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Junio 6 de 1977. Promulgación de la Resolución que legalizó al Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Desde los primeros años posteriores al triunfo de la Revolución en 1959, la máxima dirección del país estaba consciente de la importancia de la información relacionada con las ciencias de la salud. En aquella época se importaban publicaciones de varias naciones y se producían en la isla revistas médicas en las especialidades de pediatría, medicina interna, cirugía e historia de la medicina, fundamentalmente. La biblioteca de la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana y la hemeroteca del Colegio Médico Nacional eran entonces las principales sedes hacia donde se podía ir en busca de la información.
Por aquellos tiempos se encontraba en viaje de estudios en Moscú el doctor Pedro L. Castro, radiólogo ya fallecido, quien tuvo la oportunidad de visitar y conocer el centro de información médica de esa ciudad. A su regreso, narró sus experiencias en este sentido al entonces Ministro de Salud Pública, el doctor José R. Machado Ventura y al doctor Daniel Alonso, quien fungía como Viceministro de Docencia. Asimismo dio a conocer a ambos dirigentes la disposición de los colegas soviéticos de asesorar en la organización de una institución similar en Cuba. Con este fin viajó a la isla el profesor Surén Markárovich Bagdasarián, Director del Instituto de Investigación Científica y de Información Médica moscovita.
En una reunión sostenida con profesores de la Escuela de Medicina y con dirigentes del Ministerio de Salud Pública, el profesor Bagdasarián proporcionó las orientaciones necesarias y ofreció su valiosa ayuda con vistas a la creación del centro de Información de ciencias médicas cubano, para cuya dirección fue propuesto, y luego ratificado, uno de los asistentes a la junta: el profesor Rafael O. Pedraza Rodríguez.
Los primeros objetivos que se establecieron para la organización del nuevo centro fueron:

Conformación de su estructura.

• Traslado hacia su sede de una fotocopiadora del Hospital "Calixto García".
• Adquisición de un mimeógrafo.
• Fundación de una revista de resúmenes.
• Nombramiento de un grupo de asesores médicos que asumirían la selección de los artículos que se procesaran para la mencionada revista.

Tras una visita realizada a Moscú por el doctor Pedraza para adquirir experiencias, se crearon las condiciones finales para que en abril de 1965 comenzara a funcionar el Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas (CNICM), con una estructura de inicio formada por un director general, un subdirector administrativo, los departamentos de investigaciones bibliográficas, de traducciones y de publicaciones y una imprenta. Al poco tiempo se comenzó a organizar una hemeroteca con las revistas procedentes de la biblioteca de la Escuela de Medicina de la Universidad habanera y de la hemeroteca del Colegio Médico Nacional. Otros de sus primeros logros fueron la regularización de la periodicidad de las revistas existentes y la salida de dos nuevos títulos, la Revista Cubana de Medicina Tropical y la Revista Cubana de Farmacia; la revitalización del canje con publicaciones extranjeras y la obtención de presupuesto para suscripciones y compra de libros para la Escuela de Medicina.
Doce años después, exactamente el 6 de junio de 1977, se dictó la Resolución 38 del Ministerio de Salud Pública, en la que se fijaron por primera vez con carácter oficial la estructura, la plantilla y las funciones del CNICM. Con este documento se legalizó la gestión de una institución que entonces llevaba más de dos lustros funcionando y que está a punto de cumplir 40 años de existencia como órgano rector de un gran sistema nacional de información al servicio del restablecimiento y de la conservación de la salud y de la vida humana.
En estos casi cuatro decenios la institución acumula incontables logros en su gestión; uno de los más trascendentales lo es sin duda la creación en 1992 de la red INFOMED, surgida en los momentos en que Cuba sufría una fuerte contracción económica que amenazaba con paralizar el desarrollo alcanzado, así como en virtud de una acertada visión acerca de la positiva influencia que podía tener el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación para mejorar el acceso al conocimiento por parte de los profesionales del sector de la salud.
Actualmente el Sistema Nacional de Salud cubano cuenta con una infraestructura moderna de información y comunicación que une a todos sus técnicos, profesionales e instituciones entre sí y con el resto de la sociedad, en una dinámica de conocimientos al servicio de la atención médica, la docencia, la investigación y la gestión de salud de alcance nacional y referencia internacional. De ello se infiere que hoy día el CNICM es capaz de asumir la responsabilidad de garantizar el funcionamiento de una estructura informacional, que responde a los requerimientos e intereses de los componentes del sistema para desarrollar las tareas que les son inherentes.

Trabajadores con más de 25 años de servicios en el CNICM

NOMBRES
FECHA DE INGRESO
1. Xiomara Alfonso Cortina 1ro. de mayo de 1971 (fallecida)
2. Margarita Pobea Reyes 1ro. de mayo de 1971
3. Hilcia Reyes López 1ro. de mayo de 1971
4. Mireya Trujillo Rubio 1ro. de mayo de 1971
5. Edgardo Fundora Lima 1ro. de diciembre de 1971 (jubilado)
6. Héctor F. Fábregas Rodríguez 1ro. de marzo de 1972
7. Fredesvinda Blanco Hechevarría 3 de marzo de 1972
8. Edda Martínez Aparicio 4 de enero de 1973
9. Elia I. Abreu Hernández 18 de diciembre de 1973
10. Héctor Sanabria Horta 1ro. de mayo de 1974
11. Manuel P. Izquierdo Castañeda 1ro. de diciembre de 1974
12. Martha Ma. Ponce San Martín 25 de diciembre de 1974
13. José Antonio López Espinosa 1ro. de febrero de 1975 (jubilado)
14. Ana Rosa Pena Gutiérrez 19 de enero de 1976
15. Bárbara Lazo Rodríguez 2 de noviembre de 1976
16. María Felipa Rodríguez Pérez 1ro. de junio de 1977
17. Maura Díaz Antúnez 1ro. de julio de 1977 (jubilada)
18. Marina Castillo Duque 5 de diciembre de 1977
19. Ana Luisa Pinillo León 1ro. de diciembre de 1978

BIBLIOGRAFÍA

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Díaz del Campo S. Breve reseña de las bibliotecas médicas en Cuba. ACIMED 1993;1(1):4-5.
Hernández Batista A. In Memoriam. Rafael Octavio Pedraza Rodríguez. ACIMED 1996;4(2):53-6.
Hernández Ojito J. Discurso pronunciado en el acto central de la jornada por el Aniversario XXX de la Fundación del CNICM. ACIMED 1995;3(2):6-7.
Jiménez ME. Un aniversario más. Inf Corr 1981;15(8):7.
Osa J de la. Creada la Red Nacional de Telemedicina. Granma 1998;34(117):1.
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Junio 5 de 1974. Constitución de la Asociación Cubana de Ingeniería Sanitaria

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

 

Los profesionales cubanos que trabajaban en proyectos y construían obras de ingeniería sanitaria antes de 1959 y durante los primeros 15 años posteriores al triunfo de la Revolución, se afiliaban fundamentalmente a las organizaciones en que se agrupaban los ingenieros civiles y los arquitectos. En 1971, funcionarios de la Oficina Sanitaria Panamericana (OPS) dieron a conocer a la entonces Dirección Nacional de Higiene del Ministerio de Salud Pública de Cuba la aspiración del Comité Ejecutivo Internacional de la Asociación Interamericana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental (AIDIS) de que el país formara parte de la membresía de esa organización.
Durante los siguientes años, los miembros del Comité Internacional de la AIDIS reiteraron por diversas vías su interés de que en Cuba se creara una sección de ingeniería sanitaria, que se expresaba paralela a la intensa actividad de los funcionarios de la Oficina Sanitaria Panamericana a todas sus instancias con la mira puesta en la creación de una asociación netamente cubana. En febrero de 1974 se celebró en La Habana un Seminario Internacional de Contaminación del Ambiente, al que asistieron más de 100 técnicos representantes de distintos organismos vinculados al saneamiento ambiental. En el citado evento se gestó la agrupación que, poco meses más tarde, surgió con el nombre de Asociación Cubana de Ingeniería Sanitaria. Allí el entonces Asesor Regional de Ingeniería Sanitaria de la OPS y miembro distinguido del Comité Ejecutivo Internacional de la AIDIS, ingeniero Efraín Ribeiro, explicó a los participantes los objetivos de la organización y los exhortó a que integraran la Asociación Cubana.
En una velada que tuvo lugar el 5 de junio de 1974 en el Consejo Científico del Ministerio de Salud Pública, se constituyó oficialmente la Asociación Cubana de Ingeniería Sanitaria (ACIS), en la cual se agruparon ingenieros, laboratoristas, higienistas, trabajadores sanitarios y otros profesionales de la salud dedicados a diferentes aspectos de las ciencias del ambiente, con el objetivo de combinar de forma organizada sus esfuerzos encaminados al control de la contaminación ambiental.
Al acto asistieron personalidades como los ingenieros Miguel Montes de Oca,  Vicepresidente del Comité Ejecutivo Internacional de la AIDIS; Ramón Sánchez Contreras, Secretario editor; Cosmo Barbato, Secretario ejecutivo; así como el doctor Jorge Aldereguía Valdés Brito, Viceministro de Higiene y Epidemiología y Luis  Corach, representante de Cuba ante la OPS.
En una parte de su intervención en esa actividad, el ingeniero Carlos Martínez, máximo responsable de la ingeniería sanitaria del Ministerio de Salud Pública, se manifestó acerca de la permanente preocupación existente en Cuba por los problemas derivados de la contaminación del ambiente y su control. Asimismo se pronunció respecto a la significación del acto, tendente a estrechar los lazos fraternales con los pueblos latinoamericanos, unidos por la cultura, la historia, las luchas por la liberación y el pensamiento bolivariano. También afirmó que la participación de Cuba en las instituciones científicas del continente contribuirían a romper el bloqueo cultural al que había estado sometida y garantizarían que, además de la amistad sincera, los colegas latinoamericanos recibirían la más fraternal cooperación en los aspectos técnicos y científicos relacionados con la AIDIS.
Montes de Oca, Sánchez Contreras y Barbato anunciaron en sus respectivas intervenciones que la Asociación Cubana de Ingeniería Sanitaria pasaba desde ese momento a formar parte de la AIDIS y a participar en todos los preparativos del XIV Congreso Interamericano de Ingeniería Sanitaria, que se efectuó entre el 4 y el 9 de agosto siguiente en México D.F.
Ese día la directiva de la ACIS quedó integrada por las siguientes personas:

Presidente: Ing. Carlos Martínez
Vicepresidente: Ing. José M. Macías
Secretario ejecutivo: Ing. Ricardo Blanco
Secretario de divulgación: Dr. Pedro Rodríguez
Vicesecretario: Lic. Joaquín Gutiérrez
Tesorero: Tec. Juan José Gómez
Vicetesorero: Tec. Andrés Legón
Vocales: Ing. Mario Viñas y Lic. Gerardo Suárez

Bajo su dirección, la nueva agrupación quedó comprometida de manera formal a contribuir al cumplimiento de los principales objetivos de la AIDIS, a saber:

1.  Fomentar el desarrollo de la ingeniería sanitaria en las Américas
2.  Promover el aporte científico a favor de la salud pública
3.  Impulsar las labores de saneamiento ambiental, como condición necesaria para el desarrollo social y económico de los países asociados
4.  Favorecer el intercambio de información y conocimiento entre los asociados mediante la colaboración con las instituciones nacionales e internacionales que operan en el campo de la ingeniería sanitaria y ciencias del ambiente.

 

En aquel momento la AIDIS  agrupaba a 22 asociaciones nacionales, las cuales  sumaban más de dos mil miembros individuales. Hoy día están representados en ella diversos organismos del Estado cubano por profesionales, cuya labor se relaciona con las ciencias de ambiente, como por ejemplo, el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), el Ministerio de la Construcción (MICONS), el Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) y el Instituto de Planificación Física (IPF), entre otros.

 

 

BIBLIOGRAFÍA 

Asociación Cubana de Ingeniería Sanitaria [en línea]. Disponible en: http://www.inhem.sld.cu/acis/index_sp.htm
Constituida la Asociación Cubana de Ingeniería Sanitaria. Inf Corr 1974;9(25):1-4.
López Serrano E. Apuntes para la historia: ingeniería sanitaria. Rev Cubana Salud Pub 1976;2(3):307-319.
Mas Bermejo P. Convención Internacional Salud Pública 2002. Ante los nuevos retos del siglo XXI. Por el desarrollo de una salud pública de avanzada. Rev Cubana Hig Epidemiol 2001;39(3):220-230.

 

  

 

 

Mayo 19 de 1861. Fundación de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

La creación de una Academia de Ciencias constituyó por muchos años la ilusión de un grupo de científicos cubanos quienes, como reflejo directo de las condiciones socio económicas de la isla de Cuba, se convirtieron en voceros de esa necesidad.
En 1826 los doctores Nicolás José Gutiérrez Hernández (1800-1890) y Francisco de Paula Alonso Fernández (1796-1845), a la cabeza de un grupo de médicos, plantearon a las autoridades coloniales su aspiración de establecer en La Habana una Academia de Ciencias Médicas. Tras largas gestiones, con las que se logró la aceptación de parte del entonces Gobernador Dionisio Vives, la iniciativa fue desestimada por la corona de España.
En 1840, a raíz de fundar la primera revista médica cubana, volvió a insistir en la idea el doctor Gutiérrez. En 1841 el doctor Ramón Francisco Valdés solicitó establecer una Real Academia de Ciencias Naturales, según los moldes de la de Madrid. En 1852 los doctores Félix Giralt Figarola (1821-1881) y Ramón Zambrana Valdés (1817-1866) se unieron para pedir al Gobierno la creación de un Instituto de Ciencias Médicas. A pesar de estas buenas intenciones, todas las gestiones se reducían al plano personal o al de reducidos grupos de solicitantes y nunca fructificaron.
A finales de 1855 el doctor Gutiérrez convocó a una reunión para sumar voluntades a favor de la idea, oportunidad en que encontró un apoyo decidido y entusiasta extendido primero a toda la clase médica y más tarde a muchos profesionales de otras ciencias. Los doctores Gutiérrez y Zambrana se encargaron de redactar la petición concreta para la creación de la Academia, que elevaron a la Reina Isabel II, quien dio su aprobación el 26 de diciembre de 1860. Cerca de cinco meses más tarde, el 19 de mayo de 1861, se inauguró a las 12:00 m. en la capilla de la Universidad de La Habana la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. Su primera Junta de Gobierno se integró por los doctores Nicolás José Gutiérrez como Presidente y Ramón Zambrana como Secretario, junto con José Atanasio Valdés Arango (1812-1882), Joaquín Lebredo Lladó (1833-1889), José de la Luz Hernández Sardiñas (1801-1890) y Juan Calixto Oxamendi Desprez (1829-1885). Entre sus primeros académicos se contaron, además de los ya señalados, a los más distinguidos científicos de aquellos tiempos quienes, con las limitaciones que imponía al país el hecho de ser una colonia española, hicieron una labor digna de encomio a favor del desarrollo de las ciencias en el territorio nacional.
En una selección de los aportes más significativos de los miembros de la Academia en la segunda mitad del siglo XIX, se pudieran mencionar, entre otros, los trabajos de Manuel Fernández de Castro (1825-1895), que adelantaban una nueva teoríasobre las corrientes electrotelúricas, y los referidos a la unión de Cuba con el continente y tratan acerca de su constitución geológica. La obra de Andrés Poey Aguirre (1825-1919) propició la creación del primer observatorio meteorológico en Cuba y fue un bastión en el desarrollo de la climatología, la agrometeorología, la climatología y la ciclonología. La contribución de Felipe Poey Aloy (1799-1891) a la zoología fue notable, principalmente en el estudio de los peces, recogido en su “Ictiología cubana”. Juan Cristóbal Gudlach Redberg (1810-1896) legó su sinopsis sobre todas las especies de aves cubanas. El “Ensayo sobre el cultivo de la caña de azúcar” de Álvaro Reynoso y Reynoso (1829-1888) es una obra que ha trascendido en el tiempo por su utilidad. La introducción del uso de la anestesia por los doctores Nicolás José Gutiérrez y Vicente Antonio de Castro Bermúdez (1809-186?) fue algo apoteósico en el sector médico y, ¿qué decir del gran descubrimiento del doctor Carlos J. Finlay Barrés (1833-1915) en los campos de la entomología y de la medicina preventiva?
Los mencionados son tan solo un grupo limitado, entre muchas otras contribuciones importantes, de los miembros de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. La institución cumplió con la responsabilidad que le correspondía y jugó un papel muy importante en el desarrollo de las ciencias en Cuba. A pesar de las tantas limitaciones que enfrentó, el grupo de académicos que le dieron vida participó también en la creación de otros centros científicos y sacó a la Universidad del enclaustramiento dogmático.
Durante el período de la seudorepública, la sociedad se orientó hacia otros objetivos muy diferentes a los que encontró la corporación en la época colonial, por lo que ésta llevó entonces una vida lánguida, aun cuando sus integrantes mantuvieron siempre una postura digna ante los acontecimientos que embargaban al país. Entre 1908 y 1961 fue prácticamente un aparato burocrático con poca actividad científica y varios hombres de gran prestigio que formaban su grupo de académicos proyectaron su obra hacia otras instituciones como la Universidad, algunos hospitales y las sociedades científicas, que se habían transformado en nuevas academias.
Tras el triunfo de la Revolución en 1959, se decidió disolver la vieja Academia y crear una comisión para organizar una nueva, la actual Academia de Ciencias de Cuba. Por ello se puede afirmar que esta organización cumple 145 años en 2006. De 1861 a 1961 en su primera etapa como Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y, a partir de 1961, como Academia de Ciencias de Cuba. De ahí que sea tan importante recordar la fecha de su fundación.

BIBLIOGRAFÍA

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Mayo 10 de1887. Primera nefrolitotomía practicada en Cuba

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Se conoce por nefrolitotomía a la operación consistente en extraer cálculos renales por sección del riñón. Las primeras intervenciones de este tipo se realizaron en Francia y en los Estados Unidos de América. En 1886 se publicó en París una estadística, en la que se dio cuenta de 25 casos de nefrolitotomías con sólo dos fallecidos, uno por shock y el otro por piemia. Con posterioridad, varios cirujanos estadounidenses la practicaron con éxito. En este trabajo se ofrecen detalles acerca de la primera vez que ésta se llevó a cabo a Cuba, hace exactamente 120 años.
El protagonista de esta primicia de la Cirugía nacional fue el doctor Raimundo García Menocal y García Menocal (1856-1917), gran maestro de la disciplina que contribuyó en su época a darle vida y colorido y a situarla de modo notable en un alto sitial entre los cubanos.
Todo comenzó cuando fue a visitarlo el paciente Carlos Pérez, casado, de 38 años de edad, de buena constitución física, de oficio tabaquero y vecino de la calle Cárdenas 31 en La Habana, quien manifestó que desde los 16 años padecía de cólicos nefríticos con ataques repetidos cada cinco o seis meses. Desde hacía dos años no los había vuelto a padecer ni había arrojado cálculos. Pero llegó un momento en el que la orina, con raros días de intervalo, no cesaba de ser hematúrica, aun cuando no contenía cálculos. Los dolores, sin ser tan agudos como en los ataques anteriores de cólicos, se manifestaban de modo casi permanente en el riñón derecho y aumentaban en la posición sentada y durante la marcha. La uretra y la vejiga estaban sanas y no tenían cálculos. En la región del riñón derecho no se notaba tumefacción; pero la presión en el ángulo superior del triángulo renal, por ligera que fuera, producía agudos dolores.
Dos muestras de orina examinadas por García Menocal a las 24 horas, tenían una reacción ácida, una densidad de 1.020 y 1.024 y un color sanguinolento al agitarlas. En reposo mostraban un sedimento mucoso, glóbulos rojos en abundancia, sin glóbulos de pus y cristales de fosfato amoniaco magnesiano. La composición de la orina en urea y sales era normal. Los cálculos y arenas arrojados con anterioridad eran de ácido úrico.
La fecha fijada para la operación fue el 10 de mayo de 1887. En ella participaron junto con García Menocal los doctores Gabriel Casuso Roque (1851-1923), Ignacio Plasencia Lizazo (1843-1913), Barrena, Aragón y Cueto, de La Habana y Cacho, de Trinidad. Tras la anestesia con cloroformo, a la cual tuvo el paciente una reacción positiva, se hizo una incisión de 12 centímetros de piel y tejido celular paralela a la última costilla a partir del borde externo de la masa sacro lumbar, con el enfermo en posición decúbito abdominal. Con la incisión del gran oblicuo y la fascia transversal sobre la sonda canalada, se llegó fácilmente sobre la atmósfera grasosa del riñón, dilacerada poco a poco con dos pinzas de disección hasta descubrir y aislar el riñón derecho. La dificultad de explorarlo por la profundidad en que éste se encontraba, obligó a cambiar la posición del paciente a la de decúbito lateral derecho y bien a la orilla de la mesa de operaciones. Esto posibilitó, después de fijarlo por presiones que hacía un ayudante sobre las paredes abdominales, ver que su tamaño y color eran normales, pero que al tomarlo entre los dedos se notaba un cuerpo duro y resistente al nivel de la pelvis. La exploración por medio de una aguja vino a comprobar la existencia en ese punto de un cálculo. Con un tenótomo abotonado se incidió la pelvis del riñón y con unas pinzas fuertes se extrajeron tres cálculos de esa cavidad. A continuación se colocó un tubo de drenaje grueso y se cerró la herida con 14 puntos entrecortados de hilo de plata superficial y profundo. La cura se hizo a base de yodoformo y algodón bórico y para la compresión se utilizó una faja de esparadrapo. El peso de los tres cálculos era de 52 gramos y estaban compuestos de ácido úrico, urato y fosfato amoniaco magnesiano.
El día de la operación la temperatura del paciente se mantuvo en 37 grados. A través de la herida salía una gran cantidad de orina sanguinolenta y aproximadamente hasta las 9:00 p.m. la vejiga se mantenía vacía y el otro riñón con anuria de origen reflejo. De esa hora en adelante su funcionamiento se comenzó a normalizar. El día siguiente, la orina continuó saliendo ensangrentada por el tubo de drenaje y la temperatura mantuvo los 37 grados, al igual que el día 12 en que el enfermo continuó apirético. El séptimo día se le retiraron los puntos de sutura y el drenaje. Hasta el decimosegundo día la orina expulsada por la vejiga y por la herida continuó sanguinolenta. A partir de entonces fue completamente clara. La fístula urinaria persistió hasta el 25 de julio, día en que quedó completamente curada.
Esta fue pues la primera operación de nefrolitotomía practicada en Cuba, de la que se ha hecho una sintética descripción para recordar el aniversario 120 de su realización.

 

BIBLIOGRAFÍA 

Aballí Arellano AA. Elogio del Dr. Raimundo G. Menocal (1856-1917). Cuad Hist Salud Pub 2003;(93) disponible en: http://www.bvs.sld.cu/revistas/his/his93/his1493.htm

Argüelles Casals. El centenario de Raimundo Menocal. Arte y Medicina 1956;4(25):15-19.

García Gutiérrez A, Delgado García G. Historia de la Cirugía en Cuba. Rev Hab Cien Med 2004; 3(7) disponible en: http://www.ucmh.sld.cu/rhab/historicas_rev7.htm

Menocal R. Cálculos del riñón derecho. Nefrolitotomía. Curación. Cron Med Quir Habana 1888; 14(1):7-9.

 

Mayo 10 de 1633. Reconocimiento del primer título de Protomédico en Cuba

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

La constitución oficial del Real Tribunal del Protomedicato, en abril de 1711, significó la primera manifestación de organización de la salud pública cubana. El antecedente del importante acontecimiento data de 78 años antes, cuando se le concedió autorización para fungir como Protomédico a un galeno español residente en La Habana nombrado Francisco Muñoz de Rojas (159?-1637).

Este graduado de Bachiller en Medicina en la Universidad Hispalense de Sevilla el 18 de diciembre de 1618, había nacido en la ciudad de Córdoba en el primer lustro de la década de 1590. Luego de su graduación, le fue designado el cargo de Visitador (inspector) de todos los doctores, barberos y boticarios. Con posterioridad ejerció como Médico Mayor de Galeones y, en uno de sus viajes como tal, llegó a Veracruz, Nueva España, donde se quedó a residir y realizó similares funciones.

Años después se trasladó a La Habana y, en 1632, solicitó al Cabildo se recabara de Su Majestad le hiciera merced del oficio de Protomédico, en consideración al servicio  por él antes prestado en otros lugares y a la dificultad que significaba examinarse en otros países para los cubanos que aspiraban a convertirse en médicos, cirujanos, boticarios, etc. Según consta en el folio 127v. del libro 9 de actas trasuntadas del Cabildo habanero, correspondiente a 1632, se le dio atención a esa petición, que se redactó de conformidad con lo expresado por el solicitante.

En carta de Provisión Real, fechada en Madrid el 10 de mayo de 1633, se le concedieron estos honores a Muñoz, a la vez que se le otorgó el título de “Protomédico examinador de todos los doctores, barberos, cirujanos, boticarios y parteras de la Ciudad de La Habana e Isla de Cuba”. Éste fue pues el primer título de Protomédico reconocido en la Mayor de las Antillas. El texto de este documento aparece registrado en los folios 282v. y 284v. del libro 9 de actas trasuntadas del Ayuntamiento de La Habana del año 1634.  Muñoz de Rojas, su beneficiario, pudo desempeñar ese cargo sólo por espacio de algo más de tres años, pues murió en abril de 1637. Sus restos reposan en el Convento de San Francisco.

Después de él, transcurrió un prolongado período de 74 años hasta que otro español, éste oriundo de Andalucía y llamado Francisco Teneza Rubira (1666-1742), presentó a las autoridades, en abril de 1711, un título de Protomédico Real de la ciudad de La Habana y su jurisdicción, respaldado por la firma del Rey Felipe V.

Teneza fue en realidad el fundador del Real Tribunal del Protomedicato de La Habana de carácter colectivo, pues fungió como primer Protomédico Regente de un grupo en principio formado por dos personas con los cargos de primer y segundo Protomédicos, al que luego se le agregó una tercera con el cargo de Fiscal.

Durante el tiempo de vigencia de las funciones de estos colectivos que rigieron la organización de la salud pública en Cuba, el cual se prolongó hasta 1833, desempeñaron los mencionados cargos las siguientes personas:

Período 1711-1737
Francisco Teneza Rubira 

Período 1737-1744
Primer Protomédico: Francisco Teneza Rubira
Segundo Protomédico: Ambrosio Medrano Herrera 

Período 1744-1751
Primer Protomédico: Ambrosio Medrano Herrera
Segundo Protomédico: José Arango Barrios Siscara 

Período 1751-1760
Primer Protomédico: José Arango Barrios Siscara
Segundo Protomédico: Juan José Alvarez Franco Rodríguez
Fiscal: José Melquiades Aparicio de la Cruz 

Período 1760-1775
Primer Protomédico: José Arango Barrios Siscara
Segundo Protomédico: José Melquiades Aparicio de la Cruz
Fiscal: Matías Cantos Medina 

Período 1775-1784
Primer Protomédico: José Melquiades Aparicio de la Cruz
Segundo Protomédico: Matías Cantos Medina
Fiscal: Roque J. de Oyarvide San Martín 

Período 1784-1794
Primer Protomédico: Matías Cantos Medina
Segundo Protomédico: Julián Recio de Oquendo de la Coba
Fiscal: Gregorio del Rey de la Cruz 

Período 1794-1797
Primer Protomédico: Matías Cantos Medina
Segundo Protomédico: José Julián de Ayala González
Fiscal: Nicolás M. del Valle de la Vega 

Período 1797-1818
Primer Protomédico: José Julián de Ayala González
Segundo Protomédico: Nicolás M. del Valle de la Vega
Fiscal: Roque J. de Oyarvide San Martín 

Período 1818-1820
Primer Protomédico: Nicolás M. del Valle de la Vega
Segundo Protomédico: Roque J. de Oyarvide San Martín
Fiscal: Lorenzo Hernández Marrero

Período 1820-1831
Primer Protomédico: Lorenzo Hernández Marrero
Segundo Protomédico: Juan J. Pérez Delgado
Fiscal: José Antonio Bernal Muñoz

Período 1831-1832
Primer Protomédico: Lorenzo Hernández Marrero
Segundo Protomédico: José Antonio Bernal Muñoz
Fiscal: Simón Vicente de Hevia Rodríguez 

Período 1832-1833
Primer Protomédico: José Antonio Bernal Muñoz
Segundo Protomédico: Simón Vicente de Hevia Rodríguez
Fiscal: Antonio Viera Infante

 

BIBLIOGRAFÍA

Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Habana. Solicitud de Francisco Muñoz de Rojas de que se le solicite a Su Majestad el nombramiento de Protomédico. En: Libro 9 de actas trasuntadas; 1632. f. 127v.
----. Presentación del título de Protomédico de Francisco Muñoz de Rojas. En: Libro 9 de actas trasuntadas; 1634. f. 278-279.
----. Título de Protomédico de Francisco Muñoz de Rojas. En: Libro 9 de actas trasuntadas; 1634. f. 282v.-284v.
Arrate JMF de. Llave del Nuevo Mundo. México: Fondo de Cultura Económica; 1949. p. 145.
Artiles J. Notas para la historia de la Medicina en Cuba hasta el establecimiento del Real Protomedicato. Rev Med Cub 1959;70(11):533-538.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego; 1876. p. 341.
Delgado García G. Enseñanza de la Medicina en Cuba hasta la reforma universitaria de 1842. Cuad Hist Salud Pub 1990;(75):9-29.
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Santovenia ES. El Protomedicato de La Habana. Cuad Hist Salud Pub 1952;(1):15-56.

 

 

Mayo 8 de 1887. Apertura del primer Laboratorio Histobacteriológico e Instituto de Vacunación Antirrábica de América

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

El doctor Juan Santos Fernández Hernández (1847-1922) fue toda una autoridad en la especialidad de Oftalmología, en cuyo ejercicio logró obtener una reputación que traspasó las fronteras cubanas y se extendió por todos los países civilizados de su tiempo, al punto de convertirse en el especialista de enfermedades de los ojos de más relieve en todos los dominios de la colonia española, incluida la propia España, a la vez que el más conocido en el extranjero durante la segunda mitad del siglo XIX. A lo anterior se agrega su condición de uno de los miembros más consecuentes y laboriosos de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, de la que llegó a ser su Presidente entre 1897 y 1899 y de 1900 a 1921.
Este insigne médico matancero, además del primer cubano que ejerció la Oftalmología y consolidarla como especialidad independiente, fue protagonista principal del renacimiento científico en su país en otros aspectos en medio de la incierta secuela que dejaba la guerra de 1868-1878 contra España, entre los que sobresale la puesta en circulación en 1875 de la CRÓNICA MÉDICO QUIRÚRGICA DE LA HABANA, revista que registró durante 66 años los trabajos de los más altos exponentes de la cultura médica nacional y que fue la publicación genuinamente médica más importante de las producidas en Cuba durante el último cuarto del siglo XIX y gran parte la primera mitad del XX, con independencia de su posición privilegiada entre las primeras revistas nacionales de su tipo en cualquier época.
La CRÓNICA MÉDICO QUIRÚRGICA DE LA HABANA contribuyó al desarrollo científico del país no sólo con los escritos que atesoró en sus columnas, pues por otra iniciativa de gran trascendencia de su director se fundó el LABORATORIO HISTOBACTERIOLÓGICO E INSTITUTO DE VACUNACIÓN ANTIRRÁBICA DE LA HABANA, donde por primera vez se hicieron en Cuba experimentos histobacteriológicos y químicos y donde se prepararon y difundieron los primeros sueros y vacunas preventivas y curativas de la rabia en humanos y animales en el continente americano.
Es bien conocido lo que la humanidad debe al científico francés Luis Pasteur (1822-1895) en relación con el descubrimiento y la administración de la vacuna antirrábica, realizada por primera vez el 6 de julio de 1885 al pastor José Meinster, hecho cuyos resultados se expusieron en la Academia de Ciencias de París el 26 de octubre del mismo año.
El doctor Santos Fernández asimiló de inmediato la repercusión del acontecimiento y, sin pérdida de tiempo, empezó a elaborar un proyecto para aplicar el nuevo hallazgo. Al efecto integró una comisión, con los doctores Diego Tamayo y Figueredo, Francisco I. Vildósola González y Pedro Albarrán Domínguez, que envió a Francia a realizar estudios durante seis meses sobre el procedimiento profiláctico contra la rabia y los adelantos en Bacteriología. Ellos trajeron al regreso conejos inoculados, a los que sometieron a repetidas inoculaciones durante el viaje para mantener el virus fresco.
Una vez que se contó con las condiciones físicas y de personal necesarias, se inauguró el laboratorio el 8 de mayo de 1887, con una sección de Histología dirigida por el doctor Julio San Martín; otra de Bacteriología con el doctor Diego Tamayo al frente; otra de Rabia bajo la dirección del doctor Enrique Acosta Mayor y otra de Análisis Clínicos con el doctor Manuel Delfín Zamora a la cabeza.
La sección de Histología comprendía la Histología normal y la Patología y colaboraba en consultas judiciales de Medicina legal. En ella se impartían lecciones a los jóvenes médicos que las solicitaban y por su conducto se publicó un Tratado práctico de técnica histológica, folleto que contenía un resumen de esas lecciones.
Entre los primeros trabajos de la sección de Bacteriología aparece la investigación sobre las enfermedades conocidas entonces con el nombre vulgar de vacera en el ganado vacuno y pintadilla en el porcino. Ambas se llegaron a convertir en epidemias y causaron pérdidas de consideración en la riqueza pecuaria del país. Otro estudio importante realizado en esta sección fue el higadillo en las gallináceas, en el que se aisló un microorganismo semejante al que produce el cólera en las gallinas. También se hicieron allí estudios sobre el tracoma, la oftalmología blenorrágica, la fiebre amarilla y el examen bacteriológico de agua y aire. Como medios de cultivo servían viandas cubanas como el boniato la malanga y el ñame. A
los anteriores estudios se agregaban los análisis de esputos de tuberculosos.
La sección de Rabia se dedicaba en específico a observar y a aplicar el tratamiento a los individuos mordidos por animales con rabia o sospechosos de padecerla. Los especialistas que la integraban se preocupaban por la educación de la población; de eso da fe un folleto a ella dirigida con el título de Cartilla popular para conocer la rabia en las distintas especies de animales y medios de prevenirla. Otras publicaciones sobre el tema fueron Rabia y su tratamiento, del doctor Enrique Acosta y Rabia paralítica en el hombre, firmada por el doctor Eduardo F. Pla Hernández.
La sección de Análisis Clínicos estaba dividida en dos partes, una dedicada a los análisis urológicos y otra a los análisis médico-legales. La existencia de esta última tuvo su origen en una solicitud del doctor Santos Fernández a la Junta Superior de Sanidad, interesado en que los tribunales le confirieran al laboratorio la práctica de los análisis químico-legales, actividad que, después de aprobada, se llevó a cabo en ese centro durante 19 años.
En la propia institución se preparaban además sueros antiestreptocóccicos, antidiftéricos, antitetánicos y equino-fisiológicos, de la vacuna anticorbuncosa y la pintadilla, entre otros.
Estos productos recibieron premios en exposiciones internacionales que tuvieron lugar en Charleston, Buffalo y Saint Louis.
Es algo en verdad curioso para la época la existencia de un centro con esas características, situado en un país colonial del Nuevo Mundo, en el que los investigadores disponían de abundantes recursos y entera libertad para llevar a cabo sus estudios. Sólo debían cumplir el requisito de ceder a la revista los resultados obtenidos, al efecto de hacerlos públicos por su conducto.
Por ello, la labor del LABORATORIO HISTOBACTERIOLÓGICO E INSTITUTO DE VACUNACIÓN ANTIRRÁBICA de la CRÓNICA MÉDICO QUIRÚRGICA DE LA HABANA quedó registrada en sus páginas. En ellas aparecen tanto los trabajos de sus fundadores, como los firmados por los que siguieron la obra comenzada por los doctores Fernández, Tamayo, Vildósola, Delfín y Albarrán. Por ejemplo, del doctor Enrique Acosta se atesoran 78 artículos de varios temas; del doctor Juan Nicolás Dávalos Betancourt se registran 49 escritos de Bacteriología; del doctor Domingo Madan Bebeagua hay 45 trabajos sobre Bacteriología y enfermedades infecciosas; el doctor Julio San Martín contribuyó con 28 que tratan asuntos de Laboratorio clínico y Hematología; del doctor Manuel Ruiz Casabó aparecen 39 sobre Bacteriología y el doctor Eduardo F. Pla aportó 63 sobre Epidemiología y Ginecología. Por otra parte, los doctores Ambrosio González de Valle, Vicente de la Guardia y Madan y Sinesio Lapeira publicaron muchos informes relacionados con la Estadística médica y la Demografía y el sabio Carlos J. Finlay Barrés colaboró con 16 trabajos sobre la fiebre amarilla. También de otros países se recibían contribuciones como las de los doctores Joseph Grancher de Francia, Irwing D. Steinhardt y Simon Baruch de New York y Víctor Delfín de España, por sólo mencionar algunos de los muchos que alargarían este listado de manera considerable.
Cuando en 1940 se dejó de editar la revista, el laboratorio siguió funcionando, pero poco a poco fue cayendo en decadencia. Los recursos económicos se hacían más y más escasos, a la vez que surgían nuevos laboratorios. De ese modo fue languideciendo hasta 1960 en que se fundió con el Instituto de Higiene y desapareció definitivamente como institución particular.
El contenido de este trabajo está orientado en principio a honrar a uno de los médicos cubanos del período colonial que con más ahínco se consagró al desarrollo de las ciencias médicas en su país; a dar información sobre una revista que, convertida desde su inicio en plataforma de la ilustración científica y cultural, circuló durante 66 años, a pesar de los inconvenientes y vicisitudes a que se expuso al surgir en medio de la Guerra de los Diez Años y sobrevivir luego a la Guerra de Independencia (1895-1898), a las intervenciones estadounidenses en los finales del siglo XIX y principios del XX y a dos guerras mundiales, sin dejar de cumplir el objetivo para el que fue creada.
Si a lo anterior se agrega que, por iniciativa de su director fundador y gracias al apoyo de sus redactores y de sus más cercanos colaboradores, se inauguró en Cuba el primer centro experimental de histobacteriología y química y de producción de vacunas contra la rabia de América, al poco tiempo de su descubrimiento por el científico francés Luis Pasteur, se tiene otra prueba del significado y de lo justo de recordar la fecha del 8 de mayo de 1887.

BIBLIOGRAFÍA

Altshuler Gutwert JB, Díaz-Argüelles García N, Fernández de Alaíza MC, García Capote E, González López RM, Misas Jiménez RE, et al. Anuario. La Habana: Editorial Academia, 1989: 170-199. (Anuario de Historia y Organización de la Ciencia; 1).
La comisión cubana. Cron Med Quir Hab 1887;13:109-111.
González Curquejo A. El Dr. Juan Santos Fernández. Rep Med Farm Hab 1894;5(4):113-34.
Laboratorio bacteriológico. Cron Med Quir Hab1887;13:221-224.
López Espinosa JA, López Serrano E, López Sánchez J. El Dr. Juan Santos Fernández Hernández y la Crónica Médico Quirúrgica de La Habana. ACIMED 2002;10(1):93-101.
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----. Acta de la sesión inaugural. En: De los trabajos del Laboratorio Histo-Bacteriológico e Instituto Anti-rábico de la Crónica Médico Quirúrgica de la Habana. Habana: Imprenta de Soler y Álvarez, 1888:1-3.
Ruiz Casabó M. Vigésimo quinto aniversario de la fundación del Laboratorio Histo-Bacteriológico y de Vacunación anti-rábica de la “Crónica Médico Quirúrgica de la Habana” Cron Med Quir Hab 1912;38:311-328.
Trabajos del laboratorio. Cron Med Quir Hab 1887;13:285-288.

 

 

 

Mayo 1ro. de 1907. Inauguración de la primera unidad de radiología en Cuba

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de ciencias Médicas

En los años finales del siglo XIX se realizaron tres importantes descubrimientos científicos en favor de la salud y la vida del hombre. Uno de ellos fue el del alemán Wilhelm Conrad Röntgen (1845-1923), quien el 8 de noviembre de 1895 descubrió los rayos X, cuya importancia para la Medicina quedó por él demostrada el 22 de diciembre siguiente, cuando ese día los aplicó en una de las manos de su mujer y despejó todas las dudas sobre la posibilidad de hacer visible el esqueleto humano. El danés Niels Ryberg Finsen (1860-1904) abrió el mismo año otro nuevo camino a las ciencias de la salud, al comprobar que era posible el tratamiento con éxito de varias enfermedades mediante la aplicación de rayos de luz concentrada. Por otra parte, la polaca Marie Curie (1867-1934) descubrió en 1898 los efectos fisiológicos de los rayos radioactivos y creó los fundamentos de su aplicación en la Medicina. Tanto Röntgen como Finsen y la Curie fueron agraciados con el Premio Nobel. El primero fue merecedor del de Física en 1901; el segundo obtuvo el de Medicina en 1903 y la tercera recibió el galardón de Física en 1903 y del de Química en 1911.
En 1905 el ilustre médico cubano Francisco Domínguez Roldán (1864-1942), en quien convergieron las aureolas de su labor patriótica como oficial mambí, de sus méritos científicos y de su lucha por la reivindicación de Carlos J. Finlay Barrés (1833-1915), planteó al Decano de la Facultad de Medicina, doctor Juan Guiteras Gener (1852-1925), que desde su regreso de la Guerra de Independencia hacía cinco años estudiaba por las noches los rayos Röntgen y el radio, con los aparatos defectuosos instalados por él en el hospital “Nuestra Señora de las Mercedes”. Le hizo saber asimismo su convencimiento de su gran valor para el diagnóstico y el tratamiento de las afecciones quirúrgicas y su intención de viajar a Europa, con el objetivo de investigar sus posibilidades con más detalle, por cuanto consideraba el brillante porvenir reservado a la Radiología y la necesidad de aplicarla en Cuba.
El 16 de julio de ese año 1905 partió el doctor Domínguez Roldán hacia Europa. En el Departamento Anatómico de la Escuela de Medicina de París se enteró de los adelantos en medicina operatoria y, en la instalación de Radio Diagnóstico del Hospital Saint Antoine examinó los nuevos aparatos de diagnóstico y el equipo Gaiffe en la sala de Radioterapia; en Londres visitó el Departamento de la “Finsen Light” del London Hospital y en Alemania, la patria de Röntgen, logró profundizar sus conocimientos teóricos y prácticos en esta materia.
A su regreso a Cuba redactó un informe y escribió su libro Rayos Finsen, rayos Röntgen y radio, publicado en La Habana en 1906. En su brillante informe mostró los beneficios del uso de los nuevos aparatos y estableció un presupuesto para su adquisición; propuso un proyecto con vistas a la construcción de un departamento de radiología en el hospital “Mercedes”, que entonces era la clínica hospital de la Escuela de Medicina; e hizo una exposición acerca de las características y utilidad de los rayos X, los rayos Finsen y el radio de manera particular en cada caso.
El Gobierno cubano estudió y aprobó el informe del doctor Domínguez Roldán, a quien de paso encomendó la misión de fundar el Departamento Radiológico en el hospital “Mercedes”. Al efecto se le otorgó un crédito de 25 mil pesos, con 3 mil al año para mantenerlo, y se le comisionó oficialmente para adquirir los aparatos en Europa. Casi todos los compró en Francia; sólo los equipos Finsen los obtuvo en Copenhague.
A las nueve de la noche del 1ro. de mayo de 1907 se inauguró el Departamento de Radiología en el hospital “Mercedes”, primera instalación de su clase en Cuba, donde se centralizaron los rayos X, los rayos Finsen y el radio, en un solemne acto al que asistieron el Ministro de Francia, un representante de Magoon, Gobernador de los Estados Unidos en Cuba, el doctor Emiliano Núñez de Villavicencio Álvarez (1845-?), director del hospital, integrantes del claustro de profesores, estudiantes, médicos y enfermeras. El centro estaba dotado de dos aparatos productores de rayos X, uno destinado exclusivamente al diagnóstico y al estudio del tratamiento del cáncer, y el otro a las demás enfermedades. Para el diagnóstico se empleaban los rayos X bajo las formas de radioscopia o de radiografía y se contaba con todo lo necesario para revelar e imprimir placas. Los rayos Finsen se aplicaban con una gran lámpara de arco con cuatro tubos Finsen, que permitían tratar a igual número de enfermos en forma simultánea. La unidad disponía asimismo de suficiente radio y de tubos para su protección y uso.
Cuba, pequeño país con una escasa población de 2 048 980 habitantes y bajo la tutela de una segunda ocupación de los Estados Unidos, podía alardear de tener la mejor organizada y más completa instalación de radiología del mundo en aquel tiempo, al decir de especialistas franceses en la materia, que veían en su puesta en funcionamiento un triunfo para la ciencia y la industria de su país, a la vez que reconocían la posición de la isla a la vanguardia del proceso radiológico.
Con la inauguración de este departamento, empezó también la gestación de una nueva especialidad médica en Cuba, a los pocos años de descubiertos y aplicados por primera vez a escala internacional los rayos x, los rayos Finsen y el radio. Al doctor Domínguez Roldán se le debe, además de la primera unidad de Radiología cubana, el desarrollo de esta disciplina en el país, pues fue él quien formó a los primeros radiólogos criollos, varios de ellos convertidos más tarde en reconocidas personalidades científicas, como fueron los casos de Miguel de Carrión Cárdenas, Gerardo Gutiérrez Valladón, Gustavo González Sastre, José R. Valdés Anciano y Juan Manuel Viamonte Cuervo, por sólo mencionar algunos que llegaron incluso a ser miembros de prestigiosas organizaciones de naciones de alto desarrollo, tales como la American Roentgen Society, la Radiological Society of North America, la American Collegue of Physicians y la Deutsche Röntgen Gesellschaft.
Radiólogos de épocas posteriores han coincidido en señalar que la contribución más valiosa del doctor Domínguez Roldán al desarrollo de la Radiología en Cuba, fue su perseverancia en la exploración de nuevas posibilidades de aplicación con éxito, sobre todo de la radioterapia del cáncer, y sostienen que su trabajo en este sentido ha sido un elemento de gran importancia en los progresos de esta técnica.
Con toda razón se le ha reconocido como el “padre de la Radiología en Cuba”.

BIBLIOGRAFÍA

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Curie E. La vida heroica de Maria Curie, descubridora del radium. 2 ed. Buenos Aires: Espasa Calpe; 1939. p. 153-165.
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Stenzel D, Stenzel G. Das große Lexicon der Nobelpreisträger. 2 ed. Hamburg: Verlag Dr. Kovač; 1994. p. 78-79, 101, 242-243.

 

 

Mayo 1ro. de 1809. Tratamiento raro y exitoso de un parto extraño y peligroso

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

En horas de la noche del 1ro. de mayo de 1809, se llamó con urgencia en el pueblo de Güines al cirujano Santiago García Cepero para que atendiera a una parturienta, a la cual se le había roto el vientre tras unos excesivos dolores. Al reconocer a la paciente, García Cepero encontró una herida penetrante ubicada en la parte superior del vientre inferior, exactamente al inicio de la región umbilical y al final de la zona epigástrica. La explosión de la herida empezaba en el lado izquierdo e interesaba la parte superior del músculo recto, inmediata a los intermedios de sus primeras aponeurosis; atravesaba la línea alba y el músculo recto derecho y dejaba libres sus aponeurosis intermedias. Roto el omento, había caído sobre la cama parte de los intestinos hacia el lado de la herida. La criatura había nacido, aunque se había detenido la expulsión de la placenta y demás membranas que normalmente se expelen durante e alumbramiento.
Hecho el reconocimiento, García Cepero hizo llamar al profesor de la misma facultad
Blas Fuñez para que le ayudase en la curación. Lo primero que hicieron fue lavar los intestinos y las otras partes con vino blanco caliente, para luego introducirlos y realizar la sutura con diez puntos profundos, cubiertos con planchas de hilas secas, aplicar las compresas y hacer los vendajes correspondientes. Luego de la operación, procedieron a extraer las secundinas.
Tras su recuperación, se interrogó a la paciente para conocer la forma que se había producido la herida. La mujer manifestó que en principio había experimentado un fuerte dolor sobre el lado izquierdo del vientre y que, al colocar allí sus manos, palpó como un tumor del grueso de un puño, tan duro que le hizo sospechar fuera la cabeza del feto. Dijo haber sentido un dolor mucho más fuerte 15 minutos después, a la vez que notó un mayor crecimiento del tumor, el cual apareció muy transparente y se reventó de modo progresivo hasta arrojar chorros de sangre, algunos de los cuales alcanzaron dos varas de distancia. Agregó haber sufrido seguidamente un dolor mucho más intenso que los anteriores, cuando sintió abrirse la herida y caer sobre sus muslos el útero con el feto y los intestinos. A continuación se volvió a introducir ella misma el útero sin cuidar de las demás partes y al instante se produjo el parto por la vía normal de un niño vivo, robusto y de talla regular.
Como antecedentes del caso se obtuvieron que esta mujer de 30 años de edad nunca había padecido hernia u otra enfermedad del vientre; que con éste contaba siete partos, de los cuales seis se habían producido felizmente y ella había mantenido en todos una saludable robustez, aún durante el tiempo de la lactancia. Sólo en este embarazo había experimentado un apetito que saciaba diariamente con la ingestión de café tostado y de arroz curdo.
En una segunda visita, se le indicó una sangría a la paciente, a fin de evitar la posible inflamación que por momentos se esperaba. Se dispuso una poción diluente diaforética y una tizana vulneraria a pasto. La tercera visita la hizo García Cepero acompañado de Jorge Ximénez, quienes hallaron a la paciente con fiebre singulto y meteorismo en la parte superior del vientre inferior. Se dispuso variar el tratamiento con una medicación a base de fomentos de vino aromático tibio, poción vulneraria aperitiva con miel blanca y tintura de castor, tizana tibia de culantrillo y cebada y caldo simple como alimento. En la cuarta visita se halló el mismo cuadro febril, aunque había disminuido el meteorismo por medio de una evacuación, con singulto en algunos intervalos. Se determinó descubrir la herida, cuyos labios estaban inflamados con gran sensibilidad en su circunferencia, la cual se curó con un lavado de vino tibio, aplicación de unas planchuelitas de trementina y, sobre éstas, otras mayores con el ungüento estoraque, todo tibio, y fomento de vino aromático.
Al día siguiente tuvo lugar una reunión entre el doctor Bernabé Vargas y los cirujanos Laureano Rodríguez, Jorge Ximénez y Santiago García Cepero quienes, en vista de la gran sensibilidad hallada en el estómago de la paciente, además del dolor gravativo en la región hipogástrica y la suspensión de loquios, consideraron que a la poción indicada se le debía agregar el tártaro marcial soluble y el láudano líquido, además de dar una untura emoliente sobre el pubis y aplicar sinapismos.
Como consecuencia de algunas deposiciones anteriores, habían disminuido bastante los accidentes al sexto día; al séptimo había cesado la fiebre, aparecido los loquios y la herida supuraba de modo loable. Al día siguiente se le indicó mantener sólo la tizana y el caldo un poco más fuerte hasta el duodécimo día. Cuando la herida pasó al estado de cicatrización, pareció oportuno aumentar gradualmente el régimen alimentario hasta llegar a la gallina asada, lo que se llevó a vías de hecho al vigésimo día. La última cura se hizo el vigésimo quinto día, cuando se notó que había quedado una perfecta cicatriz en la herida.
Aun cuando durante la época en que tuvo lugar el acontecimiento narrado era notoria en el pueblo de Güines la inteligencia y la habilidad del cirujano García Cepero, a quien corresponde el mérito de haber asistido a la enferma hasta dejarla en perfecto estado de salud, y de los demás que colaboraron con él en este empeño, no es menos cierto que lo más interesante en este caso es la rareza de los síntomas y de la enfermedad, así como la también rara estrategia adoptada en su tratamiento y curación. Ello sirvió de motivación para considerar el 1ro. de mayo de 1809 como una fecha memorable de la medicina cubana digna de ser divulgada por este conducto.

BIBLIOGRAFÍA

García Cepero S. Caso raro acaecido en el pueblo de Güines el día 1º de mayo de 1809. Diario Gob Habana 1815;9(1812):2-3.
Pérez Beato M. Datos para la historia de la medicina cubana. El Curioso Americano 1899;3(1): 4-6.

Abril 28 de 2005. Apertura del Primer Taller de Historia de la Farmacia

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Desde finales de diciembre de 2004, el Museo Nacional de Historia de las Ciencias “Carlos J. Finlay”, en coauspicio con la Sociedad Cubana de Historia de la Ciencia y la Tecnología y la Sociedad Cubana de Ciencias Farmacéuticas, convocó al Primer Taller de Historia de la Farmacia, en conmemoración del aniversario 125 de la creación del Colegio Farmacéutico de La Habana. El objetivo de ese encuentro, inaugurado el 28 de abril de 2005, fue promover el intercambio de experiencias sobre los siguientes tópicos:

Historia de la Farmacia en Cuba.
Museología, Museografía y conservación del patrimonio farmacéutico.
Enseñanza de la Farmacia en Cuba.
Personalidades e instituciones relevantes en la historia de la Farmacia cubana.
Farmacia y Arqueología.
Medicina alternativa y Farmacia.
Arte y cultura en la Farmacia cubana.

El Comité Organizador del evento fue presidido por Mayra Ramos Mesa, Directora del Museo, y se integró además por Magalys Sobrado Márquez, Magda Lobo León, Maria Isabel Valdes, Marta Rodríguez Concepción y Mariano León Rodríguez.
Mercedes Valero González estuvo al frente del Comité Científico, cuya integración se compuso por Elsa Yero Castañeda, Luis Enrique Ramos Guadalupe, Edita Fernández Manzano, Anisia Rodríguez González, Orieta Álvarez Sandoval y Roger Arrazcaeta.
Luego de las palabras de bienvenida de parte de la máster Mayra Ramos Mesa, que sirvieron para inaugurar oficialmente el evento, el investigador Luis Enrique Ramos Guadalupe hizo una sentida intervención de merecido recuerdo al doctor José López Sánchez, fundador y primer director del Museo y ejemplar divulgador de la historia de la Farmacia.
Posteriormente se pronunciaron tres conferencias, a saber: 

"Reflexiones sobre la profesión farmacéutica", por la doctora Ruth Daisy Henriques, Profesora de Mérito de la Universidad de La Habana y Directora del Centro de Estudios de Salud y Bienestar Humano.
"Los doctores Johnson en la historia de la Farmacia en Cuba", por el doctor Gregorio Delgado García, Historiador del Ministerio de Salud Pública y profesor de la Universidad de La Habana.
"El asociacionismo farmacéutico en Cuba", por la máster Edita Fernández Manzano, del Instituto de Farmacia y Alimentos.

A estas tres conferencias siguieron cinco ponencias sobre historia de la enseñanza farmacéutica, cuyos títulos y autores se brindan a continuación:
"Desarrollo histórico social de la enseñanza de la Farmacia en Cuba", del doctor Eduardo Fernández Sánchez.
"Estudio histórico de la enseñanza de la Farmacología en Cuba", del doctor Horacio Izquierdo Delgado y la doctora Leslie Martínez Oromí.
“Desarrollo del plan de estudios de la carrera de Ciencias farmacéuticas en Cuba”, de los doctores Mirta Castiñeira Díaz y Antonio Iraizoz Collarte.
"Impacto social de la enseñanza de la farmacocinética en los planes de desarrollo priorizados de la República de Cuba", del doctor Eduardo Fernández Sánchez.
"Los estudios de Farmacia en Cuba antes de 1902", de los doctores Pilar Marchante y Francisco González.

Durante la jornada inaugural se expusieron otras siete ponencias relativas a la historia de la Farmacia. Ellas fueron:

"Historia del desarrollo de la profesión farmacéutica en las provincias orientales de la isla de Cuba en el período colonial", de Ly Wong Trujillo y de su profesora Caridad Sedeño Argilagos.
"Farmacia, una historia olvidada", del profesor Víctor Faife.
"Farmacia. Su historia y sus perspectivas", de la estudiante Arelys Jiménez Téllez.
"La huella francesa en la Farmacia cubana", de las licenciadas Mercedes Valero y Elsa Yero.
"La bibliografía farmacéutica cubana en la época colonial", del licenciado José Antonio López Espinosa.
"La sala de Farmacia del Museo “Carlos J. Finlay”, de la licenciada Magalys Sobrado.
"La Reunión. Exquisitez de una farmacia habanera. Sarrá", de la museóloga Anicia Rodríguez González.

Durante el viernes 29 de abril tuvo lugar la segunda y última jornada del Primer Taller de Historia de la Farmacia, que se inició con las siguientes conferencias:

"Vimang: mito o realidad", por el doctor Alberto Núñez Sellés, Director del Centro de Investigaciones Químico Farmacéuticas.
"Frascos arqueológicos de Farmacia en sitios de La Habna colonial", por el doctor Roger Arrazcaeta, Director del Gabinete de Arqueología.

Luego se expusieron tres ponencias sobre la historia de la perfumería en Cuba con los siguientes títulos:

"Historia de la perfumería en Cuba 1899-1930. Breve esbozo histórico", de Careni Lorenzo Bravo.
"Aromaterapia. La curación a través de los aceites y fragancias", de Nelson Gómez Vina.
"La perfumería cubana. Una tradición artística, científica y tecnológica", de Carlos Bartolomé Barguez.

En esa segunda jornada se presentaron otras siete ponencias que abordaron el tema de la evolución histórica de la farmacia y los medicamentos. Ellas fueron:

"Surgimiento y desarrollo de la Farmacia en Cuba", de Llamely González Quesada, Reina Santos Beltrán e Ibis Grey García.
"Acercamiento a la historia de la Farmacia habanera a partir de los frascos de vidrio encontrados en Obrapía 155", de Anicia Rodríguez González y Sonia Menéndez Castro.
"Contribución social de los prácticos de la Farmacia durante el período de la Cuba neocolonial", de la profesora Caridad Sedeño Argilagos.
"Relevancia histórica de la evolución de los medicamentos", de Dania Pérez Ricardo y Yack Magariño.
"Proceso de prescripción y dispensación de los productos farmacéuticos", de Bertha Tangui Despaigne.
"Estudio de las formulaciones propuestas para la puesta en marcha del dispensario Sarrá", de la doctora Ernestina Albuerne Monras.
"Educación farmacéutica en los medios de comunicación", de Diana García García y Lissette María Menéndez Izquierdo.
A lo anterior se agregó la mesa redonda "La fitoterapia en la atención de salud y la comunidad", integrada por Yahelin Ferrer Fernández, Celia M. Casado Martín, Miladys Echevarría Pino y Migdalia Miranda Martínez, con Rodolfo López Pérez como coordinador.
En el evento hubo también presentación de carteles confeccionados por estudiantes del primer año del Instituto de Farmacia y Alimentos, con la asesoría de las profesoras Ingrid Elías, Edita Fernández y Leyanis Rodríguez. Sus títulos:

"Historia de la Farmacia en Cuba", de Maelys Hernández, Julio F. Santo Tomás y Gilda Fernández Brito.
"Historia de la Farmacia hispana", de Alain García, Gilda Falcón, Yenisel Hernández y Guelmi Silva.
"Algunas consideraciones acerca del desarrollo histórico de la Farmacia en el ámbito internacional", de Derlis Sánchez Peña y Alberto Fachado Peña.

En el contexto de este Primer Taller de Historia de la Farmacia hubo también visitas al Museo Farmacéutico "La Reunión" y al Museo "Casa Cubana del Perfume".
Por constituir la celebración de este evento una novedad en la evolución y desarrollo de las ciencias farmacéuticas en Cuba, se ha considerado procedente guardar como una fecha memorable el día de su inauguración el 28 de abril de 2005.

 

BIBLIOGRAFÍA

Primer Taller de Historia de la Famacia. Convocatoria. La Habana: Museo Nacional de Historia de las Ciencias "Carlos J. Finlay"; 2004.
Primer Taller de Historia de la Farmacia. Programa. La Habana: Museo Nacional de Historia de las Ciencias "Carlos J. Finlay"; 2005.

 

Abril 22 de 1857. Defensa de la Tesis de Doctorado por Edward Finlay en la Facultad de Medicina de Lima

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas 

Edward Finlay Wilson nació en Hull, condado de Yorkshire, Inglaterra, el 9 de octubre de 1796. Se graduó de Bachiller en Letras el 24 de octubre de 1821 en la ciudad francesa de Ruán, donde también estudió Medicina y Cirugía. En el Hotel Dieu realizó las funciones de disector mientras cursaba la asignatura de Anatomía y, en 1824, fue nombrado interno de ese hospital. Al poco tiempo de su graduación como “Officier de Santé” y, mientras preparaba su doctorado, se incorporó a una expedición que salió de Inglaterra para luchar en América junto a las tropas de Simón Bolívar. Pero la embarcación en que viajaba naufragó en medio de una tormenta cerca de las costas de la isla de Trinidad, donde decidió establecerse en 1826.

Luego de someterse a los exámenes reglamentarios ante el “Medical Board” de aquella isla y obtener la aprobación para el ejercicio de su profesión, realizó durante varios años las funciones de médico y cirujano, fundamentalmente en la atención de las enfermedades de los ojos a los habitantes de Puerto España, donde fundó un hospital y practicó con éxito varias operaciones de cataratas por depresión. Allí también conoció y contrajo matrimonio con una joven de origen francés nombrada Elisa Barrés.

En 1832 Finlay se trasladó a Cuba en unión de su esposa y su pequeño hijo Eduardo. Llegado a esta isla, se instaló en la ciudad de Puerto Príncipe, luego de presentarse ante el Tribunal del Protomedicato para legalizar su situación profesional y recibir de éste el título de cirujano latino, además del permiso para ejercer libremente. Durante el período de residencia en la ciudad camagüeyana nació su segundo hijo Juan Carlos, quien años más tarde se convirtiera en gran benefactor de la humanidad, con su descubrimiento del agente transmisor de la fiebre amarilla y su teoría metaxénica de la transmisión de enfermedades de un individuo enfermo a otro sano por medio de agentes biológicos.

En 1835 decidió trasladarse con su familia a La Habana, donde se dedicó con preferencia a la cirugía de los ojos y donde tuvo a su cargo la sala Santa Lucía del Hospital Civil de San Felipe y Santiago. Al año siguiente fundó un hospital en Casa Blanca donde tuvo numerosa clientela. Si bien se distinguió más como cirujano oftalmólogo, practicó con éxito otras importantes operaciones como la talla, la extirpación del maxilar y la intervención de las hernias estranguladas, tanto inguinales como femorales. Fue a él a quien correspondió llevar a cabo la primera operación de hernia femoral que se practicó en La Habana a la madre de su colega, el doctor Eulogio Martínez.

En 1848 hizo un viaje por Europa acompañado de su esposa e hijos, durante el cual visitó las ciudades de Londres, París, Jena y Berlín y tuvo la posibilidad de  conocer e intercambiar experiencias con los principales médicos y oculistas. De regreso a La Habana, decidió dedicarse con mayor atención a las afecciones de los ojos, pues su creciente sordera le hacía cada vez más difícil el ejercicio de otras ramas de su profesión.

Tras graduarse en marzo de 1855 en el Jefferson Medical College de Filadelfia, su segundo hijo Juan Carlos regresó a La Habana con el ánimo de revalidar su título y comenzar en esta ciudad el ejercicio de su profesión. En enero de 1856 había cumplido todos los requerimientos para someterse a examen, tales como la legalización del título por el Cónsul español en los Estados Unidos; la prueba de identidad por la policía y la presentación de tres testigos que acreditaron sus estudios médicos anteriores. A mediados de febrero hizo ese examen, pero fue reprobado.

La mayoría de los biógrafos más connotados del sabio cubano coinciden en la afirmación de que a raíz de este incidente Finlay padre decidió pasar un tiempo con la familia en la ciudad de Lima, Perú, para que su hijo Juan Carlos pudiera recuperarse de la crisis psicológica que le produjo no haber podido expresar en lengua española lo aprendido en los Estados Unidos. Consideró que en aquella ciudad éste podría asistir a algunos cursos para perfeccionar la terminología médica en su idioma materno, para luego intentar de nuevo revalidar su título en La Habana.

En la Gaceta Médica de Lima correspondiente al 30 de abril de 1857, se insertó la noticia de que Edward Finlay había incorporado su título en la Universidad de San Marcos, luego de sostener la tesis titulada “Iritis sifilítica”. En el fondo de tesis manuscritas, atesoradas en el archivo de esa institución, aparece la antes citada de Finlay padre, en cuya portada consta que fue presentada y sostenida  el 22 de abril de 1857.

En este trabajo el autor analizó los síntomas primarios, secundarios y terciarios de la inflamación de la membrana ocular conocida como iris, causados por la sífilis; así como el modo de establecer su diagnóstico y la estrategia terapéutica para enfrentarlos.

Cuando eso ocurrió, ya su hijo Juan Carlos, es decir, el médico conocido luego por el nombre de Carlos J. Finlay, se aprestaba a revalidar por segunda vez su título en la Universidad habanera, aspiración que logró tras aprobar el examen correspondiente en julio del mismo año.

En este escrito se han traído a colación algunos datos poco divulgados acerca de la vida y la obra del padre del científico cubano más connotado de todos los tiempos. Con él se ha pretendido salvar de la ignorancia el acontecimiento que significó la defensa de su Tesis de Doctorado en la Universidad limeña de San Marcos, efemérides que indudablemente constituye una fecha memorable para la historia de la Medicina cubana y latinoamericana y cuyo aniversario 150 es el móvil que ha inspirado la redacción de los párrafos precedentes.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo Central de la Universidad de La Habana. Expediente No, 4674 del estudiante Eduardo Finlay. La Habana: Real Universidad de La Habana; 1832.
Domínguez F. Carlos J. Finlay. Su centenario (1933). Su descubrimiento (1881). Estado actual de su doctrina (1842). La Habana: Cultural; 1942. p. 40.
Finlay CE. Carlos Finlay y la fiebre amarilla. La Habana: Editorial Minerva; 1942. p. 21.
Finlay E. Iritis sifilítica. Tesis para el Doctorado en Medicina presentada y sostenida el 22 de abril de 1857. Lima: Facultad de Medicina de la Universidad de San Marcos; 1857.
López Sánchez J. Finlay. El hombre y la verdad científica. La Habana: Editorial Científico-Técnica; 1987. p. 65-66.
----. Carlos J. Finlay. His life and work. La Habana: Editorial José Martí; 1999. p. 87-88.
Noticias varias. Dr. Finlay. Gac Med Lima 1857;1(18):12.

 

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