Infomed

Fechas Memorables

Versión para impresión Enviar a un amigo

Abril 20 de 1833. Presentación del manifiesto sobre la primera epidemia de cólera en La Habana

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

El cólera, enfermedad infecciosa, que desde tiempos inmemoriales ha producido considerables estragos en el mundo, tuvo su primera incursión epidémica en Cuba en 1833, a partir del primer caso detectado el 25 de febrero de aquel año en la persona del catalán José Soler, para luego convertirse en la primera de las tres grandes epidemias que asolaron la isla en el transcurso del siglo XIX. Ésta dejó en La Habana un saldo de más de 9 000 defunciones, con una tasa de mortalidad de casi 60 por 1000 habitantes, sin contar que en el resto del territorio nacional causó tres veces más víctimas. La segunda epidemia de cólera penetró en La Habana en marzo de 1850 y la tercera en octubre de 1867.
Acerca de la primera epidemia, de la cual se afirma mantuvo ese carácter hasta 1837 ó 1838, existe un documento, publicado en el Diario de la Havana del 13 de mayo de 1833, donde el licenciado Manuel José de Piedra Martínez (1799-?) dio a conocer su proceso de aparición y evolución inicial. En virtud de que se trata de un documento raro y valioso, al cual es muy difícil acceder por su grado de deterioro, se ha realizado un paciente trabajo de transcripción del texto original a los efectos de posibilitar que los interesados en el tema conozcan los detalles de los aspectos en él abordados por su autor, quien lo había presentado el 20 de abril anterior en forma de manifiesto al Real Tribunal del Protomedicato . He aquí el trasunto:

Sres. Del Real Tribunal del Protomedicato:
Después del funesto aviso del 25 de febrero próximo pasado, de que el cólera había hecho su terrible aparición en uno de los cuartones del barrio de S. Lázaro que me estaba encomendado; después de una continua y general comunicación a este Real Protomedicato, en que siempre se le participaba la muerte y destrucción que causaba esa mortífera enfermedad; parece que en medio de la satisfacción universal que a todos nos cabe, por haber tornado al antiguo estado de salubridad y de haber cesado en fin la influencia maligna de ese cruel azote de la humanidad, parece, repito, que es un deber mío sincerar mi conducta y procedimientos, tan injustamente vulnerados en los días de duelo y de llanto que hemos pasado.
Yo tuve la desgraciada suerte de haber sido llamado para asistir a D. José Soler, y de calificar en su persona la invasión del cólera asiático. Es de advertir que el día anterior había fallecido bajo mi asistencia del mismo morbo el negro Arcadio, al cargo de Petrona Pozo. Los repetidos síntomas alarmantes que presentaron estos individuos y que por primera vez se ofrecían a mi examen me sobrecogieron por aquel momento de tal manera, que desconfié de mis propios conocimientos. En ese estado de perplejidad y sobresalto, no sólo recordé hasta las relaciones de los autores que han tratado acerca de este morbo, sino que me consulté con otros facultativos de conocimientos y con personas que lo habían padecido y examinado en países extranjeros.
Con estos datos no me quedó duda alguna de que los casos que se me habían presentado eran del cólera asiático espasmódico; el mismo que había aparecido y desolado el Asia; que había continuado sus horrorosos estragos en Europa y que por último se había propagado con igual furor en los Estados Unidos de América.
En tal conflicto, mi conciencia, el estricto deber a que me ligaba mi profesión, me ponía en la precisa obligación de dar pronto aviso de esta horrenda novedad a la autoridad competente; pero guiado de la mayor prudencia y sigilo. Séame pues permitido circunstanciar el orden que observé en este paso. Ustedes conocen las precauciones con que cumplí el acto a que el destino me conducía, es decir, ser el ominoso anunciador de la voz de alarma en este vecindario. Lleno de congoja y de consternación, me presenté en la morada de usted señor Regente, a eso la una y media del citado día 25, en ocasión que se hallaba rodeado de muchas personas y muy ajeno a la novedad que le llevaba. Aquella concurrencia me obligó a llamarlo aparte y comunicarle lo que había observado en Soler, su estado y la certeza de que había concebido que el cólera se había presentado en el barrio de S. Lázaro, así como la necesidad de que usted reconociese al paciente por sí mismo, para que tomase las providencias oportunas que juzgase convenientes. Con este aviso determinó usted entrar en mi carruaje sin pérdida de momento, y habiendo llegado a la habitación de Soler, después de examinarlo detenidamente y haber coincidido conmigo en la calificación del morbo, recuerdo muy bien los términos en que usted se expresó: “No hay duda, es el mismo cólera asiático; usted ha caracterizado con exactitud el terrible azote que tal vez viene a devorarnos...” De retirada manifestó usted en su casa al Sr. fiscal Dr. D. Antonio viera que en el momento pasase a ver y examinar a D. José Soler, esperando allí al Sr. segundo protomédico, para cuya reunión me previno usted fuese a conducirlo. Con efecto, un momento después estábamos juntos con el Sr. fiscal, quienes no sólo guardaron el caso de Soler como colérico asiático; sino que aprobaron unánimemente el plan terapéutico que yo tenía establecido, disponiendo en aquel acto el Sr. de Hevia la incomunicación del paciente con el público, así como que se arrojasen al mar los comestibles que allí habían y se expedían al vecindario; retirándose enseguida a dar a conocer a la primera autoridad de la isla tan desagradable como triste caso. De antemano había dispuesto usted una junta de los mismos señores con mi asistencia en su morada para las cuatro de la tarde y, cuando llegué a la hora indicada, ya encontré en ella al Sr. asesor tercero, Dr. D. Joaquín Leandro de Solís, con D. Manuel de Urrutia, capitán juez pedáneo de S. Lázaro, con objeto, según dijo su señoría, de hacer ejecutar, pues así se lo había prevenido el Excelentísimo Señor Gobernador y Capitán General, las medidas y precauciones que ustedes acordasen sobre el particular. Esta es la fiel relación de cuanto ha ocurrido.
Ahora bien; ¡de cuán diverso modo se ha interpretado por ciertas personas aquel acto preciso de mi deber! ¡cuántos y varios han sido los rumores y voces que se han esparcido atacando directamente mi conducta! También es cierto que yo tuve que pasar por el trance amargo de leer a la junta de los facultativos, reunidos por disposición del tribunal, la relación exacta de cuanto había observado en unión de ustedes mismos en la persona del colérico D. José Soler y de aseverar positiva, aunque dolorosamente, la aparición de esta cruel epidemia en nuestra patria.
Todavía se dudaba de su realidad y se veían, no obstante, caer las víctimas de su saña a centenares, decidiendo su existencia el breve período de pocas horas. Es cierto que el terror y espanto que inspiró el recelo de la aproximación de esta terrible enfermedad, inclinaba a los ánimos pusilánimes a adoptar aquello que más lisonjeaba y complacía sus deseos y esperanzas; parecía que con la incredulidad lograban disipar el mal que ya volaba sobre nuestras cabezas.
Es una observación constante que todos los pueblos que han sido visitados por ese azote, han presentado la misma alternativa de incertidumbre en los principios de su invasión y que el convencimiento de su cruel existencia generalmente no ha entrado, sino después de una de una triste y desoladora experiencia. ¡Tal es la miserable condición de los mortales!
Era un deber la participación a ustedes, que me imponía la ley y mi conciencia y, en caso semejante, debía considerarla como oportuna e interesante al vecindario, puesto que en su vista podían adoptarse los medios necesarios para contenerla en su misma cuna y salvarnos con anticipación del peligro que nos amagaba. Ello es que ustedes la estimaron de la mayor consecuencia y atención y, en su virtud, aconsejaron instantáneamente, con el celo y el tino que acostumbran, las medidas más precisas y urgentes para aislar la epidemia en el mismo punto que asomaba y sofocarla allí si era posible. Una ciega fatalidad inconcebible y aquella incredulidad tenaz que había preocupado los ánimos, hizo desechar las precauciones que la experiencia tiene enseñadas para semejantes circunstancias. Todo se abandonó; los casos se repitieron simultáneamente con rapidez de rayo y la epidemia logró extender su maligna influencia por todos los barrios intra y extramuros a la manera de un torrente impetuoso que todo lo inunda y arrasa, con tal intensidad como lo acreditan los estragos que ha causado y los progresos con que desgraciadamente amenaza a toda la isla, atacando las vidas y las riquezas de sus moradores.
La experiencia ha demostrado que la duración de la influencia y constitución de esta misteriosa y viajera enfermedad se dilata en un lugar desde las seis semanas hasta los tres meses. Entre nosotros el cólera ha prolongado su período por ocho semanas y su mortandad y rigor hasta el 28 del pasado, ejercido principalmente entre la gente de color, ha sido tan desastrosa que puede compararse con la que ha causado en las ciudades más populosas del mundo que ha invadido.
Siempre será un objeto muy digno del interés de las indagaciones de este Real Protomedicato inquirir el modo como pudo introducirse entre nosotros la epidemia que tan mortíferamente ha reinado, después que no había noticias que existiese en nuestro hemisferio ni en el antiguo, y después que habían cesado las medidas adoptadas por este gobierno para impedir su comunicación de los lugares infectos. Este descubrimiento nos servirá por lo menos de una instructiva lección que nos enseñe en lo sucesivo a desconfiar, quizás enteramente, de aquellas esperanzas con que La Habana se había creído a cubierto de toda infestación, fundados en la benignidad de su clima, en su ventajosa posición geográfica y en la influencia de sus vientos reinantes, acreditados en el transcurso de tres centurias de años.
La consternación que difundió la repentina e inesperada aparición del cólera en todas las clases de habitantes en los primeros días aciagos; la confusión que reinó generalmente; el miedo; la aprehensión y el desaliento unido a la predisposición universal fueron varias de las muchas causas que ocasionaron el desarrollo de la epidemia y que ésta hubiese ejercido su predominio tan poderosamente. De aquí aquellos desastrosos y rápidos progresos que han dejado un gran vacío entre los hombres y las propiedades, que siempre lamentará la patria.
En medio de este estado horrible de cosas, siempre procuré cumplir por mi parte los deberes y obligaciones sagradas que me imponía mi facultad y la humanidad afligida en las pasadas circunstancias. Siempre estuve al frente del mal y todo el paciente que reclamó mi asistencia, cualquiera que fuera su condición, me vio en el lecho del dolor, donde tal vez espiró sin que me hubiese arredrado el temor del peligro universal que a todos amenazaba. Por aquellos mismos días, y durante la mayor intensidad de la epidemia, se me confió cuidar y asistir a la guarnición, los presidiarios y demás empleados del castillo del Morro. Aquí se duplicó mi trabajo y las fatigas continuas de ir y volver de aquella fortaleza en que alternaba con mi comprofesor D. José Eligio, reunido a una moral atormentada con el horror de las muertes que presenciaba, y el sentimiento que me acompañaba constantemente sobre el modo con que se había interpretado el aviso y participación a este Real Protomedicato, fueron predisponiendo paulatinamente mi constitución a recibir el morbo epidémico. Y efectivamente, después de 25 días continuados sin descanso, ni aún en las horas del reposo, fui atacado el 19 del pasado.
A las nueve y media de la noche, agobiado con los síntomas característicos del morbo, me resolví a la ventura, a bajar del castillo, pues en ese horrible momento habría sido para mí un dulce consuelo el espirar rodeado de mi familia, si ésta era la suerte que, como a otros muchos, me estaba reservada. Afortunadamente los amagos cedieron a los medicamentos que me dispuse en la misma cama en que yacía. Y aún en aquella triste situación, tuve la satisfacción, siempre que se me solicitó, de prevenir algunas curaciones que tuvieron un éxito favorable.
Esta es la relación histórica de la parte que me ha cabido en la epidemia pasada y a cuanto he podido observar sobre sus fenómenos, nada podré añadir de nuevo que no esté ya comprobado en los principios establecidos por los facultativos de todos los países que han escrito sobre esta desconocida y terrible enfermedad. Se ignora todavía, debemos confesarlo, el plan general y positivo de su carácter, su naturaleza y el método de curarla. La diversidad de opiniones en este punto es prueba de su impenetrable oscuridad, y la multitud de medicamentos insinuados y prevenidos hasta aquí es la evidencia más concluyente de la ineficacia, quizás de todos, cuando la invasión se presenta con toda su malignidad.
Bajo tal vago concepto, séame lícito manifestar sencillamente el plan terapéutico que he observado y del cual tal vez se pueda deducir la triste aserción de que lo mismo que ha salvado a algunos pacientes, a otros no ha podido arrancarlos del sepulcro. Sin embargo, he aquí mi método. Durante el primer período disponía los antiespasmódicos internamente, alimento animal y abrigo. Si lograda la reacción se ostentaban síntomas flogísticos, prevenía las emisiones sanguíneas locales, bebidas temperantes, cataplasmas emolientes al vientre y alimentos farináceos. Si el paciente no presentaba sensibilidad alguna en el tubo gástrico del estómago ni en la región hepática, entonces seguía el método flogístico sin el uso de emisiones sanguíneas locales. Externamente mandaba a todos en general los revulsivos de las clases que necesitaban. En el estado de convalecencia arreglaba la dieta a la situación en que quedaba el paciente.
Es de advertir que desde el día 25 del pasado fue cediendo la intensidad de la epidemia y se observo que a partir de entonces no se desarrollaba en todos de un mismo modo. A unos los atacaba sólo con frialdad glacial en toda la periferia con vómitos a la vez; a otros con diarreas y calambres y algunos con diarreas biliosas que duraban uno o dos días. Si la persona invadida no usaba de precauciones o incurría en algún desarreglo, seguida y positivamente se le presentaban todos los síntomas patonómicos del cólera.
Después de esta manifestación que he formado con la sencilla idea de ponerla en su conocimiento para sincerar mi conducta, concluiré con una confesión harto desconsoladora y que no sólo probará la intensidad maligna de esta enfermedad desconocida en su naturaleza, sino también la imperfección de nuestros recursos y la deficiencia limitada de nuestros sentidos, los que hasta ahora no han podido discurrir los medios de vencerla o de contenerla en su rapidez, después de diez y seis años que hace fue conocida en Bengala y que ha gastado en recorrer varios países del antiguo mundo hasta invadir el nuestro.
Como la verdad no admite disfraz y debe presentarse con toda franqueza, debo decir que el número de fallecidos en esta ciudad y sus barrios extramuros hasta el puente de Chávez, sucumbidos a la energía de la epidemia, asciende a 11 086; pero en medio de este general desconsuelo, les cabrá a todos los facultativos, como a mí la dulce satisfacción de haber arrancado de las puertas del sepulcro a muchas víctimas de su saña. En este concepto lisonjero acompaño a ustedes las tres adjuntas relaciones de las personas, tanto de este vecindario como del castillo del Morro, que he logrado bajo mi asistencia y cuidado restituir a la vida y la salud. Las dos últimas corresponden a la indicada fortaleza del Morro, y en ellas tiene igual parte mi comprofesor D. José Eligio, como igualmente el señor comandante y los señores oficiales de la tropa que la guarnece, quienes pusieron en práctica todos los medios de un régimen sanitario que hicieron observar al soldado como al presidiario, de que resultó que fueran muy pocos los invadidos y sólo desgraciado el negro emancipado que consta del mismo estado. Esta es una prueba evidente de lo mucho que contribuye el buen régimen y la estricta disciplina en el soldado, que le impide los desarreglos que en esta epidemia tienen tanta tendencia para su invasión.
Si lo expuesto no es suficiente a sincerar las inculpaciones que me hizo el vulgo por mi opinión, desgraciadamente comprobada con más de 11 000 víctimas; si no basta digo, es suficiente para satisfacción de mi conciencia y de mis deberes, que pienso haber llenado a la ustedes.
Dios guarde a ustedes muchos años.
Habana 20 de abril de 1833.
Ldo. Manuel José de Piedra.

BIBLIOGRAFÍA

Abreu AE de, Gutiérrez NJ. Memoria histórica. Del cólera morbo en la Habana. Rep Med Hab 1843;4(Supl):I-V, 1-100.
Delgado García G. El cólera morbo asiático en Cuba. Apuntes históricos y bibliográficos. Cuad Hist Salud Pub 1993;(78):4-44.
Piedra MJ de. Manifiesto que presentó al Real Tribunal del Protomedicato el Ldo. Manuel José de Piedra, el 20 de abril, día en que se reunieron todos los profesores médicos y cirujanos ante dicho Tribunal para declarar la no existencia del cólera en esta capital y sus barrios estramuros, y que ahora hace á este ilustrado público. Diario de la Havana 1833; 133(mayo13):2.

Abril 13 de 1711. Instauración oficial del Real Tribunal del Protomedicato

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Desde la Baja Edad Media se manifestaba preocupación por legalizar el ejercicio de la Medicina, según quedó demostrado en la actitud asumida en tal sentido por Roger, Rey de las dos Sicilias, quien en 1140 decretó como condición previa para practicarla en su reino el permiso de los oficiales reales. Posteriormente Federico II, Emperador de Alemania, ordenó que la disciplina se enseñara durante un lapso de seis años, en los que los cinco primeros se dedicaban a estudiar las doctrinas de Hipócrates, Galeno y Avicena, mientras el último se reservaba a la práctica de los estudiantes. En 1422 se creó por Juan II de Castilla un Tribunal de Alcaldes Examinadores, cuya función era la de dictaminar la competencia de los aspirantes a ejercer la Medicina y la Cirugía. Se presume que en este Tribunal está el origen del Protomedicato en España, denominación con la que surgió oficialmente en los tiempos de los Reyes católicos, quienes lo establecieron desde finales del siglo XV en varias ciudades y provincias de sus dominios.
Entre las funciones del Protomedicato descollaban la de reconocer la suficiencia de los aspirantes a ejercer como médicos, cirujanos, boticarios y parteras; además de garantizar la calidad y el justo despacho de los medicamentos y establecer las estrategias para enfrentar los desastres naturales, epidemias y otras situaciones adversas. Este Tribunal tenía jurisdicción en todos los problemas relacionados con la salud pública, pues dirigía la enseñanza de la Medicina y la Farmacia, juzgaba las faltas y los excesos cometidos por los facultativos, perseguía el curanderismo y establecía aranceles en los exámenes y en las visitas a las boticas. Las ganancias obtenidas por este conducto se distribuían entre los miembros del Tribunal, o bien ellos mismos le daban otra aplicación útil.
Las primeras manifestaciones de reglamentación de la práctica y la enseñanza médica en el continente americano datan de 1525, cuando el Cabildo de la capital azteca les permitió ejercer su profesión a los cirujanos Diego Pedraza y Francisco Soto. En 1527 autorizó también a Soto a enseñar la Cirugía y, dado que tampoco se disponía hasta entonces de una autoridad médico-sanitaria, nombró ese mismo año Protomédicos de la ciudad a Pedro López y a Cristóbal Ojeda; el primero con la facultad de sancionar a quienes curaran sin la debida autorización y el segundo con la función de inspeccionar las boticas.
En 1632 un español residente en La Habana, graduado de Bachiller en Medicina en la Universidad Hispalense de Sevilla y nombrado Francisco Muñoz de Rojas, le pidió al Cabildo habanero recabara del Rey de España su nombramiento oficial de Protomédico, en mérito a los servicios por él prestados como médico y en vista de la dependencia del Protomedicato de México que tenían los cubanos aspirantes a médicos, cirujanos, boticarios, etc. Por una carta de Provisión Real, se le confirió el año siguiente el título que lo acreditaba como Protomédico examinador de los doctores, cirujanos, barberos, boticarios y parteras de La Habana y de toda la isla de Cuba. Tras su muerte en 1637, nadie más solicitó desempeñar el cargo durante todo el siglo XVII.
Durante todo ese tiempo y el primer decenio del siglo XVII fue elevado el número de personas que ejercían como médicos y farmacéuticos sin tener aptitudes para ello. El 13 de abril de 1711 el andaluz Francisco Teneza y Rubira se presentó ante las autoridades con el título de Protomédico Real de la ciudad de La Habana y su jurisdicción, respaldado por la firma del Rey Felipe V.
Fue ésta la diligencia que dio carácter oficial a la instauración del Real Tribunal del Protomedicato de La Habana, pues si bien en un principio Teneza desempeñó solo sus funciones, al igual que su antecesor, más tarde fue el primer Protomédico Regente de un colectivo integrado en sus inicios por un Protomédico primero, uno segundo y un Fiscal y luego por un Protomédico primero, uno segundo, un tercero, un Fiscal propietario y otro sustituto.
Desde los primeros tiempos en el puesto de Protomédico, Teneza adoptó varias medidas con el fin de moralizar el ejercicio de la profesión médica y sus disciplinas afines. Ejemplo de ellas fue la Disposición de formar un Arancel de Medicinas para impedir su irregularidad y carestía. Del documento resultante salió un folleto que se imprimió 1723 en los talleres de Charles Habré con el título de TARIFA GENERAL DE PRECIOS DE MEDICINAS, el cual constituye el primer incunable cubano. Al efecto de confeccionar esta tarifa, asesoraron a Teneza los maestros boticarios José de Urrutia, Juan Antonio Vázquez y Lázaro del Rey y Bravo, quienes fijaron de común acuerdo los precios a los que se debían despachar las medicinas en las boticas de La Habana.
El Protomédico Teneza ejerció sus funciones como tal por un largo período, en principio solo y luego auxiliado por el médico francés Louis Fontayne Cullenbourg, designado a instancias del Gobernador Dionisio Vives en 1727. Luego de Teneza hubo otras 15 personas que ejercieron como Protomédicos durante la época en la que el Tribunal del Protomedicato rigió los destinos de la salud pública en Cuba.
Sin duda, esta forma de organización representó en su tiempo un considerable paso de avance, por cuanto su existencia conllevó la regulación oficial del ejercicio médico en todas sus manifestaciones, con inclusión de la de conferir autorización legal para ejercer la Medicina a los jóvenes que entonces terminaban sus estudios en Universidades de otros países.
Por su connotación en la evolución histórica de la salud pública cubana, es justo haber dedicado unas líneas a recordar la fecha de su instauración oficial.

BIBLIOGRAFÍA

Arrate JMF. Real Tribunal del Protomedicato: antigüedad, jurisdicción y gobierno. En: Llave del Nuevo Mundo. México, DF: Fondo de Cultura Económica; 1949. p. 144-147.
Artiles J. Notas para la historia de la Medicina en Cuba hasta el establecimiento del Real Protomedicato. Rev Med Cub 1959;70(11):533-538.
Delgado García G. Conferencias de historia de la administración de salud pública en Cuba. Cuad Hist Salud Pub 1996;(81).7-26.
Fernández del Castillo F, Hernández Torres A. El Tribunal del Protomedicato en la Nueva España. Arch Med 1965;(2):11-12.
López Espinosa JA, López Sánchez J. Los primeros estudiantes de Medicina y el primer claustro médico en la Universidad de La Habana. Univ Habana 2003;(258): 57-75.
Quijano Pitman F. Las primeras reglamentaciones médicas en América Latina. Gac Med Mex 1997;134(3):353.
Roldán Guerrero R. Los orígenes del Tribunal del Real Protomedicato de Castilla. Arch Iberoam Antropol Med 1960;12:249-254.
Santovenia ES. El Protomedicato de La Habana. Cuad Hist Sanit 1952;(1):15-76.
Zayas-Bazán Perdomo H. Contribución al estudio de las ciencias médicas en la época del Protomedicato. Rev Med Cub 1959;70(3):103-126.

Abril 5 de 1797. Presentación de la obra iniciadora de la bibliografía cientificomédica cubana

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Existen referencias de que durante 1649 una epidemia desconocida acabó con cerca de la tercera parte de la población habanera. Sobre la base de sus convincentes razonamientos, el sabio cubano, doctor Carlos J. Finlay Barrés (1833-1915), demostró por inducción que esa epidemia, introducida por buques procedentes de Cartagena y Portobelo, no era otra cosa que el vómito negro, nombre con el que entonces se conocía a la fiebre amarilla.
Sobre los estragos causados por la enfermedad se conservan varios documentos curiosos, el primero de los cuales data justamente de aquella época. Al término de la epidemia antes citada, que se extendió desde mayo hasta octubre de 1649, el fraile madrileño Antonio de Jesús María pronunció una oración fúnebre dedicada a las víctimas del contagio. Esta pieza oratoria, la más antigua de las oraciones sagradas de Cuba que se conserva, se encuentra en la Academia de la Historia de Madrid.
El médico inglés John Holliday escribió en La Habana en 1794 una obra titulada Tratado médico sobre la fiebre amarilla que se llama vómito negro en las provincias españolas de la América septentrional: distribuido en varias observaciones con un nuevo método para la curación de la peste que experimentó el año de 94. Después de escrita, la obra se envió a España, pero el censor puso obstáculos a su publicación. La Facultad Médica de Londres autorizó su impresión en 1795 y, al año siguiente, se publicó en los Estados Unidos con el título A short account of the origin, symptoms and most approved method of treating the putrid bilous fever vulgarly called the black vomit, which appeared in the city of Havana, with the utmost violence in the months of June, July and part of August, 1794.
En febrero de 1796, el médico cubano Juan Francisco Pachón Moreno (1765-?) presentó a la Sociedad Patriótica de la Habana una memoria sobre el vómito negro, donde sostuvo que era capaz de curarlo con un remedio en forma de bebida. La corporación solicitó al doctor Tomás Romay Chacón (1764-1849) emitiera un informe sobre esa memoria. Pero el reputado facultativo se excusó con el alegato de que él estaba escribiendo una monografía sobre el mismo tema. Esta obra de Romay fue nada más y nada menos el primer documento médico de carácter científico escrito por un cubano e impreso y publicado en Cuba.
En la junta ordinaria de la Sociedad Patriótica de la Habana, que tuvo lugar el 5 de abril de 1797, el célebre médico habanero leyó su Disertación sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente vómito negro, enfermedad epidémica de las Indias Occidentales, en la cual hizo observaciones de gran juicio sobre las condiciones más favorables para la ocurrencia del mal, además de abordar con mucho acierto aspectos relacionados con sus síntomas y con las posibilidades de prevenirlo, a tenor de su punto de vista de que no era contagioso.
Este trabajo despertó mucho entusiasmo entre los presentes en la reunión, al punto que el doctor José de Jesús Méndez (¿-1819) escribió el 27 de abril siguiente una curiosa apología, respaldada con la firma de ocho de los principales médicos de La Habana en aquella época y que encabezó con las siguientes palabras:
“Un Facultativo deseoso de contribuir a las buenas ideas de la Sociedad Patriótica, en dar a la luz pública la Oración pronunciada por el Dr. Tomás Romay (miembro de ella y de singular mérito) ha querido en obsequio de la Justicia y verdad hacer la siguiente Apología, que otros Profesores, con el mismo fin han subscrito.”
Al final aparecen en el mismo orden las firmas de los doctores Joseph de Jesús Méndez, Juan Bautista Bobadilla, Agustín Rodríguez, Gregorio José del Rey y Juan Pérez Delgado, del bachiller José Collect, de los licenciados Ambrocio (sic) Aragón y Alonso Romero y la del doctor José Bohorquez.
La fecha del 5 de abril de 1797 tiene, por otra parte, el gran significado histórico de haber sido el día en que se reunieron por primera vez los médicos criollos para discutir problemas científicos. Ellos consideraron la memoria de Romay como la que con más tino y erudición se había tratado hasta entonces una enfermedad sobre la cual tanto se trabajaba. Por ello recomendaron su impresión y reproducción en el más breve plazo y la remisión de varios ejemplares al Real Tribunal del Protomedicato.
Esta disertación sobre la fiebre amarilla hizo además a su autor merecedor del premio de Socio Corresponsal de la real Academia de Madrid.

BIBLIOGRAFÍA

Costales M. Elogio del Dr. Tomás Romay. Cuad Hist Salud Pub 1964;(26):11-21.
López Sánchez J. Iniciador del movimiento científico. En: Tomás Romay y el origen de la ciencia en Cuba. La Habana: Academia de Ciencias. Museo Histórico de las Ciencias Médicas “Carlos J. Finlay”, 1964. p. 53-137.
Romay T. Disertación sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente vómito negro, enfermedad epidémica de las Indias Occidentales. Havana: Imprenta de la Capitanía General, 1797.
Trelles CM. Datos para la historia de la medicina en Cuba. Rev Med Cir Habana 1923;28(15):532-535.

Abril 4 de 1884. Primera histerectomía con ovariotomía doble practicada en Cuba

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Se conoce por histerectomía a la operación consistente en extirpar el útero de modo parcial o total por vía vaginal o abdominal. Asimismo la ovariotomía es la extirpación quirúrgica de uno o ambos ovarios, o de un tumor ovárico, la cual se puede también realizar a través de la vagina o del abdomen. En este trabajo se abordan, en apretada síntesis, los detalles relativos a la primera vez que se ejecutó en Cuba la histerectomía con ovariotomía doble, así como a la atención prestada con posterioridad a la paciente.
Esta intervención se llevó a cabo el día 4 de abril de 1884 en la casa de salud Garcini por el doctor Francisco Cabrera Saavedra, un eminente cirujano nacido en Islas Canarias el 4 de noviembre de 1850, que se estableció en La Habana en 1875. Hasta 1884 sólo se habían practicado en la capital seis ovariotomías a partir de 1878, cuatro de ellas por el propio doctor Cabrera.
La paciente sometida a esa primera histerectomía fue una morena matancera multípara de 40 años de edad llamada Secundina Seidel, quien se presentó en la consulta del doctor Cabrera el 27 de marzo anterior. Luego de reconocerla, le diagnosticó fibromas internos, dos pediculados, uno derecho y otro izquierdo independientes entre si, con probables adherencias omentarias el mayor. Dado el desarrollo de la dolencia y los sufrimientos que ocasionaba a la paciente, consideró procedente la operación, a cuyo efecto se reunió con los doctores Valencia y Castro para someter su criterio a la consideración de ellos. Luego de la discusión, todos convinieron en operar.
A las 8:35 a.m. del día señalado el doctor Valencia comenzó a anestesiar con cloroformo y, tras comprobarse su asimilación por la paciente, de rasurarle el monte de Venus, de lavar su vientre con una solución fénica y vaciar su vejiga de orina, se procedió a la operación con una incisión realizada por el doctor Cabrera en la línea media equidistante unos dos centímetros del pubis y del anillo umbilical. A continuación fue dividiendo la piel, el tejido celular adiposo subcutáneo, la línea alba, el tejido celular adiposo, el supra peritoneal y el peritoneo sobre la sonda acanalada. Divididos los tejidos, se observó parte de un tumor duro de superficie lisa, color blanquecino y muy vascularizado por debajo de cuyo borde inferior interno se vio una asa de intestino delgado fuertemente distendida. Terminada la incisión de cerca de diez centímetros de longitud, el cirujano introdujo su mano en la cavidad abdominal con lo que pudo confirmar su diagnóstico. De inmediato utilizó una tijera curva para prolongar la extremidad superior de la incisión hasta unos cinco centímetros por debajo del apéndice cifoide.
Cuando existía espacio suficiente para la extracción de los tumores, procedió enseguida a hacerlo con el más pequeño, que tenía su extremidad más gruesa dirigida hacia atrás y ocupaba por su cara inferior toda la fosa ilíaca izquierda. Su forma semejante a una cuña, parecía calzar al mayor e imposibilitaba su salida. En virtud de que el pedículo del menor era corto y sumamente grueso y de que la neoplasia tiraba de la matriz hacia arriba y a la izquierda en el ángulo superior de la herida y no permitía el deslizamiento del gran fibroma, el doctor Cabrera hizo la extirpación entre dos ligaduras. Libre la matriz en la excavación pelviana, era todavía dificultosa la extracción del segundo tumor debido a sus exageradas dimensiones. Para poder realizarla, hubo que deslizarlo con fuerza con la mano hacia abajo y a la izquierda, de modo que su extremidad inferior se apoyara sobre la fosa ilíaca izquierda. Al tiempo que los doctores Secundino Castro y Jacobsen distendían el borde superior de la herida, Cabrera se encargaba de extraer la porción superior del tumor. Cuando parte de él estaba fuera del vientre, se observó que la mitad superior de su cara anterior estaba cubierta por firmes y abundantes adherencias al gran omento. La circulación de retorno tenía lugar por estas adherencias, en cuyo espesor había un enorme grupo de venas dispuestas de manera irregular, unas aisladas y otras formando vías anastomóticas, entre las cuales se distinguían seis o siete tan voluminosas que su calibre recordaba el de las venas axilares y subclavias. Cabrera formó dos grupos de esas venas que quedaron seccionados hacia su parte media por el termo-cauterio que cortaba entre dos fuertes ligaduras.
Libre ya de adherencias, se extrajo el tumor de la cavidad abdominal y, fuera ya esta segunda neoplasia, faltaba la extirpación de la matriz, cuyo volumen se veía bien aumentado, su superficie externa ocupada por cinco o seis fibromas pediculados y su espesor por cuatro o cinco intersticiales que abarcaban todo el cuerpo y descendían a la parte superior de la porción cervical del órgano. Se extrajo la matriz fuera de la cavidad abdominal, de manera que su porción cervical se apoyara en el ángulo inferior de la herida para, acto seguido, caer sobre los ligamentos anchos y practicar dos ligaduras a cada lado y de arriba abajo. Una de las ligaduras abarcaba el tercio superior del ligamento ancho a un centímetro y medio por fuera del borde de la matriz, mientras la otra ligadura se extendía de la parte inferior hasta la altura del tercio medio del cuello del útero.
Hecho esto en ambos lados, se pasó la aguja número 3 de Dinelafoy por la línea media del cuello y en su tercio medio desde atrás hacia delante con hilo de plata doble que, a su vez, portaba los hilos de seda fenicados. Ya pasados éstos y extraído el trocar, se ligaron los dos segmentos en los cuales se había dividido el cuello del útero, de manera que estos hilos se cruzaran y que cada uno pasara por el agujero más bajo de la ligadura inferior del correspondiente ligamento ancho. De ahí que la matriz quedara comprendida en una zona completamente isquémica y sus límites estuvieran formados por los tres lados de un trapecio, el menor de los cuales, de unos dos y medio a tres centímetros de diámetro, era inferior y estaba ocupado por el cuello del útero.
Los ligamentos de los lados derecho e izquierdo de la matriz se separaron con el termo-cauterio, se costearon sus bordes y se descendió hasta cerca de centímetro y medio sobre la ligadura del cuello seccionado transversalmente. Cauterizado el pedículo y los muñoncitos resultantes de las dos ligaduras que se hicieron en los ligamentos del útero; realizada la limpieza del peritoneo y comprobado que los intestinos ocupaban su lugar y que no había hemorragia, se cortaron los cabos de las ligaduras y se procedió a la oclusión abdominal con las dos suturas clásicas. La operación terminó con las precauciones que el caso requería y con la curación de rigor.
A las 10:15 a.m. se sacó a la paciente de la sala de operaciones, luego de que el doctor Valencia le aplicara dos inyecciones hipodérmicas de éter para elevar el puso que se hacía filiforme. A las 11:00 a.m., cuando el equipo de médicos que tomó parte en esta operación abandonó la casa de salud Garcini, la enferma tenía 36,5 grados de temperatura, 88 pulsaciones por minuto y 40 de ritmo respiratorio.
El fibroma más grande tenía 80 centímetros de circunferencia, 30 de diámetro longitudinal y 25 de diámetro transversal; el menor tenía 22 centímetros de largo, 15 de ancho y 10 de espesor; mientras la matriz tenía 15 centímetros de alto, 12 de ancho en su extremidad superior y 10 de espesor. El fibroma mayor pesaba 5 kilogramos y cuarto y la matriz un kilogramo y cuarto.
A los datos anteriores, referidos a la operación, se añaden a continuación los de la historia clínica postoperatoria, que reflejan lo siguiente:
Por la intranquilidad que presentaba la paciente horas después de operada, se le suministró a las 3:00 p.m. una inyección subcutánea de morfina. Además se le extrajeron 120 centímetros cúbicos de orina transparente con buen color y olor. Su temperatura era de 36,8, su pulso de 88 y su respiración de 32. Hasta las 7:00 p.m. se mantuvo tranquila y dormía a ratos. A esa hora tenía 37 de temperatura, 90 de pulso y 36 de respiración. De 7:00 a 11:00 p.m. estuvo algo intranquila y expulsó un vómito que coincidió con la ingestión de un caldo. Al chequearla presentó una temperatura de 38,1, un pulso de 96 y una respiración de 32. Entonces se le extrajeron 130 centímetros cúbicos de orina con buenos caracteres.
A las 5:00 a.m. del día 5 vomitó luego de ingerir un poco de caldo. Una hora después se le extrajeron 150 centímetros cúbicos de orina y la temperatura era de 37,5, el pulso de 100 y la respiración de 28. Hasta las 12:00 m. se mantuvo tranquila. En ese momento se le extrajeron 120 centímetros cúbicos de orina y mostró una temperatura de 38, un pulso de 100 y una respiración de 32. Entre las 12:00 m. y las 5:00 p.m. tuvo un vómito y a las 7:00 p.m. se le extrajeron 80 centímetros cúbicos de orina. Su temperatura era entonces de 38,1, su pulso de 104 y su respiración de 32.
La madrugada del día 6 la pasó algo intranquila y tuvo algunos vómitos. A las 12:00 se le extrajeron 90 centímetros cúbicos de orina y a las 6:00 a.m. tuvo 37,6 de temperatura, pulso pequeño y contraído de 124, respiración de 32 y algo de timpanismo abdominal. Hasta las 12:00 del día los vómitos se hicieron frecuentes y en ese momento se le extrajeron 90 centímetros cúbicos de orina. Tenía 38,1 de temperatura, 136 de pulso y 36 de respiración. Entre esa hora y las 7:00 p.m. los vómitos fueron menos frecuentes y entonces se le extrajeron 80 centímetros cúbicos de orina. La temperatura que mostraba era de 37,5, el pulso de 140 y la respiración de 36.
Durante la madrugada del día 7 los vómitos se hicieron pertinaces y el pulso se fue tornando cada vez más pequeño. A las 2:00 a.m. era éste de 160, a la vez que manifestaba una temperatura de 38 y una respiración de 42. A partir de esa hora aumentó el meteorismo abdominal, el pulso se tornó más rápido y filiforme y las sudoraciones fueron constantes hasta las 5:00 a.m., en que se produjo la muerte de la paciente, quien se mantuvo con uso de razón hasta ese último momento.
La enferma falleció al tercer día de la intervención, a pesar de que en ella se aplicaron todos los medios entonces disponibles de la ciencia; de la rapidez y la limpieza con que se efectuó; de la perfecta cicatrización de la herida y luego de haber mantenido la paciente un favorable estado en los dos primeros días que hizo presagiar el éxito.del tratamiento.
Este fue pues el resultado de la primera histerectomía con ovariotomía doble que se practicó en la isla de Cuba. Casi tres años después, exactamente el 18 de marzo de 1887, el doctor Cabrera informó ante la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, haber llevado a cabo la primera operación de histerectomía abdominal con éxito inmediato y mediato.

BIBLIOGRAFÍA

Cabrera Saavedra F. Láparo-histerectomía y salpingo ovariotomía. Curación. An Acad Cien Med Fis Nat Habana 1887;24:96-104
Escobar B. Dr. Cabrera Saavedra. En: Nuestros médicos. Habana: Tipografía de “La lucha”; 1893. p. 8-11.
Fernández JS. Histerectomía y ovariotomía. Cron Med Quir Habana 1884;10:155-160.
Lebredo JG. Cistoma multi locular del ovario derecho. Ovariotomía. Cron Med Quir Habana 1882;8:57-64.
López Serrano E. Efemérides médicas cubanas. Cuad Hist Salud Pub 1985;(69):47, 130, 184, 218.
Nogueira R. Segunda oración. Cabrera Saavedra. En: Homenaje al doctor Francisco Cabrera Saavedra. La Habana: Comité Pro Busto y Premio doctor Francisco Cabrera Saavedra; 1943. p. 22-36.
Rodríguez Expósito C. Dr. Francisco Cabrera Saavedra. Síntesis biográfica. Cuad Hist Salud Pub 1981;(63):15-19.
Sexta ovariotomía. Cron Med Quir Habana 1884;10:87.

Marzo 31 de 1958. Estreno de la Revista de la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

A casi dos años de celebrada la sesión solemne de constitución de la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina, hecho que tuvo lugar el 30 de mayo de 1956, se produjo otro acontecimiento de singular importancia para los miembros de esa organización, cuando el 31 de marzo de 1958 se dio a conocer la publicación que desde entonces se convirtió en su órgano de divulgación. Con el título de Revista de la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina y, bajo la dirección del doctor Horacio Abascal Vera, su Presidente fundador, se puso en circulación con el fin de contribuir al cultivo de la historiografía nacional e internacional de la medicina y de otras disciplinas afines como la farmacia, la odontología y la medicina veterinaria. Cuando a principios de 1961 se celebró la asamblea general de elecciones de la Sociedad y se integró la nueva Junta de Gobierno, pasó a dirigir la publicación su nuevo Presidente electo, doctor Ignacio Alvaré Gómez, quien se mantuvo al frente de ella hasta su última entrega en diciembre de 1963.
Desde su surgimiento hasta su desaparición se publicó en la revista un total de 352 trabajos de 77 autores cubanos y extranjeros, que abordaron 149 asuntos en relación con la Historia de la Medicina en Cuba y en otros países. En sus primeros años de vida, es decir, entre 1958 y 1961, el promedio de entregas fue de cuatro números por volumen anual; en 1962 salieron tres números y en 1963 sólo uno. Procede aclarar que, probablemente por un error de imprenta, aparece el volumen 6 como correspondiente a 1964, pues los cuatro números que se agruparon en un solo cuaderno de apenas 40 páginas salió en diciembre del año anterior.
Además de artículos originales, entre los que sobresalen los trabajos de ingreso a la Sociedad de sus miembros; así como los destinados a honrar a ilustres figuras de la medicina cubana, sobre todo al sabio Carlos J. Finlay Barrés, se divulgaron en sus páginas otras cuestiones de interés, agrupadas en secciones intituladas “Editorial”, “Bibliografía”, “Necrología”, “Noticiero nacional” y “Noticiero extranjero”, que abordaban asuntos de actualidad, anunciaban las fuentes de información de reciente adquisición, daban a conocer las defunciones de científicos destacados de Cuba y de otras naciones y mantenían informados a sus lectores acerca de los nuevos acontecimientos que tenían lugar en distintas partes del mundo en materia de Historia de la Medicina.
A continuación se brindan las referencias bibliográficas de todos los trabajos que entre 1958 y 1963 vieron la luz en la Revista de la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina, a los efectos de que se conozcan en detalle los temas que atesora su colección y los autores que escribieron para ella.

1. Abascal H. Editorial. 1958;1(1):1-2.
2. Abascal H, Rodríguez Expósito C. En defensa de la obra y la gloria de Finlay. 1958; 1(1):I-XII.
3. Abascal H. Entrega de títulos de Presidentes de Honor a los doctores Clemente Inclán Costa, Octavio Montoro Saladrigas y José A. Martínez Fortún Foyo. Palabras de apertura. 1958;1(1):3-7.
4. Villaverde M. Entrega de títulos de Presidentes de Honor a los doctores Clemente Inclán Costa, Octavio Montoro Saladrigas y José A. Martínez Fortún Foyo. Discurso. 1958;1(1):8-15.
5. Montoro O. Entrega de títulos de Presidentes de Honor a los doctores Clemente Inclán Costa, Octavio Montoro Saladrigas y José A. Martínez Fortún Foyo. Discurso. 1958; 1(1):16-9.
6. Le Roy Gálvez LF. Notas sobre el establecimiento de la primera cátedra de Química en el antiguo Hospital Militar de San Ambrosio en esta capital. Trabajo de ingreso. 1958; 1(1):20-35.
7. Picaza S. Un electrochoque terapéutico en 1847. Trabajo de ingreso. 1958;1(1):36-45.
8. Silueta de un maestro de la medicina cubana: Diego Tamayo y Figueredo. Trabajo de ingreso. 1958;1(1):46-53.
9. Mena Serra C. Dentistas en la Conspiración de la Escalera. Trabajo de ingreso. 1958; 1(1):54-65.
10. Valdés-Castillo Moreira E. Historia del Hospital de Dementes de Cuba. Trabajo de ingreso. 1958;1(1):66-76.
11. Alvaré Gómez I. Datos de interés en la identificación de la caseta donde murió de fiebre amarilla el doctor Lazear. Trabajo de ingreso. 1958;1(1):77-83.
12. Lage G. Apuntes sobre la historia de la rabia en Cuba. Trabajo de ingreso. 1958;1(1): 84-97.
13. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: Pedro Laín Entralgo. Historia de la Medicina (Medicina Moderna y Contemporánea). Editorial Científica-Médica. Barcelona. 1954. 1958;1(1):98-9.
14. Abascal H. Bibliografía: Juan B. Lastres. La Medicina en el Descubrimiento y Conquista del Perú. Lima – Perú. 1956. 1958;1(1):99.
15. ----. Bibliografía: Temistocles Carvallo. La obra científica revolucionaria de José Gregorio Hernández. Caracas – Venezuela. 1957. 1958;1(1):99-100.
16. ----. Bibliografía: Loris Premuda. Storia dell’iconografia anatomica. Aldo Martello Editore. Milano. 1958;1(1):100.
17. ----. Editorial. 1958;1(2):1.
18. ----. En defensa de la obra y la gloria de Finlay. 1958;1(2):I-V.
19. Lara MJ de. La medicina y la mujer. Trabajo de ingreso. 1958;1(2):1-9.
20. Rodríguez Expósito C. La primera Secretaría de Sanidad del mundo se creó en Cuba. Trabajo de ingreso. 1958;1(2):10-23.
21. Notas. 1958;1(2):24-5.
22. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: “Historia de la Medicina” por J. A. Hayward. Colección “Brevarios”. Editorial Fondos de Cultura Económica. México, 1955. 1958; 1(2):26-7.
23. ----. Bibliografía: “Historia de la sanidad en Venezuela” por el Dr. Ricardo Archila. Imprenta Nacional. Caracas, Venezuela, 1956. 1958;1(2):27.
24. Abascal H. Bibliografía: Dr. Juan B. Lastres. La Salud Pública y la prevención de la viruela en el Perú. Lima – Perú, 1957. 1958;1(2):28.
25. ----. Bibliografía: Juan B. Lastres. Daniel A. Carrión. Universidad Mayor de San Marcos. Universidad de San Marcos. Lima – Perú, 1957. 1958;1(2):28.
26. ----. Editorial. 1958;1(3):1-2.
27. López Sánchez J. Henry E. Sigerist: historiador, médico y humanista. Trabajo de ingreso. 1958;1(3):3-16.
28. Monteros-Valdivieso MY. Eugenio Espejo y su historia sobre las viruelas. Trabajo de ingreso. 1958;1(3):17-31.
29. Martínez Fortún JA. Historia de la apendicitis. 1958;1(3):32-41.
30. Montoro Saladrigas O. General Carlos García Vélez. Cirujano dentista. 1958;1(3):42-51.
31. Abascal H. Necrología: Juan Portell Vilá (1888-1958). 1958;1(3):52.
32. Notas. 1958;1(3):53-4.
33. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: “Tiempos y substancia del estudiante eterno” por el Dr. Carlos Martínez Durán. Imprenta Universitaria. Guatemala, 1956. 1958;1(3):55-6.
34. Abascal H. Bibliografía: Bitschai y Brodny. A history of Urology in Egypt. 1956. 1958;1(3):56.
35. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: “Finlay” por el Dr. Gustavo Adolfo Bock. Imprenta “Instituto Cívico Militar”. Ceiba del agua. Cuba, 1957. 1958;1(3):57.
36. ----. Bibliografía: “Palabras e investigación” por el Dr. Félix Martí-Ibañez. Separata de la Revista de la Antibiotic Medicine & Clinical “Therapy” de New York (E.U.). 1958; 1(3):57-8.
37. Abascal H. Bibliografía: G.B. Morgagni. Autobiografía. Trascrizione, traduzione e commento di A. Pazzini e M. Galeazzi. Roma, 1957. 1958;1(3):58-9.
38. ----. Bibliografía: Juan B. Lastres. El pensamiento de William Harvey en la medicina peruana. Lima, 1957. 1958;1(3):59.
39. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: “Carlos J. Finlay y la historia de la fiebre amarilla” por el Dr. Amador Neghme. Chile, 1957. 1958;1(3):59-60.
40. ----. Bibliografía: “La vida de Cajal” por el Sr. Manuel Y. Montero Valdivieso. Editorial “Lex”. La Habana, 1957. 1958;1(3):60-1.
41. ----. Bibliografía: “Panchón Domínguez Roldán: médico, mambí y ministro” por María Luisa Domínguez Roldán. Editorial Luz-Hilo. La Habana. Cuba, 1957. 1958;1(3):61-2.
42. Abascal H. Bibliografía: Profesor Dr. Albert Esser. Vor und Frühgeschichte der Medizinischen Akademie in Düsseldorf, 1958. 1958;1(3):62.
43. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: “El parto a través de los siglos” por los Dres. André Pecker y Henri Roulland. Editorial “Trinvkvel”. París, 1958. 1958;1(3):62.
44. ----. Bibliografía: “Los mitos en la conquista de la fiebre amarilla” por Miguel Roldán. La Habana, 1958. 1958;1(3):63.
45. Abascal H. Editorial. 1958;1(4):3-5.
46. Martínez Durán C. El destino de lucha en la vida y en la muerte de Carlos J. Finlay. 1958;1(4):6-13.
47. Corbitt DC. To Carlos J. Finlay on his one hundred and twenty-fifth aniversary: sit us honor this benefactor of humanity. 1958;1(4):14-6.
48. Cortejoso Villanueva L. Carlos J. Finlay o la gloria en cuarentena. 1958;1(4):17-9.
49. Pecker A, Théodoridès J. Hommage a Carlos Finlay. 1958;1(4):20-3.
50. Martí Ibáñez F. Valores de Finlay y psicología de los finlaístas. 1958;1(4):24-32.
51. Georke H. Finlays Entdeckung im Spiegel populärer Medizingeschichts-schreibung. 1958;1(4):33-5.
52. Ogawa T. Finlay. 1958;1(4):36-8.
53. St. Loup B E. El legado de Finlay. 1958;1(4):39-41.
54. Oliveira A de. Finlay: luzeiro da medicina preventiva nas Americas. 1958;1(4):42-4.
55. Piccini S. Ricordando il 125º anniversario della nascita di Finlay. 1958;1(4):45-52.
56. Sigerist HE. Casa serena. 1958;1(4):53-4.
57. Finlay CJ. International Sanitary Conference of Washington. Protocol No. 7. Session of february 18, 1881. Page 34. 1958;1(4):55-6.
58. ----. Conferencia Sanitaria Internacional de Washington. Protocolo No. 7. Sesión del 18 de febrero de 1881. Página 34. 1958;1(4):57-8.
59. ----. The mosquito hipothetically considered as the agent of trasmission of yellow fever. 1958;1(4):59-76.
60. ----. El mosquito hipotéticamente considerado como agente de transmisión de la fiebre amarilla. 1958;1(4):77-94.
61. Sondervorst FA. Bibliografía: César Rodríguez Expósito: “Finlay”. Un volumen de 340 páginas. Editorial “Librería Selecta”, La Habana. 1958;1(4):95-7.
62. Abascal H. Editorial. 1959;2(1):1-3.
63. Calvó Fonseca R. El doctor Francisco Villar y Cisneros. Médico cubano santiaguero, uno de los grandes maestros de la cirugía francesa. Ensayo biográfico. 1959;2(1):4-26.
64. Gómez Luaces E. Regla: aporte a la medicina cubana en el siglo XIX. 1959;2(1):27-47.
65. Martínez Cárdenas A. Dr. Antonio Díaz Albertini: médico y sanitario. Trabajo de ingreso. 1959;2(1):48-62.
66. Riquelme Salar J. Carlos J. Finlay y Tomás Romay. 1959;2(1):63-7.
67. Abascal H. Bibliografía: George Rosen: A History of Public Health. M.D. Publications Inc. New York, 1958. 1959;2(1):68.
68. ----. Bibliografía: A. Esser: Weiteres zur ältesten Kenntnis der Kataraktoperationen. Stuttgart, 1956. 1959;2(1):68.
69. ----. Bibliografía: Jean-Victor Audouin: Journal d’un etudiant en Medicine et en Sciences á París sous la Restauration (1817-1818). París, 1959. 1959;2(1):69.
70. ----. Editorial. 1959;2(2)::1-2.
71. Nogueira P. Una aclaración a un episodio de la historia de la fiebre amarilla. 1959;2(2): 3-8..
72. Bustamante JA. Tres precursores de la psiquiatría en Cuba: José Joaquín Muñoz, Gustavo López y José A. Valdés Anciano. 1959;2(2):9-19.
73. Curbelo Hernández A. Dr. Don Vicente de la Guardia y Madan. Trabajo de ingreso. 1959;2(2):20-31.
74. Fernández Conde A. Los médicos y la Revolución. Resumen de actividades colectivas frente a la dictadura de Batista. Trabajo de ingreso. 1959;2(2):32-48.
75. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: Ramón Zambrana y Valdés (el precursor) por el Dr. Israel Castellanos. Prólogo del Dr. MP. Petinto y Bertomeu. Editorial P. Fernández. La Habana. 1959. 1959;2(2):49. 76. Abascal H. Bibliografía: Lawrence G. Glochman. Doctor Squibb the life and times of a rugged idealist. Simon and Schuster. New York. 1958. 1959;2(2):49-50. 77. ----. Bibliografía: Luis S. Granjel. La doctrina antropológico-médica de Miguel Sabuco. Publicaciones del Seminario de Historia de la Medicina. Universidad de Salamanca. Estudios. Tomo I. Salamanca, 1956. 1959;2(2):50.
78. ----. Bibliografía: Mauricio Mariotti. Paracelso. Il agabondo per le vie della terra e per gli spazi del misterio. A. Stabilimento Eipografico Editoriale. Italia, 1958. 1959;2(2): 50-1.
79. ----. Bibliografía: Prof. Dott. Loris Premuda Personaggi e vicende dell’ostetricia e della ginecologia nello studio di Padova. Tipografia editrice. “La Garangola” Padova, 1958. 1959;2(2):51.
80. ----. Bibliografía: A. Palla, editor. Az Országos Orvostorténti Konyvtár Kozleményei. Budapest, 1959. 1959;2(2):51-2.
81. Noticiero: Biografía de Flemming. 1959;2(2):53.
82. Noticiero: Centenarios. 1959;2(2):53.
83. Noticiero: Dr. Angel José Cowley. 1959;2(2):53.
84. Noticiero: Cincuentenario de la “Enfermedad de Chagas”. 1959;2(2):54.
85. Noticiero: Universidad y medicina. 1959;2(2):54.
86. Programa de los premios para el año 1959-1960 de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. 1959;2(2):54-6.
87. Abascal H. Editorial. 1959;2(3):1-2.
88. Martínez de la Cruz F. Evolución de la medicina en Camagüey. 1959;2(3):3-15.
89. Abascal H. Raimundo de Castro y Bachiller. 1959;2(3):16-25.
90. Martí Ibáñez F. Sigerist y España. 1959;2(3):26-32.
91. García Gamboa MA. Juan Palfyn – (el célebre anatomista gantés). Trabajo de ingreso. 1959;2(3):33-62.
92. Noticiero: La relación médico-enfermo. 1959;2(3):63-4.
93. Abascal H. Editorial. 1959;2(4):1-3.
94. Quintana J. Dr. Martín Marrero Rodríguez (1859-1943). Trabajo de ingreso. 1959;2(4): 4-8.
95. Herrera Franchi Alfaro A. Dr. Joaquín L. Dueñas (1859-1910). Trabajo de ingreso. 1959;2(4):9-30.
96. Picaza S. Dr. José Varela Zequeira. Centenario de su natalicio. 1959;2(4):31-41.
97. Abascal H. Dr. Gonzalo Aróstegui y del Castillo. 1959;2(4):42-3.
98. Lage G. La tripanosomiasis americana. Conmemoración del primer cincuentenario del descubrimiento de Carlos Chagas. 1959;2(4):45-57.
99. Rodríguez Cabarrocas R. Carlos J. Finlay and Yellow Fever. 1959;2(4):59-72.
100. Noticiero: Vida sana. 1959;2(4):73.
101. Noticiero: XIII Congreso Nacional de Historia. 1959;2(4):73-4.
102. Noticiero: Día de la Medicina Americana. 1959;2(4):74.
103. Noticiero: Dr. José A. López del Valle. 1959;2(4):74.
104. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: Carlos Juan Finlay. Conferencia por Guillermo
Cacho Sierra. Publicaciones de la Dirección Municipal de Cultura de Fomento, 1959.
1959;2(4):75.
105. ----. Bibliografía: El cincuentenario de la primera esplenectomía practicada en Venezuela, por el Dr. Alberto Silva Alvarez (Separata de la “Gaceta Médica de Caracas” ), 1959. 1959;2(4):75.
106. ----. Bibliografía: Nuevas cuestiones sobre la iconografía del De dissectione partium
de Carlos Stefano, 1945, por el Dr. G. Kasten Tallmadge, 1956. 1959;2(4):75.
107. Abascal H. Editorial. 1960;3(1):1-2.
108. Villaverde MM. El doctor Gregorio Marañón. 1960;3(1):3-16.
109. Portell Vilá J. Resumen biográfico. 1960;3(1):17-30.
110. Bantug JP. Carta sobre el X Congreso Internacional de Historia de la Medicina de Madrid. 1960;3(1):31.
111. ----. Reivindicación de la medicina española en la península y en ultramar. 1960;3(1): 32-6.
112. Rodríguez Expósito C. Dr. Max Thorek. 1960;3(1):37-8.
113. St. Loup B E. Cutis verticis gyrata. 1960;3(1):39-41.
114. Noticiero: La historia de la medicina en el XIII Congreso Nacional de Historia. 1960; 3(1):42.
115. Noticiero: Exposición del Libro Médico Antiguo de la Argentina. 1960;3(1):42-3.
116. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: Tres libros del Dr. Carlos Martínez Durán, de Guatemala 1959-1960. 1960;3(1):44-5.
117. ----. Bibliografía: “Abrege chronologique d’histoire de la medicine” (Des origenes au XVIII siécle inclus), por el Dr. León Delhoume, Le Concurs Medical. París. Francia. 1960;3(1):45.
118. Abascal H. Editorial. 1960;3(2):1-2.
119. Conmemoración del centenario del natalicio del Dr. Joaquín Albarrán y Domínguez. 1960;3(2):3-5.
120. Rodríguez Díaz EF. Noticia biográfica del Dr. Joaquín Albarrán. 1960;3(2):6-10.
121. Picaza S. Albarrán. 1960;3(2):11-2.
122. Nogueira P. Joaquín Albarrán. El científico. 1960;3(2):13-8.
123. Bustamante JA. Folklore y psiquiatría. 1960;3(2):19-33.
124. Lavín PF. Dr. Raimundo Menocal. 1960;3(2):34-42. 125. Busto del Dr. Jorge Le Roy en la Academia de Ciencias. 1960; 3(2):43-4.
126. Noticiero: Exposición Albarrán en la Escuela de Medicina. 1960;3(2):45.
127. Noticiero: Premiado un trabajo sobre Finlay. 1960;3(2):45.
128. Noticiero: La humanidad de Gaspar Casal. 1960;3(2):45-6.
129. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: Alforja de caminante, por el Dr. Enrique St. Loup B. Talleres Gráficos Bolivianos. La Paz. Bolivia, 1957. 1960;3(2):47.
130. Grau Mederos G. Bibliografía: Sigerist, por Félix Martí-Ibáñez. M.D. Publications Ing. New York. Año 1960. 1960;3(2):47-8.
131. Abascal H. Editorial. 1960;3(3):1-2.
132. Martínez-Fortún Foyo JA. Epidemiología en Cuba republicana con especial referencia a la poliomielitis aguda. 1960;3(3):3-10.
133. Grau Mederos G. En el epicentro de la vida del médico cubano. Trabajo de ingreso. 1960;3(3):11-34.
134. Lorenzo E. Dr. Joaquín Albarrán. 1960;3(3):35-41.
135. Necrología: El Dr. John F. Fulton 1960;3(3):42.
136. Necrología: Dr. José Andrés Martínez Fortún y Foyo. 1960;3(3):43-57.
137. Noticiero nacional: Nuevos académicos de la historia. 1960;3(3):58.
138. Noticiero nacional: Premio dental periodístico “Angel Gutiérrez Cordoví”. 1960;3(3): 58-9.
139. Noticiero nacional: El Dr. Luis Felipe Le Roy en la Academia de la Historia. 1960; 3(3):59.
140. Noticiero extranjero: Sociedad Española de Historia de la Medicina. 1960;3(3):60.
141. Noticiero extranjero: Busto de Finlay en Tulane University de New Orleans. 1960; 3(3):60.
142. Noticiero extranjero: curso sobre el Dr. Marañón. 1960;3(3):60.
143. Noticiero extranjero: Dr. Archila, de Venezuela. 1960;3(3):60-1.
144. Noticiero extranjero: Dr. Max Thorex Memorial Room. 1960;3(3):61.
145. Noticiero extranjero: Busto de Flemming en España. 1960;3(3):61.
146. Noticiero extranjero: Conmemoración del centenario del Dr. Albarrán en Barcelona. 1960;3(3):61-3.
147. Noticiero extranjero: Instituto “Gregorio Marañón”. 1960;3(3):63.
148. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: Surco (ensayos sobre literatura, historia de la medicina, arte y psicología) por el Dr. Félix Martí-Ibáñez. Colección Ensayistas Hispánicos. Editorial Aguilar. Madrid. España. 1960. 1960;3(3):64-6.
149. ----. Bibliografía: Bibliografía médica venezolana por el Dr. Ricardo Archila. Imprenta Nacional. Caracas. Venezuela. 1960. 1960;3(3):67.
150. Abascal H. Editorial. 1960;3(4):1-2.
151. Mazas Garbayo G. Un momento estelar en la humanidad. Finlay: luz en las tinieblas. 1960;3(4):4-6.
152. Opiniones sobre el Dr. Carlos J. Finlay. 1960;3(4):7-9.
153. Martí-Ibáñez F. Símbolo y profecía de Carlos Finlay. 1960;3(4):10-4.
154. Riquelme Salar J. Consideraciones sobre el primer hospital del nuevo mundo. 1960; 3(4):15-7.
155. Archila R. Dr. Joaquín Albarrán. 1960;3(4):18-9.
156. Noticiero nacional: César Rodríguez Expósito. Académico de la historia. 1960;3(4): 20.
157. Noticiero extranjero: Historia de la medicina en Chile. 1960;3(4):21.
158. Noticiero extranjero: America men of science. 1960;3(4):21.
159. Noticiero extranjero: Historia de la medicina española. 1960;3(4):21.
160. Noticiero extranjero: Hispanic American Studies. 1960;3(4):21.
161. Noticiero extranjero. Exposición de libros de medicina. 1960;3(4):21.
162. Noticiero extranjero: Premio Nobel de Medicina. 1960;3(4):21
163. Cortejoso L. Bibliografía: Enfermedades de los conquistadores, por Horacio Figueroa Marroquín. Ministerio de Cultura. Departamento Editorial. El Salvador. C.A. 1959. 1960;3(4):22-3.
164. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: Historia de una obra pía (el hospital de Jesús en la historia de México), por María Elena Sodi de Pallares. Ediciones Botas. México, 1956. 1960;3(4):23-4.
165. ----. Bibliografía: Carlos J. Finlay and Yellow Fever, por Raúl Rodríguez Cabarrocas. Separata del The Bulletin of the Tulane University Medical Faculty. U.S. 1960. 1960; 3(4):24.
166. Abascal H. Editorial. 1961;4(1):1-2.
167. Le Roy Cassá J. El primer caso de cáncer registrado en La Habana. 1961;4(1):3-4.
168. St. Loup B E. La adversidad en las vidas trascendentales. 1961;4(1):5-8.
169. Benzecry I E. Los médicos en la literatura francesa y la amistad de los literatos franceses con los médicos. 1961;4(1):9-14.
170. Chávez Arango M. Dra. Alice C. Evans. Aporte al progreso de la salubridad pública. 1961;4(1):15-22.
171. Alvaré I. Editorial. 1961; 4(2):1-2.
172. Junta de Gobierno de la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina. 1961;4(2):3-4.
173. Le Roy Cassá J. Historia abreviada de la Academia de Ciencias de La Habana. 1961; 4(2):5-14.
174. Le Roy Gálvez L. Desenvolvimiento de la Academia de Ciencias de La Habana desde el año 1928 hasta su centenario en 1961. 1961;4(2):15-20.
175. González Prendes MA. Revisión histórica de los medicamentos más usuales emplea-dos en el tratamiento de la lepra en Cuba (desde el siglo XVII hasta nuestros días. 1961;4(2):21-38.
176. Creada la Cátedra de Historia de la Medicina en la Universidad de La Habana. 1961; 4(2):39-40.
177. II Congreso Panamericano de Historia de la Medicina y I Congreso Venezolano de Historia de la Medicina. 1961;4(2):41-2.
178. Noticiero nacional: Exposición sobre Historia de la Medicina en la Escuela Nacional de Enfermeras. 1961;4(2):43-4.
179. Noticiero extranjero: Homenaje a Finlay en Filipinas. 1961;4(2):44.
180. Noticiero extranjero: Superviviente de los experimentos finlaístas. 1961;4(2):44.
181. Noticiero extranjero: El Dr. White a la Academia de Ciencias de la URSS. 1961;4(2): 44.
182. Noticiero extranjero: Dr. Juan B. Lastre. 1961;4(2):44-5.
183. Noticiero extranjero: Dr. Aníbal Ruiz Moreno. 1961;4(2):45.
184. Noticiero extranjero: Premio Darling. 1961;4(2):45.
185. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: El primer médico cubano: Diego Vázquez de Hinostrosa, por el doctor José López Sánchez. Cuaderno de Historia Habanera. Publicación de la Oficina del Historiador de la Ciudad. La Habana, 1960. 1961;4(2): 46-7.
186. ----. Bibliografía: El doctor Pulido y su época (prólogo de don Jacinto Benavente), por el Dr. Angel Pulido. Madrid, España, 1945. 1961;4(2):47-8.
187. ----. Bibliografía: History of Medicine: Sexology in the Bible and Talmud, por el Prof. Dr. Sussmann Muntner. Editorial “A Medicina Contemporánea”. Israel, 1961. 1961; 4(2):49.
188. Alvaré I. Editorial. 1961;4(3):1-2.
189. Martínez Fortún Foyo O. Federico Grande Rossi. Trabajo de ingreso. 1961;4(3):3-26.
190. Romeu Rodríguez A. Apuntes históricos sobre dermatología cosmética. Trabajo de ingreso. 1961;4(3):27-38.
191. Noticiero extranjero: Niegan a Finlay. 1961;4(3):39.
192. Noticiero extranjero: Necrología: Dr. Paul Chevalier. 1961;4(3):39
193. Noticiero extranjero: Necrología: Dr. Charles Singer. 1961;4(3):39.
194. Noticiero extranjero: Premio científico. 1961;4(3):40.
195. Noticiero extranjero: Bodas de Oro del Dr. Carlos E. Paz Soldán. 1961;4(3):40.
196. Noticiero extranjero: Asociación Americana de Historia de la Medicina. 1961;4(3): 40-1.
197. Noticiero extranjero: Premio “Creole”. 1961;4(3):41.
198. Noticiero extranjero: Miembros de honor en Brasil. 1961;4(3):41.
199. Noticiero extranjero: Medalla de Oro al Dr. Vasconsellos. 1961;4(3):41.
200. Noticiero extranjero: Premio Kalinga 1960. 1961;4(3):41-2.
201. Noticiero extranjero: Sociedad Chilena de Historia de la Medicina. 1961;4(3):42.
202. Noticiero extranjero: Medicina chilena en la colonia. 1961;4(3):42.
203. Noticiero extranjero: El Dr. José Joaquín Izquierdo en la Academia Mexicana de Historia. 1961;4(3):42-3.
204. Noticiero nacional: Premios de la Academia 1961-1962. 1961;4(3):43-4.
205. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: Curso de Historia de la Medicina. Vol. I (Desde los tiempos primitivos hasta el Renacimiento) por el Dr. José López Sánchez. Habana. Impresora Modelo. 1961. 1961;4(3):45-6.
206. ----. Bibliografía: A prelude to medical history, por el Dr. Félix Martí-Ibáñez. M.D. Publications Inc. New York, 1961. 1961;4(3):46-7.
207. ----. Bibliografía: Precursores de la cirugía en Colombia, por el Dr. Alfonso Bonilla Naar. Editorial Antares. Bogotá. 1954. 1961;4(3):47-8.
208. ----. Bibliografía: Historia de la medicina en Checoslovaquia, por el Prof. Miroslav Mateusek. Roma. Italia. 1961;4(3):48-9.
209. ----. Bibliografía: Descubrimiento de la penicilina (pequeña historia de los microbios), por el Dr. Emilio Zapatero Ballesteros. Publicación de la Universidad de Valladolid. España. 1948. 1961;4(3):49.
210. ----. Bibliografía: Anales Chilenos de Historia de la Medicina. Publicación semestral de la Universidad de Chile y de la Sociedad Chilena de Historia de la Medicina. Santiago de Chile. 1960. 1961;4(3):50.
211. ----. Bibliografía: Prandiología patológica, por Arturo Capdevila. Editorial Virácoche. Buenos Aires, Argentina. 1961;4(3):50-1.
212. Alvaré I. Editorial. 1961;4(4):1.
213. Domínguez Roldán F. La obra del doctor Carlos J. Finlay en patología tropical. 1961; 4(4):2-12.
214. Duhamol G. Reparación de una injusticia. 1961; 4(4):13-5.
215. Finlay CJ. Bocio exoftálmico. Observación. 1961;4(4):16-21.
216. Sesión inaugural de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana el 19 de mayo de 1861. 1961;4(4):22.
217. Gutiérrez NJ. Discurso del Dr. Nicolás J. Gutiérrez. 1961;4(4):23-30.
218. Zambrana R. Discurso del Dr. D. Ramón Zambrana. 1961;4(4):31-2.
219. Noticiero nacional: Necrología. Dr. Amador Guerra Sánchez. 1961;4(4):33.
220. Noticiero extranjero: Asociación de Médicos de Idioma Español. 1961;4(4):33-4.
221. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: Estudio biográfico del médico español Claudio Delgado y su aportación al estudio de la fiebre amarilla, por el Dr. Ortelio Martínez Fortún. Publicación de la Dirección General de Sanidad. Madrid. 1954. 1961;4(4):35.
222. ----. Bibliografía: Historia de la salubridad y la asistencia en México, por los doctores Jorge Alvarez Amezquita, Miguel E. Bustamante, Antonio López Picazos y Francisco Fernández del Castillo. Publicación del Ministerio de Salubridad y Asistencia. México D.F. 1960. 1961;4(4):36-7.
223. ----. Bibliografía: Publicaciones del Instituto de Historia de la Medicina. Universidad Nacional de Buenos Aires. Facultad de Ciencias Médicas. Buenos Aires. 1961. 1961; 4(4):37-8.
224. ----. Bibliografía: La medicina y su enseñanza en los siglos (problemas históricos y actuales), por el Prof. Juan Dalma. Publicación del Departamento de Extensión Universitaria de Tucumán. Argentina. 1955. 1961;4(4):38-9.
225. ----. Bibliografía: Una década de labor del Instituto Carlos J. Finlay de Colombia., por el doctor Augusto Gast Galvis. Separata del Boletín de la Oficina Sanitaria Pan-Americana. Washington. E.U.A. 1961. 1961;4(4):39.
226. ----. Bibliografía: Historia de la medicina en Venezuela (época colonial), por el doctor Ricardo Archila. Caracas. Tipografía Lux. 1961. 1961;4(4):39-40.
227. ----. Bibliografía: Vida y obra de Andrés de León, por José Prieto Aguirre. Ediciones del Seminario de la Medicina de la Universidad de Salamanca. España. 1960. 1961; 4(4):40.
228. ----. Bibliografía: Catálogo de las disertaciones y memorias de la Regia Sociedad Médica de Sevilla, por Rafael Sancho de San Román. Ediciones del Seminario de Historia de la Medicina. Universidad de Salamanca. España. 1961. 1961;4(4):40.
229. ----. Bibliografía: Bibliografía médica brasileira, por Francisco Guerra. Publicación de Yale University School of Medicine. New Haven. Connecticut. E.U. 1958. 1961;4(4): 40-1.
230. ----. Ricordi di G.B. Morgagni, por Vincenzo Busachi. Bologna. Italia. 1960. 1961; 4(4):41.
231. Matousek M. Crítica extranjera a libros cubanos: Finlay, por César Rodríguez Expósito. Editorial Selecta. La Habana, Cuba. 1951. 1961;4(4):41-2.
232. Alvaré I. Editorial. 1962;5(1):1
233. Zayas Bazán Perdomo H. La mística en oftalmología a través del arte y la literatura. 1962;5(1):2-30.
234. Capdevila A. Carta de aclaración acerca de unos comentarios bibliográficos. 1962; 5(1):31
235. ----. Doctrina de prandiología patológica. 1962;5(1):32-5.
236. Dalma J. Carta sobre el Dr. Carlos J. Finlay. 1962;5(1):36.
237. Pérez JC. Mensaje sobre “Finlay: polémica permanente”. 1962;5(1):37-8.
238. Noticiero nacional: Homenaje a Finlay. 1962;5(1):39-40.
239. Noticiero extranjero: Sociedad Española de Historia de la Medicina. 1962;5(1):40-1.
240. Noticiero extranjero: Conferencias en Chile. 1962;5(1):41.
241. Noticiero extranjero: V Congreso Internacional de Medicina Neo Hipocrática. 1962; 5(1):41.
242. Noticiero extranjero: El Dr. Lain Entralgo en la Argentina. 1962;5(1):41-2.
243. Noticiero extranjero: Necrología. Dr. Augusto D’Esaguy (1902-1961). 1962;5(1):42.
244. Noticiero extranjero: Cuaderno de Historia de la Medicina Española. 1962;5(1):42.
245. Noticiero extranjero: Homenaje a Teófilo Hernando. 1962;5(1):42.
246. Noticiero extranjero: El Museo Farmacéutico alemán. 1962;5(1):43.
247. Noticiero extranjero: Congreso Internacional de Historia de la Ciencia. 1962;5(1):43.
248. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: Anales Chilenos de Historia de la Medicina. Año II. Santiago de Chile, 1960. 1962;5(1):44-5.
249. ----. Bibliografía: Lecciones teórico-prácticas sobre enfermera y asistencia a enfermos, por César A. Cruz Bustillo. Editora Arroyo. Santiago de Cuba. 1962;5(1):45.
250. ----. Bibliografía: El hombre y su alimentación. Publicación de la Academia de Medi-cina de Zaragoza. España. 1961. 1962;5(1):46-7.
251. ----. Bibliografía: Fiebre amarilla. Publicación de la Organización Panamericana de la Salud. Washington D.C. E.U.A. 1961.1962;5(1):47-8.
252. ----. Bibliografía: Los Charrúas (síntesis etnográfica y arqueológica del Uruguay), por Serafín Cordero. Editorial Mentor. Montevideo. 1960. 1962;5(1):48-9.
253. ----. Bibliografía: Libros de Historia de la Medicina. 1961-1962. 1962;5(1):49.
254. XVII Congreso Internacional de Historia de la Medicina. Atenas. Grecia. 1962;5(1): 50-3.
255. Alvaré I. Editorial. 1962;5(2-3):1.
256. Necrología. Dr. Octavio Montoro (1896-1962). 1962;5(2-3):2-4.
257. Necrología: Dr. Rodolfo Pérez de los Reyes. 1962;5(2-3):4.
258. Rodríguez Expósito C. Dr. Ramón Luis Miranda (médico de Martí). 1962;5(2-3):5-43.
259. Mesa Rodríguez MI. Discurso de contestación al académico de número señor César Rodríguez. 1962;5(2-3):45-54.
260. Creado el Museo Histórico de las Ciencias Médicas “Carlos J. Finlay”. 1962;5(2-3): 55-6.
261. Alvaré I. Editorial. 1962;5(4):1-2.
262. Las palabras finlaísmo y finlaísta ante la Real Academia de la Lengua Española. 1962; 5(4):3-4.
263. Chacón Calvo JM. Escrito del Presidente de la Academia Cubana de la Lengua. 1962; 5(4):4-5.
264. Laín Entralgo. Carta. 1962;5(4):5.
265. Lira Silva G, Laval E. Carta de la Sociedad Chilena de Historia de la Medicina. 1962;5(4):6.
266. ----. Carta de la Sociedad Chilena de Historia de la Medicina. 1962;5(4):6-7.
267. Chacón Calvo JM. Carta del Presidente de la Academia Cubana de la Lengua. 1962; 5(4):8.
268. Casares J. Reconocimiento filológico a la obra y la gloria del Dr. Carlos J. Finlay. 1962;5(4):9.
269. El XVIII Congreso Internacional de Historia de la Medicina (Varsovia-Cracovia, del 17 al 24 de septiembre de 1962). 1962;5(4):10-2.
270. Sotolongo F. Finlay tuvo un lugar prominente en nuestra etapa emancipadora. 1962; 5(4):13-5.
271. Rodríguez Rivero L. Centenarios. Dr. Emilio Ribas Marcondes y Dr. Enrique Lluria y Despau. 1962;5(4):16-20.
272. Noticiero nacional: Conmemoración finlaísta. 1962;5(4):21.
273. Noticiero nacional: Cuadernos de Historia de la Salud Pública. 1962;5(4):22.
274. Noticiero nacional: Dr. Esteban Valdés Castillo. 1962;5(4):22.
275. Noticiero extranjero: Laín Entralgo, académico. 1962;5(4):22.
276. Noticiero extranjero: Homenaje a A. Fleming. 1962;5(4):22-3.
277. Noticiero extranjero: Murió el Dr. Carlos Blanco Soler. 1962;5(4):23.
278. Noticiero extranjero: El Dr. St. Loup, Presidente de la Sociedad Boliviana de Historia de la Medicina. 1962;5(4):23.
279. Noticiero extranjero: Tres libros búlgaros. 1962;5(4):23.
280. Noticiero extranjero: VI Congreso Internacional de Medicina Neo Hipocrática en España. 1962;5(4):23-4.
281. Noticiero extranjero: Sociedad de Historia de las Ciencias y de la Medicina de Irán. 1962;5(4):24.
282. Noticiero extranjero: Cátedra Marañón. 1962;5(4):24.
283. Noticiero extranjero: Martí-Ibáñez en la S.E.H.M. 1962;5(4):24.
284. Noticiero extranjero: Memorias de Paz Soldán. 1962;5(4):24-5.
285. Noticiero extranjero: I Congreso Español de Historia de la Medicina. 1962;5(4):25.
286. Noticiero extranjero: Instituto de Historia de las Ciencias de Yugoslavia. 1962;5(4): 25.
287. Noticiero extranjero: Busto de Marañón. 1962;5(4):25.
288. Noticiero extranjero: Sociedad Internacional de Médicos de Idioma Español. 1962; 5(4):26.
289. Noticiero extranjero: La medicina en el Madrid romántico. 1962;5(4):26-7.
290. Noticiero extranjero: Manuel de Abreu (1892-1962). 1962;5(4):27.
291. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: Historia de la Medicina, por el Dr. M. Zuñiga Cisneros. Ediciones Edime. Caracas-Madrid. 1960. 1962;5(4):28-9.
292. ----. Bibliografía: Ariel (Ensayos de Arte, Historia y Filosofía de la Medicina), por el Dr. Félix Martí-Ibáñez. M.D. Publicaciones. New York. 1962. 1962;5(4):29-31.
293. ----. Bibliografía: Conocían los antiguos antes de los Chamberlain el fórceps obstétri-co, por el Dr. Mario A. García Gamboa. Medicina Latina. La Habana. 1959. 1962; 5(4):31.
294. ----. Bibliografía: Pablo Mantegazza y la Argentina. 1962;5(4):32.
295. ----. Bibliografía: La prensa médica, su función y su alcance, por el Dr. Ricardo Horno Liria. Publicación de la Real Academia de Medicina de Zaragoza. España. 1960. 1962;5(4):32-4.
296. ----. Bibliografía: Fidelio al final de la ruta, por el Prof. J. Izquierdo. Ediciones Ciencia. México D.F. 1962;5(4):34.
297. ----. Bibliografía: Aspectos epidemiológicos y profilácticos de la fiebre amarilla. Por el Dr. Moisés González Caballero. Revista Cubana de Medicina. Consejo Científico. Ministerio de Salud Pública. Vol. 1, No. 2, 1962. 1962;5(4):34-5.
298. ----. Bibliografía: The epic of medicine, por Félix Martí-Ibáñez. Clakson N. Potter Inc. Publisher. New York. 1962. 1962;5(4):35-7.
299. ----. Bibliografía: Los cuadros murales de la Facultad de Medicina de San Francisco de California, por el Dr. J. Izquierdo. Imprenta Universitaria de México. 1962;5(4):37.
300. ----. Bibliografía: La lepra (aportaciones prandiológicas reveladoras), por Arturo Capdevila. Editorial Vivacocha. Buenos Aires. Argentina. 1960. 1962;5(4):38.
301. ----. Bibliografía: M.D. en español. Revista Médica, publicada en New York. 1962. 1962;5(4):39-40.
302. Alvaré I. Editorial. 1964;6(1-2-3-4):1-2.
303. Finlay en el Diccionario de la Lengua Española. 1964;6(1-2-3-4):3-4.
304. Pazzini A. Carta. 1964;6(1-2-3-4):4.
305. St. Loup B E. Carta. 1964;6(1-2-3-4):7.
306. Díaz Machiaco P. Carta. 1964;6(1-2-3-4):8.
307. Gamarra A de. Carta. 1964;6(1-2-3-4):9.
308. Corbitt DC. Carta. 1964;6(1-2-3-4):10.
309. Martí-Ibáñez F. Carta. 1964;6(1-2-3-4):11.
310. Oliver F.. Nota. 1964;6(1-2-3-4):11.
311. Aviles Ramírez E. Carta. 1964;6(1-2-3-4):12.
312. Chacón Calvo JM. Carta. 1964;6(1-2-3-4):12.
313. ----. Carta. 1964;6(1-2-3-4):13.
314. Tro R. Las ideas de contagio de enfermedades a través de mosquitos. Carlos J. Finlay y sus precursores. 1964;6(1-2-3-4):14-24.
315. Guerrino AA. Panorama de la medicina colonial argentina. 1964;6(1-2-3-4):25-6. 1964;6(1-2-3-4):25-6.
316. Noticiero nacional: El día de Finlay. 1964;6(1-2-3-4):27.
317. Noticiero nacional: Ofrenda floral. 1964;6(1-2-3-4):27.
318. Noticiero nacional: Unidad quirúrgica en el Hospital “Calixto García”. 1964;6(1-2-3-4):27.
319. Noticiero nacional: Museo Histórico de las Ciencias Médicas. 1964;6(1-2-3-4):27-8.
320. Noticiero nacional: Centenario de Oscar Amoedo. 1964;6(1-2-3-4):28.
321. Noticiero nacional: Centenario de los estudios de dentista. 1964;6(1-2-3-4):28.
322. Noticiero nacional: Publicaciones del Museo Histórico “Finlay”. 1964;6(1-2-3-4):28.
323. Noticiero nacional: Cincuentenario de la muerte del Dr. Koranyi. 1964;6(1-2-3-4):29.
324. Noticiero extranjero: El Dr. Berndorfer en La Habana. 1964;6(1-2-3-4):29.
325. Noticiero extranjero: Obras completas de Marañón. 1964;6(1-2-3-4):29.
326. Noticiero extranjero: Premio “Kalinga”. 1964;6(1-2-3-4):29.
327. Noticiero extranjero: Estatua a Manuel Abreu en el Brasil. 1964;6(1-2-3-4):29.
328. Noticiero extranjero: El Dr. Hernando, miembro de honor de la Real Academia. 1964; 6(1-2-3-4):30.
329. Noticiero extranjero: Falleció el Prof. Gotfredsen. 1964;6(1-2-3-4):30.
330. Noticiero extranjero: Primer Congreso Español de Historia de la Medicina. 1964;6(1-2-3-4):30.
331. Noticiero extranjero: Memorias de Mantegazza se editarán en la Argentina. 1964;6(1-3-4):30-1.
332. Noticiero extranjero: Centenario de la Academia de Medicina de México. 1964;6(1-2-3-4):31.
333. Noticiero extranjero: Fernán Pérez ha muerto. 1964;6(1-2-3-4):31.
334. Noticiero extranjero: Historia de la medicina y del libro médico. 1964;6(1-2-3-4):31.
335. Noticiero extranjero: Premio “Araoz Alfaro” al Dr. Juan Nasio. 1964;6(1-2-3-4):31.
336. Noticiero extranjero: XI Congreso Internacional de Historia de las Ciencias. 1964;6(1-2-3-4):32.
337. Noticiero extranjero: Creada la Sección de Folkmedicina en la Universidad de Chile. 1964;6(1-2-3-4):32.
338. Noticiero extranjero: Congreso Internacional de Historia de la Farmacia se celebró en Holanda. 1964;6(1-2-3-4):32.
339. Noticiero extranjero: XIX Congreso Nacional de la Sociedad Italiana de Historia de la Medicina. 1964;6(1-2-3-4):32.
340. Noticiero extranjero: XIX Congreso Internacional de Historia de la Medicina. 1964; 6(1-2-3-4):32-3.
341. Noticiero extranjero: Dr. Juan Guiteras en Rumania. 1964;6(1-2-3-4):33.
342. Noticiero extranjero: Historia de la medicina cubana en Rumania. 1964;6(1-2-3-4):33.
343. Rodríguez Expósito C. Bibliografía: La vida ejemplar de Heredia, por el Dr. Carlos E. Paz Soldán. Biblioteca de “La Reforma Médica”. Lima, 1961. 1964;6(1-2-3-4):34-5.
344. ----. Bibliografía: La Facultad de Ciencias de la Universidad de La Habana, en el centenario de su creación, por el Dr. Luis F. Le Roy Gálvez. La Habana, 1963. 1964; 6(1-2-3-4):35.
345. ----. Bibliografía: Les Contingences de L’Histoire de la Medicine avec les autres disciplines de L’enseignement medical, por V.L. Bologa. Revista Medicala. 1963. 1964;6(1-2-3-4):35.
346. ----. Bibliografía: Din istoria medicinni rominesti si universale, dirigida por el Dr. V.L. Bologa. Editora Academiei Republicii Populare Romine. 1962. 1964;6(1-2-3-4): 36.
347. ----. Bibliografía: Museo Retrospectivo de Farmacia y Medicina de los Laboratorios del Norte de España. Barcelona. 1952. 1964;6(1-2-3-4):36.
348. ----. Bibliografía: I Rapporti Fra L’Italia e la Bulgaria Nel Campo della Medicina Durante Il Secolo XIX cino al 1878, por Miroslav Popov. Sociedad “Universo”, Roma. 1961. 1964;6(1-2-3-4):37.
349. ----. Bibliografía: Tres trabajos del Prof. Wassil Bakardjiew, de Sofía, Bulgaria. 1962. 1964;6(1-2-3-4):37.
350. ----. Bibliografía: Un médico en el museo, por el Dr. Luis de Castro. Prólogo del Dr. Gregorio Marañón y epílogo de D. Francisco de Cossio. Miñon S.A. Valladolid. 1954. 1964;6(1-2-3-4):37-9.
351. ----. Bibliografía: Gonzalo de Quesada, estadista, por el Dr. Enrique H. Moreno Pla. La Habana. 1963. 1964;6(1-2-3-4):39-40.
352. ----. Bibliografía: Revisión microbiana. Sexto homenaje prandiológico, por Arturo Capdevila. Bibliográfica Omeba. Buenos Aires, Argentina. 1963. 1964;6(1-2-3-4):40.

Marzo 30 de 1964. Traslado de los restos mortales del doctor Tomás Romay al mausoleo erigido en su memoria

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

La extensa hoja de servicios prestados por el médico, catedrático, escritor, orador y poeta cubano Tomás Romay Chacón (1764-1849), dentro de la que sobresalen haber demostrado en 1793 por primera vez en Cuba el valor de la experimentación; haber sido en 1797 autor de la monografía que inauguró la bibliografía científica nacional; introductor y propagador en 1804 de la vacuna contra la viruela en La Habana y primer criollo en escribir en 1813 un artículo sobre endocrinología, le ha dado con justicia el merecido lugar como iniciador del movimiento científico cubano.
A los 30 años de su muerte, exactamente el 26 de noviembre de 1879, su hijo Juan José Romay González había trasladado y depositado los restos mortales de su padre, encerrados en una caja de madera forrada de latón y rotulada con su nombre, en la bóveda número uno del panteón de su esposa Clemencia Carreras en el Cementerio de Colón. Asimismo el 7 de febrero de 1950 los doctores Rodolfo Tro y Rodolfo Pérez de los Reyes, para comprobar si aún existían los restos del insigne médico cubano, levantaron la tapa de la citada bóveda y, en virtud del mal estado en que por la acción del tiempo transcurrido se encontraba la caja de madera, los trasladaron a otra caja de mármol, rotulada con su nombre y las respectivas fechas de nacimiento y muerte, que luego depositaron en la misma bóveda.
Con motivo de la colocación de una lápida en la casa de la calle de Empedrado número 71, donde nació el doctor Romay, un orador dijo: “Allí esperan los restos del doctor Tomás Romay el día en que Cuba, volviendo los ojos al pasado, levante el monumento a que tiene derecho este sabio y abnegado trabajador por sus incasables esfuerzos en pro del bienestar de su patria”.
Y ese día llegó.
A principios de 1964, el extinto primer Presidente de la Academia de Ciencias de Cuba, doctor Antonio Núñez Jiménez, elevó un informe al entonces Presidente de la República de Cuba, el también desaparecido doctor Osvaldo Dorticós Torrado, en el cual fundamentó las razones de su solicitud de autorización para organizar la ejecución de varias actividades en conmemoración del bicentenario del natalicio de esta eminente personalidad.
En ese informe, Núñez Jiménez apuntó que, a pesar de su protagonismo en el movimiento cultural y científico del siglo XVIII, no se conocía lo suficiente en la isla la personalidad de Romay. Agregó que, además de científico e higienista excepcional, estimuló los estudios de la Química y la Botánica; contribuyó a la derrota de la escolástica y fue propagador de las ideas filosóficas materialistas.
Luego de que el Presidente de la República manifestara oficialmente su conformidad con la iniciativa, se le encomendó al doctor José López Sánchez, fundador y Director en aquella época del Museo Histórico de las Ciencias Médicas “Carlos J. Finlay”, la tarea de organizar los actos de la conmemoración. A ese efecto se constituyó una comisión con representantes del propio Museo, de los Ministerios de Educación y Salud Pública; de las Universidades de La Habana, Las Villas y Oriente; del Colegio Médico Nacional; del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y la Ciencia; de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba; de la Biblioteca Nacional “José Martí”; del Instituto de Historia; de la Unión de Periodistas de Cuba; del Movimiento por la Paz y la Soberanía de los Pueblos y del Archivo Nacional, quienes acordaron el programa del evento.
Esta comisión llevó a cabo numerosas tareas que comenzaron el 30 de marzo de 1964, día del aniversario 115 del fallecimiento de Romay, y culminaron el 21 de diciembre siguiente, fecha en que se cumplía el bicentenario de su natalicio.
Los actos conmemorativos se iniciaron justamente con el traslado de los restos del sabio desde el cementerio de Colón hasta el Museo Histórico de las Ciencias Médicas “Carlos J. Finlay”, institución donde se erigió un mausoleo en su memoria. La solemne ceremonia fue presidida por los Ministros de Educación y Salud Pública, doctores Armando Hart Dávalos y José R. Machado Ventura; los Presidentes del Colegio Médico Nacional y la Academia de Ciencias de Cuba, doctores Leopoldo E. Araujo Bernal y Antonio Núñez Jiménez y otras personalidades en representación del Gobierno y de instituciones científicas y culturales.
Después de que el doctor Núñez Jiménez depositara la urna con los restos de Romay en el referido mausoleo, hizo uso de la palabra el doctor José López Sánchez para pronunciar la primera “Oración Romay”, cuyo texto se transcribe a continuación:

Palabras pronunciadas por el doctor José López Sánchez el 30 de marzo de 1964, fecha en la que se depositaron los restos de Tomás Romay Chacón en el mausoleo erigido en su memoria en el Museo Histórico de las Ciencias Médicas “Carlos J. Finlay”.

Con este acto se inicia la conmemoración del bicentenario del nacimiento de Tomás Romay. El Presidente de la República, compañero Osvaldo Dorticós, ha señalado, en más de ocasión, la necesidad de revalorar nuestro pasado histórico, tanto en lo que respecta a la cultura como a las luchas patrióticas, con particular sujeción a los acontecimientos de los siglos xviii y xix. De ahí que la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias, con la cooperación de los Ministerios de Educación y de Salud Pública y otras instituciones, haya considerado un deber con motivo de este aniversario enaltecer la personalidad de Tomás Romay, quien constituyó en su momento histórico el iniciador del movimiento científico cubano
Ciento quince años después de su muerte encuentra también este benemérito de la patria, en este mausoleo en el que conservarán sus restos, no sólo un rincón propio, sino el más adecuado, porque Romay fue el progenitor de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana que se creó 35 años después de haberla solicitado del Gobierno de España, y la que concibió como una corporación donde se trabajara para ser útil a la humanidad y especialmente a los habitantes de la entonces llamada fiel Isla de Cuba.
Cuando en el siglo xviii la clase de los ricos criollos, es decir, la burguesía cubana, aspira a convertirse en clase dominante, se plantea la tarea de luchar contra el régimen feudal. Para conducir con éxito esta lucha, tenía necesidad de impulsar la enseñanza general y el estudio de las ciencias naturales como medio de hacer progresar la agricultura y la industria, bases para ampliar su comercio. Con la fuerza material y de atracción que es capaz de desencadenar una clase social en ascenso, la naciente burguesía cubana ejerció un poderoso influjo aún sobre los propios Capitanes Generales que enviaba la Metrópoli. El más propicio fue Don Luis de las Casas “el mejor agente de las pretensiones de los habaneros” al decir de O’farril. Con él comienza un período caracterizado en lo fundamental por la alianza y servicio de los Gobernadores a los intereses de los grandes señores del azúcar o hacendados criollos. Es en servicio de esta clase a la que se incorpora económicamente, y por inspiración de ella que se crea la Real Sociedad Patriótica de Amigos del País, el Papel Periódico de la Habana y el Real Consulado y Junta de Fomento, esta última a iniciativa de Arango Parreño.
Entre Romay y las Casas se estableció una relación de amistad que influyó notablemente en el curso de sus propias vidas. Así Romay llegó a adquirir una personalidad política que lo convirtió en actor de los más importantes acontecimientos de esa época. Las Casas apreciaba el talento y la cultura de Romay de tal modo que le propuso fuera a ampliar sus estudios de medicina, química y botánica al extranjero y éste escogió el Colegio de Edimburgo. Sin embargo, no pudo disfrutar de la beca por la guerra contra Inglaterra. Su participación en la Sociedad Económica, en el Papel Periódico, en la Junta de Población Blanca y en la Diputación Provincial le confiere un papel de gran significación en el movimiento de reforma cultural y científica. En unión de Arango Parreño y de José Agustín Caballero forma el trípode columnar que sostiene, orienta y dirige este movimiento reformista, que en líneas generales refleja la forma más apropiada de facilitar el paso del feudalismo al capitalismo en las condiciones concretas de Cuba en ese tiempo.
Un rasgo muy saliente en los hombres producto de las condiciones sociales de esta época y que se requería para el alumbramiento de la nueva sociedad burguesa fue el enciclopedismo. Dentro de los necesarios límites en que realizarían sus actividades las personalidades más representativas de ese período en nuestro país, Romay lo expresará en su multifacética cultura y vasta erudición. Esto se pone de relieve en la diversidad de temas que él trató. Y así lo vemos abordar cuestiones sobre medicina, botánica, química, agricultura, historia, gramática, arte, así como junto a Saco, solicitar opiniones respecto al establecimiento de estudios de astronomía y la creación de una escuela de náutica.
Romay supo vincular la necesidad de desarrollar el estudio de las ciencias naturales con la lucha contra la escolástica. Sus artículos contienen razonamientos filosóficos contra el perípato y elogios de Bacon y otros filósofos. Su inclinación al conocimiento e interpretación de la naturaleza y el hombre y su adopción del método experimental, hacen posible el asomo en su pensamiento del materialismo filosófico.
La memoria sobre las colmenas y la monografía sobre la fiebre amarilla lo acreditan como el primer autor científico cubano. Este último trabajo es el primer documento médico moderno publicado en nuestro país. Su cita de autores extranjeros revela un sólido dominio del tema y además se muestra como conocedor de la bibliografía médica de sus contemporáneos escritores, no sólo los españoles, sino también los ingleses, franceses e italianos. Entusiasta partidario de los estudios de botánica y química, propendió a la creación del Jardín Botánico y favoreció que José Estévez Cantal se convirtiera en el primer químico cubano. Junto a José Agustín Caballero llevó la ilustración científica a las páginas del Papel Periódico de la Habana y las abrió a la lucha denodada contra el escolasticismo. Abandonó la polvorienta Universidad Pontificia y en los hospitales fomentó una nueva enseñanza médica: la que estudiaba “los signos sensibles que nos presenta el enfermo”.
Como médico se preocupó más por los problemas de la higiene pública que por los privados de la profesión. Fue de los primeros grandes higienistas de América. La introducción, propagación y conservación durante más de 30 años de la vacuna contra la viruela, es un episodio cimero en su actividad médica. El humanitarismo y vocación médica de esta venerable y ya septuagenaria figura, brinda un ejemplo de devoción y sacrificio ocupando su puesto de combate en la lucha contra la devastadora epidemia del cólera morbo en 1833. Esta conducta es más de admirar si tenemos en cuenta que muchas familias ricas abandonaron La Habana para refugiarse en sitios donde suponían que no atacaría el “huracán sin bramido”, como la calificara el médico y poeta Ramón Zambrana.
La posición de Romay es durante un cierto período de tiempo consecuente con las aspiraciones políticas de su clase social. Sin embargo, la marcha acelerada y el rápido desarrollo de los acontecimientos económicos y políticos, particularmente a partir de la década del 30 del siglo xix, plantea objetivos más altos que ya él no está en capacidad de comprender ni de interpretar. Por esto procede afirmar que Romay fue un representante típico y progresista del movimiento cultural y político del siglo xviii.
Hace 200 años nació Romay. Con esa fecha coincide la integración de los elementos que le dieron vida y forma a la nueva clase burguesa de nuestro país. Esa clase social ya no es la clase dominante, porque ha sido derrotada y expropiada por una revolución marxista-leninista. Ahora es el pueblo trabajador el que está en el poder y se apresta a construir una sociedad nueva y distinta. El único punto de semejanza entre los dos procesos históricos es la necesidad imperiosa de desarrollar la ciencia. Por supuesto, que la ciencia que se necesita ahora es más avanzada, más compleja y más enteramente al servicio del hombre. La burguesía cubana no pudo cumplir a cabalidad su destino histórico; incluso falló en tomar todo el poder para sí. Pero la clase obrera sí llevará su revolución hasta el final, hasta la edificación de la sociedad comunista.
La conmemoración del bicentenario de Romay no es un simple acto de recordación de un hombre y de su obra. Es y debe ser una lucha por despertar la conciencia científica en nuestro pueblo. En la medida que se comprenda el espíritu científico que floreció con todo vigor en Cuba en el pasado; en que se conozcan las contribuciones al progreso de la ciencia de hombres como Romay, Caballero, Varela, Saco, Noda, Luz Caballero, Gutiérrez, Reinoso, Pichardo, Poey, Finlay, Albarrán, Guiteras y otros, en esa medida nos habremos de sentir orgullosos de nuestra historia, tanto en lo cultural y científico como en lo político, y se encenderá la llama sempiterna del saber tomando conciencia en los jóvenes, en el pueblo. Por eso lo importante, lo más importante, lo definitivamente importante es trabajar y hacerlo siempre con la técnica más depurada y avanzada y estudiar con ahinco, con amor, con responsabilidad para tener dominio la ciencia. De este modo no sólo seremos condignos de aquellos sabios modestos, sino que además habremos de servir con fidelidad a esta grande y justa revolución socialista cubana.
En su tiempo Romay exclamó: “¡Días de la prosperidad de mi patria, ya veo brillar en el horizonte vuestra aurora luminosa!”. Hoy más que nunca es esto una verdad absoluta. Esta es la tradición y la herencia de generaciones pretéritas. Seamos capaces de legar una tradición cualitativamente superior a las generaciones venideras.

BIBLIOGRAFÍA

López Sánchez J. Tomás Romay y el origen de la ciencia en Cuba. Habana: Academia de Ciencias de Cuba. Museo Histórico de las Ciencias Médicas “Carlos J. Finlay”, 1964.
Memoria de los trabajos del Comité del Bicentenario de Tomás Romay. Finlay 1965;(4):46-59.
Pérez de los Reyes R, Tro R. Vida y obra del Dr. Tomás Romay. Habana: Ministerio de Educación, 1949.
Resumen del programa. Trib Med 1964;25(493-504):154-156.
Rodríguez Expósito C. Bicentenario de Tomás Romay. Cuad Hist Salud Pub 1964;(26):7-132.
Tomás Romay 1764-1849: homenaje en el bicentenario de su natalicio. Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1964.

 

 

Marzo 21 de 1879. Fundación de la primera sociedad odontológica cubana

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

El 21 de marzo de 1879 se congregaron en el domicilio de Francisco P. Rodríguez, sito en la calle Manrique No. 113, los integrantes de lo que fue la primera agrupación de profesionales cubanos dedicados al estudio de las enfermedades de los dientes y de su tratamiento, luego de recibir la autorización oficial para establecerla. Ese día se integró la Junta Directiva con los doctores Francisco Justiniani como Presidente, Francisco P. Rodríguez como Vicepresidente, Federico Poey como Secretario de Correspondencia, Florencio Cancio como Secretario de Sesiones, Donato Mejías como Tesorero y José A. Rovirosa como Bibliotecario. Los restantes miembros fundadores de la agrupación, que se bautizó con el nombre de Sociedad Odontológica de La Habana, fueron Pedro Calvo, M. Vieta Moré, A. Beaujardín, Arturo M. Aguilera, Eladio Aguilera, Mariano Ariño, Pedro Díaz, Tomás J. Manfredi, Ignacio Meléndez, Francisco de Paula Núñez, Pablo Eduardo Vélez y Cirilo A. Yarini.
Esta Sociedad constituyó un sano orgullo para sus fundadores, en tanto representó el primer culto científico al progreso de la ciencia dental en toda la América Latina y en la propia península ibérica. La actividad desarrollada en su seno por el mejoramiento de la profesión, abarcó muchos aspectos y trajo consigo innumerables beneficios. Entre otras acciones llevadas a cabo por sus integrantes sobresalieron la fundación de bibliotecas, la publicación de trabajos científicos, la creación de colegios y academias dentales, la participación en eventos científicos, la prestación de servicios gratuitos a las personas de pocos ingresos, la atención y el apoyo directo a los estudiantes y recién graduados de la disciplina y la creación en 1882 de un Diccionario de Medicina, Cirugía y Prótesis Dental.
El trabajo de los hombres antes mencionados fue de tal envergadura, que antes del primer decenio de su funcionamiento la Sociedad Odontológica de La Habana había ya celebrado 145 sesiones ordinarias, 31 extraordinarias y nueve de Gobierno y se habían presentado 114 trabajos científicos en el seno de la agrupación. En los textos de las actas de sus sesiones han quedado reflejadas, entre otras interesantes cuestiones, sus iniciativas de impartir clases de inglés a sus integrantes y dar cursos de especialización en horario nocturno, así como de incorporar oficialmente la enseñanza de la disciplina en la Universidad de La Habana.
Otro logro de la institución fue la puesta en circulación, en julio de 1879, de un órgano de publicidad que, bajo el título de Anales de la Sociedad Odontológica de La Habana, se convirtió en la primera revista sobre estomatología genuinamente cubana. La revista tenía como objetivo principal revelar los progresos de la cirugía dental con artículos de autores cubanos y con otros trabajos de interés a la profesión, dispersos en fuentes de difícil acceso. Se afirma que esta publicación obtuvo el éxito esperado, por cuanto logró reflejar en sus páginas la experiencia personal de sus colaboradores y representar un verdadero eco de las discusiones científicas en el seno de la Sociedad.
La agrupación estableció asimismo un Reglamento y un Código de Ética Profesional, que contenía las reglas que debían observar no sólo los dentistas entre sí, sino también la conducta que debían mantener para con los pacientes y con la comunidad en la cual desarrollaban sus actividades.
Como se ha podido apreciar, la Sociedad Odontológica de La Habana fue la primera en establecer en Cuba la mayoría de las primeras conquistas o, al menos, de solicitarlas para el beneficio de la comunidad de profesionales de la disciplina en particular y de la población en general. De todas ellas merece mención aparte la fundación de la que hoy día se conoce como Escuela de Estomatología, sita en la esquina de Salvador Allende y G. Esta institución, llamada en sus inicios Escuela de Odontología, surgió a iniciativa del doctor Ignacio Rojas, si bien se fundó en 1900 cuando ya la Sociedad no existía.
A partir de la fundación de la Sociedad Odontológica de La Habana en 1879 y hasta 1895, los dentistas cubanos disfrutaron un período brillante, pues en él surgieron varias academias dentales, se comenzó la utilización de la cocaína como anestésico, se inició la asepsia ante la aparición de nuevos conocimientos bacteriológicos y se empezó la aplicación de un método racional de preparar y obturar las cavidades dentales, todo lo cual tuvo relación con los aportes brindados a escala internacional en el campo de la Estomatología durante la segunda mitad del siglo XIX.
Después que el éxito había tocado a sus puertas, los integrantes de la Sociedad se vieron obligados a interrumpir sus labores cuando rompió sus hostilidades la guerra de 1895. Pero, una vez terminada la lucha contra España, se fundó una nueva institución que, digna continuadora de la primera agrupación estomatológica nacional, inauguró el siglo XX con esplendor y regocijo. A raíz de la intervención estadounidense en Cuba, muchos de los antiguos miembros de la Sociedad Odontológica de La Habana unieron sus esfuerzos con nuevos graduados para fundar en diciembre de 1899 la que se dio en llamar Sociedad Dental de La Habana, presidida en los primeros meses por el doctor Federico Poey, quien entregó el cargo a la nueva directiva en 1900.

BIBLIOGRAFÍA

López Espinosa JA. Bosquejo histórico de la bibliografía cubana sobre Estomatología. Rev Cubana Estomatol 1999;36(1):5-16.
López Serrano E. Efemérides médicas cubanas. Cuad Hist Salud Pub 1985;(69):54.
Mena Serra CA. La odontología en Cuba colonial. La Habana: Gráficas Universo; 1955. p. 154-169.
Martínez-Fortún Foyo JA. Apuntes para la historia de la Odontología en Cuba. Cuad Hist Salud Pub 1963;(23): 11-85.
Poey F, Justiniani FN, Rodríguez FP, Vieta M, Calvo P. Prólogo. An Soc Odontol Habana 1879; 1(1):1.
Ruiz Miyares S, Becerra Troya M. Algunos aspectos de la historia de la Estomatología en Cuba. Rev Cubana Estomatol 1989;26(3):148-155.

Marzo 10 de 1855. Graduación de Carlos J. Finlay en el Jefferson Medical College de Filadelfia

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de ciencias Médicas

A mediados del siglo XIX la ciudad de Filadelfia llegó a ser el centro médico por excelencia de los Estados Unidos de América, pues en ese tiempo se reunió allí la pléyade de lo que más valía y brillaba de esa nación en la docencia, la literatura y la ciencia. El Jefferson Medical College era entonces uno de los mejores centros de la enseñanza de la Medicina y en su cuerpo de profesores militaban eminentes médicos como Daniel Drake, primero que estudió en ese país las relaciones de las epidemias con las condiciones geográficas y botánicas y John Kearsley Mitchell, el primer estadounidense que sostuvo la teoría parasitaria de las enfermedades. Sus cátedras de Anatomía y Cirugía tenían gran prestigio y la presencia de Mitchell fue un factor decisivo en su reputación en el contexto clínico.
En 1853 un joven de 20 años nombrado Juan Carlos Finlay Barrés (1833-1915) viajó hacia Filadelfia para matricular en el Jefferson Medical College, donde recibió enseñanza médica, literaria y humanística. Durante los dos años que permaneció en esa institución hizo y mantuvo una gran amistad con Silas Weir Mitchell, hijo de John Kearsley Mitchell, quien fue su preceptor. La calidad del cuerpo docente, el libre acceso a la práctica hospitalaria y la posibilidad ilimitada de consultar todos los libros, revistas y demás documentos que necesitaba para el estudio individual y enriquecer su cultura general, hicieron de Finlay un médico competente y culto.
La preceptoría y amistad con Mitchell fue otro factor que influyó favorablemente en la formación médica de Finlay, si bien el primero era más erudito y concreto y el segundo más intuitivo y abstracto. El espíritu vivo y creador del norteamericano no dejó nunca de pensar en las posibilidades de la experimentación, hecho que con seguridad debió ejercer una influencia positiva sobre el cubano, igual que su sólida cultura humanística y su formación médica más integral.
Además de la acertada enseñanza recibida de sus profesores y de la magnífica tutoría de su joven preceptor, fueron de gran utilidad para la formación médica de Finlay las circunstancias favorables que, desde el punto de vista cultural, reinaban en la ciudad de Filadelfia, ansiosa de incorporarse a las corrientes más avanzadas del pensamiento científico y tecnológico. Todos esos factores nutrieron su intelecto de provechosos conocimientos, que quedaron demostrados, en primera instancia, la fecha de su graduación el 10 de marzo de 1855.
Ese día salió un graduado más de esa Escuela con el más elevado concepto de la ética y con los mejores elementos que la época le ofrecía para garantizar una práctica correcta de la profesión médica, capaz de aliviar no sólo con la acción de la droga, sino también con la habilidad de consolar al paciente y de mantener en él la esperanza. Ese egresado salió además dotado de los principios básicos para la investigación, que lo condujeron a descifrar el enigma que confundía y preocupaba a los científicos de su época respecto a la fiebre amarilla, mal que arrojaba cada año un considerable saldo a favor de la muerte. Todo el bagaje científico que llevó a Finlay a desentrañar éste y otros secretos desconocidos para la ciencia, se forjó pues en ese Colegio, donde se cultivó su mente, se guió su espíritu y se encaminó su vocación.
En el propio Jefferson Medical College se le considera uno de los alumnos más eminentes que ha pasado por sus aulas. En 1902 le confirió el grado honorario de Doctor en Ciencias. En esa misma época su amigo Silas Weir Mitchel lo propuso para la colegiatura honoraria de la institución y, en 1955, se acordó celebrar allí el primer centenario de su graduación con varias actividades que tuvieron lugar el 22 y el 23 de septiembre de ese año. Como parte de dicho homenaje, el Gobernador del Estado de Pensylvania, George M. Leader, dictó un Decreto en el que declaró “Día de Finlay” el 22 de septiembre. Los Senadores del Estado Leroy E. Chapman e Israel Shefield fueron más allá, cuando sugirieron al Senado el establecimiento del “Día de Finlay” como Ley con carácter permanente. Asimismo se celebraron un simposio científico y uno biográfico y una ceremonia solemne para develar un busto de Finlay, que se situó en uno de los salones principales del gran edificio de esa Universidad filadelfiana.
Los argumentos anteriores son más que suficientes para considerar el día de la graduación de Carlos J. Finlay en el Jefferson Medical College de Filadelfia como una fecha memorable de la medicina cubana, al igual que otras tantas efemérides vinculadas a la vida y obra del sabio cubano.

BIBLIOGRAFÍA

Boshell J, Bugher J, Downs W, Kerr JA, Mahaffy AF, Nogueira P, et al. Yellow fever: A Symposium in Commemoration of Carlos Juan Finlay. Philadelphia: The Jefferson Medical College; 1955.
Domínguez F. Carlos J. Finlay: su centenario (1933), su descubrimiento (1881), estado actual de su doctrina (1942). La Habana: Cultural; 1942. p. 40.
Finlay CE. Carlos Finlay y la fiebre amarilla. La Habana: Editorial Minerva; 1942. p. 18-20.
Guiteras J. El Dr. Carlos J. Finlay: apuntes biográficos. En: Finlay CJ. Trabajos selectos. Habana: Secretaría de Sanidad y Beneficencia; 1912. p. XIX-XXVI.
López Sánchez J. Finlay: el hombre y la verdad científica. La Habana: Editorial Científico-Técnica; 1987. p. 52-66.
----. Carlos J. Finlay: his life and work. La Habana: Editorial José Martí; 1999. p. 73-84.
Moll AA. Carlos J. Finlay, sanitary pioneer and benefactor of mankind. Bull Pan Am Union 1933;67(12):935-946.
Rodríguez Expósito C. Finlay. La Habana: Editorial y Librería Selecta; 1951. p. 36-39.
----. Centenario de la graduación del Dr. Carlos J. Finlay en el Jefferson Medical College. Cuad Hist Sanit 1956;(10):12-14, 21-24.

 

 

 

Marzo 9 de 1964. Nominado Hospital Nacional Dr. Enrique Cabrera el Hospital de Alta Habana

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

El médico mexicano, doctor Enrique Cabrera Cossío (1918-1964), quien prestó servicios en Cuba por espacio de más de un año como Director del Departamento de Cardiología del Hospital Nacional de Alta Habana y del Hospital William Soler y como profesor de Medicina Interna de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, falleció el 9 de enero de 1964 en el Kremlin de Moscú, donde había sido enviado por encomienda del Ministerio de Salud Pública.

El profesor Cabrera había nacido en el Distrito Federal de México el 15 de julio de 1918 en el seno de una familia acomodada y de gran prestigio, tanto en la vida cultural como política del país. Estudió la carrera de Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se graduó en 1942 con mención honorífica. Realizó estudios de perfeccionamiento en Medicina interna entre 1942 y 1943 y en 1944 trabajó como médico adjunto del Departamento de Electrocardiografía en el Instituto Nacional de Cardiología de México. Dos años después fue promovido a médico investigador y Subjefe del mismo Departamento, cargos que desempeño hasta 1962.

El doctor Enrique Cabrera legó una notable contribución al desarrollo de la teoría electrocardiográfica. Estudió el fenómeno eléctrico en el corazón y lo correlacionó con las condiciones hemodinámicas en medio de las cuales trabaja el vital órgano. Asimismo hizo aportes de incalculable valor en temas de tanta importancia como el de las valvulopatías reumáticas y de numerosas cardiopatías congénitas, con lo que abrió la perspectiva de establecer un diagnóstico de índole fisiopatológico en estas afecciones.

En el primer curso que impartió en 1951 en La Habana sobre la materia, causó una grata impresión por la inusitada claridad de sus conferencias, a pesar de su extrema juventud. Después de esa visita, viajó a la Mayor de las Antillas en varias ocasiones, hasta que decidió establecerse en ella de modo definitivo en 1962. Fue uno de los más probados, tenaces y consecuentes amigos de la Revolución desde el triunfo de ésta en 1959. Defendió en alta voz el derecho de Cuba a seleccionar el Socialismo como vía para el desarrollo nacional; combatió de modo vertical al imperialismo estadounidense; desenmascaró el papel neocolonialista de la OEA y fue un tenaz paladín de la victoria del Socialismo y la consolidación de la paz. 

Su decisión de otorgarle su ciencia y su vida a la Revolución cubana, quedó bien demostrada desde su llegada a la isla con su esposa e hijos en vísperas de la llamada crisis del Caribe. Desde su arribo se hizo eco de su nombre en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, en el Ministerio de Salud Pública, en varios hospitales, en la Sociedad Cubana de Cardiología, así como en el Colegio Médico Nacional como profesor de variados cursos, como integrante y presidente de diversas mesas redondas y como ponente de distintos eventos científicos,  en los que siempre se hizo sentir como un magnífico profesional y como un ejemplar revolucionario.

Los cuatro días comprendidos entre el 9 y el 12 de marzo de 1964 se dedicaron a enaltecer la memoria de ese gran médico y gran amigo de Cuba. A ese efecto se programaron actos de homenaje póstumo por el Ministerio de Salud Pública, el Consejo Científico de ese organismo, la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, el Colegio Médico Nacional, la Sociedad Cubana de Cardiología, la Sociedad Cubano-Mexicana de Intercambio Cultural, la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Salud.

Este gran programa se inició con un acto solemne de invocación, que tuvo lugar en la mañana del 9 de marzo en el Hospital Pediátrico William Soler, en el que la cardióloga Ada Kourí de Roa dio lectura a la biografía del ilustre desaparecido. En la presidencia de esa primera actividad estaban el licenciado Gilberto Bosques, Embajador de México en Cuba; la señora Josefina Bravo de Cabrera, viuda del profesor Cabrera; el doctor Daniel Alonso Menéndez, Director Nacional de Hospitales; el doctor Joaquín Pascual Gispert, Director del Hospital Pediátrico William Soler y el doctor José Rodríguez González, Director del Hospital Nacional, donde horas después se celebró el segundo acto de ese día.

En la solemne ceremonia de la tarde de la misma fecha, luego de las palabras iniciales del doctor Rodríguez González, se descubrió una tarja de bronce, donde apareció el nombre de Hospital Nacional Dr. Enrique Cabrera, el cual sería el que a partir de entonces llevaría oficialmente esa institución de salud en sustitución del de Hospital Nacional de Alta Habana, con el que se le conoció hasta entonces.

En su intervención, el Ministro de Salud Pública, doctor José Ramón Machado Ventura dijo:

“Estará presente el Dr. Enrique Cabrera Cossío en cada momento en el enfoque, en la tarea y en la obra general que se realice en este hospital...” “... Aspiramos a que nuestras generaciones lleguen a tener una trayectoria y concepción de la vida como la tenía este amigo de Cuba...”

 En esta actividad, cuya celebración se convirtió en  una fecha memorable de la Medicina cubana, acompañaron al Ministro la señora viuda del doctor Cabrera; el doctor Ricardo Portilla, Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana; el doctor Juan Marinello, Embajador de Cuba ante la UNESCO; los Viceministros de Salud Pública, doctores José M. Miyar Barrueco de Asistencia Médica, Carlos Font Pupo de Economía, Alfredo Carriles de Suministros Médicos y Daniel Alonso Menéndez de Hospitales y Policlínicos. Se encontraban también presentes varios cardiólogos mexicanos, Estela Cansina, funcionaria del Seguro Social de México y los hijos del occiso Ana Elena y Javier Cabrera Bravo.

En días posteriores, hasta el 12 de marzo, se continuaron los actos en honor del profesor Enrique Cabrera. En la jornada que se dedicó a honrar su memoria en el hospital “América Arias” se le dio su nombre a la biblioteca de ese centro de salud. En el acto celebrado con igual fin en el Hospital Provincial de Santiago de Cuba, se descubrió una tarja con su nombre en el Departamento de Cardiología. Además se realizaron actividades de recordación en la Sociedad Cubana de Cardiología, el Colegio Médico Nacional, el Museo Histórico de las Ciencias Médicas “Carlos J. Finlay” y el Instituto Superior de Ciencias Básicas y Preclínicas “Victoria de Girón”.

 

BIBLIOGRAFÍA

Alonso Aguilar M. Enrique Cabrera: de la medicina social al Socialismo. México DF: Editorial Nuestro Tiempo; 1971.
Cabrera E. Ciclo de conferencias sobre Cardiología en el Colegio Médico Nacional. Trib Med Cuba 1961;22(463-464):33-34.
Cuba honra al Prof. Enrique Cabrera Cossío. Trib Med Cuba 1964;25(493-504):130-135.
Kourí A. Enrique Cabrera, una vida ejemplar. La Habana: [s.n.]; 1964.

 

Marzo 1 de 1873. Salida del primer número de la revista El Genio Científico

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de ciencias Médicas

Los años que siguieron al Grito de Yara para dar inicio en 1868 a la guerra de los diez años, trajeron consigo un temporal silencio de las ciencias y, por ende, de los órganos de su divulgación en Cuba, con la sola excepción de los Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, publicación surgida en 1964 como órgano de la corporación de su nombre, que con el tiempo se convirtió en la más connotada de todas las revistas científicas producidas en el territorio nacional. Casi dos años y medio antes del Pacto del Zanjón, volvió a dar la prensa médica señales de vida cuando el 1 de marzo de 1873 se puso en circulación una nueva revista, fundada y dirigida por Marcos de Jesús Melero Rodríguez (1830-1900), quien fue bibliotecario de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y fungió como director de sus Anales durante algún tiempo. Esta revista, que salió con el título de El Genio Científico, se consagró a las ciencias físico químicas y naturales y a sus aplicaciones a las demás ciencias (entre ellas las ciencias médicas), a las artes y a la industria.
El contenido de El Genio Científico, que salía a la arena periodística el primer día de cada mes, se concentraba en los artículos de doctrina referentes a las ciencias cosmológicas, las reseñas de periódicos, libros y trabajos científicos, estudios del movimiento científico universal, informes de las sesiones públicas de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, biografías de hombres útiles a la ciencia, así como bibliografías y variedades científicas.
Las 1360 páginas que acumuló esta revista entre marzo de 1873 y septiembre de 1875, distribuidas con 400 en el primer volumen, 480 en el segundo y otras 480 en el tercero y último, atesoran relevantes contribuciones sobre diversas ramas de las ciencias, con inclusión de la Medicina, de inestimable valor por su originalidad y por la autoridad de quienes las escribieron. Entre sus principales colaboradores se contaron Carlos J. Finlay Barrés (1833-1915), Manuel Vargas Machuca y González del Valle (1834-1886), Joaquín García Lebredo y LLadó (1833-1899), Juan Santos Fernández y Hernández (1847-1922) y Felipe Poey Aloy (1799-1891), por sólo citar algunos. Entre los artículos aparecidos en esa revista que merecen ser mencionados aparecen “Estudio hidrotimétrico de las aguas de las inmediaciones de la villa de Guantánamo”, de Francisco Angulo Suero; “Iritis rebelde”, de Santos Fernández; “Las caries dentarias: sus causas, desarrollo y enfermedades con que puede confundirse”, de José M. Escudero y “Leptodrix en la orina humana”, de Felipe F. Rodríguez.

 

BIBLIOGRAFÍA 

Fernández JS. Bosquejo histórico del periodismo médico e la isla de Cuba. Rev Med Cir Habana 1905;10(17):396-411.
----. La prensa médica en la isla de Cuba. Cron Med Quir Habana 1900;26(8):253-258.
Morales López JF. Historia de la prensa médica y de la sanidad. Rev Med Cir Habana 1925;30(1):1-10.
Sánchez Roig M. Bibliografía de la prensa médica cubana. Habana: La Propagandista; 1939. p. 13, 23.

 

 

Distribuir contenido