26 del mismo mes. Después de cumplir el período de prácticas establecido, fue examinado y aprobado por el Protomédico Francisco Tenesa Rubira, quien le expidió el correspondiente título el 3 de noviembre de 1730.
El 12 del propio mes y año solicitó, luego de haberse presentado a oposición, se le dejara leer la cátedra de Vísperas en calidad de interino hasta que fuera provista. Su solicitud fue aceptada con independencia de que, como resultado de la oposición, el 25 de noviembre se le otorgó la cátedra en propiedad. Por su condición de catedrático, se le concedió el grado de Licenciado en Medicina el 2 de diciembre de 1730 y la borla de Doctor el 3 de enero de 1731. En ambos actos fue eximido del reparto de propinas, según era costumbre en aquella época, por haber alcanzado ambos grados como titular de una cátedra, en cuyo desempeño demostró los excelentes dotes de inteligencia, laboriosidad, constancia y firme voluntad que había manifestado desde sus años de estudiante. Tanto en los exámenes conventuales como en los universitarios, había aprobado siempre con la calificación de nemine discrepante. Al terminar el primer sexenio en la regencia de su cátedra, se opuso otra vez y la obtuvo por unanimidad en 1736 y, cuando en 1742 cumplió el segundo período en el cargo, hizo nueva oposición y la consiguió por esta vía por tercera y última vez, en virtud de que Su Majestad lo declaró catedrático vitalicio. En lo adelante, continuó en el desempeño ininterrumpido de la cátedra hasta su fallecimiento en 1771.
El doctor Arango Barrios demostró también su clara inteligencia y su entrega profesional en varias mociones que presentó en algunas reuniones del claustro general, encaminadas a elevar el rango de la Facultad de Medicina y a mejorar la enseñanza de la disciplina. Como a su entender, en ciertos artículos de la Constitución universitaria se ubicaba a esa Facultad en menor categoría, consagró a su paridad algunas reflexiones. Por ejemplo, en el claustro celebrado el 11 de septiembre de 1731, exigió la participación de un médico en la redacción de los Estatutos de la Universidad, así como que todo expediente de solicitud de grados en Medicina fuera examinado en primera instancia por el Decano de la Facultad. Cuatro años después, en el claustro que tuvo lugar 18 de octubre de 1735, defendió el criterio de que la mayor autoridad en cuestiones propias de cada Facultad debía corresponder a sus doctores respectivos y no a los de Teología, como venía ocurriendo hasta entonces. Esta posición, de indudable carácter progresista, contribuyó al cese de los privilegios a favor de los religiosos y a que todas las preferencias en los actos de Medicina fueran potestad de sus doctores. Ese mismo año fue nombrado Comisario del claustro.
El 24 de septiembre de 1738 pidió al rey la creación del cargo de tercer Protomédico, sin sueldo, y que éste se le concediera en virtud de la imposibilidad de Teneza de cumplir todas sus obligaciones, a causa de sus achaques y su avanzada edad, y de que el otro Protomédico Ambrosio Medrano contaba ya más de 60 años. El título le fue conferido con fecha 18 de julio de 1741, pero lo recibió, como era usual en esa época, mucho tiempo después. Cuando lo presentó ante el Cabildo el 25 de enero de 1743, hacía casi diez meses que Teneza había fallecido y Medrano había pasado a ejercer por ascenso la función de primer Protomédico, por lo que a él se le nombró segundo Protomédico. A la muerte de Medrano, ocupó la plaza de primero dejada por éste, en la que fue ratificado por Real Cédula del 15 de septiembre de 1753.
Su amor al estudio y su ambicioso afán de adquirir conocimientos quedaron demostrados de nuevo, cuando en 1755 se presentó a las pruebas y ejercicios de la Licenciatura en Artes. El 15 de octubre de ese año recibió la borla del magisterio en esa Facultad.
Además de su labor docente, ejerció como médico asistencial en el Hospital San Juan de Dios e hizo visitas voluntarias al Hospital San Lázaro, sin percibir sueldo alguno por ello.
En el período de la guerra entre España e Inglaterra, una de cuyas acciones fue la toma de La Habana por los ingleses en 1762, Arango Barrios fue médico del Estado Mayor de la Guarnición Militar y, en unión de los cirujanos Edward Hamlin y Antonio Conexa, atendió a los heridos en aquella campaña. En ese tiempo se había producido una epidemia de fiebre amarilla de tal intensidad que causó gran preocupación a los invasores, quienes más de una vez consideraron los peligros que entrañaba desembarcar en tierra firme. La epidemia había comenzado en 1761 y no daba signos de atemperarse, en virtud de la cantidad de personas no inmunes que se movilizaban. Ante esa situación, el Cabildo convocó al Protomedicato a fin de conocer su opinión acerca del mal. Sus integrantes declararon que se trataba de una “enfermedad contagiosa que se transmitía por los hálitos de los cuerpos y de la respiración de los enfermos y por el contacto de las ropas”. Aunque éste era el criterio prevaleciente en aquella época con respecto a la fiebre amarilla, justo es reconocer la significación histórica de que los médicos habaneros, interesados en comprender su naturaleza, iniciaran estudios necrópsicos a los fallecidos, los cuales denominaban “disecciones anatómicas”. Al doctor Arango Barrios se le acredita haber sido uno de los propulsores de las autopsias, a pesar de que no se ha encontrado registro alguno de sus hallazgos.
Este médico cubano miembro de una familia de religiosos de alta jerarquía, que fue socio de la real Sociedad de Medicina de Sevilla y que no faltó ni a uno de los claustros plenos y de Decanos convocados durante su época, se había casado con Petronila de Prado Marocho el 1ro. de octubre de 1732. Tras una vida laboriosa y fecunda, durante la cual derramó bien a manos llenas para beneficio de sus semejantes, falleció en La Habana el 16 de septiembre de 1771. Había testado ante Francisco García Brito el 11 de noviembre de 1749.
Fue sepultado en el propio convento de San Juan de Letrán, lugar donde se formó como médico, contribuyó durante 40 años a la formación de varias generaciones de estudiantes de Medicina desde la cátedra de Patología, de la que fuera fundador, y donde dejó muy gratos recuerdos y muy buenos ejemplos que imitar.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo de la Catedral de La Habana. Libro 7 de bautismos, folio 212, número 160.
----. Libro 5 de matrimonios, folio 69, número 32.
----. Libro 9 de defunciones, folio 152, número 44.
Archivo Central de la Universidad de La Habana. Libro 1ro. de doctores. Folio 6.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego. 1876. p. 82, 85, 206-208.
Delgado García G. Historia de la enseñanza superior de la Medicina en Cuba. 1726-1900. Cuad Hist Salud Pub 1990;(75):19, 36.
López Sánchez J. La Medicina en La Habana (1550-1730). Cuad Hist Salud Pub 1970;(47):308-309, 312.
----. La Medicina en La Habana (1731-1800). Cuad Hist Salud Pub 1970;(48):33, 64-67, 161-165, 182-183, 195-200, 206-212.
----. Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 278-280.
López Serrano E. Efemérides médicas cubanas. Cuad Hist Salud Pub 1985;(69):22, 78, 84, 98, 144, 200.
 

Dr. Esteban de los Ángeles Vázquez Rodríguez (1692-1742)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Uno de los primeros alumnos de la carrera médica en la incipiente Universidad Pontificia fue Esteban de los Ángeles Vázquez Rodríguez. Hijo de Juan Antonio Vázquez y de Juana Gerónima Rodríguez, nació en La Habana el 2 de agosto de 1692. Ingresó como novicio en el convento de San Juan de Letrán para estudiar Artes y, aunque en 1726 poseía ya órdenes menores para cursar la carrera eclesiástica, decidió abandonar el aula conventual para, con el mismo entusiasmo que sus compañeros Arango Barrios y Aparicio, sentarse en la banca universitaria que entonces germinaba en el mismo convento. Tras pasar satisfactoriamente con sus condiscípulos las clases de Medicina impartidas por González del Álamo, se graduó de Bachiller el 23 de julio de 1729, previa lectura de su lección reglamentaria el 13 de abril anterior. Aprobado por el Protomédico Francisco Teneza, recibió su título el 30 de octubre de 1730, el cual luego presentó al Cabildo que lo aceptó al ejercicio de la profesión el 10 de noviembre.
A la muerte del doctor Louis Fontaine Cullembourg en agosto de 1736, quedó vacante la cátedra de Anatomía, por lo que se convocó a oposición. Vázquez se presentó como único opositor y la obtuvo por unanimidad, al estimarse que reunía los conocimientos requeridos para su lectura. Con ello logró la aptitud para aspirar a los grados mayores de Licenciado y Doctor en Medicina. El primero le fue otorgado el 28 de noviembre de 1736 y el segundo lo recibió el 31 de enero de 1737.
En relación con su desempeño como catedrático, se puede argumentar a su favor que su regencia en la cátedra de Anatomía prometía aportar grandes beneficios a la enseñanza de esa asignatura, -en virtud de lo incompleto que era su estudio en aquella época, limitado a la simple descripción sin comprobación ni demostración en cadáveres- pues en realidad era él el único que disponía de la preparación necesaria para poder contrarrestar esa deficiencia.
Sin embargo, todo quedó en las buenas intenciones, pues no pudo siquiera completar su sexenio como catedrático al sorprenderlo la muerte el 2 febrero de 1742. Había testado ante Dionisio Pancorbo el 8 de diciembre del año anterior.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo de la Catedral de La Habana. Libro 6 de bautismos, folio 366v, número 70.
----. Libro 6 de defunciones, folio 106, número 11.
Archivo Central de la Universidad de La Habana. Libro 1ro. de doctores. Folio 16.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego, 1876. p. 161-163, 337.
Delgado García G. Historia de la enseñanza superior de la Medicina en Cuba 1726-1900. Cuad Hist Salud Pub 1990;(75):28, 32.
López Sánchez J. La Medicina en La Habana (1550-1730). Cuad Hist Salud Pub 1970;(47):316-318.
----. Biografías de médicos y cirujanos. En: Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 280. López Serrano E. Efemérides médicas cubanas. Cuad Hist Salud Pub 1985;(69):187.
 

Dr. Louis Fontaine Cullembourg (1689-1736)

Lic. José Antonio López Espinosa Y Dr. José López Sánchez
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

A este francés descendiente de una familia de médicos y boticarios, corresponde el mérito de, además de figurar ante la historia como el primer graduado de Doctor en Medicina en la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo de La Habana y como uno de los integrantes de su primer claustro, haber sido el primer Decano de su Facultad de Medicina.
Hijo del Doctor en Medicina y Regente de la Facultad de Medicina de la Universidad de París Philippe Fontaine y de Marie Madelaine Cullenbourg, vino al mundo en Clermont et Beauvaisis el 18 de abril de 1689. Comenzó los estudios de Medicina en la Universidad de Montpellier el 30 de septiembre de 1711. Allí obtuvo el título de Bachiller el 26 de enero de 1713 y el 20 de abril del mismo año, tras haber sido electo consejero, solicitó al Decano le permitiera dar lecciones “sobre las diferencias de todas las enfermedades”. La solicitud le fue aceptada y, al terminar el curso, se le expidió una certificación, fechada 20 de mayo y firmada por los más de 40 doctores, licenciados, bachilleres, consejeros y estudiantes que participaron en él.
El 10 de junio siguiente se graduó de Maestro en Artes y Filosofía; dos días después de Licenciado en Medicina y el 12 de julio obtuvo el grado de Doctor. El 6 de octubre de 1714 fue designado Protomédico en la posesión colonial francesa de la isla de Guarico, de donde se trasladó el 15 de enero de 1717 a la Isla Tortuga. Desde allí solicitó al Rey de España le posibilitara pasar a sus dominios pues, según él, padecía de indisposiciones ocasionadas por el clima.
El 19 de febrero de 1717 se presentó ante el Protomedicato habanero, a fin de adquirir la licencia para ejercer en la villa. En virtud de que regía una Ley, en la cual se establecía que los graduados fuera de los dominios españoles no podían curar en ellos sin aprobación del Rey, el Cabildo, con el interés de retenerle para contrarrestar la falta de médicos existentes en La Habana, suplicó a Su Majestad despachara una cédula que lo admitiera como tal.
El Real Decreto fue expedido a su favor el 15 de enero de 1718, pero él había viajado a México con el objetivo de revalidarse en aquel Real Protomedicato “para mayor esplendor de sus grados”. Su solicitud del 15 de mayo de ese año de que se le admitiera acudir a examen fue aceptada, luego de un largo y laborioso dictamen del Fiscal, quien se apoyó para su admisión en la dispensa que le concedió de la ley prohibitiva de poder avecindarse a los extranjeros. En el examen que aprobó el 24 del mismo mes, expuso el capítulo IV del libro IX del método de Galeno.
El 20 de diciembre de ese año de 1718 viajó a París. En el camino se detuvo en Veracruz, donde nació su hijo Luis Felipe Graciliano, quien luego falleciera en La Habana durante su segunda estadía en esta villa. Luego de permanecer en Francia por algún tiempo, se trasladó a España. El 13 de diciembre de 1722 se le nombró médico del Real Hospital de la Coruña, donde se mantuvo hasta 1727 en que regresó a La Habana.
Se supone que la motivación para emprender ese segundo viaje a la isla de Cuba se debió a que conocía de la autorización concedida para erigir una Universidad, donde podía aspirar por sus títulos a ser profesor. El 19 de diciembre de 1727 presentó su documentación legal al Cabildo y el 15 de enero de 1728 se acordó otorgarle título de Catedrático en Anatomía, aun cuando tres doctores opinaban que debía obtenerlo mediante oposición. Es obvio que entonces no era posible cumplir esa exigencia, pues existían muy pocos médicos capaces de integrar un tribunal para juzgar sus conocimientos.
El hecho de haberse prestado a desempeñar la cátedra gratuitamente, demuestra que no fue el lucro el móvil que lo impulsó a ponerse al frente de ella. En ese tiempo gozaba de un gran prestigio y se le consideraba uno de los mejores médicos en La Habana. En cuanto a su actividad docente se dispone de poca información. No obstante, se puede decir que en los 10 años que ocupó la cátedra de Anatomía no demostró haber promovido avances serios en esa materia. Siempre aceptó que mantuviera su carácter teórico y que no se practicaran disecciones en cadáveres, proceder que lo mantuvo siempre sometido a las prescripciones impuestas por los dominicos y que invalida su propia crítica acerca de que ni los médicos ni los cirujanos conocían la estructura del cuerpo humano.
Al producirse el 2 de marzo de 1728 el fallecimiento del bachiller Francisco González del Álamo, el Protomédico Regente, doctor Francisco Teneza Rubira, lo designó para ocupar la plaza que éste dejara vacante de Fiscal del Protomedicato, hecho que se produjo el 11 de marzo siguiente. Meses después, exactamente el 6 de septiembre, la Universidad le confirió todos los grados de la Facultad de Medicina y lo nombró su Decano. Con ello se convirtió en el primer graduado de Doctor en esa institución y también en el primero que ocupó un cargo de tanta relevancia en ella.
A raíz de este nombramiento, solicitó se creara para él la plaza de Protomédico Segundo. En el texto donde justificó su petición, planteó como argumentos que él no deseaba pasar lo mejor de su edad ejerciendo en una ciudad como La Habana, con una población constituida por tropas y pobres, razón que explicaba por qué eran tan pocos los médicos que venían a residir y a ejercer en ella. Por ello quería proveerse de un destino que le posibilitara “algún sitiado” en el futuro. Otra de las causas que adujo fue que el Protomédico Teneza estaba ya en edad muy avanzada, corto de vista y achacoso, lo que le impedía continuar asistiendo a todos los enfermos del Hospital San Lázaro y del Convento de San Juan de Dios y demás pobres, labor que podía él hacer en lo adelante. Asimismo enfatizó en su solicitud que se le reconociera al Segundo Protomédico el derecho de ocupar la plaza de Primero por ausencia o muerte del titular, sin necesidad de título ni despacho, con iguales cargos y comisiones, goce de privilegios, sueldos y emolumentos.
Su reputación quedó demostrada con el gran número de recomendaciones que apoyaron su solicitud, entre ellas la del propio doctor Teneza, el Gobernador, el Rector y el claustro de la Universidad, además de las de todos los Priores o Presidentes de conventos y órdenes religiosas. Por Real Decreto fechado en el Puerto de Santa María el 3 de julio de 1729, se le hizo merced del cargo de Protomédico Segundo, que aceptó el Cabildo el 16 de diciembre siguiente.
Con anterioridad había fungido como Primer Protomédico durante dos años que el doctor Teneza estuvo asilado en la Parroquial Mayor, para eludir el cumplimiento de una sanción que le impusiera el Gobernador por un delito de desobediencia a la autoridad, al no aceptar la Resolución por éste dictada en un pleito seguido por el boticario Lázaro del Rey contra él como Protomédico.
El primer graduado de Doctor en Medicina en la Real y Pontificia Universidad, a la vez que el primer catedrático de Anatomía y primer Decano de su Facultad de Medicina, estaba casado con María Josefa Garavito cuando falleció el 29 de agosto de 1736. Su entierro se realizó en la Parroquial Mayor de la villa de La Habana.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo de la Catedral de La Habana. Libro 6 de defunciones, folio 45, número 92.
Archivo Central de la Universidad de La Habana. Libro 1ro. de Doctores. Folio 2.
Calcagno F. Diccionario Biográfico Cubano. New York: Imprenta y Librería de Ponce de León, 1878. p. 281.
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Delgado García G. Historia de la enseñanza superior de la Medicina en Cuba 1726-1900. Cuad Hist Salud Pub 1990;(75):27-29.
López Sánchez J. La Medicina en La Habana (1550-1730). Cuad Hist Salud Pub 1970;(47):181, 183-184, 247-254, 262, 276-277, 282-285, 308, 315.
----. La Medicina en La Habana (1731-1800). Cuad Hist Salud Pub 1970;(48):11-15.
López Serrano E. Efemérides médicas cubanas. Cuad Hist Salud Pub 1985;(69):17, 145, 150, 211.

Br. Francisco González del Álamo y Martínez de Figueroa (1675-1728)

Dr. José López Sánchez y Lic José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Para todo el que emprende el intrincado camino de la investigación constituye, además de un justificado motivo de satisfacción, un acto de justicia poder llegar a un resultado con el cual se logre arrancar del olvido los nombres de personalidades que con su consagración y esfuerzo han contribuido de manera relevante al desarrollo de una rama del conocimiento; mucho más si se trata de individuos, cuyos aportes en tal sentido han trascendido a través del tiempo y los hace merecedores de ocupar un lugar prominente para la posteridad.
Con este trabajo se trata de impedir que se desconozca el paso por la vida del bachiller en Medicina Francisco González del Álamo y Martínez de Figueroa, un cubano cuya obra fue una primicia en el proceso que posibilitó convertir a la Medicina en la isla de Cuba de un simple arte de curar en una ciencia, pues fue el iniciador de la enseñanza de esa disciplina al nivel superior dos años antes de la inauguración de la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor San Jerónimo de La Habana.
Este prócer de la docencia médica nació en La Habana el 3 de febrero de 1675, fruto de la unión del Capitán Lázaro González del Álamo y María Josefa Martínez de Figueroa. Hizo los estudios en la Universidad de México, donde se graduó de Bachiller en Medicina el 28 de abril de 1699. Tras ser examinado y aprobado por el Real Tribunal del Protomedicato de la capital azteca el 24 de mayo de 1700, regresó a La Habana cuyo Cabildo lo autorizó el 4 de noviembre del mismo año a ejercer su profesión, previa comprobación de su título por los doctores Francisco Moreno de Alba y Francisco Teneza Rubira.
El 3 de junio de 1711 informó al Ayuntamiento haber impreso un tratado en relación con una consulta que hizo en 1706 “sobre si la carne de puerco cebada sea dañosa y causa de la epidemia y varias enfermedades que ha padecido esta ciudad”. Respecto al título y al lugar y fecha de impresión del documento, se ha establecido una polémica entre los bibliógrafos y, aunque éste aún no ha aparecido, en las Actas Capitulares del Ayuntamiento consta que su autor donó algunos ejemplares, que “se ordenaron fijar en los autos de la sesión de ese día”. Ello prueba que la publicación, cuya impresión casi todos los estudiosos del problema han coincidido en admitir se produjo en Ciudad México, convirtió al bachiller González del Álamo en el primer publicista médico cubano.
El 12 de enero de 1726 inauguró el primer curso de Medicina que se impartió en Cuba en el Convento de San Juan de Letrán, en virtud de la licencia otorgada a tal efecto por el Muy Reverendo Padre Maestro Fr. Thomas de Linares, Prior de ese Convento, quien tenía ya la autorización para fundar una Universidad que funcionaría en el mismo establecimiento. Sus primeros discípulos fueron tres jóvenes que a la sazón cursaban estudios de Teología para la carrera eclesiástica, en la cual habían alcanzado ya órdenes menores. Estos jóvenes, que se desviaron del camino que habían tomado de inicio al ver abiertos nuevos horizontes, se incorporaron más tarde con su profesor al colectivo que integró el primer claustro médico de la Universidad de La Habana, después de convertirse en los primeros cubanos graduados de médicos en esa institución.
Al llegar la noticia de que el breve de concesión de la Universidad había recibido el Pase Real, se procedió a formar el claustro y a González del Álamo se le designó catedrático de Prima (Fisiología), la más importante de las materias del currículo, como justa recompensa a su reconocido talento y a su demostrada afición a la enseñanza. Sin embargo, aunque fue el primero en ocupar esa cátedra, no pudo ser el primero en explicarla después de creada la Facultad, por haber fallecido antes del comienzo del curso docente en la recién inaugurada Universidad, hecho que le impidió también obtener los grados mayores de Licenciado y de Doctor en Medicina, a los cuales tenía derecho por su condición de catedrático.
De su ejercicio como médico asistencial la única información disponible es que compartía con el doctor Teneza la aplicación de sangrías. También se conoce que terció en un pleito contra el boticario Lázaro del Rey y que le prohibió a sus pacientes la compra de medicinas en su botica, según él, por la mala preparación de sus fármacos.
El 26 de febrero de 1701 había contraído matrimonio con María Josefa de Viera Lizaldo y se le conocía con el sobrenombre de Chauchau.
Su muerte se produjo el 2 de marzo de 1728 y fue enterrado ese mismo día en el propio Convento de San Juan de Letrán, con hábito del Señor Santo Domingo de Guzmán, a cuya orden tercera de penitencia pertenecía.
Con su deceso dejó de existir una personalidad, a la que la historia de la Medicina cubana le es deudora de una de sus más brillantes páginas, pues es a él precisamente a quien se le debe que haya sido esta la primera disciplina impartida en el país con carácter profesional.

BIBLIOGRAFÍA 

Archivo de la Catedral de La Habana. Libro 6 de bautismos, folio 23, número 2. 
----. Libro 3 de matrimonios, folio 380, número 13. 
----. Libro 5 de defunciones, folio 249, número 11. 
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universi-dad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego, 1876. p. 81-82, 132-134. 
Delgado García G. Historia de la enseñanza superior de la Medicina en Cuba 1726-1900. Cuad Hist Salud Pub 1990;(75):16-19. 
----. Conferencias de historia de la administración de la salud pública en Cuba. Cuad Hist Salud Pub 1996;(81):24. 
López Sánchez J. La Medicina en La Habana (1550-1730). Cuad Hist Salud Pub 1970;(47):24, 30, 118-121, 145-146, 175-176, 190-193, 235-236. 
----. Biografías de médicos y cirujanos. En: Cuba. Medicina y civilización. Siglos XVII y XVIII. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1997. p. 268-269. 
López Serrano E. Efemérides médicas cubanas. Cuad Hist Salud Pub 1985;(69):16, 42. 
Trelles CM. Biblioteca científica cubana. T1. Matanzas: Imprenta de Juan Oliver, 1919. p. 87
 

El Primer Claustro Médico en la Universidad de La Habana

Lic. José Antonio López Espinosa 
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Antes de la llegada en 1518 a la villa de Santiago de Cuba de Domingo de Alpartill, no existía en Cuba persona alguna que ejerciera la medicina. De ahí que este valenciano que se hacía llamar Protomédico, ostente el crédito de haber sido el primero en ejercer el arte de curar en la isla. Después de él y hasta principios del siglo XVIII llegó apenas a 55 la cifra de individuos que, procedentes de España y de otros países, desempeñaron en territorio cubano funciones de médicos, cirujanos, flebotomianos y curanderos. De ellos merecen recordarse al barbero cirujano Juan Gómez, primero en relacionarse con dicho arte en la villa de San Cristóbal de La Habana; al malagueño Juan de Tejada de Pina, primer Doctor en Medicina que llegó a la isla a ejercer su profesión de médico, pues antes de su arribo en 1610 sólo se registran cirujanos que brindaban sus servicios en Santiago de Cuba y La Habana; a la india Mariana Nava, curandera autorizada oficialmente a cumplir esa función, cuando Santiago de Cuba, entonces con una población aproximada de 4 000 habitantes, se había quedado sin médicos ni cirujanos; al cordobés Francisco Muñoz de Rojas, primer Protomédico oficial que tuvo la villa de La Habana y toda la isla de Cuba y a Lázaro de Flores Navarro, natural de la villa Dos Hermanas, ubicada en las cercanías de Sevilla, quien fuera autor del primer libro científico escrito en La Habana y considerado el más notable de los médicos con que contó la isla durante el siglo XVII.
En esta relación de nombres no puede faltar el de Diego Vázquez de Hinostrosa, primer médico habanero que obtuvo su doctorado en la Universidad de México y quien, luego de presentar su título al Cabildo de La Habana el 16 de abril de 1655, compartió con Lázaro de Flores la atención del vecindario. Después de él, hubo varios cubanos más como Francisco González del Álamo, Marcos Antonio Riaño y Gamboa, José Escobar Morales, Ambrosio Medrano Herrera, Manuel Fernández Castellón y Jacinto Ruiz de Acevedo, entre otros, que se formaron como médicos y cirujanos en la Universidad de México y dieron valor legal a sus correspondientes títulos ante el Real Tribunal del Protomedicato de aquel país.
En el contexto de la historia de la medicina cubana en la época colonial, el Protomedicato jugó un papel fundamental y es un elemento sugerente en relación con los conocimientos de aquel tiempo y de los hechos que precedieron a la instauración de la enseñanza superior y a la fundación de la Real y Pontificia Universidad de La Habana, cuya existencia se logró por gestiones de los religiosos de la Orden de Predicadores que residían en el Convento de San Juan de Letrán.
 

Orígenes del Protomedicato en Cuba
 

El Protomedicato fue un Tribunal establecido por los reyes de España desde el siglo XV en varias ciudades y provincias de sus dominios, a fin de fiscalizar el ejercicio profesional de los médicos, cirujanos, boticarios y parteras. Entre sus funciones básicas se destacaban la de reconocer la suficiencia de los que aspiraban a ejercer estas funciones; garantizar la calidad de los medicamentos y su justo despacho y establecer estrategias para enfrentar las epidemias, los desastres naturales y otras calamidades. Este Tribunal tenía jurisdicción en todos los problemas relacionados con la salud pública y sus acciones en tal sentido tenían carácter didáctico, pues dirigía la enseñanza de la medicina y la farmacia; correctivo, por cuanto administraba justicia ante las faltas y los excesos cometidos por los facultativos y perseguía el curanderismo; y económico, ya que fijaba aranceles en los exámenes y en las visitas a las boticas. Los fondos producto de esos ingresos se distribuían entre los miembros del Tribunal, o bien éste le daba otra aplicación útil.
Aunque no existe aún suficiente claridad acerca de los antecedentes de esta institución de tanto beneficio a la medicina en su tiempo, se puede afirmar que sus raíces se remontan a la Baja Edad Media, época en la que ya se manifestaba preocupación por legalizar el ejercicio de la profesión.
Ejemplo fehaciente de ello es el de Roger, Rey de las dos Sicilias, quien en 1140 decretó que para poder ejercer la medicina en su reino se requería permiso de los oficiales reales. Tiempo después Federico II, Emperador de Alemania, dio la orden de que la enseñanza de la disciplina se impartiera durante seis años; dedicados los cinco primeros a estudiar las doctrinas de Hipócrates, Galeno y Avicena y el sexto y último a las prácticas del estudiante, siempre acompañado en sus visitas por un médico previamente autorizado.
En 1422, Juan II de Castilla creó el Tribunal de Alcaldes Examinadores para que juzgara acerca de la competencia de los aspirantes a ejercer la Medicina y la Cirugía. Se considera que en ese mismo tribunal está el origen del Protomedicato en España, denominación con la que surgió oficialmente en tiempos de los reyes católicos, en las leyes dictadas en Real de la Vega en 1491 y en Alcalá en 1498.
Por la década de los años de 1520, la atención de los problemas médicos en México se confiaba a las personas que gozaban de mayor prestigio en la práctica del arte de curar. Por ello se les designó protomédicos (de protos, que significa primero o principal). De acuerdo con las Reales Cédulas, tiempo después se integró el Real Tribunal del Protomedicato que, hasta 1634, dio valor legal al ejercicio de la profesión de los cubanos que se graduaban de médicos en la Universidad mexicana.
En 1632 Francisco Muñoz de Rojas, un español graduado de Bachiller en Medicina en la Universidad Hispalense de Sevilla y residente en La Habana desde 1626 aproximadamente, solicitó al Cabildo habanero recabara del Rey de España su nombramiento de Protomédico, en mérito a los servicios que había prestado como médico y en virtud de la dependencia del Protomedicato de México de los cubanos que aspiraban a ser médicos, cirujanos, boticarios, etc. Por una carta de Provisión Real, fechada en Madrid el 10 de mayo de 1633, se otorgó a Muñoz de Rojas el título que lo acreditaba como Protomédico examinador de los doctores, cirujanos, barberos, boticarios y parteras de la ciudad de La Habana e isla de Cuba. Cuando el 9 de septiembre del siguiente año presentó ese documento al Cabildo, quedó constituido de manera oficial, si bien con un alcance personal, el Real Tribunal del Protomedicato en Cuba. Tras su muerte, ocurrida en 1637, no hubo otra solicitud para desempeñar este cargo, hasta el 13 de abril de 1711, fecha en que el andaluz Francisco Teneza Rubira presentó al Cabildo su título de Protomédico Real de la ciudad de La Habana y su jurisdicción, oficio que ejerció hasta su fallecimiento en 1742. Procede destacar que a Teneza correspondió el mérito de haber sido el Primer Protomédico Regente de un colectivo integrado en principio por un Protomédico primero, uno segundo y un Fiscal y luego por un Protomédico primero, uno segundo, uno tercero, un Fiscal propietario y otro sustituto. Asimismo cabe señalar que fue él quien preparó y mandó a imprimir en 1723, en la imprenta de Carlos Habré, la Tarifa General de Precios de Medicinas, documento que constituye el primer incunable cubano.
La instauración del Real Tribunal del Protomedicato en Cuba significó un paso de avance considerable en la evolución histórica de la salud pública, por cuanto su existencia conllevó la regulación oficial del ejercicio médico en todas sus manifestaciones, con inclusión de la de conferir autorización legal mediante examen a los jóvenes que entonces terminaban sus estudios en las Universidades de otros países, principalmente la de México. Fue el Supremo Tribunal de la Salud Pública cubana hasta su extinción en 1833.

Los primeros profesores y estudiantes de Medicina en Cuba
 

Todo parece indicar que los primeros en impartir la enseñanza médica en Cuba fueron los hermanos de la Orden de San Juan de Dios, la cual ofrecían en su hospital de San Felipe y Santiago a los jóvenes que aspiraban a hacerse cirujanos romancistas (categoría profesional que incluía a los que habían cursado estudios, en lengua castellana, en lugares que no tenían rango de Facultad médica y cuyo ejercicio se limitaba a la asistencia de las enfermedades puramente externas y de las internas de los casos mixtos en ocasiones muy urgentes; estas últimas con la obligación de solicitar de inmediato los servicios de un médico cirujano, de un médico o de un cirujano latino). Aunque no se ha precisado la posible fecha de inicio de esta enseñanza, se sabe que fue con posterioridad al establecimiento del Real Tribunal del Protomedicato, pues era ante él que los aspirantes se tenían que examinar a fin de lograr la autorización legal para ejercer.
Si bien hasta principios del siglo XVIII, el arte de curar se enseñaba en privado y en muy poco tiempo -sólo bastaba un breve período de práctica junto a un médico o en un hospital, para considerar que el aspirante había adquirido la preparación necesaria y que estaba apto para obtener un título- ya a finales de esa centuria la Medicina se había ennoblecido en la isla, donde más que un arte comenzó a considerarse una ciencia, impartida por un ilustrado claustro de más de 25 integrantes.
Los fundadores de la enseñanza de la Medicina como ciencia en la Mayor de las Antillas fueron Francisco González del Álamo y Martínez de Figueroa, Martín Hernández Catategui y Ambrosio Medrano Herrera, cubanos que se trasladaron a la Universidad de México a fin de obtener los conocimientos que en su época no les era posible adquirir en su país y que, al regreso, se propusieron divulgarlos. A ese efecto los dos primeros comenzaron a impartir cursos de Medicina, a los cuales se les otorgó validez académica por la comunidad religiosa de la Orden de Predicadores, la misma que luego fundara y sostuviera la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor San Jerónimo de La Habana.
Así, el 12 de enero de 1726 el muy R. P. M. Fr. Thomas de Linares, Prior del Convento de San Juan de Letrán de La Habana, con motivo de la concesión otorgada desde el 12 de septiembre de 1721 a la Orden de Predicadores por el breve del Papa Inocencio XIII para fundar una Universidad, autorizó la apertura de cursos de Medicina, que empezó a impartir ese mismo día el doctor González del Álamo y, desde el 20 de octubre siguiente, el doctor Hernández Catategui. Sus primeros discípulos fueron José Arango Barrios, Esteban de los Ángeles Vázquez Rodríguez y José Melquiades Aparicio de la Cruz, tres colegiales de ese Convento que abandonaron la carrera eclesiástica para incorporarse a los estudios médicos.
El hecho de que tres jóvenes cursaran Medicina en un período en el que aún no existía la Universidad en Cuba y en el que todas las aspiraciones se reducían a ingresar en la Milicia o en el Sacerdocio, tuvo un gran significado en la vida intelectual del país, por cuanto ellos, conjuntamente con su profesor González del Álamo, el doctor Ambrosio Medrano, también incorporado a la enseñanza tras su regreso de México, y el médico francés Louis Fontaine Cullembourg, formaron el primer claustro médico de la Real y Pontificia Universidad de La Habana, después que ésta fuera inaugurada mediante el Pase Real del 5 de enero de 1728.
De lo apuntado con anterioridad se desprende que la Medicina fue la rama de la ciencia con la que se dio inicio, el 12 de enero de 1726, a la enseñanza superior en Cuba, la cual se comenzó a impartir por el cubano Francisco González del Álamo y Martínez de Figueroa, quien había logrado el título de Bachiller en Medicina en la Universidad mexicana. Merece subrrayarse que esta enseñanza comenzó aproximadamente dos años antes de la fundación de la Universidad, con la cual quedaron formalmente establecidos los estudios médicos en la isla.
Esta circunstancia, unida al obvio papel que jugaron en beneficio de la cultura en general y el desarrollo de la ciencia en particular los primeros profesores y estudiantes de Medicina en Cuba, con los que se integró más tarde el primer claustro médico de la Universidad de La Habana, ha sido la motivación para poner por este medio sus nombres a la consideración de las actuales generaciones de profesionales de la salud las que, con toda seguridad, sabrán reconocer sus méritos y virtudes, así como la magnitud de su obra como precursores de la docencia médica en el país.

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