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Julio 30 de 1911. Constitución del Colegio Médico de Cuba

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Desde 1884 se venía gestando la idea de agrupar a los médicos cubanos, con  el fin de que éstos contaran con una organización que velara por sus intereses con carácter oficial. En febrero de ese año se observó la primera manifestación de tal empeño, cuando se reunieron los interesados en la sede de la Sociedad Económica de Amigos del País para nombrar una comisión, que se encargaría de elaborar su Reglamento. Pero, tanto éste como otros intentos posteriores, se quedaron en las buenas intenciones, dados los inconvenientes objetivos y subjetivos que encontraban a su paso.

A principios de 1910, el doctor Enrique Núñez Palomino (1872-1916) inició una nueva campaña en pro de la creación de un Colegio Médico y, pocos meses más tarde, solicitó a la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana acogiese el proyecto por él presentado a ese fin. La Academia, que en virtud de sus Estatutos estaba obligada a respaldar toda obra que concurriera al perfeccionamiento de las ciencias y de la vida profesional, aceptó la moción y nombró una comisión de médicos y académicos ajenos a la corporación para que estudiasen las bases presentadas y las sometieran a la consideración de una sesión plenaria, celebrada el 6 de noviembre de 1910. En la reunión se designó una comisión para que redactara las bases del Colegio Médico que se presentarían luego a la Cámara, la cual al final no resolvió nada.

Ante esa situación, el doctor Núñez solicitó en la última sesión del Segundo Congreso Médico Nacional el nombramiento de un “comité de defensa”, que se integrara con los miembros de la comisión antes nombrada y por los médicos que habían fungido como compromisarios por el nombramiento de la Mesa del Tercer Congreso Médico Nacional. La proposición se aceptó por unanimidad y esa comisión redactó los estatutos que se distribuyeron por el cuerpo médico de todo el país con la convocatoria para las elecciones del 30 de julio de 1911.

De este modo quedó constituido el Colegio Médico Nacional, con una Junta de Gobierno con los siguientes integrantes:

Presidente: Dr. Francisco Cabrera Saavedra
Vicepresidentes: Dr. Rudesindo García Rijo y Dr. Fernando Méndez Capote
Secretario: Ernesto Aragón Muñoz
Vicesecretario: Dr. Ramón García Mon
Tesorero: Dr. Francisco María Héctor
Vicetesorero: Dr. Horacio Ferrer Díaz.

Esta organización a la larga no se llegó a consolidar, debido a los desacuerdos de intereses respecto a la idea de crear Colegios con atribuciones locales para cada provincia y  grupos por municipios formados por 25 médicos residentes en  ellos.

Para el logro de este viejo anhelo de los médicos cubanos, hubo que esperar la fecha del 24 de octubre de 1925, cuando se constituyó la Federación Médica de Cuba, que sí pudo mantenerse a pesar de la infinidad de obstáculos que se vio obligada a enfrentar durante el lapso de más de 25 años que se mantuvo en funcionamiento.

 

BIBLIOGRAFÍA

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Julio 27 de 1734. Aprobación de los primeros Estatutos de la Universidad de La Habana

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Las primeras clases de Medicina de que se tienen referencias, se impartieron en Escuelas como las de Salerno y Montpellier. Más tarde fueron las Universidades las que asumieron los estudios médicos teóricos. Las más antiguas que se conoce fueron la de París (1111), la de Bolonia (1158) y la de Oxford (1167). En el Nuevo Mundo las primeras Universidades fueron la de Santo Domingo, autorizada por la bula de Pablo III del 28 de octubre de 1538 y la de San Marcos de Lima, por Real Cédula de Carlos I del 12 de mayo de 1551.
Aunque la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor San Jerónimo de La Habana se inauguró mediante el Pase Real del 5 de enero de 1728, ya desde el 12 de enero de 1726 se había autorizado por el Prior del Convento de San Juan de Letrán Thomas de Linares la apertura de cursos de Medicina en ese mismo establecimiento; de lo que se infiere que fue ésta la primera rama de la ciencia que se enseñó en Cuba con carácter oficial. No obstante, fue luego de transcurridos algo más seis años de funcionamiento que se aprobaron los primeros Estatutos de la institución, por Real Cédula del Rey Felipe V de Borbón del 26 de julio de 1734. De acuerdo con estos Estatutos, además de las cátedras de Gramática, Artes, Teología y Sagrada Escritura que ya tenían en su convento de San Juan de Letrán los frailes dominicos, se oficializaron las de Matemáticas, Filosofía, Derecho Civil, Cánones y Medicina.
El personal administrativo de la Universidad habanera se integró a partir de ese momento por un Rector, un Vicerrector, cuatro conciliarios y un Secretario. Quedó asimismo establecido que la elección de Rector debía recaer en un religioso de la orden de los dominicos y debía verificarse cada 7 de septiembre, mientras que la de los demás funcionarios debía tener lugar el 12 del mismo mes. El claustro, formado por los catedráticos y los doctores de todas las facultades, era presidido por el Rector. Cada cátedra se proveía por oposición y quien la obtenía estaba obligado a servirla por un período de seis años, terminado el cual se declaraba la cátedra vacante y se formaba un nuevo expediente de provisión con sujeción al Reglamento.
Los cursos académicos tenían seis meses de duración y se inauguraban el 14 de septiembre de cada año. Al final de los cursos, los estudiantes debían acreditar su asistencia a clases mediante certificación expedida por el catedrático de cada asignatura y declaración jurada de dos condiscípulos. En vista de ello el Secretario hacía el correspondiente asiento en el libro de “juras de curso”. Terminados los estudios y previos los ejercicios de rigor, los estudiantes se podían graduar en las categorías de Bachiller, Licenciado y Doctor. Los diplomas, en el caso particular de los estudiantes de Medicina, sólo tenían valor académico y no autorizaban para ejercer la profesión por lo que, para la debida habilitación, los aspirantes debían recurrir a otro Tribunal de examen, formado hasta 1833 por el Protomedicato y, desde ese año hasta 1842, por la Real Junta Superior Gubernativa de Medicina y Cirugía.
Fueron estas las condiciones bajo las cuales funcionó la Universidad habanera, desde que se aprobaron sus primeros Estatutos en 1734, hasta 1842, año en el era Gobernador Superior Civil de la isla Don Jerónimo Valdés, quien propuso su reforma bajo nuevos Estatutos y Reglamentos que merecieron la aprobación de su Majestad en Real Orden del 24 de agosto de ese año. El objetivo principal de esa reforma fue secularizar el establecimiento mediante la supresión de las órdenes religiosas y su declaración como institución nacional, que debía estar sujeta a la inspección inmediata del Gobierno Superior con el fin de aumentar su prestigio. De acuerdo con estos nuevos Estatutos se crearon nuevas cátedras, se amplió el personal facultativo y se estableció la Facultad de Farmacia.

BIBLIOGRAFÍA

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Julio 26 de 1953. Asesinato del doctor Mario Muñoz Monroy

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

En la batalla librada por la Revolución cubana con el objetivo de derrocar al régimen dictatorial y tiránico de Fulgencio Batista y Zaldívar (1890-1973) fueron muchos los médicos criollos que desempeñaron un papel de suma importancia. Gran número de ellos se incorporaron al movimiento revolucionario y no fueron pocos los que formaron parte del ejército rebelde como combatientes. En los distintos frentes de combate, además de cumplir la humanitaria labor intrínseca de su profesión, fueron factor básico en las funciones puramente militares.
En esa lucha contra el batistato fueron también numerosos los galenos que ofrendaron sus vidas en holocausto de la patria. Entre ellos hubo una cantidad considerable que, en vez de morir en el campo de batalla en el enfrentamiento al enemigo, fueron cobardemente asesinados a manos de éste. El primero de ellos fue el doctor Mario Muñoz Monroy (1912-1953), activo profesional de la salud y persona de jovial espíritu y de ideas liberales, que se unió a la cruzada antibatistiana y fue criminalmente ultimado el 26 de julio de 1953, fecha en que debía cumplir los 41 años de edad, por haber sido uno de los complotados en el asalto al cuartel Moncada.
El doctor Mario Muñoz nació el 26 de julio de 1912 en la ciudad matancera de Colón, donde cursó los estudios primarios y secundarios. Luego se trasladó a la capital, donde obtuvo el título de Bachiller en Ciencias y Letras en el Instituto de Segunda enseñanza de La Habana. Tras terminar el bachillerato matriculó la carrera de Medicina y, durante su época de estudiante, integró el Directorio Estudiantil desde cuyas filas levantó su voz en protesta contra el oprobioso régimen del dictador Gerardo Machado Morales (1871-1939) quien, entre otras acciones represivas, ordenó cerrar el alto centro de estudios. Como resultado de esta medida, tuvo que interrumpir la carrera, que pudo reanudar luego de la caída de la dictadura machadista. El 16 de marzo de 1942 obtuvo el grado de Doctor en Medicina, profesión que fue a ejercer a su ciudad natal. Allí fue médico de la casa de socorros durante el gobierno de Ramón Grau San Martín (1889-1969).
Cuando trataron de implicarlo en el hecho fraudulento de utilizar el cargo que ocupaba en beneficio de la captación de votos, su indignación llegó al punto de presentar la renuncia a ese puesto. Asimismo renunció a la plaza de radiólogo en el hospital de Colón por similares razones, en las que estaban claramente expuestas la politiquería y el oportunismo durante el gobierno de Carlos Prío Socarrás (1903-1977).
A raíz del golpe de estado de Batista el 10 de marzo de 1952, se incorporó a las huestes del joven abogado Fidel Castro Ruz, quien desde hacía varios años había iniciado una lucha sin cuartel contra la corrupción gubernamental. En su casa de la calle Diago No. 74, donde había establecido un consultorio particular con servicios de medicina general, laboratorio, rayos X y fisioterapia, al alcance incluso de quienes no podían pagarlos, recibió en varias ocasiones y se reunió con Fidel, Jesús Montané, Abel y Haydée Santamaría, Julio Reyes Cairo, Boris Luis Santa Coloma y Mario Martínez Arará entre otros revolucionarios. En esa casa instaló también una planta de radio, por cuya mediación se comunicaba con sus amigos de Cuba y de otros países.
En principio Fidel quería la presencia del doctor Muñoz en Santiago de Cuba para que actuara como médico en la atención de los heridos en el ataque, pero él deseaba tener una participación más activa en la lucha. Fidel fue receptivo a ese reclamo, aunque le ordenó que se vistiera de médico. En la gesta del 26 de julio debía cumplir dos importantísimas misiones. Junto a Haydée Santamaría, Melba Hernández, Raúl Gómez García y Julito Reyes debía ir hacia el hospital civil Saturnino Lora bajo las órdenes de Abel Santamaría. Además de fungir como médico, sería el encargado de operar la planta en la emisora de radio de Santiago de Cuba, desde donde se daría lectura el Manifiesto Revolucionario y se llamaría al pueblo a una huelga general contra Batista.
Antes de partir hacia la ciudad santiaguera, le dijo al padre que iría a Güines a participar en un acto público de protesta contra la dictadura, a fin de que éste no se preocupara. Tras fallar la acción, cuando era conducido como prisionero del hospital Saturnino Lora al cuartel Moncada, fue asesinado por la espalda en plena vía pública y sin el menor recato en presencia de sus dos compañeras de lucha Haydée y Melva, quienes también habían sido apresadas.
Este episodio, ocurrido en las proximidades de la escuela anexa a la Normal, constituyó el primer ejemplo de otros muchos relacionados con médicos criollos que dieron su vida en la prolongada contienda contra el régimen batistiano. Los argumentos brindados han tratado de sintetizar en pocos párrafos el significado de la contribución de estos galenos a la lucha emancipadora y, a la vez, servir de demostración del respeto y la consideración eterna que ostentan a través de la figura del primero de estos mártires, el doctor Mario Muñoz Monroy, cuya acción lo situó para siempre en la inmortalidad.

BIBLIOGRAFÍA

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Julio 20 de 1879. Aparición de la primera revista cubana dedicada a la Estomatología

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

El producto de la labor científica de los estomatólogos cubanos registrada en las publicaciones editadas en diferentes épocas, es una prueba elocuente de cómo ha evolucionado la Estomatología en el país a través del tiempo. Esto precisamente ha servido de motivación para dar a conocer las primeras manifestaciones del afán de los dentistas cubanos por divulgar sus observaciones, con puntual interés en la primera revista cubana dedicada a la especialidad.
El primer trabajo de que se tienen referencias se publicó en el territorio cubano sobre Odontología, fue obra del cirujano dentista de origen francés Teodor Swein, que apareció en el Diario de la Havana el 1ro. de marzo de 1829 bajo el título de “Observaciones sobre el espasmo y convulsiones con los específicos para calmar los dolores”. Un año después, en 1830, el propio Swein publicó un folleto de 57 páginas titulado “Observaciones sobre la conservación de la dentadura”. Además de los mencionados, hubo un tercer trabajo, éste con la rúbrica de Ignacio Fantini, quien en 1837 dio a la publicidad su “Tratado sobre la curación y conservación de la dentadura”.
En 1846 se publicó el Manual de flebotomianos y sangradores, de Ambrosio González del Valle, quien se afirma fue el primer médico cubano en preocuparse por las enfermedades de la boca. El Diario de la Havana de los días 11, 13, 14, 15, 18 y 20 de marzo de 1851 divulgó un extenso artículo sobre la “Higiene de los dientes”, firmado por José León. Este trabajo no es sólo reflejo de la importancia que ya entonces se le otorgaba a la especialidad dental, sino también una prueba del afán de publicar de los cubanos que la cultivaban. La única vía que tenían de contribuir por ese medio a mejorar el estado de salud de sus conciudadanos era la prensa diaria, pues carecían de publicaciones científicas propias donde exponer el resultado de sus investigaciones.
Cuando salió el Real Decreto del 15 de junio de 1863, en el cual se estableció por primera vez en el plan de estudios de la Escuela de Medicina la denominación de “dentista” dentro del currículo universitario, se le otorgó mayor importancia a la profesión dental, aun cuando se afirma que su verdadero despegue tuvo lugar el 11 de marzo de 1879, fecha en la que, bajo la presidencia del doctor Francisco M. Justiniani, comenzó sus trabajos la Sociedad Odontológica de La Habana, que fue la primera agrupación científica de los estomatólogos de la isla.
Cuba fue la primera nación hispanohablante en sacar a la arena periodística una publicación periódica dedicada a las enfermedades dentales. Esta revista, fundada y dirigida por el médico y dentista estadounidense Erastus Wilson Richardson, se dio a conocer en 1868 bajo el título de Revista Médico Quirúrgica y Dentística. Su contenido era más bien fiel reflejo de la prensa análoga de los Estados Unidos, de cuya fuente bebía casi de manera exclusiva. De ahí que, a pesar de haber sido la pionera de las publicaciones de su género en la isla, no se le puede considerar eco de las observaciones de los cubanos que cultivaban la disciplina, sino un medio que les permitía acceder a la información generada por colegas foráneos. Su duración fue breve, pues dejó de circular el mismo año de su fundación.
El propio doctor Wilson, quien llegó a Cuba en 1866, tras haberse desempeñado como Profesor Agregado en la New York Preparatory School of Medicine, publicó en 1874 un Catálogo Dental, que le valió para que se le considerara como una personalidad consagrada a divulgar de modo constante los avances de la ciencia vinculada a la profesión dental.
La primera revista genuinamente cubana dedicada a los problemas relacionados con la Estomatología, comenzó a circular bajo el título de Anales de la Sociedad Odontológica de La Habana el 20 de julio de 1879, con el objetivo de divulgar los progresos de la cirugía dental a través de artículos originales escritos por autores cubanos y por mediación de otros trabajos de interés a la profesión, dispersos en fuentes extranjeras de difícil acceso. La producción de esta revista de periodicidad mensual estaba a cargo de una comisión de la directiva de la agrupación de la que era su órgano de publicidad. Su primer Comité de Redacción se integró por los doctores Francisco M. Justiniani, Francisco P. Rodríguez, Federico Poey, Miguel Vieta y Pedro Calvo.
La revista salió con la aspiración de convertirse en un núcleo, alrededor del cual se agruparan los descubrimientos y las ideas útiles, y de contar con la disposición y la constancia de sus colaboradores, para levantar una obra digna de Cuba y de la propia corporación.
Además de los artículos originales y de los trabajos extranjeros reproducidos, se incluyeron en su contenido básico extractos de actas de las sesiones ordinarias y extraordinarias de la Sociedad, las tesis que allí se leían y se aprobaban, así como los discursos de su directiva y las noticias de la prensa extranjera relacionadas de alguna manera con la especialidad. Cada tomo constaba de 12 entregas por año y cada número mensual se conformaba siempre con cuadernos de 24 páginas, los que tenían en todos los casos una sección especial reservada para la divulgación de anuncios de interés para el ejercicio de la odontología.
Los Anales de la Sociedad Odontológica de La Habana se dejaron de publicar en agosto de 1896, como consecuencia de la guerra de independencia. En sus 17 volúmenes se registran notables trabajos, tanto de los integrantes de su Comité de redacción, como de otros autores. Además de una vida relativamente prolongada, si se tiene en cuenta el período durante el cual circuló, la revista logró alcanzar el éxito esperado. Aun cuando recibió siempre la influencia y la inspiración directa de los Estados Unidos, reflejó en sus páginas la impresión de la experiencia personal de sus colaboradores, quienes representaron un verdadero eco de las discusiones científicas en el seno de la Sociedad.
Con este trabajo se pretende dar una modesta demostración de reconocimiento a los que en el pasado dieron los primeros pasos en el desarrollo de la bibliografía dental cubana, en especial a los que tuvieron la iniciativa de fundar los Anales de la Sociedad Odontológica de la Habana, primera revista verdaderamente cubana sobre Estomatología, cuyo primer número salió el 20 de julio de 1879.

BIBLIOGRAFÍA

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Poey F, Justiniani FN, Rodríguez FP, Vieta M, Calvo P. Prólogo. An Soc Odontol Habana 1879;1(1):1.

Julio 15 de 1889. Graduación de la primera mujer médico cubana

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Si se considera la relación de la medicina con el hombre de la prehistoria, es fácil suponer que esta ciencia surgió prácticamente con las primeras manifestaciones de la necesidad de eliminar o aliviar los síntomas de malestar de aquel. A partir de esta consideración se puede pues también advertir que la posibilidad de ejercer la profesión con carácter oficial le llegó a la mujer muy tardíamente, pues hubo que esperar hasta el otoño de 1847 para que a una joven de 26 años se le permitiera matricular en la Escuela de Medicina de la Universidad estadounidense de Geneva, Nueva York. Ni la visión de un ser sobrenatural hubiera causado tanto asombro como el que originó la decisión de Elizabeth Blackwell (1821-1910) de hacerse médico por encima de cualquier perjuicio machista o feminista y de convertirse en la osada iniciadora que abrió las puertas de las aulas de los estudios médicos a las mujeres de muchas partes del mundo. Para lograrlo tuvo que sobreponerse a la pobreza, al ridículo y al ostracismo social de que fue víctima en un principio hasta que, en 1849, se graduó a la cabeza de su clase gozando del respeto y la admiración de sus condiscípulos.
La información disponible referente al ejercicio oficial del arte de curar por las mujeres en Cuba, da cuenta de que en 1612 se le impuso a la india curandera Mariana Nava la misión de brindar servicios médicos a los enfermos de la ciudad de Santiago de Cuba, que en ese tiempo tenía cerca de 4 000 habitantes y carecía de médico, con un salario de 100 ducados anuales.
Si se tiene en cuenta que no fue hasta 1634 que se institucionalizó este servicio, cuando se le otorgó la categoría de Protomédico al español Francisco Muñoz de Rojas (159?-1637), se deduce que esta mujer comenzó a ejercer la medicina, con el concepto que en ese tiempo se tenía de la profesión, 22 años antes de que se produjera dicho acontecimiento.
Dos siglos después tuvo lugar otro hecho de singular trascendencia en la historia de la medicina cubana en relación con la mujer, a saber, el de Enriqueta Faver (1791-1856), una médico de origen suizo que se disfrazó de hombre y como tal estudió y se graduó en la Universidad de París con el nombre de Enrique Faver y quien, con indumentaria masculina y la misma identificación, se estableció en la zona oriental de Baracoa en 1819, donde tuvo numerosa y distinguida clientela. Con motivo de su apariencia solapada se produjeron en su vida privada varios sucesos censurables, el peor de ellos su matrimonio con una paciente de su sexo, que conllevaron un ruidoso proceso penal y la condena de diez años de prisión por perjurio y falsedad en documento público.
En el curso de 1883 a 1884 se produjo en la Universidad de La Habana una sorpresa muy similar a la ocurrida 36 años antes en la Universidad de Geneva con Elizabeth Blackwell, cuando una adolescente habanera de apenas 14 años de edad matriculó en el alto centro docente las carreras de Licenciatura en Ciencias Físico-Matemáticas y en Medicina. Esta muchacha, nombrada Laura Martínez Carvajal y del Camino (1869-1941) desafió, al igual que la joven norteamericana, los tabúes de su época para convertirse en la mujer cubana que ostenta para la posteridad la primicia en el ejercicio de la profesión médica con título obtenido en el país de su nacimiento. Como estudiante llamó la atención en ella el alcance de su inteligencia, expresada en la brillantez de sus calificaciones en las dos carreras que estudió de manera simultánea. De las 19 asignaturas examinadas en la de Ciencias Físico-Matemáticas, 17 se evaluaron con nota de sobresaliente y dos con notable; mientras que en las 24 que tuvo que vencer en la de Medicina alcanzó también 17 sobresalientes, siete notables y un bueno.
Uno sus profesores, el catedrático de Patología Quirúrgica José Pulido Pagés (¿-1890), se refirió a ella en términos muy elogiosos, sobre todo respecto a su formalidad, aplicación y modestia, así como en relación con el cariño que inspiró a sus compañeros, cuya conducta fue siempre fraternalmente respetuosa para con su persona. El doctor Pulido Pagés afirmó asimismo que no obtenía sus altas calificaciones por galantería del profesorado, sino en clara justicia porque estudiaba y dominaba los contenidos que se le impartían.
Según consta en el Archivo General de la Universidad de La Habana, como simultaneó la Licenciatura en Ciencias Físico-Matemáticas con la de Medicina, se describió el expediente de esta carrera, que comenzó en 1883 y terminó en 1889 y a continuación el de aquella que, iniciada el mismo año que la anterior, finalizó en 1888 por cuanto abarcaba un año menos de estudio.
Con independencia de las notas obtenidas en cada asignatura de ambas carreras, logró la calificación de sobresaliente en los ejercicios de grado de las dos; la primera el 30 de junio de 1888 y la segunda el 22 de junio de 1889. Su brillante expediente termina con el acta fechado ese día y firmado por el Secretario General de la Universidad de La Habana, doctor J. Gómez de la Maza. En el texto de ese documento se lee:

“En La Habana, a 22 de junio de 1889. Reunidos los jueces que suscriben a la hora señalada por el Señor Decano de la Facultad y habiendo la aspirante examinado el enfermo número 23 de la Clínica le puso incomunicado. En el ejercicio oral diagnosticó la enfermedad de Fractura del antebrazo y terminado el acto de la operación quirúrgica que prescriben las disposiciones vigentes obtuvo la calificación de Sobresaliente.”

Hermoso preámbulo del premio al empeño de una inteligente y perseverante mujer, que se materializó definitivamente cuando el 15 de julio de 1889 se le adjudicó el primer título de Licenciado en Medicina y Cirugía conferido en Cuba a personas de su sexo.
Aun cuando este solo hecho bastaría para que perdure el recuerdo de su paso por la vida, justo es además señalar que como médico llegó a perfeccionar sus conocimientos al punto de hacerse también la primera mujer cubana especialista en Oftalmología, rama a la cual se consagró junto a su esposo, el eminente oftalmólogo Enrique López Veitía (1847-1910). Tal fue su competencia en esta disciplina que tuvo una numerosa clientela privada, con independencia de su intenso trabajo en la Policlínica que durante largo tiempo funcionó bajo la dirección de su compañero. Esa institución alcanzó el más alto nivel científico de su tiempo. En ella se trataban otras enfermedades, además de los trastornos de la visión, por varios destacados especialistas de entonces.
Esta extraordinaria mujer cubana colaboró en la preparación de “Oftalmología Clínica”, famosa obra escrita por su esposo de la que vieron la luz tres ediciones en 1891, 1895 y 1906, así como en muchos de los 100 trabajos por él publicados sobre esa disciplina.
El nombre de Laura Martínez Carvajal y del Camino debe estar siempre en la memoria de quienes cultivan las distintas especialidades médicas, por cuanto en él ha quedado para la posteridad esculpido el primer precedente para los estudios científicos de la mujer cubana. Por ello se ha tratado con estas consideraciones de emitir el testimonio de consideración y respeto perenne a quien simboliza el esfuerzo inicial por la emancipación de la mujer en Cuba en el contexto de las ciencias en general y de la Medicina en particular.

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Julio 10 de 1974. Constitución de la Sociedad Cubana de Administración de Salud

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

En un acto celebrado la noche del 10 de julio de 1974 y bajo la presidencia del entonces Ministro de Salud Pública, el doctor José A. Gutiérrez Muñiz, quedó constituida de modo oficial la Sociedad Cubana de Administración de Salud con una plantilla inicial de 237 miembros fundadores, la mayoría médicos aunque, como organización de carácter multidisciplinario, la integraron también desde el momento de su surgimiento licenciados en Psicología, Economía, Pedagogía, Derecho, Ciencias Políticas y Matemáticas, entre otros profesionales dedicados a la administración de la salud como tarea concreta o a labores relacionadas de modo directo con la dirección y planificación de las actividades y los servicios de salud.
La primera Junta de Gobierno de la nueva organización, presidida por el doctor Francisco Rojas Ochoa, con el doctor Abelardo Ramírez en la Vicepresidencia, los doctores Roberto Hernández Elías y Héctor Ruiz de Zárate como Secretario y Vicesecretario respectivamente, el licenciado Calixto Palacios como Tesorero y los doctores Cosme Ordóñez Carceller, Roberto Capote Mir, Mario Escalona, Otto Pantoja y Arnaldo Torriente como vocales, concentró sus esfuerzos en: 

-          Estimular y coordinar las actividades científicas de los profesionales de la salud y las de los que realizaban su labor en estrecha relación con la esfera de la administración u otras disciplinas afines y vinculadas con ésta dentro del sector.
-          Ofrecer un marco apropiado para el estudio, la discusión y la divulgación de esas actividades multidisciplinarias, con énfasis en la importancia del control científico de la administración y de las disciplinas afines a ellas vinculadas.
-          Promover el estudio de los aspectos administrativos y sociales de la salud entre los profesionales y técnicos que se formaban en todos los niveles.
-          Fomentar las relaciones e intercambio con otras sociedades y agrupaciones científicas nacionales y extranjeras, con propósitos similares. 

En sus inicios, la Sociedad Cubana de Administración de Salud contó con las siguientes secciones: 

-          Administración de hospitales.
-          Bioestadísticas y demografía.
-          Medicina comunitaria.
-          Economía.
-          Computación electrónica.
-          Educación médica.
-          Planificación de salud.

 Al dejar constituida la agrupación, el Presidente del Consejo Científico, doctor Daniel Alonso, hizo referencia a las entonces inminentes etapas, en las que los elementos de administración y de dirección en salud se tornaban importantes, principalmente en los aspectos relativos al desarrollo de la atención primaria. Se refirió también a la necesidad de que los compañeros consagrados a estos esfuerzos tuvieran los elementos de organización en el seno de una sociedad, que les permitiera el intercambio de información y conocimientos en beneficio del desarrollo de su trabajo.
Por su parte el primer elegido para presidir la organización, el doctor Francisco Rojas Ochoa, anunció como tareas centrales dentro del plan de las actividades inmediatas la creación de las filiales en cada provincia y la organización de las secciones, con prioridad ordinal para la de medicina comunitaria. Se pronunció además por la celebración de sesiones científicas mensuales e informó que en la primera, que tendría lugar en septiembre siguiente, se entregarían diplomas acreditativos a todos los miembros de la Sociedad.
Un pilar básico en el cumplimiento de los objetivos iniciales de esa agrupación, fue la Revista Cubana de Administración de Salud, que empezó a circular como su órgano oficial a los pocos meses de su creación, con un contenido temático que incluía aspectos de todas las disciplinas relacionadas con la administración como la Educación Médica, las Estadísticas, las Bioestadísticas, la Psicología, la Economía, la Demografía, la Cibernética y la Historia de la Medicina y de la Salud Pública, entre otras. En 1988 cambió su título por el de Revista Cubana de Salud Pública, en virtud de su función de divulgadora de las experiencias y  avances teóricos y prácticos de la medicina social, así como de la organización y dirección del Sistema Nacional de Salud de Cuba. Actualmente esta revista  define su misión como publicación científica de reflexión y debate crítico sobre los aspectos teóricos y prácticos de la salud pública contemporánea y como vehículo informativo del desarrollo del pensamiento y la tradición de la salud pública cubana en particular. Su visión es constituir un órgano de consulta con enfoque científico y crítico y un referente obligado para conocer el pensamiento y la práctica salubrista cubana.

BIBLIOGRAFÍA

Constituida la Sociedad Cubana de Administración de Salud. Inf Corr 1974;9(31):1-3.
López Espinosa JA. Revista Cubana de Salud Pública en tres décadas de circulación. Rev Cubana Salud Pub 2005;31(1):4-66.
Rojas Ochoa F. Discurso de clausura del II Congreso de Administración de Salud. Rev Cubana Adm Salud 1981;7(2):189-193.

 

 

Junio 28 de 1881. Comienzo de las investigaciones de Carlos J. Finlay en humanos

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Luego de 22 años consagrados al estudio de la fiebre amarilla, el doctor Carlos J. Finlay Barrés (1833-1915) expuso por primera vez en público, el 18 de febrero de 1881, que para la propagación de esta afección debía existir el caso previo de un individuo con el padecimiento en un período determinado; un sujeto sano apto para adquirirla; así como un agente independiente tanto de la enfermedad como del enfermo, pero indispensable para transmitirla del paciente a un hombre sano. Aunque ya conocía que ese agente era un mosquito, no se aventuró a afirmar su hipótesis en su exposición ese día en la Conferencia Sanitaria Internacional en la ciudad de Washington, por cuanto consideraba que no había realizado suficientes experimentos para justificarla.
A su regreso a La Habana, Finlay continuó sus investigaciones, hasta que al fin decidió comenzar la parte experimental para comprobar su hipótesis. Así el 28 de junio del mismo año 1881 hizo picar por uno de los que él llamó Culex mosquitos a un enfermo de fiebre amarilla nombrado Camilo Anca, quien se encontraba en el quinto día de evolución de la enfermedad y su estado era tan grave que falleció dos días después. Con la anuencia del entonces Gobernador General, don Ramón Blanco, realizó la primera inoculación con ese mismo mosquito al soldado español Francisco Beronat Mayarol, quien adquirió la fiebre amarilla en forma benigna. Varios días después inoculó a Alejandro López Castillo, Luciano García Pinillos, Domingo López Fernández y Domingo Grases Blanco, quienes como Beronat eran soldados sanos acuartelados en la fortaleza de La Cabaña (ver anexo). Con estos individuos logró otros dos casos de fiebre amarilla benigna y dos fiebres efímeras ligeras sin carácter definido. Esta fue la primera vez que se realizó en el mundo un experimento semejante.
Armado con estos datos experimentales, Finlay se decidió a redactar su trabajo fundamental, que tituló “El mosquito hipotéticamente considerado como agente de transmisión de la fiebre amarilla” el cual presentó el 14 de agosto siguiente en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. En ese trabajo no se refirió a la mera presencia de un agente, como había hecho meses antes en la Conferencia Internacional de Washington, pues aquí afirmó que las condiciones para la propagación de la enfermedad eran:

- Existencia de un enfermo de fiebre amarilla, en cuyos capilares pueda el mosquito clavar sus lancetas e impregnarlas de partículas virulentas, en el período adecuado de la enfermedad.
- Prolongación de la vida del mosquito entre la picada hecha en el enfermo y la que deba producir la enfermedad.
- Coincidencia de que sea un sujeto apto para contraer la enfermedad alguno de los que el mismo mosquito vaya a picar después.

Esta contribución, basada en pruebas experimentales y cuya argumentación y conclusiones fueron definitivas, sirvió más que para demostrar una teoría, para convertirse en la piedra angular de la doctrina finlaísta acerca de la transmisión de las enfermedades de hombre a hombre por intermedio de agentes chupadores de sangre. Por ello se trata con este escrito de hacer justicia en el sentido de que se recuerde la fecha del 18 de junio de 1881, en la que el sabio médico cubano hizo por primera vez sus investigaciones en humanos con el paciente Camilo Anca y el soldado Francisco Beronat.

ANEXO
Relación de los voluntarios inoculados por el doctor Carlos J. Finlay entre 1881 y 1900
Francisco Beronat Mayarol
Alejandro López Castillo
Luciano García Pinillos
Domingo López Fernández
Domingo Grases Blanco
Josefa Alonso
Isidoro Caballero
Juan Berea
Eustaquio Urra
Pe. Obeso
Pe. Zamesa
Juan Sixto
Pe. Manuel Gil
Andrés Vallín
Paúl Rohling
Carl Behrens
Marcel L-M
Paulino López
José Peña
Pe. Segundo
Pe. Estanilao
Pe. Enrique
P. López
Pe. Notoria
P. Zarranz
P. Álvarez
Po. Vicente
Po. Ozalla
Pe. Aparain
Pe. Quintín
Ho. Fermín
José Prendes
J. Corzo
Pe. Iriarte
Pe. Aramendi
Pe. Varona
B. Miguel
Pe. Egaña
Ho. Larrañaga
Ho. Alberdi
N. N.
Pe. Remigio
Pe. Ruiz
Pe. Izu
Pe. Aizpuru
Pe. Ipiñaza
Pe. Errasti
Pe. Valvino
Pe. Juan Bautista
Ho. Ambrosio
T. Giradles
Pe. Azpiroz
Pe. Fernández
Pe. Egaña
Pe. Goñi
Pe. Morán
Pe. Agapito
Pe. Bernardo
Pe. Inocencio
Ho. Santiago
M. Valencia
Pe. Arri
Pe. Arencibia
Pe. Remondegui
Ho. Bereciartua
Ho. Olazábal
Ho. González
Santiago Illera
D. J. Solo
Ho. Morán
Pe. Gutiérrez
Pe. Arri
Pe. Suárez
Pe. Arbeloa
Ho. Galárraga
Ho. Bereciartua
Pe. Arvide
Pe. Ardesoro
Pe. Teodoro
Pe. Hermenegildo
Ho. Eusebio
Ho. Isidro
Pe. Torcuato
Pe. Santillana
P. Pereira
Pe. Santiesteban
Pe. Palacios
José Castillo
Ho. Carlos
Ho. Albizua
José Tortosa
Pe. Jáuregui
Pe. Cruz
Pe. Aramburu
Pe. S. Uribe
Pe. Gómez
Ho. Gondoya
Belardino
Pe. Patricio
Pe. Romeu
Pe. Ivinaga
Pe. Manuel García
Pe. Bernabé
Pe. Pedro

BIBLIOGRAFÍA

Domínguez F. Carlos J. Finlay. Su centenario (1933). Su descubrimiento (1881). Estado actual de su doctrina (1942). La Habana: Cultural; 1942. p. 101-106.
Finlay CJ. El mosquito hipotéticamente considerado como agente de transmisión de la fiebre amarilla. An Acad Cien Med Fis Nat Habana 1881;18:147-169.
----. Reseña de los progresos realizados en el siglo XIX en el estudio de la propagación de la fiebre amarilla. Rev Med Trop 1901;2(1):56-73.
----. Trabajos selectos. Habana: Secretaría de Sanidad y Beneficencia; 1912. p. 369-382.
----. Obras completas. T3. La Habana: Academia de Ciencias de Cuba. Museo Histórico de las Ciencias “Carlos J. Finlay”; 1967. p. 9-21.
Roig de Leuchsenring E. Carlos J. Finlay. Gran sabio y gran benefactor de la humanidad. Habana: Editorial “Alfa”; 1937. p. 6-8.
Tercer Congreso Médico Pan-Americano celebrado en La Habana (Cuba) en los días 4, 5, 6 y 7 de febrero de 1901. Actas de las sesiones y memorias presentadas. T1. Habana: Imprenta y Librería “La Moderna Poesía”; 1902. p. 195-211.
 

Junio 22 de 1988. Inicio del Primer Congreso Nacional de Historia de la Medicina

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Dedicado a la memoria del doctor Gustavo Aldereguía Lima, se inauguró esa fecha en la ciudad de Cienfuegos el Primer Congreso Nacional de Historia de la Medicina, auspiciado por la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina, cuya Junta de Gobierno la integraban entonces los doctores Rafael O. Pedraza como Presidente, Rubén Rodríguez Gavaldá como Vicepresidente, Agustín Rodríguez Guzmán como Secretario, Elena López Serrano como Tesorera y Natalio Svarch Scharager, Gregorio Delgado García y Fidel Ilisástigui Dupuy como Vocales.
La Comisión Organizadora del evento tuvo como Presidente al licenciado Antonio Armas Vázquez y a los doctores Alfredo Espinosa Brito y Orestes López como Vicepresidente y Secretario, respectivamente. Sus restantes miembros fueron los doctores Orestes Álvarez, Dámaso Pérez, Roberto Seife, Armando Berriao, Rosa Ma. Hernández, Ada Lozano, Flora Peña, el licenciado Randolfo García y el compañero Pedro Ordúñez.
El Congreso quedó oficialmente inaugurado el miércoles 22 de junio a las 9:00 a.m. con las palabras pronunciadas al efecto por el Presidente de la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina. Al día siguiente comenzaron las sesiones científicas, que se extendieron hasta el viernes 24. Durante el cónclave se celebraron tres mesas redondas:

Importancia de la Historia de la Medicina en la Formación del médico
Moderador: Randolfo García Morales
Miembros: José López Sánchez
Fidel Ilisástigi Dupuy
Natalio Svarch Scharager
Rafael O. Pedraza Rodríguez.

Evolución de la Medicina social en Cuba
Moderador: Miguel Casanueva Pérez
Miembros: Francisco Rojas Ochoa
Jorge Aldereguía Henríquez
Rubén Rodríguez Gavaldá
Arnaldo Tejeiro Fernández.

La Medicina en Cuba en los siglos XVI, XVII y XVIII
Moderador: Ramón Madrigal Lomba
Miembros: Julio Le Riverend Brussone
Gregorio Delgado García
Elena López Serrano
Didio Álvarez Camejo.

Las ponencias presentadas por comisiones fueron las siguientes:

Comisión 1
Presidente: José Arteaga Herrera
Secretario: Miguel Casanueva Pérez
1. Literatura y Medicina, por Hilda González y colaboradores
2. Interpretación histórica del desarrollo de la Medicina por la Revolución cubana, por Rosa María Hernández Molejón y Antonio Armas Vázquez
3. La Facultad de Ciencias Médicas y el desarrollo de la salud en Cienfuegos, por José Arteaga Herrera y Elena de la Nuez Pérez
4. La ideología en la Historia de la Medicina, por Miguel Sorín
5. El devenir histórico del sujeto de la salud, por Nikolai M. Pereliguin y Antonio Armas Vázquez
6. Determinación social del saber científico. Vinculación de la Filosofía con la Historia de la Medicina, por Tatiana A. Kemerova y Elena B. Pereliguina
7. La Historia de la Medicina en la formación científica y cultural integral del médico, por Rodolfo García Morales
8. Influencia de la cultura oriental en la Medicina griega, por Natalio Svarch Scharager
9. Ecología e Historia de la Medicina, por Natalio Svarch Scharager.

Comisión 2
Presidente: Alfredo Carrizo Méndez
Secretario: María E. Olite Montesbravo
1. La célula. Aspectos históricos: ideas precursoras. La teoría celular. Hechos establecidos hasta fines del siglo XIX, por Hilario Gómez Barry y Armanda Cabrera Pérez
2. Aspectos históricos del desarrollo del conocimiento sobre la célula en el siglo XX, por Hilario Gómez Barry y Armanda Cabrera Pérez
3. Enfoques históricos, científicos y filosóficos sobre la teoría y la teleología celulares, por Hilario Gómez Barry y Armanda Cabrera Pérez
4. Importancia de la Museología para la enseñanza de la Historia de la Medicina, por Rosa M. Hernández Molejón y Antonio Armas Vázquez
5. Vinculación del trabajo interdepartamental en la creación y desarrollo de los círculos de interés de la Historia de la Medicina, por Juan Andrés Castiñeira Zayas
6. Antecedentes históricos de las asignaturas socio-médicas del actual plan de estudio de la carrera de Medicina, por Seidel Sánchez Delgado
7. El Museo Anatómico y la enseñanza de la Anatomía, la Cirugía y Obstetricia en Cuba en la primera mitad del siglo XIX, por Armando García González y Armando Rangel Rivero
8. El plan Varona y el desarrollo de la enseñanza superior de la Medicina en Cuba, por Gregorio Delgado García
9. La educación para la salud. Su evolución histórica, por Ana María Ibarra Salas y Ana María Gálvez González.

Comisión 3
Presidente: Antonio Granda Ibarra
Secretario: Melba Herrera Brezó
1. Nikolai Pirogov: herencia científica y actualidad de sus ideas, por Svetlana Ardasheva, Seidel Sánchez Delgado, Diana Martín Ross y Ángel Sánchez Delgado
2. Dr. Emiliano Núñez de Villavicencio. Un precursor del médico especializado en Salud Pública en Cuba, por Didio Álvarez Camejo
3. Victoria Bru Sánchez: una mártir de la enfermería en Cienfuegos, por Leida Rodríguez Carballosa
4. Médicos en las guerras por la independencia de Cuba en el siglo XIX, por Didio Álvarez Camejo
5. La Parasitología en la obra del agrónomo cubano Francisco Javier Balmaseda. 1823-1927, por Federico Sotolongo Guerra
6. El doctor Tomás Romay en la Real Junta Superior Gubernativa de Medicina y Cirugía, por María Mercedes Sánchez Dotres
7. Doctor Jacinto Oliver Mediaceja: una vida al servicio del pueblo, por Antonio Ríos Rodríguez y Telba Geroy García
8. Doctor Jesús Pérez González. Esbozo biográfico, por Orestes Jorge López Hernández y José A. Cabrera Gómez
9. Participación en las guerras de independencia de médicos, dentistas, farmacéuticos y otros patriotas pinareños, por Jesús R. Contreras Cué y Olga Alarcón Ulloa.

Comisión 4
Presidente: José E. Fernández-Brito
Secretario: Elena López Serrano
1. Dr. Isidro de Armas, un médico ejemplar. Síntesis biográfica, por Milagros Fernández Vera y Carlos Castellanos Blanco
2. El facultativo de la semana: antecedente histórico del médico de familia, por Gregorio Delgado García
3. El reglamento de la organización de la beneficencia pública en Cuba. Año 1821, por Elda Sevy Botton
4. La administración estatal de los servicios de salud y su interpretación histórica, por Antonio Armas Vázquez
5. Manifestaciones del internacionalismo como principio de la salud pública socialista en Cuba, por Carmen Arocha Meriño
6. Consideraciones sobre la evolución histórica del sistema de atención estomatológica de Cuba 1959-1987, por Wilfredo Córdova Díaz y Caridad Arias Macías
7. Orígenes y fundamentos del sistema de organización del trabajo: su repercusión en la rama salud, por Nereyda Rojo Pérez
8. Acerca de la historia de la organización y dirección de la protección de la salud de las personas como profesión, materia de enseñanza y objeto de investigación, por Francisco Rojas Ochoa
9. La sanidad militar del ejército rebelde: su organización y trascendencia histórica. 1956-1958, por Antonio Castillo Guzmán

Comisión 5
Presidente: Rafael Estrada González
Secretario: Juan R. Cassola Santana
1. La certificación médica de la defunción en Cuba: antecedentes y extensión del sistema hasta la actualidad, por Arnaldo Tejeiro Fernández
2. Desarrollo de las ideas de la quimioterapia antineoplásica experimental en la escuela soviética, por José Luis Bello
3. Cirugía torácica: un largo y tortuoso camino, por Gilberto Fleites González y Gilberto Fleites Batista
4. Uso de las plantas medicinales por los aborígenes de Cuba, por Antonio Estévez Nieto
5. La Ley de Starling del corazón: evolución histórica del concepto, por Anastasio Cabrera Santos
6. Historia de las epilepsias hasta comienzos de nuestro siglo, por Otto Hernández Cossio y Otto Hernández Fustes
7. Breve bosquejo histórico del Laboratorio Histobacteriológico e Instituto de Vacunación Antirrábica de la Habana, por Nancy M. Díaz-Argüelles García
8. Aspecto histórico del neurotrasplante, por Hilda Molina Morejón y Roberto Quiñones Molina
9. Definición histórico-social de la ateroesclerosis. Comentarios acerca de su etiología, por Alberto Hernández Cañero y Jorge Aldereguía Henríquez.

Comisión 6
Presidente: Miguel Sorín
Secretario: José R. Ruiz Hernández
1. Historia de los servicios de salud pública en Cienfuegos, por Pedro Ordúñez y Antonio Armas Vázquez
2. Historia de la Enfermería en Cienfuegos, por Juan Carlos Cabrera y María Elena López
3. Una administración municipal comunista en la seudo República y su labor por mejorar el estado de salud de la población, por José R. Ruiz Hernández
4. Fuentes documentales para la historia de la sanidad en Cuba en el siglo XIX, por Elena López Serrano
5. La medicina en Marianao: breve recuento histórico, por Toribio Martín Romero
6. Inicios de la puericultura en Cuba, por Elena López Serrano
7. Apuntes sintéticos sobre el desarrollo de la Neumotisiología, por Solangel Valdés Díaz
8. Carlos J. Finlay como médico e investigador integral. Algunos aspectos de sus estudios anatomopatológicos, por José E. Fernández-Britto Rodríguez
9. Como eran los ingresos en el sanatorio “La Esperanza”, por Francisco Berbes Carrillo.

Comisión 7
Presidente: Orestes J. López Hernández
Secretario: Didio Álvarez Camejo
1. Algunos aspectos de interés biomédico en El Corán, por Juan R. Cassola Santana
2. La lucha antituberculosa en Cuba. Apuntes históricos, por Ada Alonso Peña
3. La Higiene social: un tema de interés para la historia de la medicina, por Rosa María Hernández Molejón
4. Momentos de la Pediatría cubana. Parte I: la época colonial, por Luis Mesa Riquelme y Enzo Dueñas Gómez
5. Momentos de la Pediatría cubana. Parte II: en la República mediatizada, por Luis Mesa Riquelme y Enzo Dueñas Gómez
6. Momentos de la Pediatría cubana. Parte III: la Pediatría en el Socialismo, por Luis Mesa Riquelme y Enzo Dueñas Gómez
7. La Enfermería en vínculo histórico con la Medicina, por Antonio Armas Vázquez
8. La Higiene escolar, una ciencia que se desarrolla, por Juan F. Cabrera Trujillo, Ramón Ferreiro Gravié y Jorge Calderón Muñoz.

Comisión 8
Presidente: Gregorio Delgado García
Secretario: Otto Hernández Cossío
1. Pasado, presente y futuro de la Medicina del trabajo en Cuba, por Antonio Granda Ibarra y Heliodora Díaz Padrón
2. Apuntes de historia de la lepra en Cuba. Cuatro siglos de política y epidemiología, por Arnaldo Tejeiro Fernández
3. Cronograma de la historia de la Estomatología en Cienfuegos, por Miguel Casanueva Pérez y Alexis Soto Balesterena
4. Breve historia de la Epidemiología, por Miguel Casanueva Pérez y María del Carmen Cuba Yera
5. Apuntes para una cronología de la Medicina del trabajo en Cienfuegos, por María del C. Guardado Álvarez, Sara Hernández Malpica y Miguel Casanueva Pérez
6. Apuntes para la historia de la administración de salud, por Miguel Casanueva Pérez y Dámaso Díaz Acosta
7. Revolución y salud en la Isla de la Juventud, por Rigoberto Flores Roo
8. Apuntes para la historia del médico de la familia en Cienfuegos, por Juan Carlos de la Rosa Águila, Otmara González González y Adiarias del C. Alejo Molina.

Comisión 9
Presidente: Hilario Gómez Barry
Secretario: Seidel Sánchez Delgado
1. Historia de la Medicina en Cienfuegos en su primer centenario. 1819-1919, por Alfredo Carrizo Méndez, Orlando Águila Melero y Julio Miñoso Andino
2. Historia de la Medicina en Cienfuegos. Algunos de sus médicos más ilustres durante el período de 1819-1919, por Alfredo Carrizo Méndez y Juan A. Bereao Velázquez
3. El cuerpo de sanidad de las Milicias Nacionales Revolucionarias, por Rafael Estrada González
4. Desarrollo histórico de la cirugía plástica en Iberoamérica, por Orlando Lescano Garaizar
5. Componentes celulares: su historia, por Melba Herrera Brezó y Martha González Debén
6. Formación del personal de enfermería en la provincia de Cienfuegos a partir del triunfo de la Revolución (1959-1967), por María E. Olite Montesbravo, Perla López Alfonso y Marina Manzano Vives
7. El destacamento de ciencias médicas “Carlos J. Finlay” en la provincia de Cienfuegos. Apuntes para su historia (1982-1985), por María E. Olite Montesbravo y Francisca Diego Olite
8. Docencia médica en la provincia de Cienfuegos. Apuntes para su historia (1959-1985), por María E. Olite Montesbravo.

Comisión 10
Presidente: Gilberto Fleites Batista
Secretario: Hilda Molina Morejón
1. La Ortodoncia como especialidad de la Estomatología. Antecedentes históricos en Cuba, por María Elena González Spindola y Luis Suárez Rosas
2. La Bioestadística: antecedentes y perspectivas, por María del C. Pría Barros, Mercedes Nebrada Moreno y María Elena Astraín Rodríguez
3. Sociedad de Higiene: primera sociedad médica de Cuba, por Elena López Serrano
4. La computación en la salud pública de Cuba, por Ana María Gálvez González
5. Historia de la Radiología en Cienfuegos, por Saúl Rey Ávila
6. Arterioesclerosis: una enfermedad de más de 4 500 años, por José E. Fernández-Britto Rodríguez
7. Cirugía en Cuba: síntesis histórica, por Juan Rodríguez Loeches y Marcos Taché Jalak
8. Sobre la formación nacional, por Julio Le Riverend Brussone.

Tras dos días de intenso trabajo en comisiones, en las cuales se presentaron en total 86 ponencias, se reservó el sábado 25 a la sesión plenaria de clausura del evento y a la realización de una actividad artístico cultural en ese contexto. Así quedó para la Historia de la Medicina cubana la celebración de su primer Congreso del 22 y el 25 de junio de 1988.

Junio 12 de 1891. Fundación de la Sociedad de Higiene de La Habana

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

El farmacéutico nacido en Cádiz Antonio González Curquejo, fundador, director y propietario de la revista Repertorio Médico-Farmacéutico de La Habana, puso a la consideración de sus colegas de otras publicaciones como la Crónica Médico Quirúrgica de La Habana, la Revista de Ciencias Médicas y El Progreso Médico la idea de crear con el concurso de todos una Sociedad de Higiene que, además de propagar los conocimientos de esa disciplina, contribuyera a mejorar el estado de salud de La Habana y a constituirse en permanente acicate a las autoridades sanitarias, que no prestaban atención a las deplorables condiciones higiénicas de la ciudad. Esta agrupación, sugirió el doctor González Curquejo, podía integrarse no sólo por médicos y farmacéuticos, sino también por veterinarios, comerciantes, ingenieros, periodistas, abogados y otras personas entusiastas y preocupadas por dicha situación.
La iniciativa tuvo favorable acogida por parte de la prensa científica y de varias personalidades políticas, lo que dejaba entrever la posibilidad de realizar en breve tiempo el proyecto. La reunión de constitución de la Sociedad se convocó para el 12 de junio de 1891 a los 8:00 p.m. en la sede de la Cámara de Comercio, sita en aquella época en la calzada del Monte No. 3. A ella acudió un gran número de interesados, entre los que figuraban los doctores Calos J. Finlay Barrés, Gonzalo Aróstegui del Castillo, Diego Tamayo Figueredo, Luis M. Cowley Valdés Machado, Vicente de la Guardia Madan, Enrique Saladrigas Lunar, Manuel Delfín Zamora, Enrique López Veitía, Joaquín Jacobsen Cantos y Julio San Martín Carriere. Allí el doctor González Curquejo pronunció un discurso, en el que puso de manifiesto la conveniencia y los fines de la Sociedad que se trataba de constituir. Fue objeto de discusión su naturaleza y alcance y se acordó por unanimidad que ésta fuera de carácter general y práctico, a fin de que la sostuvieran todos los elementos que representaban a la sociedad y se llevase al terreno de la realidad las verdades de la ciencia, para mejorar en todo lo que fuese posible el estado de salubridad en La Habana. En esa primera reunión se nombró una comisión, compuesta por Ricardo Seco y los doctores Erastus Wilson, Luis M. Cowley, Vicente de la Guardia, Diego Tamayo, Manuel Delfín y Antonio González Curquejo para redactar un proyecto de Estatutos en el término de una semana. Así quedó constituida de manera oficial la Sociedad de Higiene de La Habana.
En una segunda reunión, celebrada el 19 de junio, se discutieron los Estatutos, sometidos luego a la aprobación del Gobernador de la provincia. En el segundo Artículo de esos Estatutos quedaron establecidos los objetivos de la Sociedad de constituir con personas de todas las clases sociales un centro organizado que velara por la salubridad de las poblaciones; que por lo tanto debía inquirir todos los peligros a que estaba expuesta la salud pública, ya fuera por las infracciones de las leyes, o bien por incuria en el cumplimiento de las disposiciones legales, para adoptar las medidas posibles y prácticas que se consideraran indicadas a fin de prevenirlos o de remediarlos con el concurso de las autoridades, por la vía de la propaganda, o por cualquier otro medio legítimo y eficaz.
El 8 de agosto se publicó el Reglamento para el régimen interno de la Sociedad de Higiene y en otra reunión, que tuvo lugar también en la Cámara de Comercio en la noche del 6 de noviembre del mismo año, quedó nombrada su directiva, la cual se integró por el farmacéutico Antonio González Curquejo como Presidente; el ingeniero Ricardo Seco como Vicepresidente; el médico Manuel Delfín Zamora como Secretario; el médico Erastus Wilson como Secretario de correspondencia; el abogado José García Montes como Tesorero y, como Vocales, el farmacéutico Gastón Alonso Cuadrado, el catedrático Manuel Valdés Rodríguez, el comerciante Domingo Valdés Urra, el médico Domingo F. Cubas, el periodista Benito Nieto, el médico Rafael Cowley Odero, el comerciante Marcelino Ortiz, el arquitecto Emilio Reyling, el médico Juan Santos Fernández, el ingeniero José González Gutiérrez, el médico Diego Tamayo, el profesor Diego Torres, el médico Eduardo Semprún, el comerciante Andrés Losada y el médico Eduardo F. Plá.
La agrupación funcionó en una esfera de acción especial independiente de toda gestión gubernativa, sin que esas condiciones le impidieran trasladar a todas las esferas de la administración pública su eficaz iniciativa y su valioso concurso. No sólo se limitó a discutir métodos y procedimientos, pues extendió su contribución benéfica a la familia al dictar reglas para sanear las viviendas, propagar la vacuna y hacer inspecciones por su cuenta. Entre otras medidas que adoptó de inmediato en el terreno práctico, se pudieran citar el proyecto de un matadero de animales y el de un baño especial para los caballos; la campaña para alejar las basuras de la ciudad, para destruirlas y desembarazar a la población de las materias fecales. En la esfera de las ideas la Sociedad logró despertar del letargo a muchos individuos y a levantar el espíritu de colectividad en los habitantes de La Habana, quienes empezaron a comprender mejor que con la aplicación de las medidas aconsejadas por la ciencia se podían elevar considerablemente los índices de salud y disminuir las cifras de mortalidad.
El establecimiento de los Comités de Barrios, representados por delegados de la corporación, reportaron resultados sumamente beneficiosos, por cuanto ayudaron a que cada persona comprendiera que la limpieza y el aseo son el fundamento de la salud; que al evitar los focos de insalubridad causantes de enfermedades y de la muerte garantizaba la prolongación de su vida y la de sus familiares. A esa labor educativa, la Sociedad añadió su insistencia en que al elegirse a los dirigentes se debía procurar que éstos fueran hombres entendidos y capaces de trabajar desde su puesto no para provecho personal, sino en beneficio de la salud del pueblo, en tanto asunto preferente de todo municipio.
La Sociedad de Higiene de La Habana fue, por así decir, una mediadora entre el pueblo y las autoridades y llevó a éstas las necesidades de aquél en materia de salud; rompió con antiguas y malas costumbres e hizo entrar a la población en el concierto del saneamiento, todo ello a pesar de la resistencia hallada en el curso de su incesante labor. Gracias a su gestión se llegó a constituir una verdadera autoridad popular, que echó a un lado muchas arcaicas tradiciones dañinas para la salud y puso en práctica medidas reveladoras de hasta qué punto fue capaz de divulgar los ecos de la razón y de convencer acerca de los atributos de la ciencia.
Por lo que significó el surgimiento y la existencia de la Sociedad de Higiene de La Habana en una época en la que a la salud pública no se le prestaba atención por parte de los gobernantes; porque los que la integraron fueron personas que, más que hombres de ciencia, fueron educadores e instigadores de la conciencia general y por su valioso aporte en la siembra de avanzadas ideas, en la formación de hábitos y en la apertura de nuevos horizontes en beneficio de la comunidad, bien merece que se reconozca el 12 de junio de 1891, día de su constitución, como otra fecha memorable en la historia de la Medicina cubana.

BIBLIOGRAFÍA

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Junio 11 de 1852. Natalicio del doctor Antonio Lorenzo Luaces Iraola

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Antonio Lorenzo Luaces Iraola (1852-1875) fue uno de los tantos cubanos que dieron el paso al frente ante el llamado de la patria, tras el levantamiento en armas contra el dominio español y la Declaración de Independencia, suscrita por Carlos Manuel de Céspedes (1819-1874), con que se dio inicio a la Guerra de los Diez Años.

Vio la primera luz en la ciudad de Puerto Príncipe, hoy día Camagüey, el 11 de junio de 1852, en el seno de una reputada familia. Luego de su graduación en París de la carrera de Medicina, revalidó su título en Madrid y en Nueva York, desde donde arribó a las costas cubanas en una expedición organizada por la Junta Revolucionaria constituida en aquella metrópoli estadounidense. El grupo expedicionario, integrado por 112 cubanos y 86 norteamericanos, desembarcó el 11 de mayo de 1869 por la península de San Ramón en la bahía de Nipe con numeroso número de armas, a fin de hacer contacto con los insurrectos.

Incorporado al ejército mambí, Luaces fue destinado a prestar sus servicios en Camagüey a las órdenes del Mayor General Ignacio Agramonte Loynaz (1841-1873), donde llegó a alcanzar el grado de Coronel por los méritos que acumuló como combatiente.

En octubre de 1871 el brigadier Julio Sanguily Garritte fue sorprendido y hecho  prisionero por las fuerzas enemigas, cuando se encontraba en la enfermería de la patriota Cirila López Quintero para dejar tres enfermos a su cuidado. Cuando  era conducido hacia los campos de Jimaguayú para ser entregado, irrumpió el  Mayor con sus hombres para llevar a efecto el rescate del ilustre preso en gran demostración de valor y patriotismo.

Entre los cubanos que participaron en esta acción, considerada una de las más ejemplares de la gesta libertaria nacional, destaca el nombre del Mayor Ignacio Agramonte, seguido por el del Coronel y médico del Cuartel General Antonio L. Luaces, cuya participación en este acontecimiento demostró el valor, serenidad y lealtad que le caracterizaron en los campo de batalla.

En el combate de La Sacra, dirigida por el Generalísimo Máximo Gómez (1836-1905), fue herido y prisionero el médico del ejército español Salvador Naranjo, a quien Luaces dio la libertad luego de curarlo. En cierta ocasión Naranjo llamó a Luaces “mi Coronel” y éste le aclaró que sólo debía considerarlo como simple  colega.

En una instalación ubicada entre el camino real y el que conduce a Santa Cruz del Sur, al sudeste de Puerto Príncipe, se encontraban las fuerzas comandadas por Manuel Sanguily (1848-1925) en espera de la llegada de Salvador Cisneros Betancourt, Presidente de la República en Armas, que estaría en ese lugar el 20 de abril de 1875. Sorprendido el campamento el día 19, cayó prisionero el doctor Luaces del sanguinario grupo conocido con el nombre de Los Doce Apóstoles e integrado por desertores del ejército libertador.

Conducido a Camagüey, resistió la presencia insultante del Brigadier Ampudia, quien trató de sobornarlo al ofrecerle el perdón de la segura sentencia a muerte si pasaba a prestar servicios junto al ejército español. Este ofrecimiento tuvo la respuesta del patriota de que, de haber tenido tiempo de ceñir sus armas, se habría ahorrado la vergüenza de tener que escuchar tales palabras, ya que se hubiera suicidado.

El 21 de abril de 1875 fue fusilado el doctor Luaces en la misma ciudad que lo vio nacer 33 años atrás.

Como muchos médicos cubanos, combatió en los campos de Cuba a impulsos de emociones patrióticas. Como profesional olvidaba la condición de enemigos de los heridos, a los cuales les prestaba la más esmerada atención; al tiempo que como combatiente supo ser consecuente con sus ideales, incluso hasta el  mismo momento que la fatal descarga terminó con su vida, cuando pronunció:

“Cuán digno es morir por una causa digna y santa”.

A 140 años del Grito de Yara, se ha querido recordar la fecha del 11 de junio, la cual ha quedado como memorable para la historia de la Medicina cubana, pues un día como ese de 1852 nació uno de los representantes de la profesión, del cual todos los cubanos deben sentirse orgullosos.

BIBLIOGRAFÍA

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